Ecuador

Escribe: dgdb
Mi esperado viaje, comienza en Ecuador y espero se extienda por todo el continente sudamericano o incluso... En apariencias otro día mas pero no era así, llego el día de partir.La mañana amaneció gris y salí de la cama con pereza (ya que era la última mañana en MI CAMA) me disponía a rematar los asuntos pendientes, preparar la furgo para su nuevo dueño y algún papel que tenia pendiente...

 

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Un dia de tormenta

Puerto Francisco de Orellana, Ecuador — sábado, 6 de febrero de 2010

El día amaneció lluvioso, bueno, tormentoso. No se a que hora amanecí pero estuve en la cama vuelta y vuelta, parecía un filete a la plancha.


 


El agua no paraba de caer y las ganas de salir de la habitación se limitaban a la necesidad de visitar a roca.


 


Toda la mañana tirado en la cama y el gallo con el ordenata dale que te pego, hasta que el estomago le hizo ir a buscar algo de comer.


 


Apareció al rato con dos bollos de pan y unas papas fritas, decía que no había donde comprar na, así que un bocata de hidratos de carbono y a echar la siesta.


 


Nos intercambiamos un par de veces el portátil, porque este coge el mando de la tele, el ordenador y todo pa el (me recuerda a mi abuelo; leía el periódico, escuchaba el transistor, veía una película y se fumaba un farias hasta quedarse dormido, todo a la vez, y cuando cambiaba de canal, me decía: déjalo que estoy viendo la película, que guebos Blasete)


 


Total, nos pasamos toda la tarde y la mañana tirados en la cama, solo salimos a la hora de la merienda, que el bocadillito de papas ya lo teníamos en los pies.


 


Me acorde un par de veces de la compañera de Cristina que dijo que iría a La Misión a concretar para el día siguiente visitar las cascadas, pero como no paraba de caer agua, dimos por echo que no aparecería nadie por allí.


 


A eso de las 19.30 salimos hambrientos a la calle a buscar algo para llenar el estomago.


Parece mentira, nos cruzamos todos los días con decenas de comedores y cuando buscamos alguno para sentarnos y merendar, no hay comedores por ningún lugar.


 


Encontramos uno y me comí la sopa antes de que el gallo decidiera irse a otro, porque no le cambiaban el arroz por papas, pero yo ya no soltaba esa cuchara ni por todo el oro del mundo.


 


Yo me comí lo que me ponían y el seguía intentando variar el menú - estoy cansado de comer arroz!! decía, pero si te lo cambian siempre. (Pensaba yo, en fin)


 


De vuelta a la habitación y el gallo con el ordenata y el mando de la tele, así que me di media vuelta y a sobar, que tenía sueño atrasado jajajajaja.


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