Diarios de viaje > Potosí, América del Sur
Capítulo 1
Potosí, Villa Imperial
Potosí, Bolivia — miércoles, 29 de diciembre de 2010
Seis de la mañana arribamos a la Villa Imperial de Potosí, la tercer ciudad mas alta del mundo declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987. El frío era muy intenso. Algunos kilómetros antes de llegar se veía nieve a la vera del camino y la cima del Cerro Rico se hallaba cubierta de una fina capa blanca.
Bajamos en la terminal y tomamos un taxi que por llevarnos hasta la plaza 10 de Noviembre nos cobró 40 bolivianos, una estafa. Caminábamos por las calles de una ciudad que aún dormía en una helada mañana.
Entramos en un bar ubicado en un primer piso a tomar el desayuno. Tras desayunar pasamos por una agencia de turismo, Amigos de Bolivia, donde contratamos un tour a las minas del Cerro Rico de Potosí, el cerro que en la época de la colonia tenía las vetas de plata mas importantes del mundo y dicho metal precioso financió el nacimiento de las potencias europeas y el capitalismo. Muy diferente fue la historia para Potosí que tras el genocidio de mas de 8 millones de esclavos y el agotamiento de las vetas de plata pasó de ser la ciudad mas poblada y una de las mas ricas del mundo en el siglo XVII, a la ciudad sucia, pobre y desordenada que es hoy. Lo que prevalece en el tiempo es la dependencia que tiene la ciudad sobre la mina. Antes la Plata, hoy el Estaño y el Zinc.
La gente de la agencia resultó ser muy cordial.
Dejamos las mochilas en la agencia y salimos. Comenzamos el tour en el marcado minero donde nuestra guía, Helen de baja estatura, nos contó un poco de la historia de Potosí y su Cerro Rico. Compramos hojas de coca, una gaseosa y cigarrillos constituidos por una mezcla de tabaco, eucalipto y hojas de coca para entregarles a los trabajadores una vez dentro de la mina. Algo que me dejó asombrado fue que en el mismo mercado uno puede comprar dinamita de manera totalmente libre, allí la comercialización de explosivos no tiene restricciones. Salimos del mercado y fuimos a vestirnos con la indumentaria adecuada para ingresar a la mina: pantalón, chaqueta, botas y un casco con linterna.
Desde la entrada a las minas ubicada a 4300 msnm se ve toda la ciudad de Potosí y los distintos colores del cerro: amarillo, pardo, rojo, gris, lila.
Nuestra guía nos contó que si bien los yacimientos de plata están agotados, en las profundidades del cerro aún quedan vetas de Plata pero éstas solo podrían ser explotadas cortando la montaña y explotando a cielo abierto. “La plata que se extrajo se fue toda y nada quedo aquí, nosotros no queremos que eso vuelva a suceder, no queremos perder el cerro” agregó Helen.
A pocos metros de ingresar a la mina la oscuridad es total. A medida que nos adentrábamos mas la temperatura comenzaba a ascender, los túneles de la mina son muy estrechos y hay partes donde teníamos que arrastrarnos para poder pasar, los cascos todo el tiempo van raspando el techo del conducto. El aire huele a azufre y arsénico.
Llegamos al lugar donde se encuentra el Tío, el dios de los trabajadores dentro de la mina que tiene un gran miembro viril, simbolizando fertilidad. Hojas de coca y cigarros son las ofrendas mas comunes.
Los mineros también beben un trago de alcohol puro y le ofrecen lo mismo al Tío. El nombre de esta figura fue creada por los españoles, ellos decían Dios pero los nativos que hablaban quechua pronunciaban Tios, de ahí su adaptación a Tío.
En ese lugar hicimos una parada y Helen nos habló acerca de la historia del Cerro Rico, Sumaq Orqo en quechua. Entre otras cosas nos contó que los túneles de la mina no están apuntalados porque la roca de la montaña es muy dura y lo suficientemente resistente, a diferencia de la mina San José en Chile, por ejemplo, donde quedaron atrapados 33 mineros tras producirse una serie de derrumbes que los dejaron a 700 metros bajo tierra.
