El altiplano, la Sudamérica del color

Escribe: Alcione2
Por fin encontré un título para este diario de viajes; ahora iré publicando capítulo tras capítulo aquí. Recorro el altiplano conociendo su cultura, sus costumbres, su historia; la vida de las gentes del lugar, y todo lo trato de graficar con palabras e imágenes que espero compartir para distracción de los lectores y utilidad de quienes quieran viajar a estos lugares en el futuro.

 

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La vida enamoradiza de los Uro-Aymara

Puno, Perú — jueves, 10 de febrero de 2011

Estoy contento con Bolivia, el capitalismo evidentemente no ha funcionado, no ha prendido en la población,  es decir, su “ética”, lo que algunos llaman la “ética del trabajo”,  que consiste en ver a todos como competidores, trabajar eficientemente autoexplotándose con crueldad y pensar que eso es lo bueno poniendo cara de sonrisa, no está en la forma de vida de la población, ni de cerca. 
Pero “el viaje debe continuar”; el bus toma rumbo nuevamente a El Alto; esta vez las nubes habían aumentado en densidad, y estaban un poco más bajo de lo normal (siempre en el altiplano las nubes parecen estar a unos metros de los edificios), habían poblaciones de La Paz que estaban literalmente en las nubes, y otras más arriba de las nubes… La ruta es la misma que a Tiahuanaco;  media hora después de esas ruinas en ruinas se llega al puerto de Desaguadero,  a orillas del lago Titicaca, una ciudad que vive de la pesca y del servicio fronterizo con Perú; cerca de las oficinas hay un puente, al cruzarlo ya se está en el Perú. Hubo un pasajero que se atrasó rellenando los papeles, el bus ya iba atrasado así que sabiendo que faltaba uno, sencillamente lo dejó abajo; a pesar de las protestas el auxiliar explicó que hay pasajeros que tienen que tomar avión y no pueden atrasarse. 
El bus continúa unas dos horas, aunque hay una aduana  que lo detuvo para revisar, pero no revisó casi nada, sólo las maletas grandes donde encontraron una artesanía demasiado valiosa, en eso estaban cuando los autos y camiones de más atrás se desesperaron por que no se avanzaba y simplemente esquivaron la barrera de conos y pasaron, tuvo que ir un policía a pararse ahí pero ya se habían colado unos cuantos, en medio de los gritos de la autoridad.
Llegando a Puno ya se ven algunas diferencias con respecto a las ciudades bolivianas: hay más gente hablando por celular, muchos con cámaras fotográficas digitales, y muchos hoteles de varias estrellas, a pesar de ser solamente una población de 180.000 habitantes. Lo otro que es distinto es que hay calles a dos cuadras de la plaza central que parecen verdaderos basureros públicos, en Bolivia no vi nada igual, calles sucias sí, pero no tanto, y lejos del centro.
Puno se encuentra a orillas del lago Titicaca y por eso es turística; yo sabía que en estos días se está festejando a la Virgen de la Candelaria; pensé que era un desfile de unas horas por una avenida, pero en realidad era toda la ciudad que estaba volcada a las calles como si fuera un carnaval.La fiesta es un espectáculo sin igual en un país donde cada ciudad tiene su fiesta. Este es el gran carnaval de un país fiestero. Se la promociona por todas partes; llegan danzarines desde todo Perú para “apoyar” los festejos. Agentes turísticos te recomiendan asistir a esta festividad, así como te recomiendan la Cerveza Cusqueña, que prácticamente las dos cosas vendrían siendo casi lo mismo. Músicos bolivianos cruzan el Desaguadero para estar presentes.
La música es permanente; peatones caminan de un lado para otro hasta en los pasajes y callejones más estrechos, todos van o vienen, toda la ciudad está en las calles, hay, literalmente, olor a cerveza, porque las marcas Cusqueña y Trujillo parecen las verdaderas festejadas; las bandas de músicos y bailarines se pasean danzando por decenas de calles de toda la parte baja, por el centro de la ciudad; parece que son 100, 500 agrupaciones, no sé, son muchísimas, lo suficiente para estar de las 10 de la mañana a las 12 de la noche sin cesar desfilando grupo tras grupo por la ciudad, a cual más profesional; han combinado los colores con la intuición de un pueblo centenariamente carnavalero;  osos, becerros, monos, hombres pájaro, ekekos, payasos, caciques, Emperadores incas, diablos, brujos y espíritus maléficos desfilan sin cesar, acompañados de los bailarines y músicos que no se cansan de tocar y bailar; se levantan tribunas de tablones en la plaza central y en varias partes más; también la población improvisa tribunas con maderos, bancos, asientos de plástico, lo que sea, para presenciar la fiesta. 
