Diarios de viaje > El Mundo

Crónicas Filipinas

Escribe: Gato_perplejo
A primera vista, Filipinas no parece ser uno de los destinos prioritarios que se te pueden ocurrir si quieres visitar el sudeste asiático. Quizá eso es ya un buen motivo para visitar este archipiélago de más de 7000 islas, el segundo más numeroso del mundo.Pero afortunadamente tengo información de primera mano: mis compañeras María y Ángela Yoldi nos han hablado maravillas del país donde vive parte de su familia. Interminables playas, buenos precios, gente amable, fondos marinos espectaculares,.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 2 3 4 Capítulo 5 6 7 ... 29 Siguiente >
 

Lluvia y más lluvia

Puerto Princesa, Filipinas — miércoles, 27 de julio de 2011

Anoche nos pusimos el despertador a las siete y media para desayunar y preparar con tiempo la excusión de hoy. Pues bien, a las seis la lluvia caía tan fuerte que yo ya estaba despierto. Supongo que si esto pasa en tu casa, con un par de pisos por encima y con asfalto alrededor, pues no suena tanto. Pero en una casa de bambú rodeada de vegetación todos los ruidos se multiplican, así que era difícil dormir. Además, la casa tiene un tejado muy bien sellado, pero cuando llueve tanto se cuela alguna gota que va a parar justo a mi cabeza. Aguantamos un rato en la cama y antes de las siete ya estamos arriba, decidiéndo que llevar a la excursión del río subterráneo. Desayunamos unas rosquillas palawanas que compramos ayer y unos capuccinos de sobre, purillo y a esperar. A las 8 viene Charles hablando por el móvil: la excursión se ha suspendido. Creo que no se suspende porque llueva, sino por el estado de las carreteras, o más bien de los caminos. De aquí a Saban hay 76 km y se tarda una hora y media, pero no todo el camino está asfaltado así que la vamos a dejar para mañana. Toca recomponer los planes del día, pero lo primero que tiene que hacer es dejar de llover para atrevernos a salir.

Miramos la previsión del tiempo y encontramos noticias de que al sur de Manila han muerto siete personas por un tifón. Aquí cae agua pero supongo que para que sea tifón tiene que llover aún más y haber mucho más viento. La previsión tampoco es buena para los próximos días, por lo que nos planteamos coger un avión para ir a otra parte del país. Cebú es una buena opción, está en el centro del archipiélago y se pueden visitar varias islas, pero la previsión no es mucho mejor de momento. La verdad es que nos da un poco de bajón, pero nos quedan muchos días por delante y seguro que antes o después mejorará el tiempo. María y Jorge nos han dicho que siempre te agarra unos días de lluvia en los que no te puedes mover mucho, pero luego el tiempo es mejor anunque estemos en temporada de lluvias.

Me subo a la terraza de arriba y veo lo poco que le importa a la gente de aquí que diluvie. Unos sacan agua de un pozo, los niños juegan a las canicas, otro pasa con la bici y los vecinos siguen con su trajín habitual. Hago unas cuantas fotos y me voy a por Clara para ponernos en marcha, que esto son cuatro gotas. La verdad es que hay intervalos de lluvia muy fuerte con otros en los que descansa, y así todo el día.
Emprendemos camino hacia Puerto, pero como de momento no llueve, no buscamos triciclo. Estos van y vienen sin parar, la gente camina en el arcen y otrós están parados esperando no se sabe muy bien qué.

Todo el mundo nos sonrie y nos saludan, tanto niños como jóvenes o adultos. Los filipinos van siempre con una sonrisa en la boca, igual que en Madrid, ¿a que sí? Después de caminar un rato empieza a llover con fuerza, nos refugiamos bajo un toldillo y esperamos que llegue un tuk tuk. Es díficil saber cual parar, porque algunos son de particulares, otros de transporte y el resto comparten pasajeros y paga cada uno su trayecto. Le echamos el alto a los que van vacíos, hasta que para uno y le indicamos que nos lleve al centro. El conductor es simpático, nos habla del tiempo, de donde somos y si queremos ir de compras. Le digo que nos deje cerca del mercado y así lo hace. Como el trayecto ha sido largo y además tenemos mala conciencia por nuestra experiencia de ayer, le damos 50 pesos, el doble más o menos de lo que es la tarifa. El espectáculo al llegar al mercado es impresionante. A la derecha, un centro comecial de varias plantas al más puro estilo occidental. A la izquierda, el mercado, con puestos de todo tipo en el exterior y estrechísimos pasillos que conducen al laberinto interior, por donde evidentemente nos adentramos. Arroz, frutas, carne, pescado, electrónica, ropa, bolsos.... Todo está aquí y nuevamente somos los únicos occidentales que pasean por estos pasillos, donde la gente come, bebe, compra, regatea e incluso duerme. Cerca de las carnicerías el olor es fortísimo, como en los mercados de Marruecos. Especialmente llamativas son las pescaderías, con caracolas y cangrejos vivos y peces que no hemos visto jamás, llenos de colorido. A veces el pasillo se acaba y terminamos en la calle, pero enseguida retomamos otro y ya estamos dentro de nuevo.

