Cinco días en Puerto López - Provincia de Manabi, Ecuador

Escribe: mariasusanawp
(Continuación del Diario de Viaje " De Quito a Puerto López - Ecuador") Diciembre 2002 - Había llegado a Puerto López desde la ciudad de Quito luego de recorrer el camino que desde Aloag...

 

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Capítulo 1

Cinco días en Puerto López - Provincia de Manabi, Ecuador

Puerto López, Ecuador — viernes, 2 de mayo de 2008

(Continuación del Diario de Viaje " De Quito a Puerto López - Ecuador")

Diciembre 2002 - Había llegado a Puerto López desde la ciudad de Quito luego de recorrer el camino que desde Aloag baja a Santo Domingo de los Colorados y luego discurre por la región de la costa pasando por Quevedo, Portoviejo y Jipijapa. Es uno de los caminos mas espectaculares del Ecuador y sugiero hacerlo en bus.(Desde La Terminal Terrestre de Quito parten diferentes empresas que viajan de día o de noche y tardando de 12 a 13 horas tienen como destino el pueblo de Puerto López) La costa ecuatoriana sobre el Océano Pacifico, desde Esmeraldas hasta Salinas presenta una sucesión de playas angostas de arenas finas e innumerables y bellísimos golfos y bahías.

Yo había elegido el pueblito de Puerto López como destino final de mi viaje a la costa porque es un pequeño pueblo de pescadores ubicado muy cerca del Parque Nacional de Machalilla y porque tiene muy cerca la Isla de La Plata, llamada la Mini Galápagos. Esta es el destino ideal para avistaje de una rica e interesante fauna marina y es un lindo lugar para realizar buceo submarino o snorker.

Mi bus llego muy temprano. Me instale en una sencilla pero confortable cabaña de la Hostería Mandalá, un buen baño me quito el cansancio, desayune y salí a pasear por la playa. Me habían comentado que los pescadores podían estar regresando al pueblo. Apure mi paso por la arena y cuando llegue a la playa céntrica del pueblo pude vivir la llegada de los barcos pesqueros con su carga. Todo era un trajinar de pequeños botes de madera, troncos, cuerdas y movimientos de grandes cajones con pescados en medio de un griterío infernal.

Dos camiones de mediano tamaño habían bajado a la playa y cargaban rápidamente los cajones repletos de pescados con mucho hielo. Sin darnos cuenta, el paisaje fue quedando solo, los pescadores se fueron a sus casas y los botes quedaron en la costa algo lejos del mar apoyados sobre troncos hasta la próxima salida en la madrugada siguiente. Me dispuse a conocer el pueblo. Muchas caras me miraban con desconfianza pero a paso rápido recorrí sus calles, su avenida costanera, saque en la oficina de Parque Nacionales mi entrada para ir al día siguiente a Machalilla y me dispuse a mirar la arquitectura característica de la costa.

El pueblo tiene una gran cantidad de casitas de material: ladrillo y cemento, todas tienen una defensa de unos 40 centímetros de altura en su entrada, me llama mucho la atención...inundaciones...trato de conversar con la gente...no son muy expresivos...logro que alguien me explique...fue en 1997/98 periodo en que las lluvias de El Niño llenaron el pueblo de agua y barro... hay que evitar que eso vuelva a suceder, hay que proteger las viviendas...

A la vuelta de una esquina encontré un mercado. En cada pueblo ecuatoriano hay siempre un mercado. No hay mucha gente. Logro averiguar que el sábado es el mejor día para recorrerlo. Hoy no hay ni muchos indígenas ni tampoco muchos productos. Camino entre los puestos, compro algunos mangos para chupar y regreso caminando al hotel. A poco de avanzar me alcanza Mario, el conductor de mi taxi del triciclo: " mi señora...la llevo a Mandalá?"....

