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Viaje por los 13 países de Sudamérica. empezamos en Ecuador

Escribe: Trotador55
Después de 38 años viajando por casi todo el mundo, por fin junto con mi sobrino empezaremos a último de noviembre a visitar el gran Continente de Sudamérica. Esta es la primera vez que escribo algo sobre cualquiera de mis viajes, por lo que os pido disculpas por adelantado si no lo hago muy bien o cometo algún error. Intentaremos daros toda la información.

 

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Segundo dia en la selva

Puyo, Ecuador — martes, 12 de enero de 2010

Hoy me he despertado muy pronto, a las 5.45 de la mañana ya estaba intentando hacer fotos a los pájaros Colebris que están sacando la nafta de las flores que están aquí pegados a mí.

 

Sobre las 6.30 llegaron Clemente y su mujer disculpándose por que se habían dormido y llegaban un poco tarde para preparar el desayuno (es increíble)

 

También ya estaba Faustino  (el conejo) con toda la compra hecha, le pregunte que como había hecho el viaje y me dijo que se había levantado a las 3 am y que solo había tardado en cruzar la selva y llegar al pueblo 2.30 horas y eso que a mas de medio camino se había tenido que volver pues se le había olvidado comprar una cosa.

 

A las 7 am desperté a David que estaba en las nubes soñando con alguna Angelina, y como ya teníamos el desayuno servido en la mesa nos pusimos a devorar todo.

 

Sobre las 8 salimos los 4 caminos e la selva, esta vez ya con menos peso, el cielo estaba algo nublado pero no amenazaba lluvia.

El viaje le empezamos al revés de cómo lo hicimos ayer.

 

 Ya con cámara en mano y disfrutando de todo tipo de explicaciones que ellos nos iban dando, avanzamos camino a los primeros miradores.

 

Como el suelo estaba húmedo del día anterior, nos señalaron todas las huellas que los animales habían dejado, incluyendo las del leopardo.

 

Con la humedad que allí había, mas la sudada de subir y bajar las montañas, mas el cruzar todos esos riachuelos, mi camiseta que debe de haber sido confeccionada en China con material barato me apestaba, tanto es así que decidí quedarme a pecho descubierto y con solo mis pantalones cortos y las botas, por lo menos así el leopardo no seguiría mi rastro.

 

Creo que después de tres horas llegamos a la cascada principal, como esta vez teníamos tiempo y la lluvia no molestaba, le sugerimos a los guías que había que limpiar cierta maleza y cortar varias ramas de árboles para dejar una visión clara de la cascada, pues al intentar sacar fotos de toda su belleza y altura no se podía.

 

Machete en mano en 10 minutos, ya habían escalado a árboles y cortado las ramas que les señalábamos, las hojas de palmeras y todos los matorrales que crecen salvajes.

 

Ya con una buena vista desde varios puntos, David y el conejo se metieron al agua, Clemente no tenía ganas de mojarse por que decía que estaba fría, y yo me dedique a sacar fotos.

 

Hoy caía un poco menos agua que ayer, pero el color era distinto al entrar los rayos del sol, el conejo después de mojarse se marcho en busca de un anzuelo que había dejado escondido en la cueva del leopardo y volvió para sacar unos peces para la cena de ellos.

 

Allí mismo bautizamos esa cascada y en vez llamarla como se la llamaba con el mismo nombre que el río (el Chontayato) se la llamaría la cascada de Draguichi, en honor a el señor Luis que es el que ha comprado todo ese terreno para su conservación y el bienestar de los indígenas de la zona.

 

Seguimos camino viendo todo lo de ayer, mas otros lugares que eran nuevos para nosotros, uno de ellos era una cueva donde había murciélagos, pero había que ir por el río camino hacia arriba.

David no quería mojarse y se quedó con el conejo para acompañarle, Clemente y yo empezamos a subir río arriba, como el río bajaba entre paredes de piedra, solo había una forma de avanzar y era por el centro del río, el único problema que había era que estaba lleno de piedras sueltas y al posar el pie no sabias para donde te ibas a caer.

Apenas llegaba el agua por las rodillas, pero tenia miedo de caerme y mojar la cámara de fotos.

Después de unos 20 minutos, llegamos a un canon donde había habido un desprendimiento y estaba lleno de árboles que nos cerraban el paso, solo nos quedaba la mitad para poder llegar a la cueva pero el riesgo de caerme al agua al intentar atravesar esos árboles y mojar la cámara era muy grande por lo que decidimos que era mejor darnos la vuelta y regresar.

 

Después de otras tres horas andando y muchas subidas y bajadas, volvimos al campamento.

 

Yo cuando me mire las piernas, las tenía llenas de picaduras, conté solo en una de ellas a la altura del tobillo 72 picaduras, me supongo que hayan sido de mosquitos, pero seguro que fuese lo que fuese, se habían alimentado bien de lo que me sacasen.

 

Estuvimos hablando un poco y nos sirvieron la comida que como todas las demás estaba muy buena, los dos nos fuimos a cambiarnos y a dormir un par de horas.

 

Cuando nos despertamos, y estando ya en la cabaña principal hablando de las costumbres, apuntando todo sobre los nombres de las comidas y como las hacían, de las distintas etnias, se presento otro indígena de los que están involucrado en el proyecto y otra vecina.

 

Hasta la hora de la cena estuvimos bebiendo un licor que se parece mucho al orujo nuestro pero algo mas suave, y que lo sacan de la caña de azúcar mezclado con alguna cosa mas, a mi me gusto mucho y eso que no aguanto el olor del alcohol.

 

Al oscurecer llego el sacrificio del pollo y su ritual, David como no había visto nunca matar a un pollo le estuvo sacando fotos.

 

A la luz del fuego seguimos bebiendo y sacando fotos a un tipo de luciérnagas que por allí había y soltaban una luz muy intensa, las mujeres con una linterna en la cocina preparando la cena.

 

Después de cenar, nos estuvieron contando historias de cuando ellos eran pequeños, de cómo sus madres les levantaban a las 12 de la noche para hacer las cosas de la casa, y a las 4 de la mañana salir andando por la selva hasta llegar a los campos a trabajar cortando cañas. De todas las historias que algunas me parecieron mitologías pero que ellos todavía las creen. También de historias sobre avistamientos que ellos han visto de cosas llámenos extrañas.

 

A las 11.30 de la noche y como para ellos ya era muy tarde se fueron a la cama.

Nosotros nos quedamos hasta las 12 hablando y recogiendo las cosas y nos fuimos a dormir también.

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Últimos comentarios

MariChe-53 dice:
Me encantan vuestros diarios, muy bien descritos, con detalles y anécdotas, tanto que disfruto con vosotros de esas aventuras y con ganas de leer que nos depara vuestro próximo destino.

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teremaria dice:
No le pongas censura a los cuentos de los indígenas, deben de estar buenos deja tu cabeza dura y permite la fantasía para unos y realidad para otros cada cual como quiera. buenísimo y gracias como siempre.
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