Los danzarines sorprenden por su calidad y coordinación, se nota que han estado practicando todo el año.No se puede circular con normalidad, avanzar diez cuadras puede llevar un ahora. El alcohol corre a raudales. Habían muchas personas que estaban borrachas o a punto de estarlo, se tenía que caminar esquivando su bamboleo. Algunos entonados a punto de la ebriedad lloraban desconsoladamente, otros estaban muy cariñosos con personas de su mismo sexo, otros más realizaban confesiones sin que nadie se lo pidiera; hubo quien trató de hacer callar al carro de la policía que pasó con la sirena sonando, una gringa preguntaba por “la calle o la ciudad” Arequipa, otro más pedía por favor un “incendiador”; hasta una señora de alta alcurnia me pareció que no estaba del todo bien… imágenes así se reproducían por todas partes, como las víctimas que habían caído al suelo de las veredas.
Y de pronto, a media tarde, por la calle peatonal, la música rápida y alegre es repentinamente reemplazada por los sones tristes, los bailes son ahora una larga procesión; las cabezas gachas conscientes del pecado, entonan tristes melodías que apenas salen de sus gargantas pero se escuchan en todas partes por que se ha hecho un silencio generalizado; la tristeza aumenta a medida que se van acercando los penitentes y ya no quedan caras alegres ni diabólicas como hace un minuto; pasa la Virgen llevada en andas, es el centro del mundo, va con sus mejores galas, de rosa, rojo y dorado; flores multicolores se extienden a sus pies, con las candelas que le dan nombre y recuerdan a Cristo frente a los rabinos; es el momento cumbre de estas fechas, sobrios y ebrios se agachan y persignan a su paso, y en un momento todos vuelven a bailar “para ti, Mamita” como dice con letras gigantes el titular de un diario.
Todo vuelve a la anormalidad carnavalesca. Después  la Virgen escucha los ruegos y perdona los pecados de la ciudad; los aborígenes hace centurias la relacionan con las potencias del trueno y el rayo por las candelas que porta; el cielo se pone a tronar como nunca, cae lluvia, llueve a baldazos, graniza en pleno verano, la fiesta debe parar, ha llegado la lluvia tan deseada y necesitada por esta región, bajan ríos a toda velocidad por las calles que descienden y el lago Titicaca recupera algo de su amplitud perdida.Luego de ver el carnaval amenazado, después de una hora, al parar la granizada y los baldazos de agua, los lugareños vuelven a las calles con aún mayor felicidad; sigue la competencia en el estadio, en el que una radio afirma que entraron 50.000 personas; hay más gente si se puede por todos lados; a la plaza casi no se puede entrar, sólo el centro de ella y la avenida por donde han de pasar las comparsas están despejadas.
Pero el carnaval no es lo único para ver en Puno. Recorriendo la costanera se llega hasta un buque del siglo XIX que se han esforzado por conservar, como un monumento. El lago estaba de un color azul eléctrico, pero en pocos minutos, como llegaran las nubes hasta el lugar donde estaba, se puso plomo y luego tomó un color muy oscuro, como el cielo. ¿Cómo llegó este buque a las aguas de un lago que está a cientos de kilómetros del mar? Resulta que la armada del Perú lo encargó a Inglaterra en 1862, por si había problemas con Bolivia. El barco fue construido en Europa, navegó hasta Arica (entonces peruana), fue desmontado pieza por pieza, y trasladado a lomo de mula desde Arica hasta Puno (unos 300 kilómetros, y para arriba); luego fue armado como un rompecabezas por ingenieros mandados a traer desde Inglaterra. Dos de los países más pobres de Sudamérica construyen armadas rivales a orillas del lago que comparten. Felicitaciones. El asunto es que, a todo esto, estalló la Guerra del Pacífico y los cañones nunca llegaron, pero el barco está. Dice el encargado del mantenimiento que como no tenía cañones, se lo utilizó para trasladar pasajeros, porque en esa época no había caminos que unieran a los dos países, y para trasladar petróleo después, cuando ya estaba la carretera.
