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South 920
Escribe: Ratisol
A continuacion les contare acerca de un alucinante viaje que me llevo por seis paises de nuestra enjundiosa America, cinco ciudades capitales, mas de 20 ciudades intermedias, e inumerables parajes y poblaciones escondidas en la misteriosa geografia de este continente hermoso. Un inolvidable viaje por el pulmon, corazon y sangre del planeta: la America del Sur.
Potosi y Uyuni: Que más se le puede pedir a Bolivia
Potosí, Bolivia — lunes, 23 de marzo de 2009
Llegamos como a las 2.30AM, la ciudad de noche luce encantadora toda iluminada por las casitas que se amontonan sobre una montaña árida que despide ligeros destellos anaranjados; una vista única salida de un cuento de hadas, quizás demasiado hermosa para una ciudad con una historia tan trágica como la de Potosí.
Todo transcurría tranquilo y ensoñador, de repente el bus se detuvo, justo frente al terminal sobre una avenida empinada y de alrededores sombríos. La paz de los somnolientos pasajeros que se disponían a tomar la siesta por el tiempo que faltaba al amanecer se vio súbitamente turbada, el conductor dijo que debíamos bajar, el tendría que regresar para auxiliar a otro vehículo que se había accidentado, bueno esa fue su excusa para abandonaros; las protestas de los pasajeros no se hicieron esperar, yo permanecía neutral, aunque en el fondo deseaba que los pasajeros lograr imponer su voluntad al conductor, no me agradaba la idea de llegar de esa manera a una ciudad desconocida pero disfrutaba la experiencia, enfrentaría los acontecimientos tal y como se me presentaran.
Recuerdo a una abuela que viajaba con su nieta, compraba mercancías en Oruro y luego las llevaba a Potosí para revenderlas, la pequeña aprendía desde su temprana edad en que consistían los negocios de su abuela. Esta mujer estaba bastante alterada, decía que no podían hacerla bajar del bus pues le podían robar sus mercancías y que además estaba ella sola con la “guagua” refiriéndose a su pequeña nieta. Sin embargo, el conductor no cambio de parecer, no había más remedio, todos deberíamos bajar del vehículo; mientras los demás pasajeros bajaban con resignación yo examinaba las condiciones del lugar desde las ventanas, siempre es mejor tener un mapa mental de las acciones a emprender que dejarse sorprender por los acontecimientos.
Una vez abajo pude sentir el frió que estaba haciendo, incalculable, bastante penetrante y hostil. La abuela había juntado todas sus mercancías a su alrededor y junto con su nieta y otras mujeres yacían recostadas contra una pared resignadas a esperar el amanecer en la calle, soportando las inclemencias y brusquedades de aquella fría noche.
Ya con mis maletas a cuestas le pregunte a la abuela si se encontraba bien, me sentía responsable por su suerte y la de la pequeña, ya se encontraba más calmada, había junto a ella varios pasajeros en la misma situación, al menos estarían todos más seguros, bien habría podido acompañarles pero decidí marcharme en busca de un hotel.
Varios taxis me ofrecían sus servicios, pero yo no me decidí sino hasta encontrar una cara amable. Un conductor y su esposa, perfecta elección, les dije que me llevaran al Hostal Maria Victoria (Chuquisaca 14
Habían pasado ya unos 45 minutos en la tara de conseguir un hotel, entonces intentemos en el Hostal Carlos V (Linares 42), quedaba solo a unas pocas cuadras pero el conductor tomo el rumbo equivocado, solo pudo orientarse minutos después gracias a la ayuda de su esposa. En un momento pasábamos por una oscura calle cuando divise a una figura femenina sobre la acera, mire con más detalle y entonces surgió de entre las sombras el infantil rostro de una pequeña que no tendría más de 14 años, tenia una blusita súper delgada que dejaba al descubierto parte de su pecho, un pantalón ajustado que dejaba ver sus ligeras curvas y una carterita pequeña que portaba en su brazo mientras se meneaba con un elegante estilo; era apenas creíble que aquella escena tuviera lugar en el exterior, mientras tanto los vidrios del taxi estaban empañados y parecía como si todo el auto tiritara del frió, justo al mismo tiempo esta pequeña ofrecía su cuerpo a los fantasmas de aquella noche solitaria y helida que poco tenia para darle.
En un momento el conductor hizo una pausa y me volteo a mirar como preguntándome ¿te la vas a llevar?, entonces volví mi mirada a mi guía y le dije: vamos al Hotel Koala Den (Junín 56), atrás se quedaba la pequeña prostituta, debí haberla llevado conmigo, una noche abrigada, una bebida caliente y un buen desayuno habrían sido para ella no una manifestación de compasión, sino el premio a mi admiración por su talento y coraje, aquella muchacha ejercía la profesión con un don de superioridad, no había nada vulgar en su aspecto, su cabello estaba perfectamente arreglado y su actitud era realmente sublime, conservaba la frescura y dulzura de una niña como si las vulgaridades de este mundo no pudieran alcanzarla.