Avanzábamos cada vez mas profundo en la montaña caminando entre los rieles por donde los trabajadores transportan el mineral empujando los carritos que pueden llegar a pesar dos toneladas cuando están cargados. En la mina todo el trabajo es manual, no hay maquinas ni vehículos. En algunos túneles las filtraciones de agua inundaban el camino, en otras partes el suelo estaba totalmente seco y la nube de polvo que levantaba nuestro andar dificultaba la respiración.
Entramos en un recinto donde dos mineros esperaban sentados la llegada de tres de sus compañeros quienes traerían un carro lleno de rocas para que ellos las carguen en grandes bolsones que luego serían elevados a un nivel superior de la mina. Cuando llegó el carro y los mineros descargaron su contenido, Helen preguntó quien quería ayudar, ahí nomás agarramos las palas con mi amigo y le dimos, fuimos mineros por 5 minutos. La temperatura comenzaba a ascender bruscamente conforme nos acercábamos al tope de la mina.
En un sofocante y apretado recinto trabajaba un minero de sesenta años con gran vitalidad, sin camisa y totalmente transpirado y, muy simpático, posó para las fotos que él pidió que le saquemos los visitantes foráneos. Salimos rápidamente del agobiante lugar bañados en sudor. A esta altura ya deseaba estar fuera de la mina, 2 horas adentro fueron demasiado.
Salimos a la luz del día, nublado y vi que en la pared externa del túnel de ingreso a la mina había un escrito convocando a una marcha en protesta por el aumento de los combustibles.
Volvimos a la ciudad a devolver la indumentaria minera y luego la combi nos dejó en la agencia donde contratamos el tour a dos cuadras de la plaza 10 de Noviembre en pleno centro de Potosí.
Los 4067 msnm de Potosí molestaban mucho. Fuertes puntadas en la cabeza, y malestar son algunos de los efectos provocados por el soroche o mal de altura.
En las calles la gente marchaba en contra del “Gasolinazo”, la medida tomada por el gobierno que consistía en el aumento de los combustibles en un intento de frenar el contrabando desde Bolivia hacia Perú, Brasil y Argentina. La gente estaba en total desacuerdo con tal medida y marchaban en grupos diferenciados: adelante los hombres y detrás las mujeres.
Los manifestantes utilizaban bombas de estruendo que explotaban mucho mas
fuerte de lo normal… era dinamita.
Bajamos en la terminal y tomamos un taxi que por llevarnos hasta la plaza 10 de Noviembre nos cobró 40 bolivianos, una estafa. Caminábamos por las calles de una ciudad que aún dormía en una helada mañana.
Entramos en un bar ubicado en un primer piso a tomar el desayuno. Tras desayunar pasamos por una agencia de turismo, Amigos de Bolivia, donde contratamos un tour a las minas del Cerro Rico de Potosí, el cerro que en la época de la colonia tenía las vetas de plata mas importantes del mundo y dicho metal precioso financió el nacimiento de las potencias europeas y el capitalismo. Muy diferente fue la historia para Potosí que tras el genocidio de mas de 8 millones de esclavos y el agotamiento de las vetas de plata pasó de ser la ciudad mas poblada y una de las mas ricas del mundo en el siglo XVII, a la ciudad sucia, pobre y desordenada que es hoy. Lo que prevalece en el tiempo es la dependencia que tiene la ciudad sobre la mina. Antes la Plata, hoy el Estaño y el Zinc.
La gente de la agencia resultó ser muy cordial.
Dejamos las mochilas en la agencia y salimos. Comenzamos el tour en el marcado minero donde nuestra guía, Helen de baja estatura, nos contó un poco de la historia de Potosí y su Cerro Rico. Compramos hojas de coca, una gaseosa y cigarrillos constituidos por una mezcla de tabaco, eucalipto y hojas de coca para entregarles a los trabajadores una vez dentro de la mina. Algo que me dejó asombrado fue que en el mismo mercado uno puede comprar dinamita de manera totalmente libre, allí la comercialización de explosivos no tiene restricciones. Salimos del mercado y fuimos a vestirnos con la indumentaria adecuada para ingresar a la mina: pantalón, chaqueta, botas y un casco con linterna.
Desde la entrada a las minas ubicada a 4300 msnm se ve toda la ciudad de Potosí y los distintos colores del cerro: amarillo, pardo, rojo, gris, lila.
