Con mucho gusto: Costa Rica

Escribe: lwrence
Uno de mis mejores viajes. Algo de mi se quedo en este país. Y volveré para buscarlo, o para quedarme en el buscándolo. Cuando por tercer año consecutivo me puse a preparar mi viaje a Costa Rica, localicé por internet una agencia costarricense...

 

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Capítulo 2

Con mucho gusto: Costa Rica 2ª parte

Puerto Viejo, Costa Rica — martes, 1 de septiembre de 2009

DOMINGO 6 DE SEPTIEMBRE… … 6º DIA… … PUERTO VIEJO-LA FORTUNA

Costa Rica es un país pequeño. 50.000 kilómetros cuadrados, sin demasiadas gestas bélicas que contar, tranquilo, próspero y donde los lugareños se saludan con un “Pura Vida”.La población afro caribeña, conserva  una autenticidad que no se encuentra en otras aéreas del Caribe, turísticamente masificadas por complejos hoteleros gigantescos. El ritmo lento de la población te contagia, te sumerges en su estilo de vida, y a veces, algunas veces te dan ganas de quedarte más días, o semanas…o quizá para siempre.

Te terminarás enamorando de un lugar que no es perfecto, porque es real.Pero eso  no ocurrió esta vez, y con un madrugón considerable abandonamos Puerto Viejo para dirigirnos hacia la zona central del país. Hacia el Arenal.Era domingo. Día feriado, día de fiesta. De marchas ciclistas en las carreteras, de ambiente festivo en los pueblos que íbamos cruzando, de ausencia de escolares, de tiendas abiertas, y de mucha policía vigilando los caminos. 

Pasamos por varios controles de policía, por patrullas de motoristas que paraban los coches a discreción, y que esta vez, tuvimos suerte y no nos obligaron a parar, como si que les ocurrió a la otra pareja que venía con nosotros.Volvimos a hacer parte del camino que hicimos al llegar; volvimos a circular por la 36, empalmamos en Puerto Limón con la 32 hasta pasado Guápiles donde cogimos la 4, que a priori tenía que ser una mala carretera y por la que circulamos mejor de lo que nos esperábamos, exceptuando el último trozo que va de la población de Tanque, hasta La Fortuna. Atrás quedaron 300 kilómetros  realizados en casi 4 horas y media.Nuestro hotel, era el Volcano Lodge, un complejo precioso, muy nuevo y que estaba pasado el pueblo de La Fortuna, en la carretera 142 que conduce a la Laguna Arenal. El hotel, tiene una verja de seguridad donde se debe uno de identificar para entrar por primera vez.

Después una tarjeta en el parabrisas del coche, indicando huésped ya es suficiente. Las habitaciones son pequeños bungalows de obra, contiguos los unos de los otros, con dos camas gigantescas y una terraza con vistas al volcán Arenal, que a esas horas de la tarde, estaba, como casi siempre nublado.En la recepción del hotel, nos dejamos aconsejar por el personal y contratamos dos actividades Nos ofrecieron un completo programa de varias caminatas, caballos, rafting, canopy, aguas termales y tours combinados. Al final, después de valorar el tiempo y el dinero elegimos para la tarde de hoy, un Canopy Tour, o lo que es lo mismo, unas tirolinas, y para mañana, día completo con un Tour Combinado de puentes, caminata al volcán, catarata, almuerzo, baños termales y cena….el canopy, operado por la empresa Ecoglide, valía 45 dólares por persona, pero el chico, nos hizo una rebaja y nos costó tan sólo 38. Teníamos el tiempo justo para comer algo rápido y optamos por unos sándwiches, en el bar de la piscina.

Empezaba a llover, ligeramente y el volcán seguía estando cubierto en la cima.Descansamos unos minutos y a las 15.30 de la tarde, una furgoneta de la empresa Ecoglide nos recogió delante mismo de nuestra habitación. Nos llevó a sus instalaciones. Íbamos a hacer el tour con una pareja de California de más de 50 años.Primero de todo, seguridad. Nos pusieron los arneses, los guantes y un casco, mientras nos llevaban a una plataforma pequeña para hacernos las explicaciones pertinentes. Era la primera vez que hacia una actividad de estas, y aparte de la emoción, tenía un cierto temor a que no se rompiera nada, o  que mi falta de experiencia me proporcionara algún susto. Pero no. Los chicos de Ecoglide, hacen fácil lo difícil y se tiene siempre la sensación de estar completamente seguros y protegidos. Aún así, por si las moscas, la empresa te hace firmar una hoja de actividades de riesgo, en la cual la empresa se declara exenta  de responsabilidades y en la cual  te advierten de que puedes sufrir picaduras de animales, caídas por negligencia, golpes, mareos, etc.

La empresa únicamente se hace responsable de la calidad del material y de la profesionalidad de los monitores.Después de las explicaciones pertinentes y de probar nuestras habilidades en una plataforma pequeña, nos fuimos con una pick-up hacia el inicio del recorrido. Este canopy, tiene dos particularidades. La primera, es que hay un cable extra de seguridad. Siempre estás sujeto por dos cables, el principal, donde vas sujeto tú y el aparato deslizante,  y el  otro por encima de ti, donde un mosquetón te engancha al cable.  La segunda es que el sistema de frenado es básicamente utilizando la goma de freno que va pegada al guante. Cuanto más aprietes la mano, más frenarás.

