Diarios de viaje > América del Sur

Malvinas, una semana en Stanley

Escribe: Estebanvg
Viaje a Puerto Stanley en diciembre de 2007. Siete días en la pequeña y extraña ciudad inglesa clavada en las Islas. Llegué a Stanley. Esperar el avión fue raro, abordarlo fue raro, sentarme al lado de una inglesa y su hijito de un año que no paraba de gritar y llorar in english.

 

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Primera recorrida

Puerto Argentino/Stanley, Islas Malvinas — sábado, 8 de diciembre de 2007

Primera caminata por Stanley con la absurda intención de conseguir una tarjeta telefónica un sábado a las seis de la tarde. La recorrida empezó tranquila, sacando mil fotos a lugares que había visto muchas veces en revistas. El puerto, la iglesia, la plaza con ese extraño arco, el West Store -el supermercado de las islas, propiedad de una compañía que creo que es dueña de todo acá-, el monumento en conmemoración de la guerra -recuerda el día de la rendición argentina, muy fuerte, mucho que decir al respecto- y cientos de casitas de techos de distintos colores enclavadas en un terreno áspero, rocoso y castigado por el viento casi todo el tiempo -el silbido es una presencia permanente, tanto como el sonido de la persiana sacudiéndose-. Todo muy patagónico, todo muy británico también. ¿Y yo me preguntaba porque siempre me atrajo este lugar? Ahí está la respuesta más sencilla, seguramente habrá otras.

Iba avanzando por la ciudad. Es un tanto ecléctica con calles que suben, bajan, giran y se terminan de repente. No hay muchos negocios y todos estaban cerrados. Llegué al West Store pero cuando entraba me dijeron que ya no estaban abiertos, aunque varias personas a las que les había preguntado me mandaban ahí. Entré en los pubs y restaurantes que encontré y nadie supo decirme nada. Ponían cara de: "Es imposible". Hasta que, después de caminar un largo rato, una inglesita me indicó un lugar con un nombre que no entendí. Bajé la calle como me dijo, giré como me dijo, caminé todas las cuadras que me dijo y me encontré con el West Store otra vez. O cerró antes de lo previsto o nadie sabe los horarios de los negocios en este lugar. Entré al último pub que me quedaba y el barman me señaló a una pareja que estaba tomando unas cervezas. Dijo algo así como: "Ellos son de acá, te van a saber decir". El muchacho ya estaba bastante borracho y la dama se río ante mi pregunta. Me dijo que la única posibilidad era un lugar llamado Kelper Stores pero que quedaba muy lejos, como veinticinco minutos caminando. Si hay algo que me falta esta semana es apuro así que seguí sus instrucciones y caminé. Después de un rato lo encontré. Es un local chiquito, mezcla de mercado y videoclub. No había comido nada en todo el día pero tampoco tenía hambre así que me detuve un rato frente a mi góndola favorita y me armé una cena a base de Doritos, agua saborizada de frutilla y un par de Cadburies de postre. Al lado de los chocolates ingleses había Rumba y alfajores Bon o Bon. En el cartel con el precio dice que son chilenas pero en el paquete se lee que están fabricadas en Córdoba y, hasta donde yo sé, la voracidad territorial chilena no debe haber llegado tan lejos ni en los sueños más salvajes del nacionalista trasandino más grande. Las galletitas valían lo mismo que las pagué en Río Turbio. Cuarenta centavos de libra acá, dos pesos y pico allá.  Me acerqué a una cajera típicamente británica: pálida, morrocotuda, rubia y de ojos claros. Tenía el pelo teñido de violeta y hablaba a los gritos por teléfono. Cuando la interrumpí para pedirle la tarjeta telefónica me hizo notar que la estaba molestando y preguntó algo que no entendí. Le explique que necesitaba llamar a Argentina y me dijo que no tenía más que tarjetas para celulares. Me sugirió que podía comprarlas en West Store y me resigné. Le pagué con dólares, me dejó ver que eso también le molestó, junté mi frugal cena y volví a mi habitación con un par de certezas. Lo que necesite lo voy a tener que comprar temprano, es una. Hay varios Cadburies que esperan para morir después de mis cenas, es la otra. Aunque los de ayer no estaban buenos nunca hay que rendirse tan pronto. Sobre todo si hablamos de chocolates.

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