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Ecuador un país de contrastes

Escribe: benat
Amigos viajeros, este diario pretende acercar a los viajeros a las gentes que habitan en este rincón multicolor y fascinante del planeta, y de alguna manera transmitir lo que sentí en lo más profundo de mis sentimientos, con todos mis respetos y admiración, para con aquellos que con muy poco, son felices.

 

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Desde las laderas del Pichincha hasta el rio Napo.

Puerto Francisco de Orellana, Ecuador — viernes, 12 de febrero de 2010

Por tarde visitamos el convento de  La Merced y fuimos invitados por unas guapas ecuatorianas a participar en la presentación por la ministra de cultura del plan para la conservación del patrimonio histórico.
Cenamos en el restaurante El Nuestro, ceviche y corvina, regado con vino blanco Santa Helena de Chile.
Al día siguiente visitamos por partes El Museo Central y la ascensión en teleférico al volcán Pichincha, la cumbre que protege a la ciudad de Quito que se desparrama en sus bonitas laderas verdes.
Al bajar del teleférico intentamos coger un taxi, el primero no conocía una de las más importantes avenidas de Quito, el segundo no tenía taxímetro y nos quería cobrar el doble,  a la tercera va la vencida, aunque nos puso la bajada de bandera superior a lo establecido, le dijimos que le íbamos a pagar dos dólares que es lo que correspondía por el trayecto hasta el hotel, al llegar el taxímetro marcaba 2,90 $, le preguntamos cuanto era, y nos contestó, dos dólares.
Al Radisson Hotel hay que hacerle mención especial ya que se convirtió en cuartel general en toda nuestra estancia en Ecuador. Fantástico hotel por 90 $  la triple, y con un desayuno inmejorable.

Por la tarde cogimos el bus para ir al centro 0,25 $, en el trayecto que no duró ni veinte minutos en cada parada subía un vendedor ambulante, lo mismo ofrecían música que películas como bolígrafos, así como helados y polos de varios sabores que los enfundaban al instante con un plástico como si fuera un condón,  sin que diera tiempo para que se derritieran bajo un sol de justicia, este milagro se lo debían seguramente a cientos o miles de santos que albergan sus conventos y catedrales, construcciones estas de autentica belleza e importante interés histórico y religioso.

 
Los mayores expertos en Infiernos, cielos y purgatorios se dieron cita aquí en Quito durante el siglo XVI, acaparando oro para su gloriosa majestad e ignorando por completo las necesidades de los indígenas que tenían que admitir las nuevas creencias para acceder a un superior estatus social, Francisco  Pizarro se convirtió en el personaje más avaricioso y despiadado, despreciando totalmente la vida de los indígenas.
Como afortunadamente la tierra es generosa y no les faltaba comida, pudieron compaginar sus dioses, El Sol y La Luna, con Dios, la Virgen, Jesucristo y todos los santos de la iglesia católica.
Paradójicamente en la ciudad de Coca también llamada Francisco de Orellana, justo habían celebrado el 12 de febrero la llegada a este lugar del descubridor del Amazonas y su recorrido hasta el océano atlántico.

En Coca rodeados de monos y tucanes, esperamos unos diez minutos a que pasara una tormenta que descargo abundante agua en tal solo unos minutos.
Partimos en lancha rápida por rio Napo durante dos horas y media hasta llegar a la desembocadura del Añangu Creek,  en el embarcadero llamado La Bodega, junto a la aldea de los nativos Quechua embarcamos en canoas de remos, y transcurrida una hora y media llegamos al lago Añangu donde se encuentra el Napo Wild Live Centre, eran la 18 horas en pleno atardecer, un lugar idílico e impactante por su gran belleza.
 
Hasta llegar al lago durante todo el trayecto por el Añangu creek, observamos Águilas culebreras, monos araña, garzas y numerosas aves, entre ellas la majestuosa y elegante Hoatzil, que doblaba las ramas de los arboles.
Compartimos mesa para cenar con Freddy nuestro guía local así como con un ornitólogo francés y su mujer fotógrafa acompañados de un guía profesional equipado con un telescopio fabuloso que nos permitió divisar algunas imágenes
que nos han quedado grabadas en la retina para siempre, como el nido del gavilán con su cría justo encima de la lamedero de loros.
A las cinco de la mañana despegamos de nuestras sabanas mojadas después de una calurosa y ensordecedora noche, los sonidos de la selva nos recordaron que nosotros éramos los intrusos y que ellos estaban allí.