Por si todo eso falla, por la inexperiencia o los nervios, casi siempre al final de la tirolina, hay un tope que te frena….y si no, siempre hay un árbol que te frenará. Uno o dos monitores en cada plataforma. Uno te sube, pues para atarte al cable, hay que hacer un pequeño brinco, con la ayuda de los monitores. Otro te para, te baja y te vuelve a subir al siguiente. Y un tercero va ayudando a los otros dos, además de ir realizando fotos y videos que al final te venden en la tienda.Las primeras tirolinas eran cortas, de escasos metros; hacia el final, venían las largas, las de 400, 500 o 600 metros. Las mejores. Con las cortas, y al ser las primeras, bastante se tenía en controlar el cuerpo, no balancearse, no frenar demasiado, y empezar a familiarizarse con todo el equipo. En las más largas, y con algo más de práctica, es cuando empezamos a   disfrutar del paisaje, de deslizarse por encima de los árboles, observando valles, bosques frondosos, vegetación, fauna, belleza sin fin…una experiencia única y totalmente recomendable.

Como broche final al tour, estaba la “atracción” denominada “Tarzan Swing”…o dicho en español, salto al vacío. Desde una plataforma, te atan a una cuerda que está sujeta en lo alto de una rama a varias decenas de metros de distancia. Se abre la reja que sirve de aguante, y caes…literalmente caes…no llegas a tocar el suelo, pues antes de hacerlo la cuerda te arrastra hacia arriba, proporcionándote un balanceo increíble…subes, bajas, te giras, incluso puedes llegar a marearte. Espectacular. El segundo, la fracción de segundo en la que tu cuerpo cae al vacio, no se tiene consciencia de nada. Tan sólo en el instante en que empiezas a subir, a raíz de la tensión de la cuerda, es cuando empiezas a chillar, cuando los temores de que no se rompa nada, empiezan a aflorar. Una caída en ese momento, sería mortal de necesidad.

Como un puenting, pero con un árbol en vez de un puente, y balanceándote.Al poner los pies de nuevo en tierra, notas que las piernas te flaquean unos instantes. Miras al siguiente en lanzarse, y piensas, en que como es posible que te hayas atrevido a ello. Punto y final al tour. Pero espectacular final.De vuelta a la base de operaciones, te ofrecen un refresco o una cerveza, y te enseñan las fotos y los videos que te han hecho. El precio del CD, en el que también incluían una gran cantidad de fotos de paisajes costarricenses y de fauna del país, era de 20 dólares. Lo compramos, como no.Nos devolvieron al hotel, y aun tuvimos tiempo de disfrutar de la piscina. Y sobre todo del jacuzzi al aire libre, con agua caliente y vistas al volcán.

Estar en ese lugar, con una bebida, dentro del agua y mirando el paisaje, era un pequeño lujo.Cuando el sol ya empezaba a ponerse, nos fuimos hacia el observatorio del volcán. Por un camino rompe ruedas en las afueras de la Fortuna, se llega después de 10 interminables kilómetros, al Arenal Observatory  Lodge. Un hotel de lujo, enclavado en un observatorio privado. Desde finales de los años 80, este observatorio es visitado por vulcanólogos de todo el mundo, pues es un lugar privilegiado para observar toda la actividad del volcán. A unos 3 kilómetros del observatorio, vimos a un montón de  gente, coches y autobuses, detenidos en las cercanías de un pequeño puente. Nos detuvimos y nos pusimos a observar. ¿Qué hacíamos todas esas personas  a la misma hora y en el mismo lugar?La mayoría de días, si el tiempo lo permite, al atardecer, se puede ver como el volcán escupe piedras incandescentes, rocas, lava, fuego, humo…se puede oír rugir al volcán.

Pero esa noche, de nuevo, el Arenal, permanecía semi oculto por las nubes, y tan solo se vislumbraba muy lejanamente, una pequeña humareda, que se confundía con las nubes bajas que rodeaban al volcán. La mayoría de turistas, a la más mínima impresión de que algo pasaba, gritaban y hacían fotos. Sinceramente, no vimos nada. Preguntamos a los choferes que estaban vigilando los coches, si merecía la pena subir hasta el observatorio, y muy amablemente nos dijeron que no, que la visibilidad sería la misma. Por lo cual, marcha atrás y hacia La Fortuna.El volcán Arenal, está considerado como uno de los 10 volcanes más activos del mundo y cada día es sometido a una observación y estudio completo. Hay que evitar riesgos. La última erupción importante fue en 1968 cuando despertó de su letargo y causó bastantes muertes y destrozos de pueblos y carreteras. Otras erupciones importantes, sin llegar a ser mortales sucedieron a principios de la década. Espectáculo vivo de la naturaleza.

Pero con precaución.Llegamos a La Fortuna, y nos pusimos a recorrer la ciudad. Una gran calle, vía principal de circulación y en ambas aceras tiendas de souvenirs y de agencias de aventura. Casi todo lo inimaginable puede realizarse en cualquiera de ellas. Los precios son similares las unas de las otras. Los mejores hoteles no están en el pueblo, sino en los alrededores. A excepción de la Catedral y el Parque Central, poco más hay que ver en la ciudad. Para cenar, buscamos un establecimiento que fuera original, y terminamos cenando en uno muy nuevo, al lado del Burger King, donde las camareras vestían el traje típico del país, todo el local era de madera, y donde además se vendían souvenirs y productos de alimentación típicos de  Costa Rica.