Claro que si!...y allá parto hacia Mandalá con Mario. Mientras recorremos las callecitas del pueblo, el me enseña la escuela en la que estudio, la cancha de fútbol en donde juega los días sábados...Mario tiene solamente 23 años. El no conoce ni siquiera Puerto Cayo...para que? El es muy feliz allí, estudió allí y ahora tiene un trabajo que lo hace feliz. Me insiste: "tiene que ir a la isla de La Plata" "Ah! pero mañana va a Machalilla! "Eso si que es chévere!"... Día 2 - A la mañana siguiente luego de un muy rico desayuno comienzo mi día. Primero comento con Maia la dueña de Mandalá sobre unos ruidos que había escuchado en el techo de mi cabaña durante la noche. A que se deberán? "No es ningún problema! Seguro que Mister Trostky y Rose: una pareja de iguanas están allí. Contenta por tener guardianes en mi cabaña, partí.

Llevaba solo una pequeña mochila, bastante agua, mis barras de cereal, bloqueador solar, mi sombrero viajero para el sol y mi ticket de entrada al Parque. Nada más porque seria un día largo y debería caminar bastante. Tome un bus en el pueblo hacia Puerto Cayo y me baje en el mismo cartel que indica la entrada al Parque y tuve que disponerme a caminar un buen trecho. El sol ascendía en el firmamento. Cada tanto lo miraba trepar en el cielo. Esa sensación de ver que el sol sube casi verticalmente hasta alcanzar el cenit fue otro de mis placeres de mis años de vida en el Ecuador. Muchas veces jugué con las sombras disfrutando de situaciones totalmente diferentes a las que usualmente había vivido en la Patagonia Argentina entre los 39 y los 41 grados de latitud sur. Pero volvamos a nuestra caminata hacia el Parque Machalilla. Que calor comenzaba a hacer! El día era diáfano, el cielo tenía un celeste profundo y el calor era insoportable. Pensando en el Sol, en sus movimientos aparentes y en mi placer de disfrutar el vivir sobre la línea del Ecuador, en la mitad del planeta Tierra ni siquiera me di cuenta del tiempo que camine hasta llegar a la entrada misma del Parque Nacional.

Este parque, uno de los más visitados del Ecuador fue creado en 1979 y abarca no solamente el sector territorial sino también las islas de Salango, De La Plata y varios islotes pintorescos en un área de dos millas náuticas desde la costa. La convergencia de la corriente marina fría de Humboldt y la corriente calida del Panamá determinan en la región dos estaciones muy definidas: una húmeda de enero a mayo y la otra seca de junio a diciembre. La flora de bosque seco es la característica y su fauna marina es muy variada. Todo el día hizo mucho calor, la sequedad reinante hacia imprescindible tomar mucha agua. Los árboles sin follaje no me permitían tener lugares con sombra. Sin embargo camine los senderos del parque y llegue hasta el mar. Que lugar! Hay un mirador construido con palos tipo mangrullo en lo alto de un acantilado de permite admirar tanto al norte como al sur unas bahías cerradas con playas de arena fina muy clarita, algunos peñascos rocosos que se meten dentro del mar y las olas rompen sobre ellos.

Ese lugar es impagable. Me hubiese quedado muchísimo tiempo mas si no hubiese sido por el calor que hacia. Me puse agua en el cuello y en la nuca y baje lo más rápido que pude hacia el mar. Me di un lindo chapuzón y me tendí en la arena a descansar. Amo tomar sol, disfruto estar tumbada en la arena después de tanto andar. Mientras tanto, reviviendo lo hecho durante el día una voz me hace volver a la realidad. "Mi señora..." - era el guarda parque... Estaba haciendo su ronda de caminata por los senderos, me había visto llegar caminando y se ofrecía a llevarme a Puerto López a las cinco, hora a la que regresaba al pueblo. Le agradecí con una gran alegría y le confirme que puntualmente a las 4,55 p.m. yo estaría en su caseta de la entrada al Parque. Pude disfrutar de mi tarde de sol repleta de pensamientos lindos...

