Después del desayuno del hotel, cargamos y a las 8:30 estábamos ya en carretera, para otra jornada de coche algo menos pesada que la de ayer. En Caborca, con un calor sofocante, hicimos la última parada y nos acercamos al IFE a ver qué tal iban las Elecciones. Sin incidentes y en una absoluta tranquilidad, por mucho que los periodistas nos quieran convencer de lo contrario.
Tomamos la carretera que va por la costa y que en su primer tramo rompe por la mitad largas extensiones de de vides productoras de una uva de mesa finísima, muy apreciada en México y sobre todo en USA, y de olivos, poco apreciados, pero muy bonitos. Con el calor tremendo, los olivos y las vides, alguien que me lea sabrá los recuerdos que me trajeron. Dejando atrás estos dos pilares de mi dieta y también la nostalgia, el paisaje cambió a desértico, con el mar a nuestra izquierda, a poniente.
Puerto Peñasco es, en su origen, un puerto pesquero camaronero. Actualmente se desarrolla el turismo como alternativa eficaz. Al sur hay algún que otro hotel y al norte varias moles de hormigón llenas de condominios. Volveré sobre este asunto más adelante. Nos instalamos en el Hotel Playa Bonita, de 74 dólares la noche. Está muy bien ubicado y tiene una maravillosa terraza en el restaurante, frente al Mar de Cortés y casi en la arena. Aunque tiene ya algunos años, las habitaciones son amplias y el personal amable.
Cenamos con una vista inmejorable un coctelito de camarón y un pescado empanizado, regado con varias cervezas ( la Ley Seca va a ser que no ) y escuchando a un cantante, Rigo, que amenizaba los atardeceres con su música. La verdad, le echa ganas y hasta intenta vender Cds y playeras con su retrato. Dimos una vuelta por el pueblo, vimos el recuento de votos en la Plaza y a las 21:00 estábamos durmiendo.