Después de la cena, regresamos al hotel. Nos sentamos en nuestra terraza con vistas al volcán, intentando verlo, escucharlo, oírlo al…sabíamos que estaba allí, y algunas veces, en la lejanía, oíamos un pequeño estruendo, pero pequeño. El volcán se hacía notar. Como primera toma de contacto con la zona de El Arenal, no estuvo mal. Mañana tendríamos sesión intensa, con un día súper ocupado. Pero eso sería mañana

LUNES 7 DE SEPTIEMBRE… … 7º DIA… … LA FORTUNA

Hacía tiempo que no dormía en una cama tan grande. Si dejábamos la cortina abierta, la imagen que veíamos era la de vegetación, arboles, plantas…y un volcán que se empeñaba en no mostrarse en su totalidad. Los casi 1700 metros de altura, costaban de ver.Desayunamos con una intensa lluvia, preguntándonos si no sería mejor anular todo el tour, pues el agua caía con intensidad, y el cielo todo taponado, no presagiaba que pudiera salir el sol…pero…pero…estábamos en Costa Rica. Muy puntuales, la furgoneta de Mapache Tours, nos recogió en la puerta de nuestra habitación. Nuestro guía para todo el día de hoy, iba a ser Miguel Benavides,  un personaje peculiar, tremendamente amable, profesional y que nos hizo el día más ameno de lo que ya de por si debía ser.

La furgoneta la conducía Willy, un costarricense de unos 50 años, regordete y tan amable como Miguel. Primera parada, los puentes colgantes. Entrada 25 dólares por cabeza.Hay que imaginarse caminado por encima de los árboles. Y lloviendo. Por debajo un bosque frondoso, espeso, donde perderse sería lo más habitual del mundo. Miguel, nos iba contando cosas del bosque, de las plantas que veíamos, de los árboles, de la vegetación que crecía en las copas de los mismos, creando un submundo de especies vegetales. Vimos de nuevo ranitas de patas azules, pájaros, perezosos, arañas, y sobre todo aprendimos de la geografía de un país.

Sus explicaciones eran amenas, interesantes. Y poco a poco, empezó a dejar de llover. El fuerte aguacero del principio, se convirtió en sol. Las nubes se disiparon, pero el volcán Arenal, seguía escondiendo su cima. Cada vez en menor intensidad, pero seguía semi oculto.Pasamos por diferentes puentes; unos más largos, otros más cortos, o más altos. Cada puente tiene su nombre, (puente escalera de mono, puente hormiguero, puente terciopelo, de la cascada, tarántula, etc.) Diferentes alturas, diferentes niveles de observación. Paseábamos por las nubes…a la salida de la zona de los puentes, nos encontramos con una manada de Pizotes, unos cerdos salvajes parecidos a los Jabalíes, que al vernos llegar se ocultaron rápidamente entre los arbustos. Aún así pude hacerles unas cuantas fotos.

Después de los puentes nos dirigimos hacía la catarata La Fortuna, una esplendida caída de agua desde más de 70 metros. Entrada 10 dólares. Tras bajar unos 600 escalones a través de un sotobosque lleno de helechos y con un suelo a veces algo resbaladizo, se llega a unas piscinas naturales que el agua forma al caer, y que están teñidas de unos colores verdes muy tentadores. Darse un baño en estas piscinas es toda una tentación. El único inconveniente es que no hay lugar ni para cambiarse ni para dejar la ropa. Tan solo un banco de madera que suele estar casi siempre ocupado. El agua estaba helada, pero que bien que supo ese baño en un paraje tan natural como ese. Miguel nos ayudó con las fotos, las mochilas, los bañadores….se estaba labrando una buena propina.Después del baño, nos fuimos a almorzar a un restaurante que ya estaba concertado. En la comida pudimos profundizar más en la vida de Miguel y en la de nuestro chofer; hablamos de fútbol, de política, de turismo, casi de todo…interesante la charla.

Ahora teníamos una hora y media libres, para lo cual nos podían dejar en La Fortuna, para pasear por el pueblo, o bien dejarnos en el hotel, para que descansásemos un poco. Y optamos por la segunda idea, pues La Fortuna, tampoco tenía mucho más que ver. Una buena siesta y a continuar.Por la tarde, de camino al Parque Nacional Volcán Arenal, nos detuvimos unos instantes en la carretera, donde una manada de Coaties, correteaban por el arcén. Están tan acostumbrados a los humanos, que se acercan a la carretera, esperan que paren los coches, y los turistas les demos algo de comida. Los Coaties, son una mezcla de mono y ardilla, más largo que los mapaches y con un hocico largo y móvil. Su cola es extremadamente larga también y tienen  un aspecto gracioso, pero hay que evitar  tocarlos.

Siguen siendo animales salvajes, y su reacción nunca sabremos cual es. Nos fotografiamos con ellos, con la docena de ejemplares que había, y nos fuimos. Según los guías, siempre están en el mismo lugar, esperando….Llegamos al parque.  Entrada 10 dólares. La furgoneta nos dejó en la misma entrada, donde está la oficina del Guardabosques, y desde allí empezamos una caminata de unos 40 minutos, los últimos de ellos escalando rocas de lava solidificada. Miguel nos fue contando más y más cosas del volcán. Nos trajo fotos, algún recorte de periódicos, dibujos, explicaciones de todo tipo sobre el volcán y su historia. Una de las cosas más sorprendentes que aprendimos, es que toda Costa Rica, fue el último país en formarse en América, y que gracias a su actividad volcánica, terminó uniéndose al resto del continente. 