Que lejos estaba la ciudad de Quito con sus festejos, sus corridas de toros, sus desfiles en la avenida de Los Shyris, su delirio de ron, tequila y shumir. Y pude disfrutar de una playa inolvidable durante varias horas. Mi regreso en auto a Puerto López fue rápido. Conversamos con el guarda parque de la cultura valdivia. Yo había leído sobre restos PRE-colombinos que ocuparon esta región de la costa ecuatoriana entre los años 3500 y 1800 A. C. El me confirmo que, de acuerdo con los hallazgos paleontológicos se ha podido probar que el área de Machalilla ha sido un centro de comercio muy importante por aquellas épocas y que en Salango al sur de Puerto López hay un museo con alfarería y restos de esta civilización. Sin darnos cuenta estamos llegando cerca de la entrada a Mandalá...Le doy las gracias por traerme y casi corriendo llego hasta la playa. Esta maravillosa situación de tener el hotel al lado mismo del mar es un verdadero placer!.. Que linda esta el agua! El océano Pacifico en la costa ecuatoriana no es calido. El agua no es tibia como en el Mar del Caribe.

La corriente fría de Humboldt tiene mucho que ver con esto. Pero a mi me gusta el agua un poquito fría luego del día caluroso y seco que he vivido en Machalilla. No se si fue buena idea el ir en bus hasta el Parque... No se como hubiese regresado caminando hasta la ruta!... Fue un día largo! Como broche final quiero ver ponerse el sol en el horizonte y para eso me tiendo en la arena pensando en nada mientras Febo como una gran bola de fuego rápidamente quiere perderse en el oeste. Son las seis de la tarde y no hay nubes en el cielo.

Me quedo en el playa hasta que todo a mi alrededor es noche cerrada y orientada con las luces del hotel regreso caminando entre las palmeras que Maia y su pareja plantaron hace unos años en la playa frente a Mandalá. Me baño y ceno temprano en el comedor. El menú de hoy es ceviche de camarón. Que rico! Luego un filete de mero con tomates. El ambiente familiar de esta hostería me gusta mucho.

Me quedo un rato leyendo un libro sobre la vida de las ballenas en la sala de estar de la planta alta del comedor. Que lindo lugar! Dos parejas conversan en francés al lado mío sobre su paseo a la isla de La Plata... Decido acostarme porque mañana yo parto para la isla con una excursión. Duermo muy tranquila porque Mr. Trostky y Rose me acompañan en el techo de paja de mi cabaña. Día 3 - Desayune temprano y llevando solamente mi traje de baño con un short y una remera, bloqueador solar, anteojos de sol, agua, zapatillas cómodas, un gorro para el sol y mi campera impermeable en un pequeño bolso salgo caminando rápidamente para la playa principal del pueblo en donde a las 9.00 a.m. debe partir mi excursión.

Llevo también mi ticket del Parque Nac. Machalilla porque el mismo que utilice ayer podré usar hoy: la isla pertenece también al Parque Nacional. El viaje en la lancha fue rápido pero no por eso duro poco. Navegamos casi dos horas en medio de un mar abierto y por momentos la lancha parecía una cáscara pequeña de nuez en medio de las olas de alta mar. Todos llevábamos nuestro chaleco salvavidas puesto, algunos podíamos ir arriba mirando mientras otros estaban sentados adentro resguardados del frío y de las salpicaduras del agua. Mi campera impermeable fue muy útil. Más o menos a mitad del viaje tuvimos un momento sorpresivo y emocionante. En alta mar y cuando ni siquiera veíamos a la isla en el horizonte, pudimos disfrutar del juego de un ballenato con su mama! Desde lejos el Capitán del barco los había descubierto y se fue acercando lentamente mientras ellos iban y venían saltando en el agua. El ballenato jugaba y su mama atentamente seguía todos sus movimientos y lo acompañaba en sus juegos. La lancha se acomodo a cierta distancia de ellos, dejo regulando su motor y cuando ellos se alejaban lenta y suavemente se desplazaba siguiéndolos. Saltaban y su aleta dorsal quedaba fuera del agua como saludándonos.