Hablé bastante con el guía, haciéndole preguntas sobre las dudas que me quedaron después de investigar la historia de la ciudad. En cierta forma, Puno es como una Potosí pero de menor magnitud. Justo cuando empezaba a acabarse la plata del Cerro Rico en Potosí, se descubrió cerca de Puno la gran mina de Laikakota; fue todo un acontecimiento, aunque nunca estuvo cerca de las magnitudes de Potosí en su mejor época, sí producía muchísimo. La riqueza brotó de la noche a la mañana, pero aquí, a diferencia de lo que sucedió en la mina del sur de Bolivia, en los primeros años no hubo un ordenamiento por parte del Rey. Así, se instaló una ciudad, San Juan de Alba, para los obreros y empresarios. Pero la ambición sin el rey de por medio amenazó acabar al poblado. Todos se pelearon con todos, grandes mineros contra grandes mineros, andaluces contra vascos, todos contra el gobernador, andaluces y vascos contra aborígenes sublevados, y así, hasta que un Virrey logró poner orden, condenar a muerte a una parte de la clase alta para calmar las cosas, y luego mandó a destruir para siempre la ciudad de San Juan de Alba. Es ahí cuando Puno, que hasta ese momento no era más que un caserío, es nombrado capital provincial y se transforma en la ciudad que crece con la minería, ahora bien organizada. Mi duda era si existía la mina de Laikakota todavía, y si se la podía visitar, por supuesto; el restaurador del buque me dijo que sí, pero que está cerrada con una reja. De inmediato me acordé de la reja que está en el recinto donde los changos comían mariscos y se ponían a pintar las paredes hace 4.000 años a 5 kilómetros de Arica, es una reja más bien simbólica, no impide el paso ni a los niños, y uno puede tocar las pinturas y nadie te dice nada. Entonces le pregunté cómo llegar, y no hay forma más que en taxi; la mina según dice está abandonada, en pésimo estado, nadie se quiere meter. Pensé en ir y entrar, también es una mina trascendental para la realidad actual del mundo, lo que me lo impidió fue la falta de tiempo, pues de haber ido seguramente este correo no llevaría el nombre que lleva; el otro impedimento es que no hay luz en la mina, ya me veía con una vela amarrada al brazo como en la Colonia. También pregunté si hay gente aún por ahí buscando plata u oro, y me dijo que sí, que de repente se abren pequeños piques; los mayores tratan de meter miedo con los piques antiguos, cuentan leyendas para que nadie se meta, o los llenan de agua. El restaurador del buque tiene a dos hermanos en la zona del Amazonas (desde Puno no está muy lejos la selva), que ganan bien, son gente que trabaja sola, que se las rebusca entre los cerros de esa región como puede pero que obtienen su recompensa; como decía en un capítulo anterior, El Dorado sigue siendo buscado... él mismo tiene pensado ir a probar suerte.
Ha sabido mantener el buque en forma impecable, por dentro y por fuera; los camarotes a veces se utilizan para albergar turistas; todo reluce limpieza, hay una biblioteca bastante interesante para distraer la mente en los viajes que cada tantos años realiza la embarcación, una sala de oficiales, también hay mapas y cartas náuticas del lago Titicaca, ahí el guía me hizo notar la forma que tiene el lago, que se parece a un puma cazando y efectivamente el nombre del lago significa “Puma gris”, que es el color que tienen las aguas la mayor parte del tiempo, que está nublado; ahora bien, ¿cómo se dieron cuenta que ese lago enorme tiene esa forma? Por más que uno se suba aun cerro, el más alto que sea, nunca se puede ver más que una parte de la forma del lago. Esto, que se presenta como un “gran misterio”, al igual que las líneas de Nazca, sólo se basa en el prejuicio de que los aborígenes no eran capaces de juntar en sus mentes las distintas partes del lago que veían desde los cerros, y todo porque el hombre moderno no es capaz… ¿acaso nos asombramos cuando sabemos que los antiguos romanos tenían mapas del mar Mediterráneo?