Pero lo más hermoso, lo que realmente más nos gustó, fue ver el Arenal, en plena actividad. Periódicamente del cráter salían rocas que cuando se arrastraban por la ladera, producían una cortina de humo, que mezcladas con el calor de las rocas, eran bien visibles. Además oíamos al volcán. Le oímos escupir rocas, pequeñas lenguas de fuego, rugir, mostrarse…y así nos quedamos bastante rato, mirando, escuchando, espiando la actividad volcánica de una montaña. Otros grupos de viajeros, se ubicaron en zonas próximas a nosotros, pero debo decir, que la mejor zona, era la nuestra. Se empezó a levantar aire, y unas nubes amenazantes, empezaron a llegar por el oeste. Había que regresar rápido. Quizás no lloviera, pero era mejor prevenir. Llegamos a la furgoneta y al nuevo destino. A las fuentes termales de Tabacón.

No hay palabras para describirlo. Hay que verlo. Una entrada majestuosa, y dentro un montón de piscinas termales con agua caliente rodeadas de vegetación. Parecía que estuviésemos en el mismo Edén. Cataratas, pájaros que revolotean encima de las decenas de flores diferentes que adornan las piscinas, aguas a más de 40 grados algunas, piscinas de agua fría, otras más templadas…de nuevo estábamos absorbidos por la naturaleza. El único inconveniente por buscar alguno, era que ya era de noche, por lo cual, los contrastes de colores no se pudieron aprovechar en toda su integridad. En algunas piscinas, la masificación era considerable, por lo cual pensé que haber venido por la noche, tenía su encanto.

Estas aguas termales, son las más caras de la zona. 60 dólares por adulto, aunque si se entra después de las 19 horas, el precio baja a 45. Todas las actividades del día, nosotros ya las habíamos abonado en el hotel. Hacerlo por libre o con agencia, se lleva muy poca diferencia, pero nosotros tuvimos un guía para nosotros dos todo el día. Teníamos casi dos horas para disfrutar del agua, y se nos pasaron volando. Aguas calientes gracias a la actividad del volcán. Todo en la zona gira en torno al volcán Arenal. Después del relajante baño, tocaba cena, también incluida en nuestro tour. Habíamos quedado con Nuria y Paco, y como ellos se alojaban en el hotel Tabacón, aprovechamos para cenar los cuatro juntos, un estupendo buffet libre, esa noche dedicada a la comida española.En medio de la cena vino Miguel.

Nos tenía que devolver al hotel, y también nos trajo información sobre nuestro próximo destino. Guanacaste. Planos, fotos, excursiones… quizás podía haberse esperado un poco, pero él estaba preparándose su propina, lógicamente. Terminamos de cenar, y nuestro chofer también acercó a Paco y Nuria a su hotel. Miguel nos dejó en el nuestro, y dimos por terminado un día increíblemente bien aprovechado. De nuevo nos sentamos en la terraza para poder oír al volcán. Queríamos despedirnos de él….y él de nosotros. 

MARTES 8 DE SEPTIEMBRE… … 8º DIA… … LA FORTUNA-HACIENDA GUACHIPELIN

El Arenal, nuestro volcán, permanecía de nuevo semi oculto. Al amanecer del día de hoy, las nubes seguían cubriendo la cima, y casi estábamos convencidos de que no conseguiríamos verlo por entero.Desayunamos y minutos antes de las nueve de la mañana, partimos en dirección a la región de Guanacaste. Los volcanes y las playas, limitan una región que destaca por sus tradiciones ganaderas y donde en el pasado, estas tierras fueron habitadas por los indios Chorotecas. Si se quiere conocer la Costa Rica más autentica y tradicional, hay que visitar esta zona, y no solo sus famosas playas, sino adentrarse en el interior de la región y descubrir que Guanacaste es diferente siendo similar. Los rodeos, son la fiesta típica del lugar.

El aroma a ganadería, a caballos; los trajes de los ganaderos con sus camisas bordadas, el sombrero al estilo western americano…Guanacaste es la región más costarricense, más auténtica, además de ser una de las zonas más agrícolas del país, con enormes plantaciones de maíz, café, algodón o caña de azúcar. De La Fortuna, tomamos la carretera 142 que bordea toda la Laguna Arenal, la laguna más grande de todo el país. Varios pueblos permanecen sumergidos en las profundidades de la laguna, convertida en presa eléctrica y que abastece de electricidad a más de la mitad de todo el país. Bordear la laguna en coche, es uno de los trayectos más bonitos que pueden hacerse.

Con carreteras empinadas, pequeños pueblos que van apareciendo por sorpresa, vendedores ambulantes de todo tipo, y una vegetación que rodea a la laguna y que hacen que reduzcas la velocidad y conviertas el trayecto en un paseo.En todas las carreteras de Costa Rica, es frecuente ver unos grandes corazones pintados en el asfalto de la calzada. Cada corazón representa un atropello, un accidente. Curiosa manera de recordar precaución en la carretera. Cuando dejamos ya la Laguna, dejamos también las nubes, y como por arte de magia, apareció el sol.

Nos detuvimos en el pueblo de Cañas, para poner gasolina y cambiar algo de dinero en un banco local. La gasolina en Costa Rica, costaba alrededor de 1 dólar el litro. La oficina del Banco Nacional, con guardas de seguridad en la entrada, dispone de baños, periódicos e incluso una televisión. Igualito que las de España. Cambiamos algunos colones y proseguimos hacia nuestro destino. El cambio a 582 colones por dólar. El paisaje es diferente. No hay tanta vegetación, o si acaso no es tan exuberante.