En una tienda de móviles encuentro el cable para el Ipod que necesitaba, ahora sólo falta que funcione. Tomamos un par de bollitos cada uno en una pastelería del exterior mientras seguimos viendo la lluvia, que no llegan a 15 céntimos entre los cuatro. Bordeamos el mercado por fuera y vemos peluquerías, tiendas de cocos donde nos llaman para probarlos, talleres, sastres y cientos de triciclos haciendo sonar sus claxons para abrirse paso entre la jungla. Esto es Asia, señores.
Como sigue lloviendo nos metemos en el centro comercial de al lado. Aquí te miran el bolso cuando entras en lugar de al salir, y además la persona que te lo mira revuelve tus cosas con un palito. No me puedo imaginar las cosas que lleva la gente en los bolsos aquí....

Abajo hay un gran supermercado a la europea, pero las plantas de arriba no tienen desperdicio, me recuerdan cuando iba con mi madre a Simago en Albacete en los ochenta: filas y filas de productos, todo a media luz y la radio sonando con un zumbido inconfundible de fondo. Parece haber más dependientes que clientes, o mejor dicho clientas, porque aquí el único maromo que veo soy yo. Además, hay un extraño olor en el ambiente, como cuando abría un baúl viejo que había en mi casa, mezcla de naftalina y cerrado.
Clara termina comprándose una camiseta que está bastante bien por un euro y medio; yo miro por ahí, pero el look filipino definitivamente no me va bien.

Hacemos un descansillo en la puerta del centro comercial y al rato seguimos el paseo. Llegamos a la zona del paseo marítimo, que ya huele más a occidental sino fuera por las barcas y las casas flotantes que se divisan al final. Continuamos por calles de nombre tan español como Burgos, Valencia o Manolo.
Pasamos por una iglesia con un cartel que pone "Iglesia Ni Dios" y llegamos a la catedral azul, con entradas a ambos lados que parece que la gente utiliza como atajo para ir de una calle a otra. Esta debe ser la zona de más tránsito, por que hay puestos de todo tipo, desde comida, chuches o velas y reliquias.

Se va acercando la hora de comer y en la guía vemos que ahí un buen vegetariano cerca de aquí, así que después de un par de paradas por la lluvia llegamos a la puerta: cerrado. Afortunadamente hay un vietnamita muy auténtico al lado, Nitchies, donde comemos un pollo al curry, otro con jengibre y unos rollitos de cerdo. No se que pasa que no hay cerveza en los sitios pequeños aquí, debe ser que solo pueden vender alcohol en restaurantes. Me conformo con una Coca Cola y para Clara un agua. Total, cuatro euros con propina.
Decidimos volver al super para comprar unas cervecillas y algo para cenar. Visto lo visto, esta noche repetiremos cena en casa como la noche anterior. El supermercado es impresionante, con una variedad que no tiene nada que envidiar a cualquiera de nuestro supermercados. Compramos cerveza San Miguel en una botella que me recuerda al bar Iniesta, una botella de 375 ml del ron local, Tanduay, a 50 céntimos la botella (si no fuera por que nos lo recomendó María ni lo hubiésemos tocado), un mango, más noodles para la cena, Coca Cola para el ron, patatillas y unas salchichas de lata. Total, 7'5 euros contando dos helados que nos tomamos al salir.  En la caja hay dos personas, la que te cobra y la que embolsa; como llevamos peso nos pone solicita un trozo de cartón en la base de la bolsa para que no se nos rompa. ¡Qué tiempos aquellos en los que pasaba eso en España! Aunque ahora que lo pienso, ¿eso le ha pasado a alguien en España?
Nos encaminamos hacia la Avenida Rizal, la principal que divide la ciudad. Vamos a coger un triciclo desde aquí para indicarle al conductor donde ir. Ya hemos visto que nuestro alojamiento no lo conoce nadie, así que ya me he aprendido las indicaciones para guiarlos. Enseguida para uno y con él nos metemos en el marasmo del tráfico. Es curioso pero cuando no hay leyes, no hay discusiones: todos van a la suya y por lo tanto se respetan. En 20 minutos estamos junto a casa, y el conductor nos dice que es una tarifa especial porque está más lejos. Como creemos que lleva razón le damos los 40 pesos que nos pide, es lo justo.

Nuestra calle cada vez está más impracticable. Si se quiere avanzar por ella sin hacer el ridículo hay que meterse en los charcos que la cubren directamente, sin miedo a mojarse. Afortunadamente llevamos sandalias playeras y pantalones cortos, así que no nos preocupamos por eso. Eso si, al llegar a casa y darnos una ducha nos quedamos como Dios, que según dicen aquí, is our Lord.

Colocamos un poco, recogemos las cosas y nos relajamos un rato viendo una peliculita en el portátil. La única pega que tiene nuestra cosa es que en la casa de al lado se pasan el día viendo la tele a buen volumen y con los niños pelándose, pero para tres días que vamos a estar aquí no nos vamos a enemistar con los vecinos. Esta noche toca cena de noodles, pero menos improvisada que la de ayer porque hemos podido comprar por la tarde. Como no ha habido siesta supongo que nos dormiremos pronto, después de algún que otro ronsito. Espero que mañana podamos hacer la excursión a Saban para visitar el río subterráneo. Si se suspende, igual nos vamos a ver las islas de Honda Bay, que queríamos ver pero en bañador. Pasado mañana ya nos vamos de esta casita tan agrabable que hemos hecho nuestra. ¿Donde? El tiempo (meteorológico) lo dirá. Hasta mañana.

Publicado
Modificado el
Leído 989 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 2 3 4 Capítulo 5 6 7 ... 29 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

ruty1 dice:
Hasta mañana amigos!

Publicado

HORNI dice:
valeeee
Publicado

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Capítulos de este diario