La zona de las máquinas, primero a vapor y ahora a electricidad, reluce de tan limpia que está; es un gusto entrar a esa sala; aún están las marcas de la empresa que las construyó hace mucho tiempo. Pero debe ser asfixiante la vida en un lugar que al avanzar por el mar queda tan aislado y al mismo tiempo es tan pequeño…
Al volver pasé por una avenida que rodea la bahía donde está la ciudad; yendo para el centro pude ver el Monumento a la Quena, de unos 4 o 5 metros de altura; el tobogán gigante, donde se divierten tirándose niños y adultos, y la escultura del Ekeko, no tan grande como la quena pero de todas formas cargado de cosas para que regale abundancia a los puneños. Caminando por una avenida que parecía el vertedero municipal, noto la enorme diferencia entre los puestos de diarios bolivianos y peruanos; mientras en Bolivia no hay ni siquiera un solo periódico sensacionalista, en Perú en la mayoría de los puestos no parece que hay otra cosa que diarios sensacionalistas; los puestos peruanos parecen un “horror show”, en las portadas de los matutinos puede verse a una señora solicitando los servicios de un asesino a sueldo para matar a su marido; a un padre que mató a su hijo por que le salió tontito; a uno o dos candidatos presidenciales vinculados al narcotráfico y cosas por el estilo; sólo se salvan uno o dos periódicos; el resto del quiosco suele mostrar una colección de fenómenos humanos deformes y los típicos asuntos faranduleros; no hay mucha diferencia entre una revista de farándula y el “Semanario de lo insólito”.
A la noche el carnaval seguía su curso; caminando hacia las calles que eran el epicentro de la festividad, la gente pasaba a llevar y no pedía permiso, como en Chile; si habré estado en decenas de aglomeraciones humanas en Bolivia, todos los días me tocaba por lo menos una, y nunca noté agresividad. A altas horas había aún más entonación alcohólica entre el personal; a esa altura ya posaban cuando sacaba la cámara de fotos. Incluso entré a comer a un lugar caro pero igual estaban casi todos a medio filo, como el que se paró a servir una copa de vino en una mesa donde no había nadie, o el gordo que comía la ensalada con las manos; hasta el garzón no bajaba el último peldaño de la escalera del todo bien.
En la mañana fui a visitar las islas donde vive el pueblo Uro, al que algunos historiadores señalan como la etnia más antigua del continente; incluso es probable que haya entrado a América en oleadas independientes del resto de los pobladores, y antes. Tienen un color de piel muy distinto del resto, es de un color negro que no es como el de los africanos; ahora están bastante mezclados con los aymaras, razón por la que se los suele llamar Uro-Aymaras, aunque ellos a sí mismos se llaman “el pueblo del lago”, y antiguamente sólo se autodenominaban “humanos”, a secas, quizá por que no conocían otros grupos aparte de sí mismos, ya que probablemente estaban solos en toda América. Fueron aliados de los aymaras, que controlaban la civilización de Tiahuanaco, allí fue cuando se comenzaron a mezclar; luego fueron conquistados por los Incas, época en que empezaron a aprender también el idioma Quechua de los incas; cuentan las crónicas que este pueblo era tan pobre, que el Emperador Inca Pachacútec no podía exigirle tributos, entonces se le ocurrió pedirles como contribución una determinada cantidad de piojos, así aprovechó el emperador de no empobrecerlos cobrándoles tributo y contribuir a la sanidad pública de ellos y de los quechuas que se relacionaban con los uro-aymaras. Siempre fueron vistos como gente atrasada, pobre y sucia. “Uro” era una especie de insulto en idioma aymara. El color de su piel, a veces, aunque muy raramente, lo vi en Uyuni, Potosí y La Paz. Evo Morales tiene ascendencia Uro-Aymara.
No está claro si fue para huir de la conquista Inca, o para escapar del maltrato de los españoles, que los uro-aymaras de la zona del Titicaca tuvieron que construir sus características islas flotantes formadas con bloques unidos de raíces de totora, y que gracias a los gases que estas raíces liberan, se pueden mantener a flote; encima los habitantes colocan, cada quince o treinta días, una nueva capa de totora. Así pueden vivir flotando en el lago. Para visitarlos hay que ir en un ferry que sale de la misma Puno y recorrer algunos kilómetros del lago, entre totorales que son el ambiente donde aquel pueblo vive. Antes de llegar ya las familias que viven en las islas flotantes salen a recibir a los turistas y saludarlos con gran ánimo y sonrisas a la distancia, aunque no desembarquen en su isla. En ellas casi todo es de totora, el piso, los asientos, las casas; caminar por esas islas no es un gran problema, pero de todas formas se nota que no es suelo firme. En la isla que visitamos sólo viven tres familias, aunque hay otras más grandes. Nos reciben y “el Presidente” de la isla, es decir, el jefe de familia mayor, nos explica como es la vida allí y cómo se construye una isla flotante de totora; mientras tanto, la “Primera Dama”, la esposa del jefe de la isla, estaba tejiendo, los niños jugando y escuchando una radio de Puno y otro habitante joven estaba parece que colocando más totora en una parte de la isla en la que faltaba.
