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El Viaje II: Bolivia

Escribe: viajaconmigo
Los invito a compartir El Viaje; en este caso, la parte dedicada a Bolivia. No sé cuando terminará, ni por donde nos llevará exactamente. Pero mientras dure, viajen conmigo. Asi nace este diario. Pensando en mantener informada a la gente querida de los lugares en donde iré pasando, tratando de reflejar en palabras ciudades y personajes que me vaya encontrando en el camino. Los invito a viajar conmigo.

 

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Potosí y el Cerro Rico

Potosí, Bolivia — viernes, 29 de mayo de 2009

Jeje.. después de mi crónica del salar, varios me han escrito diciendo que !!pare de sufrir!!!.
Como me dijo Javier, el proceso de transformarme desde un turista en un viajero no va a ser simple ni rápido, y viajar solo es todo un desafío. De todos modos, sé que estos subibajas emocionales van a ocurrir, y tal vez no pueda disfrutar todo el tiempo de todo, y si
encima me toca no disfrutar algo por lo cual pagué mucho dinero, me enferma peor. De todos modos, sé que mi viaje es un todo y que lo malo, con la distancia del tiempo, se puede transformar en un buen recuerdo.
De todos modos, es mi intención transmitirles a ustedes lo que realmente me pasa, y si no la pasé bien, bueno, eso van a recibir. Creo que es la mejor forma de que viajen conmigo, conociendo lo bueno y lo malo. Javi me dijo que desde su oficina se me metía todos los días un ratito en un bolsillo de mi mochila... bueno, espero se encuentre con todos ustedes.
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Al despertarme en Uyuni, dejé preparadas las mochilas y salía  tomar un desayuno. Me esperaban 6 horas de viaje hasta potosí. No quería ir con el estómago vacío, pero tampoco muy revuelto porque esos viajes son fatales si tienes que ir al baño.
Tomé un jugo de naranja exprimido a 2.50 bs. y me puse a buscar algo parecido a un pastelito, o cualquier cosa dulce para llevar. Encontré un puestito que vendía "rellenos". Allá fui, me compré uno, pero dejé para comerlo ya arriba del bus. Busqué mis mochilas, llevaba el termo con agua caliente y cosas para preparar mate. cosa que no volveré a
hacer en un viaje porque es un lío bárbaro.
Al subir al bus que me llevaría  a Potosí (30 Bolis) me encontré a Jason, a Susanne y a Sophie.
Antes de salir me dispuse a dar cuenta de mi "buñuelo", que resulto ser un huevo forrado con masa. Si, un huevo duro al que le han puesto masa alrededor y lo han freido. Mas allá de la sorpresa, estaba bueno.
El viaje tuvo los mejores paisajes que yo haya visto alguna vez. Los cerros con las laderas de roca desnuda de color violeta, o de varios colores que se mezclaban... impresionante. Paramos en un "comedor" en medio del camino. Camino que era todo de montaña y de tierra. Yo, fiel a mi idea de no viajar con el estomago revuelto solo me compre unas galletitas tipo obleas y me fui a sacarle unas fotos a una llama con su llamita que había allí cerca...
El viaje demoró unas 7 horas. Aqui todo se mide en horas, los kilómetros no importan.

