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Al encuentro de Chiloé

Escribe: noritacecilia
Todo viaje nos cambia, nos renueva. Y Chiloé (esa tierra mítica...), es un ámbito que lleva a la reflexión y la meditación, los paisajes te llenan y te llegan hasta el alma... Este diario trata de los días hermosos que pasé en Chiloé y en los alrededores del Lago Llanquihue, de los lugares que visité y las personas que encontré en el camino.

 

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La retirada

Puerto Varas, Chile — sábado, 16 de enero de 2010

Hay algo que me cuesta entender: ¿por qué me cuesta tanto emprender un viaje? ¿por qué luego me cuesta tanto volver? ¿por qué desarrollo apegos tan fuertes con los lugares y las personas en tan poco tiempo, que termino sintiéndome desterrada al tener que regresar a mi casa?

Desperté en Ancud con un nudo en el pecho; llovía fuerte y no paraba. Desayuné, esperé que Pamela se levantara para saludarla, le escribí a Fred para acordar el encuentro de la tarde, llamé a Don Raúl para reservar dos lugares... Y finalmente tuve que encarar la situación y partir. Seguía lloviendo, así que Don Dago me llevó en el auto hasta la terminal.

El canal de Chacao tenía una apariencia muy distinta bajo una lluvia torrencial, empezando porque no se veía mucho más allá del transbordador. Tampoco me bajé del micro; bien apoltronada en mi butaca, veía perfectamente el panorama desde la ventanilla y sin mojarme. El transbordador estaba a full de vehículos, había cola para abordarlo. Las aguas del canal bullían de vida: parecía como que toda la fauna había decidido salir a pescar ese día. Lobos marinos, pingüinos, aves de todo tipo, hasta una especie de pelícano que pasó volando rasante.

Puerto Montt presentaba de nuevo para mí un panorama gris, lluvioso; me animaba el plan que teníamos con Fred, que era más o menos así: él debía almorzar con unos familiares que tenía en Castro, de donde pensaba salir rumbo a Puerto Montt como a las 4, para llegar a eso de las 7 a destino. Yo constituía la avanzada del proyecto, tenía que ubicar un lugar donde esperarlo, averiguar el último horario de las micros a Puerto Varas y llamar a Don Raúl. Una vez hecho esto, le comunicaba los datos por mail. Estaba en la fase final del plan, comunicándole mis averiguaciones cuando vi su correo. Pasó lo que tenía que pasar: llegó a la casa de los tíos, aparecieron primos lejanos por todos lados y le pidieron que se quedara, algo a lo que él no se pudo negar, pese a que su voluntad era otra.

Retiré mi bolso del guardabolsos y me fui a Puerto Varas. Seguía lloviendo, así que me vino muy bien el consejo de Don Raúl de bajarme en el puente rodoviario, a una cuadra del hostal. Cuando llegué, me esperaba un cuarto individual (¿qué hubiéramos hecho si venía Fred?) porque el resto estaba copado por un contingente de norteamericanos. Me acomodé y me hice un mate en la cocina; estaba allí, sin hablar con nadie, cuando llegó Pilar, una profesora de inglés que es pensionista permanente de Don Raúl, y empezamos a hablar. Al rato se nos sumó Ellie, una norteamericana, la más grande del contingente, que quería practicar el idioma. Finalmente fue ella la que nos dijo: "¿tienen planes para la cena?" y nos sacó a cenar unas pizzas. Fue entretenida la charla, de manera que un día que empezó con lágrimas terminó con sonrisas. Y como no hay mal que por bien no venga, el día de lluvia me sirvió para hacer un poco de reposo después de tantos días de andar intenso.

Publicado el 1/feb/2010, 02.28
Modificado el 10/feb/2010, 04.40
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