Saltaba el ballenato y su mama le pasaba por debajo o saltaba ella y detrás saltaba el ballenato... y sus colas participaban de esos juegos y de esos saltos. Y fueron varios minutos! saltaban y el agua salpicaba muchos metros a su alrededor. Creo que llegamos a medir ocho minutos! hasta que ellos se alejaron y nosotros tuvimos que regresar hacia nuestra ruta a la isla. Los guías de la excursión nos dijeron que había sido realmente "excepcional" porque vivíamos el mes de diciembre y las ballenas viven en la zona de mayo a septiembre para luego migrar hacia el sur. Continuamos nuestro viaje saboreando el momento vivido al mismo tiempo que la isla de La Plata apareció en el horizonte y rápidamente se iba acercando a nosotros. Que aridez! La isla parecía un lagarto dormido color beige. Rápidamente llegamos a la costa. Nos descalzamos para poner los pies en el agua y llegar caminando a la playa. La isla es muy pequeña y esta deshabitada. En el lugar del atracadero hay un amplio mapa de la isla con sus senderos, la casa del guarda fauna y un edificio grande con sanitarios. La construcción es sólida y tiene una amplia galería. Hay mesas y bancos largos en donde en forma ágil tomamos nuestro almuerzo que los organizadores de la excursión habían llevado en forma de viandas. Todos pasamos a los baños.

Nos recomendaron muy expresamente no desperdiciar el agua. La isla no tiene agua dulce y esta se lleva en tanques desde Puerto López. Hay dos senderos que permiten recorrer la isla y acercarse a los acantilados para avistar pájaros y/o ballenas u orcas. Dado la época del año y considerando que algunas especies ya habían migrado de sus asentamientos, nuestro guía nos indico que haríamos el sendero mas corto. Nos recomendó llevar nuestros gorros o sombreros, bloqueador solar y agua. El calor era notable y la sequedad del aire obligaría en cuanto comenzáramos a caminar, a saciar la sed. Y... comenzamos a caminar. La isla tiene desniveles importantes pero el sendero estaba bien trazado y tenia buenos escalones con troncos y maderas, buenos y firmes pasamanos. Cada tanto habían bancos para que los rezagados o cansados.

El calor era realmente insoportable. La isla en diciembre que es el final de la estación seca aparece con matorrales sin follaje, matas espinosas, cactáceas y los pocos árboles tienen sus ramas totalmente desprotegidas de hojas. Nos cuentan que, durante la época de lluvias, el paisaje cambia radicalmente: todo se viste de verde y los turistas pueden caminar en medio de pastizales más altos que ellos. Sin embargo el calor en esa época no se mitiga por la humedad reinante. El guarda fauna que nos acompaño ya nos había adelantado que era muy raro ver en ese momento petreles o albatros. Si, encontraríamos un grupo numeroso de piqueteros pati azules o de patas azules, otra variedad de piqueteros con antifaz y pájaros fragatas. Y había muchísimos alcatraces patas azules o Bubbies y algunos menos con antifaz. La familia de los alcatraces esta formado por nueve especies parientes de los pelícanos pero de menor tamaño. Tienen una membrana interdigital que les une los cuatro dedos y se alimentan de peces que obtienen lanzándose en picada desde el aire. Y se los suele llamar piqueros o piqueteros. A cada paso una pareja de piqueteros patas azules tenía su nido con sus pichones pequeños...Una familia aquí, otra un poquito más allá, otra adelante y muchas más hacia los costados... Y que lindos que eran!... Que hermosos colores...Que hermoso azul! El que les da el nombre a esa variedad de alcatraces!. Dentro de poco mas de tres meses las crías tendrán la suficiente edad y fortaleza para lanzarse al mar, aprender a nadar y migrar de la isla?

Cuando lo pichones aprenden a zambullirse y a nadar, lo hacen largándose desde los acantilados al mar. Allá abajo en el agua los esperan las orcas, los tiburones y las ballenas jorobadas. En ese momento son presa fácil y un buen alimento para ellos. Los que sigan viviendo o sea los más fuertes, serán los que luego emigraran . En un momento el guía nos indico que detrás de unas matas había una pareja de albatros. Que maravilla! Los albatros representan el grupo de aves marinas más grandes. Sus alas son finas y desplegadas en pleno vuelo llegan a tener mas de tres metros de longitud cada una! Hubiese sido maravillosos verlos volar! pero solo los vimos acurrucados en su nido. Igualmente eran muy grandes, tal vez mas de 65 a 70 cm. de altura. Aprendimos que los albatros son monógamos y muy longevos, Llegan a vivir hasta 80 años. Ponen un solo huevo (de gran tamaño) cada dos años entre los meses de diciembre y marzo y a veces no logra nacer el pichón. Respetando de una manera muy especial su nido nos alejamos en forma silenciosa y los dejamos en paz. Vaya a saber! dentro de algunos meses podrían tener un pichón al lado de ellos!