Salimos en canoa con Freddy, remando hasta llegar al rio Napo ,allí nos esperaba una lancha rápida que nos llevaría a una orilla lejana para desembarcar y caminando por la selva llegar hasta el lamedero de los loros, estos necesitan chupar la sal del lodo que arrastra el rio para digerir las semillas que previamente han comido, a su vez las aves rapaces esperan este momento para capturar a su presa favorita, el Loro Amazónico, de color verde intenso  diferenciándose de otras especies como el de cabeza azul, y el del bonete amarillo, así como del más pequeño de cabeza gris, que lame junto a las orillas del Napo.

Después de embarcar nuevamente en la canoa llegamos a la orilla donde nos esperaba un nuevo camino que a través de la selva nos llevaría a otro lamedero, después de una hora llegamos al lugar de observación sin hacer el menor el ruido, moviéndonos como si algún veneno tropical nos hubiera paralizado el cuerpo, pero los loros no estaban y aguardamos impasivos su llegada , pero Xabier el guía, localizó el nido del Gavilán terrestre que con una cría, desde el nido vigilaba el lamedero para hacerse con la codiciada presa, los loros lo sabían y esperaban otra oportunidad, la ley de la selva se hizo patente en aquel instante y a través del telescopio pudimos ver en primer plano al gavilán en el nido, esta imagen nos recompensó con creces la ausencia de los loros.

Después de esta silenciosa y excitante experiencia fuimos a comer a la aldea del embarcadero del riachuelo Añangu, zumos y frutas de colores variados e intensos sabores nos refrescaron un día muy caluroso y húmedo al mismo tiempo. Dentro de unas enormes cabañas cubiertas con hojas de palmera y bajo la agradable sombra compartimos la comida con los demás componentes de la aventura.

Llegó el momento de aprender algunas palabras en Quichua, como, aska pagarachu ( muchas gracias ), mana imamandas ( de nada), imara ( Hola ) o adiós ( xupunyagama )

Después de comer, el Chaman de la comunidad Quechua nos esperaba para ahuyentar los malos espíritus, si es que había alguno que se le hubiera ocurrido pasar por allí. El ritual duró como diez minutos que se hicieron eternos, acompañados de extraños sonidos que emitía el Chaman al expulsar los malos espíritus una vez los había absorbido previamente, aspirando con fuerza de la parte superior del cráneo. El sonido era como el de aquel que esta vomitando después de una borrachera. 
 Pero al final todo volvió a su ser, le agradecí al Chaman su empeño con diez dólares que aceptó con gusto, una vez abandonada la aldea nos dirigimos de nuevo a la selva para llegar hasta una gigantesca torre desde donde se divisaba gran parte del territorio que era abrazado por el majestuoso rio Napo.

Dos horas más tarde en un lugar recóndito de la selva, en  un pequeño remanso de un riachuelo, como si fuera una aparición, la canoa de Freddy emergió de las profundidades de la selva.


Después de un merecido descanso cenamos con la compañía de nuestro guía Freddy y los compañeros de aventura, el ornitólogo, la fotógrafa y Xabier, el guía catalán de Perpignan.

Al día siguiente por la mañana temprano hacia las cinco y media nos pusimos de nuevo en marcha por la selva, para comenzar, nos dio los buenos días un bonito colibrí de tonos azulados, también  nos saludaron los monos aulladores, rastreamos los pasos de los cuis, un manjar en la dieta de los indigenas, entre la espesura de la selva y los luminosos rayos de luz divisamos tucanes (Cuilin) en lo alto de los árboles, un poco más abajo nos asustaron varias tarántulas de considerable tamaño.

Tuvimos la suerte de contar con la presencia de un elegante hurón que se paseaba entre los gigantescos arboles, también vimos al gavilán de cabeza roja y el buen ojo de Freddy localizó una diminuta especie de rana venenosa,  denominada en quichua, Nanja.


Después de la calurosa y húmeda mañana hacia las once montamos en la canoa para llegar remando al lago Añangu (Hormiga), nuestro punto de partida, justo antes de llegar vimos a un caimán sumergido a la orilla del lago.