Nuestra guía nos contó que si bien los yacimientos de plata están agotados, en las profundidades del cerro aún quedan vetas de Plata pero éstas solo podrían ser explotadas cortando la montaña y explotando a cielo abierto. “La plata que se extrajo se fue toda y nada quedo aquí, nosotros no queremos que eso vuelva a suceder, no queremos perder el cerro” agregó Helen.
A pocos metros de ingresar a la mina la oscuridad es total. A medida que nos adentrábamos mas la temperatura comenzaba a ascender, los túneles de la mina son muy estrechos y hay partes donde teníamos que arrastrarnos para poder pasar, los cascos todo el tiempo van raspando el techo del conducto. El aire huele a azufre y arsénico.
Llegamos al lugar donde se encuentra el Tío, el dios de los trabajadores dentro de la mina que tiene un gran miembro viril, simbolizando fertilidad. Hojas de coca y cigarros son las ofrendas mas comunes.
Los mineros también beben un trago de alcohol puro y le ofrecen lo mismo al Tío. El nombre de esta figura fue creada por los españoles, ellos decían Dios pero los nativos que hablaban quechua pronunciaban Tios, de ahí su adaptación a Tío.
En ese lugar hicimos una parada y Helen nos habló acerca de la historia del Cerro Rico, Sumaq Orqo en quechua. Entre otras cosas nos contó que los túneles de la mina no están apuntalados porque la roca de la montaña es muy dura y lo suficientemente resistente, a diferencia de la mina San José en Chile, por ejemplo, donde quedaron atrapados 33 mineros tras producirse una serie de derrumbes que los dejaron a 700 metros bajo tierra.
Avanzábamos cada vez mas profundo en la montaña caminando entre los rieles por donde los trabajadores transportan el mineral empujando los carritos que pueden llegar a pesar dos toneladas cuando están cargados. En la mina todo el trabajo es manual, no hay maquinas ni vehículos. En algunos túneles las filtraciones de agua inundaban el camino, en otras partes el suelo estaba totalmente seco y la nube de polvo que levantaba nuestro andar dificultaba la respiración.
Entramos en un recinto donde dos mineros esperaban sentados la llegada de tres de sus compañeros quienes traerían un carro lleno de rocas para que ellos las carguen en grandes bolsones que luego serían elevados a un nivel superior de la mina. Cuando llegó el carro y los mineros descargaron su contenido, Helen preguntó quien quería ayudar, ahí nomás agarramos las palas con mi amigo y le dimos, fuimos mineros por 5 minutos. La temperatura comenzaba a ascender bruscamente conforme nos acercábamos al tope de la mina.
En un sofocante y apretado recinto trabajaba un minero de sesenta años con gran vitalidad, sin camisa y totalmente transpirado y, muy simpático, posó para las fotos que él pidió que le saquemos los visitantes foráneos. Salimos rápidamente del agobiante lugar bañados en sudor. A esta altura ya deseaba estar fuera de la mina, 2 horas adentro fueron demasiado.
Salimos a la luz del día, nublado y vi que en la pared externa del túnel de ingreso a la mina había un escrito convocando a una marcha en protesta por el aumento de los combustibles.
Volvimos a la ciudad a devolver la indumentaria minera y luego la combi nos dejó en la agencia donde contratamos el tour a dos cuadras de la plaza 10 de Noviembre en pleno centro de Potosí.
Los 4067 msnm de Potosí molestaban mucho. Fuertes puntadas en la cabeza, y malestar son algunos de los efectos provocados por el soroche o mal de altura.
En las calles la gente marchaba en contra del “Gasolinazo”, la medida tomada por el gobierno que consistía en el aumento de los combustibles en un intento de frenar el contrabando desde Bolivia hacia Perú, Brasil y Argentina. La gente estaba en total desacuerdo con tal medida y marchaban en grupos diferenciados: adelante los hombres y detrás las mujeres.
Los manifestantes utilizaban bombas de estruendo que explotaban mucho mas
fuerte de lo normal… era dinamita.
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Capítulo 1
Últimos comentarios
yojose dice:
Muy buen relato, Creo que nunca haré el recorrido de la mina.
Jejeje mi fobia es estar bajo tierra.
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