En unos instantes desaparecen los bosques húmedos de hojas perennes y nos vamos encontrando con extensas llanuras.La carretera Panamericana, la más importante y transitada del país, no es la más interesante de transitar, para conocer Costa Rica, pero si es la más rápida, con enormes camiones que parece que hayan salido de cualquier película, policías motorizados, carteles de “peligro monos”, y algunos puestos de verduras, frutas y souvenirs, que aparecen siempre que hay  un semáforo a la entrada de cualquier pueblo.

Pero como vía rápida que es, vale la pena si se quiere ahorrar tiempo en los trayectos. Casi sin darnos cuenta, pero vigilando siempre no pasarnos de velocidad llegamos a Liberia, la capital de la región y una de las ciudades más importantes del país. A la entrada de la población, el contraste es importante, y a veces se tienen la impresión de que se está en un lugar súper turístico, donde los dólares vuelan de las manos. No nos detuvimos en Liberia, y seguimos unos kilómetros más  hasta encontrar un camino de tierra, mal señalizado que nos llevaba a nuestro destino final: La Hacienda Guachipelín.Ubicada en la carretera a Las Pailas, en un camino “tortura coches”, y como escondida del mundo, se encuentra un alojamiento hotelero, distinto de los habituales en Costa Rica.Un rancho del siglo XIX, todavía operativo y donde trabajan más de 300 personas en temporada alta.

Rodeado de más de 100 hectáreas de bosque primario y secundario, este rancho tiene más de 100 habitaciones, una enorme caballeriza con más de un centenar de caballos, piscina, y una agencia que ofrece todo tipo de actividades de aventura para los huéspedes. Las habitaciones no son excesivamente lujosas, pero hay que aceptar, que estamos en un rancho, en una Hacienda, con hamacas en las puertas y hormigas en el suelo. En plena naturaleza. Tenía una dosis de autenticidad extraordinaria.Dejamos el equipaje y nos fuimos hacia la agencia de actividades,  Adventure Tours, para ver que nos ofrecían, y lógicamente la oferta es extraordinaria. Se puede estar todo el día haciendo cosas diferentes.

Pero como el tiempo que teníamos era escaso, optamos por encargar una excursión para mañana y dedicar la tarde a recorrer parte del Parque Nacional Rincón de la Vieja y sobre todo explorar la zona de Las Pailas.El Parque Nacional Rincón de la Vieja, es uno de los más tranquilos de todos. A unos 10 minutos en coche de la Hacienda, y siguiendo un camino arenoso bien indicado. Está surcado por más de 32 ríos y arroyos. Sus 14.000 hectáreas albergan diferentes tipos de vegetación, amparadas por las distintas alturas de la zona. Se puede estar a 400 metros de altitud, en las tierras bajas, y llegar a los 1900 de las cumbres. La flor nacional, la orquídea, crece en este lugar de manera natural.Íbamos a visitar  un bosque tropical seco, donde estaban la mayoría de árboles típicos de estos lugares, como la higuera estranguladora, un árbol parasito que va cubriendo a su anfitrión.

Fuimos incapaces de ver ningún animal, tan solo una imponente iguana, que estaba en uno de los puentes de acceso al parque, y que cuando se cansó de que le hiciéramos fotos, se fue rápida y veloz a ocultarse entre los árboles. Todo el recorrido del parque se pude hacer en una hora y media, sin correr demasiado. Nosotros llevábamos los planos que nos dio nuestro guía del Arenal, y que con ellos, pudimos ver todo lo interesante del parque. En la caseta de la entrada, también vendían estos planos. Seguimos las indicaciones del mismo, con los sonidos de los monos aulladores de fondo. La vegetación era totalmente diferente a los bosques que habíamos visto en Tortuguero o Arenal. Bosque seco mayoritariamente. En este enclave, descubrimos uno de los mayores árboles de toda Costa Rica; el árbol de la lluvia” o la Ceiba, uno de los árboles más grandes de toda la América Tropical, y que puede llegar a medir más de 50 metros de altura.Empezábamos a percibir un olor a podrido, pero que luego comprobamos que era olor a azufre.

Estábamos cerca del Volcancito, un pequeño cráter, de donde salía un humo pestilente y donde había una gran temperatura. Unos carteles advertían de la peligrosidad del lugar, y a veces, para querer hacer una foto en condiciones, el humo te cegaba de tal manera, que tenías que desistir del intento, o esperar a que el aire soplara en otra dirección. Cerca del volcancito, al que se llega por un camino sin salida, están otros pequeños cráteres más, donde aparte de humo, hay agua hirviendo, mezclada con el barro, y con el mismo olor desagradable de antes. Estábamos en la zona de las Pailas, todo un inmenso lugar de actividad geotérmica y que sirve de respiradero al Volcán principal. Siguiendo el sendero, llegamos a Las Pailas en sí, que son los enormes pozos de barro, donde en algunos de ellos, el barro hierve provocando pequeñas explosiones de vapor, otros son de agua, otros de tierra, y algunos otros tan sólo tienen calor.

