Viajes por la Patagonia

Escribe: Claudioandrade
Después de los 10 bajo cero todo se detiene. El ciclo de las mareas. El tiempo. Las gaviotas quedan suspendidas en el aire hasta que llega la primavera. Las parejas desprevenidas protagonizan...

 

   Enviar a un amigo   

 
Capítulo 1

Viajes por la Patagonia

Puerto Natales, Chile — jueves, 29 de enero de 2004

Después de los 10 bajo cero todo se detiene. El ciclo de las mareas. El tiempo. Las gaviotas quedan suspendidas en el aire hasta que llega la primavera. Las parejas desprevenidas protagonizan un involuntario coitos interruptus sin fecha de caducidad. Y tus ojos verdes permanecen abiertos como si estuvieras despierta aunque duermes el sueño eterno.

* * * * *
A las tres de la mañana Iván entendió que el modesto precio que había pagado en la residencial incluía la exclusividad de su cama no de la habitación. Su inesperado compañero de pieza dejó un bolso en una silla y corrió a poner sus manos en el calefactor ubicado en el pasillo. Ya despierto él también se levantó para sacarse el aguijón con que el frío le torturaba los dedos de sus pies. Era de Mendoza y hacía cuatro años que vivía en el sur. No vivo, padezco, dijo. Extraño. El aire pesa en los pulmones. En estos lugares, en invierno, los foráneos no pagan la cama ni el cuarto sino el calor de la estufa y un refugio contra el viento. Afuera la escarcha maldecía furiosa.

* * * * *
Brindas en la noche bebiendo del pico de una botella que te costó un respingo al pagar. Imaginas el norte. Lo deseas. Playas calientes. Chicas en bikini. Sexo en la arena. Ron. Dejas pasar el tiempo sin codicia. Frente a ti emergen los glaciares. Estás solo. Ningún fantasma atraviesa los poros de tu ropa.

* * * * *
-Dilo de una vez.
-¿Qué?
-Que me quieres. Júramelo bajo este cielo infinito.
-Qué cursi.
-Negro e infinito ¿ves las Tres Marías? Parece que se nos fueran a caer encima.
-Infinito no sé, pero negro seguro.
-Dime te amo
-!Epa! ¿Cómo fue que pasaste tan rápido del te quiero al te amo?
-Es lo mismo, dilo
-No, no es lo mismo. Como no es lo mismo negro que infinito.
-Si es, yo te quiero y te amo.
-Okey, bajo el cielo mágico del sur...
-Te amo...
-Te amo ¿nos podemos ir ya? Me estoy congelando.
* * * * *
La chica más linda de todas vivía en el fin del mundo. Bastaba que dijera “hola que tal” para que los árboles comenzaran a predicar el otoño. Se llamaba Nancy. De los pueblos cercanos, y de algunos que quedaban bien al norte, llegaban flacos con una sola obsesión: morir en su sexo. Reencarnar mientras ella susurraba canciones de cuna yaganas que le había enseñado su abuela. Tontos y feos; galantes y desastrosos Romeos, ninguno se iba decepcionado del puerto. Le dedicaron libros y pinturas, y un rockero americano le compuso un blues que se transformó en hit. Un día alguien la invitó a conocer el Caribe. Se la llevó en una poderosa moto japonesa. A 140 atravesó la ruta 3 con el destino marcado en la frente. Un camión les robó sus sueños a ambos. El no supo nada. Nancy murió con una astilla de metal atravesada en el vientre.
Claudio Andrade


Publicado
Modificado
Leído 7159 veces

    Enviar a un amigo

Capítulo 1
 
 


Capítulos de este diario