Lo primero que vi al llegar fué el Cerro Rico. Tanto he pensado en el, en cuantos indígenas, negros, mineros se ha tragado esa montaña. Responsable en gran medida de la riqueza y pobreza de Bolivia. Era una presencia de algún modo inquietante.
De la ciudad creo que me enamoré al instante. Tiene calles empedradas, en las que pasa apenas un auto y hay una minúscula veredita. Las calles además se cortan, todo parece un laberinto. No hay que hacer casi ningún esfuerzo para imaginárse a esta ciudad en la época de la colonia.
Nos quedamos con Jason en un hotel, un poco lejos del centro a 30 bvs. Yo me quedé porque tenía free internet, y en Uyuni ya me había pasado que escribir esto y chequear mis cosas era todo un presupuesto. Le volví a errar. Primero porque la internet del hotel era pésima, y despues porque en Potosi la hora de conexión sale menos de la mitad que en Uyuni. No obstante me vino bien la habitación privada con baño. Una muy buena ducha caliente sin tener que salir al patio del hostel. Salimos con Jason a conocer la ciudad y a preguntar por las excursiones a la mina del Cerro Rico. Tenía una duda con este tema. No
quería ir como quien va al circo, a ver a los pobres mineros en sus "jaulas" de piedra. Por otra parte.. tb creía que uno no puede hablar sobre lo que no conoce.
Decidimos hacer la excursion con Koala Tours.. 20 bvs mas caro que las otras, pero estaba recomendada en la Lonely Planet, y ademas los franceses nos habían dicho que el tour era muy bueno. Así que al otro día partimos para allá. Nos suministraron un pantalòn, botas, una chaquetilla de cuero con abrojos tan gastados que no cerraban, un cinto que llevaba la batería y un casco con una lámpara.  Las mujeres no pueden trabajar en la mina, por una cuestión de superstición. Por lo mismo, todos los cascos de las mujeres que
visitaban la mina eran amarillos.
Les compramos regalos a los mineros (los regalos pueden ser: alcohol 96º, Dinamita, Coca,  Refrescos, licor, cigarrillos) si, leyeron  bien, alcohol, con eso chayan, y despues se lo agregan al refresco para tomarlo. La comida les hace mal allí abajo, asi que no entra
dentro de lo recomendado.
cuando nos dividimos dijeron
-Quien quiere el tour en castellano? - cagamos dije yo. Ahi va shar.. mas solo que un perro solo.
Pero no, una catalana, su novio francés y una señora francesa (que dijo que antes que en ingles prefiere el español, pero que no entiende ninguno de los dos) formabamos el cuarteto de la muerte.
Con la parejita, nos metimos un bollito de coca en la boca y entramos a la mina.

Impresionante... solo el saber que estas entrando ya te entra una especie de claustrofobia.
Los cuernos me quedaron limados luego de darme como 15 veces contra piedras o maderas en el techo. Teníamos que pasar agachados por las vías por donde salen los carros, por partes llenas de agua.. por túneles que se iban achicando.
Por allí estábamos en un lugar y escuchamos un tronar, el guia nos dijo que no nos preocupemos. A metros nuestros pasó por la vía un carro a todo lo que daba. Le preguntamos como hacíamos para saber que no pasaría ninguno por la vía por la que estabamos... nos dijo que se hacen señales. La española y su novio no quedaron del todo convencidos y miraban con los ojos grandotes mientras el guia se agachaba ante
algún ruido y ponía cara de ¿vendrá por acà?.
Caminando casi en cuclillas arribamos a una intersección. Allí la señora francesa aceptó la oportunidad de una derrota digna y el guia se la llevó de vuelta. Al volver nos dijo a  los tres mosqueteros que humedeciésemos la bandana que traíamos porque bajaríamos al segundo nivel y habría mucho polvo. Así que con el pañuelo mojado que nos tapaba la narìz y la boca nos deslizamos (principalmente con el culo) por una especie de tunel descendente.
En el segundo nivel caminamos un poco mas hasta bajar por una escalera que tenía unos escalones "móviles" al tercero. Sentimos el sonido de unas ruedas y la gallega que se ponía blanca. El carro venía por nuestra vía, pero el sonido era muy distinto, y venía precedido por una luz. Era un carro que subía, empujado por 3 mineros y precedido por uno que iba asegurándose que el camino estuviese despejado. Oscar (el guía) conversó un poco en quechua y les dió un Refresco de 2L, esto los predispuso para contarnos que empujaban un carro que cargaba 2 toneladas de material, y que habían hecho un arreglo con su jefe para sacar 20 carros de estos por día.
Desde allí, seguimos por unos túneles hasta un hoyo en el piso en donde  te tenías que sentar en el suelo, tocar con la punta del pié el primer escalon que estaba abajo, y deslizarte por la escalera hasta llegar al cuarto nivel. Allí se sentían algunos martillazos.
Hicimos unos metros y encontramos a "Sombreros" que estaba con su quehaceres haciendo un hueco con un barreno. Pensaba tardar unas 6 o 7 horas en hacer un hueco cilindrico de unos 1,20 mts de profundidad, en donde pondría una carga de dinamita para sacar bloques de roca.
Sombreros forma parte de la cuadrilla de Simón, a quien encontramos bajando por un hueco. Simón es el mandamás de ese grupo. Trabaja hace 30 años en la cooperativa, y luego de trabajar 16 años pudo ser un socio  de la misma, lo que le asegura alguna jubilación y servicios sociales para su familia. Para él, Oscar tenía reservado el licor.

