El alba nos recibió llegando a Sucre a las 7 am. Sabíamos que de Sucre a Potosí los buses son frecuentes. Decidimos volver a embarcarnos rumbo a la ciudad más alta del mundo para comenzar la semana allí... ya volveríamos a Sucre antes de regresar por Santa Cruz a la Argentina.
Casi no pudimos apreciar la majestusa terminal potosina por los primeros síntomas del soroche. La altura y las innumerables horas de viaje (era lunes al mediodía... y habíamos partido de Santa Cruz el día anterior a las 16 horas) nos dejaron mareados y tirados en uno de los asientos de la teminal.
Marcelino, un simpático taxista que nos habló todo el viaje sobre las bellezas de su ciudad, sobre el cuidado que debemos tener con los taxistas que se quieren aprovechar de los turistas y principalmente sobre el popular hostel La Casona (curiosamente donde estábamos decididos a hospedarnos por recomendación de amigos que ya hicieron este viaje y amigos de esta página). Nos dejó en la puerta de La Casona por 6 bolivianos cada uno. Sepu, mi compañero de aventuras no se sentía nada bien... entonces decidimos ir en busca de mate de coca (única solución que todos nos daban por el mareo, taquicardia y falta de aire que provoca la altura) después de hacer el check in y acomodar nuestras cosas en las inmensas camas cuchetas de la habitación 19.
¿Dónde encontraríamos un lugar para tomar el bendito té a las dos de la tarde? Lentamente y muy mareados atravesamos la plaza. Las preguntas nos conducieron inexorablemente al mercado central... que estaba cerrando en esas horas de siestas. Todos nos recomendaron que vayamos a lo de una doña. Ella servía el tan ansiado brevaje en su puestito... pero se estaba yendo. Nuestras blancas y mareadas caras creo que despertaron su misericordia. Encendió el fuego y se puso a hacer el té para nosotros. Entonces entendí que los potosinos son el tipo de gente hermosa que uno siempre recordará con los mejores calificativos.
Sepu decidió pasar la tarde acostado tratando de lidiar con la taquicardia y la falta de aire. El soroche no fue más fuerte que yo... o no pudo con mi ansiedad por recorrer la mítica Potosí. Cruzando la plaza central 10 de noviembre hallé un puesto de información turística donde se alza el Mirador "Torre de la Compañia de Jesús". El mismo edificio que aparece en los billetes de 50 bolivianos. Eso y toda la historia de Potosí me lo contó un joven que hizo de guía por el mirador, mientras yo fotografiaba la inmensidad de las tejas rojas y el Cerro Rico. Aquel simpático muchacho también me regaló un mapa de la ciudad, y me explicó la leyenda de la laguna del Ojo del Inca, y cómo tenía que hacer para llegar hasta allá.
Los fuertes vientos y las bajas temperaturas (según los habitantes los días más fríos del año hasta el momento) me obligaron a comprar una bufanda de lana de alpaca en la Feria de Artesanías que por la calle Sucre se extendía. Hermosas cosas que luego serían regalos para amigos y parientes.