El viernes 30 de enero pasadas las 21 hs. estábamos partiendo en Buquebus hacia Colonia, donde íbamos a subirnos a un micro que nos depositaría en las primeras horas de la mañana en Montevideo. Ahí sacamos los pasajes para Punta del Diablo, el horario nos permitió desayunar en una confitería en las afueras de Tres Cruces,
Después de unas ocho/nueve horas de viaje (que se hicieron interminables por la ansiedad y las ganas de llegar), comenzamos a ver la principal característica de este paradisíaco lugar: las calles de tierra/ausencia de asfalto, las construcciones bajas/ausencia de edificios. Es un lugar increíble, que conserva una mística difícil de explicar.
Los primeros minutos fueron casi mágicos en ese sentido: llegamos a una casa muy cómoda, con todos los servicios, con vista al mar, y lo primero que hicimos para celebrar ese momento fue destapar la primera de las 15 botellas de Fernet que habíamos llevado je.
A la tarde aprovechamos la playa, bastante concurrida, y a la noche luego de la cena salimos a un bar del "centro" a tomar unas Patricias y Pilsen, hasta que las lluvia nos obligó a volver a la casa a seguir disfrutando del fernet.
Los días siguientes fueron más o menos similares, con una rutina similar, con la diferencia que descubrimos (gracias al consejo de un lugareño) lo que ellos llaman "Playa Grande", que es una playa realmente imponente, casi deshabitada, son como 10 kilómetros de playa sin que pegue la sombra hasta el último reflejo de sol de la tarde. En esa playa divisamos a un gran humorista argentino, Diego Capusotto.