Un calor que al aproximarse a las verjas de seguridad, ya se intuye. El panorama es precioso. Estábamos dentro de la naturaleza. Estábamos siendo partícipes de una actividad geológica, controlada pero viva…un volcán controlado, pero no apagado. En realidad el Volcán Rincón de la Vieja, es la unión de 9 cráteres que explotaron al mismo tiempo. Es por ello que hay varia actividad geológica en diferentes partes del parque. El riesgo es mínimo, pero es naturaleza….Terminamos la travesía del parque, del sendero Las Pailas, con un olor a azufre que nos impregnaba toda la ropa. Cogimos el coche y nos detuvimos unos metros más debajo de la entrada, para hacer una pequeña caminata hasta la catarata de la Oropéndola. Un camino de unos 15 minutos, donde al final hay una cascada, y una piscina natural donde se puede uno bañar. El agua estaba helada.

Empezaba a anochecer, y optamos por mojarnos tan solo los pies y dejar el baño para la piscina del hotel. Los mosquitos se paseaban implacables por el lugar, y no nos pareció buena idea darnos un baño en ese momento. La vegetación por esta zona no es tan frondosa ni verde como en los parques del sur, pero la fauna es igual de abundante. Regresamos al hotel, y disfrutamos de una piscina, completamente solos. El agua de la piscina estaba templada. Y me preguntaba porque no había nadie en ella. De hecho, en toda la hacienda no había demasiada gente alojada, pero me sorprendió de nuevo el tener una piscina para nosotros solos. Después del baño relajante, nos fuimos a descansar a la habitación, a esperar a que fueran las 7 de la noche, e ir a cenar. La cena en la Hacienda Guachipelín, fue exquisita. Buena carne, bistec  de res,  aun que un poco lentos en el servicio.

En la mesa de al lado nuestro, unos guías estaban dando explicaciones sobre la búsqueda de unos extranjeros que se habían estrellado con su avioneta por la zona, y aún no habían encontrado los cuerpos.El primer contacto con Guanacaste, me demostró lo que ya intuía en las guías de viaje. Es una zona diferente. Unas costumbres diferentes. Pero quizás más autenticas.Mañana teníamos un día animadito.Pero eso sería mañana.

MIERCOLES 9 DE SEPTIEMBRE… … 9º DIA… …GUANACASTE-PLAYA FLAMINGO
Como nos acostamos pronto, no nos costó demasiado el madrugar. Por delante teníamos una mañana con una excursión divertida y original. Haríamos una pequeña cabalgata y después probaríamos el “Tubing”. Cabalgata y Tubing, 55 dólares por cabeza.Después de desayunar y de avisar a recepción de que volveríamos a la hora del Chek-Out, y de pedirles permiso para poder alargar unos minutos la estancia en la habitación, y para ducharnos y demás, nos fuimos hacia la oficina de la agencia. Después de unos minutos de espera, pues parecía que había falta de guías, nos vinieron a buscar y nos llevaron a las caballerizas.

Esperando a que nos dieran nuestros caballos, íbamos observando los consejos que el personal iba dando al resto de los participantes en la cabalgata. Yo no había montado a caballo en mi vida, pero estos caballos están tan acostumbrados al tracto con los turistas, que casi se mueven solos, y uno, únicamente tiene que vigilar en agarrarse bien y no caerse. Provistos de un casco, y una vez que todos tuvimos nuestro caballo, nos fuimos casi en fila india hacia la cascada de “las Chorreras”. A marcha tranquila, disfrutando del paisaje, con unos caballos que andaban lentamente. Como que enseguida le cogí el truquillo, a veces, cuando veía que el guía se adelantaba demasiado, daba un par de golpes a mi caballo, “paloma” y me ponía a trotar, haciendo que el resto de caballos me siguieran sin que sus jinetes pudieran hacer nada por evitarlo.

Siempre seguían al líder, y en algunos momentos, yo ejercía de líder de la cabalgata….y me encantaba….Después de unos 40 minutos de trote, llegamos a “las Chorreras”, una pequeña cascada con una piscina natural, y que termina vertiendo sus aguas en el rio Blanco, uno de los tres ríos del parque. Algunos decidieron darse un baño... El agua era clara, transparente, y fría…los monitores únicamente traían toallas de baño para secarse, para los que no hacían Tubing… Los que  no nos bañamos, aprovechamos para hacer fotos del lugar y de la vegetación. Una vez secos, 30  minutos más de trote y llegamos al punto final de la cabalgada. Un lugar, donde debíamos de dejar los caballos, y donde se nos daban las instrucciones y el equipamiento necesario para realizar el Tubing.¿Y qué es el Tubing?, pues una especie de rafting, individual, montado en un enorme neumático, en un tubo, con dos agarraderas en los lados, para sujetarse.

Después de las instrucciones pertinentes, cada uno tenía que coger su tubo y bajar un buen trozo de montaña, hasta llegar al rio. Chalecos salvavidas, casco, zapatos de agua….y al agua. El rio Negro nos esperaba.Los primeros momentos, se pasa un poco de apuro, después cuando le coges el tranquillo es una de las cosas más divertidas que hemos hecho en Costa Rica. El río llevaba poco agua, por lo cual los rápidos no eran demasiado peligrosos, y en algunos momentos te tenían que empujar pues apenas se movía. En otros, era fácil caerse, o quedarse atrapado entre las rocas. En principio éramos unos 8, pero después, rio abajo, nos encontramos  con un montón de tubos más y aquello era un atasco…éramos más de 30. En ningún momento consideré que el Tubing fuera una actividad de riesgo extremo y mucho menos con el nivel de las aguas.

