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Aprendiendo a viajar: el Noroeste Argentino

Escribe: noritacecilia
Un recorrido por la Quebrada de Humahuaca y los puntos más relevantes de Salta. Siempre viajé sola, aunque hacia algún destino donde tuviera un amigo que me recibiera. Este fue mi primer viaje parando en hosteles y sin tener conocidos en destino. Es la historia de un viaje a sitios sorprendentes a los que espero regresar; y una confirmación de aquel dicho de que "mejor solo que mal acompañado"

 

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Color Purmamarca

Purmamarca, Argentina — martes, 17 de enero de 2006

Decían en San Salvador esa mañana que en la Quebrada de Humahuaca nunca llovía... algo que de verdad nos reconfortó ya que Jujuy no era el diluvio tucumano pero si una llovizna fina y penetrante, que obviamente no nos impidió salir a conocer, en parte animadas por la gente que insistía: "ni bien empezás a subir las nubes quedan abajo y aparece el cielo turquesa".

Tras una vuelta final por San Salvador, tomamos el micro cerca del mediodía. Cómo explicar la sensación de la entrada a la Quebrada de Humahuaca... fue algo indescriptible... diría que era entrar en estado de azoramiento permanente con solo pensar cuan al norte estábamos, en la historia de ese lugar, en su renombre mundial como patrimonio de la humanidad... y desde nuestro asiento 7 de la segunda fila contemplar enmudecidas el panorama que se abría adelante. Los cerros verdes enmarcaban uno y otro lado del valle por donde transitábamos, y al subir las nubes comenzaron a acercarse. Tras las cumbres se deslizaban hacia nosotras hechas jirones por las laderas... ¿cómo describir tanta maravilla?

Entonces fue cuando llegamos a nuestro primer destino: Purmamarca. El micro entró en una nueva quebrada, más pequeña, que se abría hacia un lado, y tras hacer un par de curvas se abrió el cerro de los siete colores. Tantas veces haberlo visto en fotos y estábamos alli... y la pequeña ciudad al pie, con sus casas coloniales, parecía una ciudad de otro tiempo!!! Calles de piedra, casas bajas color adobe, con ventanas pequeñas y faroles coloniales... Una plaza central llena de artesanos y mochileros, frente a una capilla blanca que se recorta contra los colores del cerro es todo el centro de Purmamarca. Y es bello que así sea.

En 3 cuadras estabamos afuera, y cruzamos la ruta, cruzamos el río, y tras un intento fallido en el que intentamos subir por un cañadón lleno de cactus, encontramos el sendero que nos llevó al mirador del cerro colorado. Desde ahi se abría la panorámica de Purmamarca y su cerro de fondo, con sus bandas de colores, y más allá otros cerros coloridos asomaban, parecían rocas emergentes de un río sedimentario color gris. Nos sentamos en silencio a contemplar, y tomamos unos mates con unas rosarinas y un cordobés que hablaban de arte y experiencias de sus viajes.

Cruzamos el pueblo por calle central que se llama Florida, aunque con menos tránsito que su homónima capitalina y subimos por un abra del cerro de los siete colores. Acercarse fue adentrarse en su fisionomía, y en la cumbre de aquel abra, en medio de un viento fuerte, se abrió un paisaje de colores que no puede ser descripto. Los seres humanos somos tan imperfectos, tan limitados, que no encontramos palabras para expresar aquello, solo el mutismo respetuoso le hace honor a la maravilla que se abría a nuestros ojos, no solo allí sino todo alrededor de Purmamarca. Allí comenzó el segundo circuito que nos llevó a rodear el cerro de los siete colores, que en su otra ladera es rojo solamente pero lleno de formas caprichosas fruto de la erosión. A cada golpe de vista un milagro se abría, a cada paso una razón de asombro.

Volvimos con el alma llena de aquella paz, aquella paz que nos inundaba, rodeaba y sobrepasaba hacía sentir que hacía semanas habíamos abandonado Buenos Aires...