El sol calentaba cada vez más y el calor era sofocante!....estábamos a nivel del mar y sobre la línea del Ecuador! Yo hubiese querido ver iguanas, camaleones y lagartos pero no vi ni siquiera uno. La caminata por el sector norte de la isla duro más o menos tres horas y aunque el sol estaba velado detrás de una fina capa de nubes: el calor era insoportable. De a ratos el aire del mar nos daba algo de fresco pero cuando el sendero descendía y nos ubicábamos en vallecitos encajonados, el aire caliente quemaba en la piel, era un fuego! Y poco antes de regresar al punto de partida de nuestra caminata pudimos ver sobre unos árboles un grupo importante de fragatas.

Los fragatas son de las más rápidas entre las aves marinas y suelen quitarles la comida a otros pájaros cuando se lanzan en picada al mar. Cuando un pájaro ha pescado una presa, lo acosan hasta que lo suelta y ellos la atrapan antes de que llegue al agua.

El macho suelen ser negro, tiene una cola en horquilla y cuando quiere cortejar a la hembra infla una gran bolsa que tiene en la garganta de color rojo carmín. Emite además un sonido especial al que la hembra responderá si lo acepta. Ella suele tener en el cuello y el pecho plumas blancas. Sus alas son finas y largas y pertenecen a la familia de los pelícanos, de los alcatraces y petreles porque tienen la membrana interdigital entre los dedos de sus patas. Nos pareció un pájaro sumamente bello.

Parecía difícil el creer que sea traicionero y desleal con sus pares en la búsqueda de la comida pero nos quedamos un tiempo junto al acantilado y pudimos confirmar lo que el guía nos había dicho. Y que tremendamente rápidos eran para robar la presa a los piqueteros! .Felices por nuestro recorrido pero con muchísimo calor regresamos a la casa del guarda fauna y nos apresuramos a subir al barco porque sabíamos que aun nos esperaba el chapuzón en el mar y la posibilidad de hacer snorker en una tranquila bahía antes de dejar la isla.

Fue más de media hora de un placer indescriptible: el agua cristalina, fresca, nos devolvía al cuerpo la fortaleza que habíamos perdido caminando por la isla bajo el sol implacable del mes de diciembre. Fue un tiempo para nadar, refrescarse, ver cardúmenes de pececitos de colores y corales sobre las rocas del fondo....luego hubo que subir a la lancha y comenzar el viaje de regreso. Poco después de las 18 horas mientras el sol quería esconderse en el horizonte llegábamos a Puerto López. Habíamos vivido un día intenso y cada uno rápidamente se dispuso a regresar a su hotel. Mario me estaba esperando en la playa.

El conocía mis planes y sabía que hoy a esta hora yo debía estar regresando de la isla de La Plata. "Como esta mi señora? Lo ha pasado usted chévere? "... ya era de noche y conversando sobre lo vivido durante el día Mario llego a Mandalá pedaleando su triciclo. Acordamos que al día siguiente a las cinco menos cuarto de la mañana me pasaría a buscar para tomar el bus de las 5,30 para Quito. De mas esta decir que durante la noche mire mil veces la hora en el reloj de mi teléfono celular.... pensando si en la mañana Mario estaría o no estaría?...Y bueno, si el no estaba yo debería caminar en medio de la oscuridad hasta la oficina de la empresa Carlos Aray?... Y bueno, si Mario no llegaba en horario trataría de llegar a la ruta y caminar en sentido contrario al bus por si no llegaba a tiempo para tomarlo y debía hacerle señas para que me parara....

Día 5 - Me levante rápidamente. Había dejado lista mi mochila la noche anterior y salí al portón de entrada de Mandalá guiándome con una linterna que me habían dado la noche anterior. El sereno de la hostería me esperaba: "allí esta Mario esperando a mi señora" - "que tengan un buen viaje a Quito mi señora"...le devolví la linterna y me despedí. Antes de partir con Mario en el triciclo, el enorme portón de Mandalá se cerraba atrás mío.

