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Salsipuedes de Iruya

Escribe: OnTheRoad
Para los seguidores de Lost, algo que escuchamos desde un principio, es que la isla te absorbe... algo parecido nos paso en Iruya, la montaña no te deja salir... Una aventura inolvidable, para tres citadinas en busca de relax.

 

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Blanca y Radiante

Purmamarca, Argentina — martes, 17 de marzo de 2009

Desde chica tengo una afición particular por la sal, algo que mi mamá llama "maña". Pero lo cierto es que desde los 10 años, cuando en una enciclopedia leí sobre ellas, dije a mis padres: quiero conocer ese lugar donde se hace la sal. Varios años después, me di el gusto.Quién lea este libro pensará que tiene que ver Purmamarca con las Salinas…Es que desde allí, y por la Cuesta del Lipán comenzó nuestro viaje al inmenso mar de sal.Llegamos a Purmamarca por la mañana, como es usual, para poder ver al Cerro de 7 Colores en todo su esplendor. Tuvimos un viaje muy corto desde Tilcara, donde hacíamos base, y al cabo de 45’ ya nos encontrábamos caminando por la plaza, recorriendo la feria y alborotando a los vendedores de los puestos. Revolvimos mucho, compramos poco, no por no tener ganas, sino porque los precios están muy altos, en cuanto a tapices y mantas se refiere. Llegamos a la calle principal y obviamente, realizamos la pertinente sesión de fotos. El cerro, nosotras con el cerro, la calle y el cerro, el termo (nuestro fiel compañero de viaje, junto a su amigo el mate) en el cerro.Luego de hacer las averiguaciones pertinentes, nos inclinamos por contratar un remís, por $30 por persona, que nos llevara a las Salinas.A las 11.00 AM comenzamos a subir por Lipán. Con todas sus curvas y contra curvas, y la música del stereo del remís (debo decirlo, escuchaba Gian Carlos, un conductor jujeño escuchando cuarteto) empezamos a sentir un leve adormecimiento. Digo leve, porque cada vez que un micro de larga distancia se nos acercaba tratando de pasarnos, o nosotros a ellos, las tres abríamos los ojos tan grandes como podíamos. Es que esa ruta, la 40, es la que conduce al Paso de Jama, el paso fronterizo a Chile, por eso es muy transitada por micros que se dirigen a San Pedro de Atacama (un destino pendiente). Al llegar a la altura máxima, a 4.170 mts. SNM, sentimos el frío. Pensamos que al llegar a las Salinas iba a estar nublado y frío, cosa que nos desilusionó un poco, pero el conductor, que escuchaba nuestra charla, hizo una breve interferencia “siempre esta solado en las salinas, van a querer que este nublado cuando lleguen”. Sabías palabras.De repente la cuesta termino, y el chofer nos anunció que empezábamos a descender, que miráramos al frente y ya podríamos ver las salinas.Cuando nos bajamos del auto no sabíamos a que lado mirar. Las salinas se encuentra dividas por el paso de la ruta, y esto a su vez hace otra división: las salinas privadas, y las salinas cooperativas. Del lado privado, gente trabajando, encapuchados en sus pasamontañas, con sus manos cubiertas por medias, y la poca piel que les quedaba libre, curtida por el sol. Del lado cooperativo, grillos, la nada misma.Empezamos a caminar hacia los piletones. Parecíamos no llegar nunca. Era la sal, las montañas, el cielo y nosotras. No había nadie más en ese horario.Al igual que todos imagino, lo primero que hice fu acercarme a un piletón y desprender un trocito de cristal de sal del borde, para saborearlo en mi boca. Como no hacerlo, si de chica miraba tv comiendo granitos de sal gruesa!. Luego quise probar un poquito del agua de las piletas. Hice un cuenco con mis manos, y cuando me lo saque lleno de agua, sentí la piel tirante, y seca al instante de haber derramado lo poco que había levantado.Después llego la hora de las pavadas. Sacando fotos, probando con las distancias, jugando con el reflejo.Por una hora, las salinas fueron solo nuestras. Cuando nos dirigimos de vuelta al remís que nos esperaba al costado del camino, la gente empezaba a llegar.Dimos un último vistazo, un último suspiro y emprendimos la retirada… 

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