Comimos una docena de empanadas de carne, pollo y queso a la jujeña (es decir con picante y mucha papa) por $6 en la plaza antes de partir, y sentadas en aquel banco vimos apagarse lentamente las luces del día sobre el color de Purmamarca, aunque el sol guardó parte de su brillo para mostrarnos la magnificencia de "la paleta del pintor" en Maimará, de vuelta transitando la Quebrada de Humahuaca. Sentadas en aquel micro sentimos el peso del cansancio por primera vez en el día, pero éste estaba en nuestro cuerpo, mientras que nuestra alma estaba más serena que tras el más largo descanso. En los últimos resplandores pude adivinar la presencia de ruinas sobre un cerro cercano, y me di cuenta de que estaba acertada, que se trataba del Pucará cuando entramos a la ciudad. Estábamos ya en Tilcara.

Al descender del micro sucedió algo que fue el principio de uno de los hechos más felices del viaje. Estábamos Carmela y yo junto a otras 2 chicas aguardando que nos bajen las mochilas de la baulera hasta que una de ellas, flaca y alta, decidió probar si se abría, y como resultó bajamos todo por nuestra cuenta. Carmela y yo comenzamos a llamar por teléfono a hospedajes recomendados desde San Salvador, pero estábamos perdidas en Tilcara sin saber para donde ir. Entonces, mientras dábamos vueltas, escuchamos voces, y luego vimos a aquella chica alta que nos ayudó a bajar el bolso y a su amiga caminando con un lugareño. "¿Consiguieron algo?" dijo; "más o menos, tenemos un dato pero no sabemos como llegar allá" le respondimos. Como ellas traían "un guía" (un chico del lugar) nos encaminamos las 4.

Empezaba a gotear, de modo que urgía encontrar alojamiento; mientras tanto aquel guía contaba como estaba preparando su traje para el carnaval, que si llovía se le desteñirían las lentejuelas... estas charlas dieron lugar luego a múltiples recuerdos risueños con los cuales nos reíamos juntas. Lo cierto es que el muchacho cumplió bien su rol y encontramos el hotel, donde nos anunciaron que quedaba solo una habitación de 4 con baño compartido a $13 por cabeza. Nos miramos con las otras 2 chicas, y aceptamos. Fue entrar a la habitación para que se largara con todo la lluvia contenida.

La habitación era minúscula, con 4 cuchetas y una brevísima mesa de luz. En el ancho de la habitación entraba perfecto una cucheta, y en lo que quedaba del largo la otra, formando una L. El espacio sobrante quedó de inmediato cubierto con los bolsos, y en los pedazos de pared libre habían una pequeña ventana que no cerraba bien y una puerta a la cual no se le podía echar llave. El baño fue nuevamente muy reconfortante, las 4 estábamos muy quemadas, pese a lo nublado de Purmamarca nos habíamos hecho camarones!!!

Afuera llovía... y nosotras estábamos heladas. Metidas cada cual en su cama, comenzamos a conocernos. Sabrina sentía más fiaca, y  Paula no se resignaba a perderse las peñas de la "noche tilcareña". Ambas eran de San Miguel de Tucumán, pediatras en período de residencia, amigas desde chicas. De repente la lluvia había cesado, asi que nos fuimos a la peña. Estaban todos bailando chacarera. Un lugareño con gorrito de Boca se bailaba todo y sacaba a bailar. Luego tocaron huainos, el muchachito se paseaba entre las mesas ojeando a sus próximas compañeras!!! Y un señor gordo, con chupalla se paró fijo y empezó a cabecear a Sabrina y a guiñarle el ojo.

Así terminó la noche, con peña y todo...

Tips:

En la Quebrada de Humahuaca, por la altura, la radiación es muy fuerte, por lo que es saludable colocarse abundante protector solar de un factor alto, y llevar sombrero con ala, aún en días nublados. Conviene también llevar ropa fina pero que cubra bastante el cuerpo para evitar las quemaduras.

En Purmamarca, Argentina


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