Reinaba una oscuridad total. Mario adivinaba el camino por la playa hasta que por fin alcanzamos la calle principal escasamente iluminada. La noche era muy oscura y faltaba una hora larga aun para amanecer. Cuando llegamos el bus ya tenía en marcha su motor y se preparaba para partir de manera tal que debí rápidamente subir a mi asiento luego de despedirme de mi amigo de estos días en Puerto López. Había planificado hacer el viaje de regreso a Quito de día porque necesitaba corroborar con mis ojos y con la luz del día, los paisajes que había imaginado en mi viaje a la costa en horas de la noche. Tal como lo había imaginado ese viaje fue otra experiencia impagable. Si viajar durante la noche tuvo mucho de fantasmal y de magnificencia, el viajar durante el día significó ver en cada curva del camino y en cada pueblo al Ecuador de hoy.

La región de la costa es una amplia llanura que se ubica entre el nivel del mar y los 800 a 1000 metros s. el nivel del mar productora de una amplia gama de frutos tropicales: bananas, piñas, café, cacao, palmas africanas productoras de aceites y palmeras productoras de palmitos. Todos los productos se cargan a granel en camiones y en la angosta ruta que sube a Santo Domingo de los Colorados pululan esos camiones, muchos buses y autos particulares. Las personas se trasladan de un pueblo a otro arriba de las camionetas y hasta arriba de los buses junto con el equipaje que colocan en los techos. Y en todos lados hay mucha gente. Cuando pasamos por los pueblos, (siempre las rutas atraviesan por el centro de los pueblos) nuestro bus debe ir a paso de hombre y tocando bocina porque la calle esta totalmente ocupada por personas con carros, por vehículos de todo tipo que paran en cualquier lugar.

Cuando regresamos a la ruta podemos ver las típicas casas de cañas y pajas, muchas de tipo palafitos es decir construidas sobre pilotes para aislarse de la humedad del suelo. De a ratos el paisaje de los campos cultivados alterna con el paisaje del bosque natural, denso, enmarañado, con abundancia de cañas tacuaras altísimas que se arquean sobre nuestra ruta. Y, admirando el mundo bullicioso que existía fuera de nuestro bus, pasamos Jipijapa, dejamos al lado a Montecristi: la ciudad cuna de los sombreros de paja toquilla, dejamos atrás Portoviejo, Chone, Flavio Alfaro y llegamos a El Carmen en donde paramos para almorzar.

Rápidamente como en nuestro viaje de ida, las dos mujeres que atienden en el puesto de comida, distribuyen la comida en los platos y cada uno se ubica en las mesas para comer un riquísimo locro con bolas que es una sopa espesa con arroz muy hervido y luego licuado con unas bolitas que se elaboran con papas, mantequilla, pan seco, perejil o cilantro y queso parmesano. Realmente una delicia! como todos los locros, las sopas y los guisos ecuatorianos! ...en menos de una hora el bus estaba nuevamente en la ruta.

Pasamos Santo Domingo de Los Colorados y poco después Alluriquin y de ahí en mas comenzamos a trepar desde los 850 metros hasta alcanzar los 4200 metros s el nivel del mar cerca de Aloag. Es increíble lo enorme que es la Cordillera de los Andes en este sector! Las laderas de las montañas increíblemente cubiertas de un denso bosque tropical se elevan o se hunden hasta que la vista no alcanza. Esta es la región del bosque nublado porque durante casi todo el año las nubes y la permanente llovizna cubren la zona. El bosque en consecuencia es denso, muy verde, con un denso sotobosque de matas, arbustos, lianas, parasitas y epifitas que cubren los troncos y ramas de los árboles.

Es la zona de las orquídeas y del oso con antifaz. Se hizo de noche, debo haberme dormido. Cuando abrí los ojos el bus esta entrando a Quito por el sur de la ciudad. Estábamos llegando a la Terminal Terrestre. Parece mentira, han pasado solamente cinco días desde que quise dejar atrás los festejos de la Semana de Quito! Han pasado solo cinco días y el bagaje de conocimientos, de experiencias y de vivencias que traigo es enorme...

Estoy de regreso en casa.


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