Como el calor era sofocante decidimos descansar después de comer hasta las cinco de la tarde.
Desde la gran torre del lodge divisamos gran variedad de monos y  pájaros, al atardecer nos esperaba la canoa para adentrarnos en otro bazo del lago todavía sin explorar. 
     
El Cari Añangu, estaba lleno de vida,  la luz del atardecer,  con un tono  brillante y dorado, realzaba el paisaje a su máximo esplendor, gavilanes, monos nocturnos, garzas, vampiros y grandes caimanes nos acompañaron hasta el anochecer, guiados por un gran foco conectado a una batería de coche,  con la cual además de alumbrar intensamente ejercía como gran imán para mosquitos que llenaban la boca de aquel que se hiciera con el foco, tomando un buen aperitivo antes de cenar.

Hacia las siete y media nos reunimos para cenar y comentar las experiencias del día que fueron muchas e intensas, compartimos mesa con Xabi, Freddy y la pareja de ornitólogos franceses, celebramos la despedida con vino tinto Trapiche importado de Argentina, el momento merecía un buen brindis, por la naturaleza y la amistad de las personas que comparten la misma aventura.


Para las diez de la noche caíamos rendidos, y cubiertos de mosquiteras seguíamos soñando con aquel lugar fantástico, uno de los últimos paraísos vírgenes del planeta, el Parque Nacional Yasuní, al que tenemos que proteger ante la inminente incursión de las compañías petroleras que acechan sin cesar.


A los únicos habitantes de la jungla que no pueden dominar son los llamados Patas Coloradas, estos indígenas también llamados Aucas de la etnia Huaorani, viven como en la edad de piedra,  según relataba Fray Gaspar de Carvajal en tiempos de Orellana, estos indios eran pacíficos y generosos, pero el maltrato recibido posteriormente por los caucheros peruanos que los esclavizaron durante muchos años, hicieron que se rebelaran, regresando hasta lo más profundo de la selva, odiando a muerte a cualquier extranjero que pisara su territorio, además llegan a hacer incursiones en territorio Alama para conseguir objetos de metal y secuestrar  mujeres y niñas con el objeto de tener hijos con distinta sangre para evitar enfermedades congénitas, una vez hayan cumplido con su misión, las matan y las tiran al rio para alimento de caimanes y pirañas.


A nuestro guía le aterrorizaba la idea de cruzar el rio Napo y encontrarse con un pata colorada, sabía que era hombre muerto, la única salida era la de poder saltar al agua y evitar las pesadas lanzas, dicen que los aucas temen al agua y que no saben navegar, su territorio es la más diabólica jungla del planeta, inaccesible a cualquier ejercito, por cierto, el ultimo destacamento militar en Sandoval tuvieron que abandonarlo, y en el actual de Curaray los centinelas saben que su vida está siempre en peligro, pero justifican su presencia como efecto intimidatorio para que no avancen en sus dominios.

El actual gobierno ha aprobado unas leyes para que se respete el territorio auca en el Yasuní amazónico, prohibiendo la navegación por el rio Curaray, con el objetivo de evitar altercados y muertes innecesarias. Los aucas desconocen por completo estas leyes.

Nuestro guía Freddy recalcaba que en cualquier situación que uno se encontrara con un pata colorada era hombre muerto, matan por matar, y luego te arrojan al rio. Son hombres fuertes, altos y de piel blanca a diferencia de cualquier otra etnia de la selva,  van desnudos con las piernas pintadas en tonos anaranjados, por lo que les llama, Patas Coloradas.
El nieto de un auca que se perdió de niño en la jungla fue a parar a Rocafuerte, es el único descendiente de patas coloradas fuera de su territorio, es alto, fuerte como un oso y de andares simiescos, casi blanco, manteniendo los rasgos genuinos de su raza.
Los aucas utilizan la cerbatana para cazar, pero su veneno no es mortal para los humanos a diferencia del curare que utilizan los alamas, que es letal, los patas coloradas solo pueden matar con su cerbatana, loros, monos y perezosos afortunadamente para sus vecinos.

Por la mañana temprano remando en la canoa llegamos al Añangu Creek, nos llevaría una hora y media hasta la aldea, y allí  coger la lancha rápida que después de otras dos horas nos llevaría por el rio Napo hasta Coca, nuestro punto de partida del oriente hasta llegar de nuevo a Quito.

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