Antes de seguir necesito explicarles de que se trata la chaya. Los mineros adoran a la Pachamama, pero dentro de la mina, el que es poderoso es El Tío. Una especie de Lucifer o Satanas, o El Diablo. Como ellos trabajan en sus dominios, le rinden tributo, uno de estos tributos es la chaya. Cuando toman algún alcohol, los mineros tiran un chorrito para la pachamama, otro para El Tío de la mina, y recién beben ellos. Piden que los deje salir ilesos, y que les permita encontrar buenas vetas de material.

Simón se puso contento, nos agradeció y nos dijo si lo esperábamos unos minutos y chayabamos juntos allí. Obviamente a mi la idea me encantó, pero la española y su novio estaban ya con muchas ganas de salirse, asi que me amargaron la historia.
Nos contaron que en uno de esos tours un turista inglès llegò cuando Simon estaba chayando, y le preguntó que por que tomaba en vano, a lo que este respondiò que el tomaba por su pachamama, y para que el tìo le permitiese salir, y tambièn a sus visitantes...que en definitiva, estaba tomando por el inglés tambien.

El regreso fue lo mas exigente de todo.. pasar por los mismos lugares, pero subiendo era mucho mas complicado, y levantábamos mucho polvo. Mis ojos lloraban por eso, pero Oscar me dijo que no me refregara, que dejara que las lágrimas hicieran su trabajo.
El tunel por el cual habíamos bajado en primera instancia fue el mas dificil, tenía que gatear por unos metros, las rodillas me dolían mucho, el polvo era mucho, lo que hacía que mis ojos ardieran y me faltaba el oxígeno. Cuando llegamos a la intersección en donde la señora francesa había abandonado me tiré en el suelo a tratar de retomar el aire.
Todo eso me provocaba una angustia que disparaba la claustrofobia. El pensamiento de que tenía que salir inmediatamente de allí se abría camino. Me dije que antes de entrar en pánico trataría de regularizar mi respiración. Tomaba aire como cuando los asmáticos tienen un ataque, haciendo ruido con cada bocanada.
De a poco se fue normalizando el flujo de oxígeno, y con ello volvió la tranquilidad. Ya estaba en el primer nivel, desde aqui solo era caminar un poco agachado, pasar por un par de lugares con barro y agua y listo.
No pude impedir sentir mucha alegría cuando vi la tenue luz que indicaba la salida. Salí con la remera y el polar que tenía debajo de la chaqueta totalmente empapado al frío del Cerro Rico.
Había entrado en su boca y había salido. Pensaba en como hay quienes lo hacen por
años.
Luego vino una demostración haciendo explotar dinamita y todo eso, pero mi cabeza aún estaba dentro del Cerro Rico... no sabía que el cerro aún me tenía reservada una sorpresa al día siguiente.

Sigan viajando conmigo.

Shar

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Últimos comentarios

JULIAN1971 dice:
Te felicito hermano!!!!

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