Los guías se quejaban de que este rafting no se debería hacer por el poco caudal que había y criticaban a la agencia por su afán económico. Quizás tenían razón, pero las risas que nos pegamos, los paisajes que íbamos viendo, y las pequeñas dosis de adrenalina, me satisfacieron completamente.En un punto acordado, nos deteníamos, salíamos del agua, que era quizás lo más complicado, y cargamos nuestros tubos, hasta un lugar donde nos esperaba el autobús para devolvernos a la Hacienda. Teníamos unos baños para cambiarnos de ropa y toallas para secarnos. Subimos al transporte y en unos 20 minutos nos dejaron en la agencia, donde te vendían, al módico precio de 25 dólares un CD con las imágenes y videos de la cabalgata y del Tubing, además de varias carpetas con fotos de paisajes y fauna de Costa Rica.Llegamos al hotel cerca de las 14 horas.

Nos duchamos y nos fuimos hacia recepción, con el temor de que nos riñeran por la tardanza. Pero no. Para nada. Se mostraron totalmente comprensibles y no nos pusieron ninguna pega. Gracias.Con el Chek-Out realizado, nos fuimos a pie por un sendero que conduce por detrás del hotel, a un mirador, desde donde se obtienen unas vistas preciosas del volcán Rincón de la Vieja y de todo el valle. 5 minutos de sendero. Fácil.A las 14.30 horas, abandonamos la Hacienda Guachipelín, para dirigirnos hacía las famosas playas de Guanacaste. Y en poco más de hora y media, y después de realizar unos 100 kilómetros llegamos a Playa Flamingo. En Liberia tomamos la carretera 21 y en el pueblo de Santa Cruz, la 160 que nos llevó hasta nuestro destino.Playa Flamingo está en la península de Nicoya.

El atractivo de esta zona, no necesita ninguna explicación, pues son preciosas playas de ensueño, rodeadas de vegetación tropical. Hay playas mejores que otras, e incluso algunas que son famosas por sus arenas blancas, o por sus cualidades excepcionales para la práctica de surf, pero todas tienen un nivel más que alto, donde el único peligro es la cada vez mayor explotación urbanística y turística.Playa Flamingo se llamaba originariamente Playa Blanca, pero cuando se construyó el complejo hotelero de Flamingo, el nombre cambió. El hotel, el más anciano de la zona, es un macro complejo hotelero de 90 y pocas habitaciones que posee dos piscinas, una de ellas con bar en su interior, casino, local de Spa y masajes, pistas de tenis, y salida directa a la playa, donde se pueden observar las maravillosas puestas de sol del Pacifico.

Después de dejar los equipajes y comprobar que la habitación era grande y con vistas al mar, nos pusimos los bañadores y nos fuimos a la playa. El mar estaba en calma, pero a veces, sin saber cómo, aparecían grandes olas, que te arrastraban hacia la orilla sin poder evitarlo.Nos bañamos, caminamos por una playa semidesierta, y observamos una maravillosa puesta de sol, casi en soledad. Cuando el sol se ocultó del todo, nos fuimos hacia la piscina y su bar; un bañito más y después a la habitación a prepararse para la cena. La oferta gastronómica para la cena, no era muy abundante, pues el pueblo de Playa Flamingo, recordaba a esas poblaciones turísticas españolas, que permanecen vacías los meses de invierno.

Aun así, nos aventuramos a cenar en uno de los pocos lugares que vimos abierto: el Marie’s. Uno de los locales más antiguos del lugar, que dispone de una terraza, donde se puede comer o cenar.La propietaria, una francesa que llegaba ya a la tercera edad, nos hizo la estancia agradable y disfrutamos de una langosta fresca y muy sabrosa.Perfecta elección. Mañana queríamos recorrer las playas de la zona. Pero eso sería mañana. 

JUEVES 10 DE SEPTIEMBRE… … 10º DIA… … PLAYA FLAMINGO

La provincia de Guanacaste en el Pacífico costarricense, se destaca por la exuberancia de su naturaleza, pletórica de parques naturales, volcanes, ríos y cataratas. Pero el atributo natural más distintivo son sus excelentes playas, ideales para la práctica del surf, buceo y otras actividades náuticas. Sus más de 1000 kilómetros de costas, su clima relativamente seco y una temperatura media de 27 grados, hacen de la región, un pequeño paraíso, dentro del gran oasis que es toda Costa Rica. Sus playas, donde convergen enormes montañas con preciosas ensenadas de arenas blancas y aguas transparentes, son frecuentadas por gran diversidad de turistas, atraídos por los nombre de playa Flamingo, Tamarindo, Papagayo o Samara.Nos levantamos sin prisa, pues hoy íbamos a dedicar el día a disfrutar de las playas de la zona, sin horarios, sin rumbo.

Cogimos el coche y nos fuimos en dirección a Potrero, para desde allí tomar el desvío hacia la Playa Pan de Azúcar. Una carretera sin asfaltar, nos dejó al cabo de unos 3 kilómetros en una de las mejores playas que vimos en todo el país. Extensa extensión de arena blanca y cristalina agua, protegida en ambos extremos por rocosos cabos. La vegetación, los árboles, las palmeras, semi esconden la playa, y la dotan de un ambiente tranquilo y relajado. Para llegar a ella, hay que cruzar las dependencias del hotel Sugar Beach, que permanecía cerrado. La playa estaba solitaria. No había nadie en ella y pudimos experimentar lo que se siente estando en una playa paradisiaca, completamente solos, y dejando volar la imaginación…creo que nunca jamás volveré a tener una sensación como esta.De Playa Pan de azúcar, nos fuimos a Playa Potrero, otra pequeña porción de paraíso en la tierra, aunque quizás sin tanto encanto como la anterior. También visitamos Playa Penca, una pequeñísima playa, escondida entre las rocas, y que tan solo observamos desde el coche.