Después nos dieron a probar la totora, que sabía a nalca o al coyocho de la lechuga. Luego pasamos a las pequeñas casas donde viven, al grupo donde estaba le tocó la casa de la “Primera Dama” y su marido; es muy poco lo que tienen, y poco les hace falta; hay un gran colchón en el suelo y poco más, ya que la cocina está en otro pequeño cuarto separado. Ahí conversamos con la Primera Dama; ella nos contó acerca de su religión utilizando un paño artesanal; nos habló de los dioses aymaras, en una muestra de que prácticamente no les queda mucho de su cultura propia; sólo en sus manos se notaba el color característico de su pueblo. Le pregunté por Viracocha, el dios principal del Imperio Inca, al que todo el mundo conoce en el altiplano tanto en Perú como en Bolivia, o por lo menos saben que es un dios, pero ella no sabía nada de él, cuando le dije que era el Dios Creador, me respondió que “ese debe ser del norte, de Trujillo por allá…”, nombrando una ciudad que le parecía el límite del mundo. Creo que han perdido su idioma y sus creencias, pero las han cambiado por algunas de las aymaras, en una época en que los aymara tampoco conocían a Viracocha, es decir, antes de que fueran conquistados también por los incas. Le pregunté que lugares conocía, y sólo conoce las islas vecinas y la ciudad de Puno, donde va a vender sus artesanías en totora y su pesca, y comprar otras cosas. Ése es todo su mundo. Los niños se crían entre las islas, por que van a un colegio (donde se hablan castellano y aymara, y se enseña el programa oficial) que queda en las mismas islas, trasladándose en un barco de totora, para variar. La señora no quiere que sus hijos vayan a la ciudad, por que ahí “quieren dulces” y se ponen a pedir cosas. Así que por esa estabilidad se mantiene la forma de vida de este grupo. Muchos turistas comentan la pobreza en la que viven los uro-aymara. Pero sólo son apariencias, por que visten con ropa vieja y están sucios por que viven al natural; pero en las islas los lazos familiares son tan fuertes que no hay miseria; al contrario, tienen una dieta muy variada, comen las aves marinas que viven en los canales del Titicaca, que son de muchas especies, además de peces y de todo lo que intercambian en la ciudad. Aunque son pocos, muchos no se van de las islas por que sencillamente no lo necesitan, quizá algún turista europeo vea pobreza y en su país hay gente que muere de desnutrición en las calles.
El carácter de los isleños es jovial y alegre, se ríen por todo, el Presidente explicaba su forma de vida contando chistes y haciendo representaciones teatrales y nos despidieron con canciones muy animadas.Pero lo que más llama la atención en este pueblo aislado es una antigua costumbre, la de casarse cuando se enamoran y no por imposición de los padres, desde una época en que en todo el mundo, hasta en la cultura cristiana occidental, se acostumbraba que el padre decidiera con quien debían casarse los hijos. Incluso pasa hoy en día en la mayor parte del mundo, y hasta en nuestros países, en aquellos grupos que viven de la apariencia.La Primera Dama me dijo que los padres decidían, pero en los tiempos de su abuelo; sabiendo de la gran antigüedad de la costumbre de casarse por enamoramiento, le pregunte “¿de su abuelo o de…?”, no, me dijo,  “del abuelo del abuelo de mi bisabuelo”, palabras textuales. Los uro-aymara se enamoran y se van a vivir juntos en una casa separada, durante un tiempo, puede ser un mes o un año; y si se llevan bien, después se casan y fundan su propia isla junto a otros jóvenes que estén o vayan a estar en la misma situación. Sin embargo, es sabido que hay muchos problemas; los varones se van a visitar mujeres a Puno, y no vuelven en días…
En las culturas donde los padres deciden hay menos divorcios y las mujeres parecen más satisfechas con su situación matrimonial. Quizá el hecho de estar obligados, de creer que es una obligación sobrenatural, los hace adoptar otra actitud frente a la pareja. Y así observando el planeta podemos ver que hay grupos que se casan por obligación y otros por enamoramiento, y parece que no existe una cultura que tenga por regla y costumbre casarse por amor.


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