Todo se pasó rapidísimo y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en Punta del Este, en Uruguay, ya muy cerquita de Buenos Aires y... del fin de nuestras vacaciones!
Repetimos el procedimiento de desembarque, como en Ilhabela e Ilha grande. Bien temprano, fuimos a retirar nuestra letra, que indicaba el orden en el que bajaríamos a los pequeños botes que nos llevarían a la costa.
Contratamos un tour de 1 o 2 horas para recorrer este destino tan elegido por famosos, sumergido en una esfera de realidad delirada. Mansiones y lujosos edificios, son, y al mismo tiempo, no son.
Resultó extraño bañarme en las transparentes aguas del Río de la Plata -dije bien? SISI! Transparentes aguas del Rio de la Plata! En la playa mansa sucede que es donde está uno de los límites del río, tan sucio y contaminado por los márgenes de Buenos Aires, con el océano, limpio, profundo y sereno, así como puro y diverso. Así sería nuestro regreso a Buenos Aires: bañada por la pureza de Ilhagrande, la belleza de Ilhabela y encantada por la diversidad de Rio, chocaría en mi regreso a la contaminada y gris Buenos Aires.
Aunque sea, espero, transmitirle algo de lo que sentí.