Queríamos llegar hasta Playa Ocotal y Playa del Coco, y preguntamos a unos lugareños como llegar a ellas, utilizando las carreteras interiores. Fue el mayor error de todo el viaje. Más de una hora por caminos, que no llegaban ni a  la categoría de caminos rurales. Llenos de baches, piedras y poco transitados. Pasamos por las poblaciones de Nuevo Colón y Artola. Los 17 kilómetros más largos de mi vida, y encima, al llegar a lo que se suponía que era la civilización, tomamos la dirección equivocada y terminamos delante de un Resort de súper lujo, el Riu punta gorda,  pero que no era la playa que buscábamos. Tanta imagen de extraviados hacíamos que un coche que salía del Resort, nos preguntó y se ofreció a llevarnos por el camino, hasta la dirección correcta, hacia el pueblo de Sardinal. Y menos mal. Ahora sí que en unos pocos minutos más, llegamos ya a Playa del Coco.

El nombre de Playa del Coco, es por el color parecido al coco que tiene su arena, aunque algunos les parecerá que está sucia. Playa del Coco, podía pasar por ser un típico lugar de cualquier costa española, con puestos de souvenirs, bares y restaurantes, casinos, centros comerciales, casi todo concentrado en una calle sin asfaltar, y con mucha vida turística, especialmente de gente joven. La playa, en forma de herradura está rodeada de acantilados, donde se ubican la mayoría de establecimientos hoteleros. En el pueblo de Playa del Coco, la mayor población de Guanacaste, exceptuando su capital, Liberia,  comimos, en el restaurante Coconutz. Una pizza gigantesca, pero que era el tamaño normal de la casa y dos coca colas, todo ello por 8000 colones, unos 10 euros. El bar restaurante con pantallas gigantes donde se proyectaban eventos deportivos, está en la calle principal del la localidad.

Y es un sitio frecuentado mayoritariamente por gente del lugar. Una terraza con vistas a la calle, todo de madera y unos camareros muy amables y atentos…como todos los costarricenses. Al pedir la cuenta, en todos los restaurantes, te cargan el  impuesto de ventas, (13%) y el impuesto de servicio, (10%). Siempre con un ticket todo desglosado. Después de la comida y antes de partir, visitamos brevemente la Playa Ocotal, una playa fácil de llegar, a través de una carretera asfaltada, que no goza de la popularidad de la del Coco, y por lo cual se puede disfrutar de una tranquilidad envidiable.Dejamos las playas más al norte de Playa Flamingo y nos fuimos, por una buena carretera, por la  21 hacia la localidad de Belén, y desde allí tomamos la 155, para llegar a la playa más bonita de todas. Playa Conchal. Dicen las guías de viaje, que esta, es la playa más bonita de toda Costa Rica. El nombre de la playa proviene, por los millones de conchas que bañan la orilla y que acaban convirtiéndose en un manto fino y arenoso. El agua tiene un intenso color azul turquesa muy difícil de encontrar en todo el Pacifico.

En esta playa, los puestos de artesanía y de venta de pareos, están casi en la arena, y se nota que es una de las más visitadas de todo el país, por la cantidad de coches y de personas que vienen y van en esta playa. Para llegar a ella, hay que circular durante unos centenares de metros, con el coche, por la misma arena…circular en coche por la arena…increíble. Cerca de la playa, está uno de los complejos hoteleros más lujosos y espectaculares de toda Costa Rica: El Paradisus Playa Conchal Beach & Resort.Después de bañarnos, tomar el sol y disfrutar de las vistas del lugar, emprendimos regreso hacia nuestro hotel y hacia Playa Flamingo. Al llegar, nos encontramos con Nuria y Paco, y los cuatro nos dispusimos a contemplar la puesta de sol, mientras nos bañábamos en el agua salada del océano. Después de la puesta de sol, baño en la piscina, acompañados de unos mojitos. Remojarnos por dentro y por fuera.El hotel, disponía de casino, Spa, y un programa extenso de actividades. Todos los días, había varias propuestas de ocio para realizar, desde yoga, bingo, clases de baile, demostración de cócteles, etc.

Pero supusimos que esto sería en temporada alta, pues a pesar de que nos dieron el programa al llegar, lo cierto es que no vimos a ninguna de las propuestas realizarse.Para cenar, y como no nos apetecía a ninguno coger el coche, optamos por cenar en el restaurante Angelinas, uno de los pocos que permanecía abierto en Playa Flamingo. La cena en la terraza deliciosa. Y sobre todo la amena y entretenida velada que pasamos con nuestros amigos catalanes. Al regresar al hotel, había programada una Fiesta Night en un bar del hotel. Nos acercamos, pues la música aún sonaba, pero lo cierto es que el ambiente era bastante pobre, con tan solo media docena de personas, sentadas y la supuesta pista de baile vacía completamente. Plan B; a dormir. Mañana dejábamos el Pacifico, dejábamos Guanacaste, y nos adentrábamos en otro lugar con nombre propio en Costa Rica. Monteverde.Pero eso sería mañana.



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Capítulo 2
 
 


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