Se trataba sin duda de un alma noble, un espíritu de talento atrapado en el cuerpo pobre de una Bolivia polvorienta. Por fin llegamos al Koala Den, pensé que la historia se repetiría, pero al cabo de unos minutos se encendió una luz y abrió la puerta un personaje ligeramente jorobado de aspecto borrachón que apenas podía abrir los ojos; tuve un problema para pagar el taxi así que mi nuevo amigo del hotel tuvo que prestarme 10 bolivianos para pagar el taxi que me había acompañado en una travesía de una hora por toda la ciudad.
En el hotel aquel hombre de aspecto desaliñado me dijo con su ronca voz: “son 35 bolivianos” -$5 dólares-, entonces mire el reloj, eran las 3AM, seria bastante estúpido pagar una noche solo por un par de horas, así que le dije que yo esperaría en la sala, habían varios sofás allí, así que yo no tendría inconveniente en dormir una siesta en cualquiera de ellos. Entonces el hombre cerro el libro de registro con una expresión de molestia en su rostro y se fue hacia su habitación en el segundo piso, yo mientras tanto me acomode en el sofá, miraba para el techo y pensaba en todo lo que había pasado aquella madrugada, de repente se encendió una luz en el segundo piso y salieron volando por la ventana una cobija y una almohada que cayeron justo sobre mi, esto era definitivamente Bolivia, un país donde la expresión ruda e impenetrable en el rostro de las gentes es simplemente la superficie que cubre una profunda humanidad.
En la mañana sirvieron un generoso desayuno, yo aun dormía en el sofá cuando varias personas habían ya despertado, entonces me pase a una habitación y dormí por varias horas. Hizo un día maravilloso, como es de costumbre salí a recorrer la ciudad, luce bastante diferente de día, sus callecitas son silenciosas y el viento apenas se desliza entre ellas como si no quisiera molestar.
Contrate mi viaje a las minas para el día siguiente por solo 50 bolivianos -$7 dólares-, con la agencia South American Tours (Ayacucho 11), era más barato que la agencia de Koala, además el guía había sido minero y tenia experiencia no solo en llevarnos por lugares seguros sino en contarnos historias sobre el Cerro Rico de Potosí, la vida de los mineros y en general muchos detalles de la vida en la mina.
Aquella tarde almorcé en el Restaurante el Mesón (Linares y Junín) que queda en una privilegiada esquina de la Plaza 10 de Noviembre, la plaza principal. Un lugar muy agradable, pedí carne de llama solo para comprobar que su sabor no es muy diferente de las otras carnes, en todo caso un plato exquisito muy propio de la cocina del alto Perú, al salir tome un bus rumbo a la plaza Chuquimia, el lugar desde donde salen los buses hacia las termas de Tarapaya, pero al poco tiempo pude notar que comenzaba un festival así que me baje.
En efecto, la ciudad estaba preparada para un gran festival; las mujeres vestían sus hermosos vestidos típicos, ruanas de colores y el tradicional sombrero bombín que caracteriza por igual a los elegantes caballeros ingleses y a las mujeres de Bolivia, también habían varios hombres disfrazados con la indumentaria de la Diablada de Oruro. Varias comparsas desfilaban por las calles llevando imágenes de santos y acompañadas por toda una orquesta caminante que entonaba preciosas melodías con tambores, platillos, trompetas y trombones.
Los autos también desfilaban llevando grandes arreglos florales, otros llevaban platería, varios objetos de plata como ollas, candelabros y cucharones; también muñecos ataviados con los trajes propios de la región. Aquello fue todo un espectáculo visual y musical. Potosí me brindaba una muestra cultural con el máximo esplendor de sus tradiciones, fue la primera vez en todo el viaje que presencie un evento artístico de tal magnitud, me sentía profundamente emocionado, aquello fue algo hermoso.
Terminado el espectáculo, me dirigí a las termas de Tarapaya el mismo lugar donde se bañara Manco Capac en aquellos tiempos gloriosos del imperio Inca. Tarapaya es un magnifico lugar a unos 25 Kilómetros al norte de la ciudad tarde unos 20 minutos en llegar, las aguas son muy calientes en las piscinas privadas pueden alcanzar unos 30 grados centígrados, son bastante relajantes.
Lunes 16 de Marzo
El día anterior había programado la visita a las minas, así que desayune bien temprano y salí a mi encuentro con Rene, el guía minero que nos llevaría a las entrañas del cerro rico. Fuimos caminando al encuentro de otras personas y nos dirigimos en auto al mercado minero, allí nos cambiamos: overoles, botas y lámparas eran obligatorios para todo visitante.
En el mercado minero se puede comprar todo lo necesario para el trabajo en la mina: hojas de coca, dinamita, cigarrillos y alcohol, que en orden de importancia constituyen elementos fundamentales para los mineros. Rene, nuestro guía fue minero, así que sabia con exactitud el camino y el estilo de vida en Potosí que aun gira en gran medida alrededor de la mina de Cerro Rico.
Una vez todos preparados descendimos por una pequeña grieta, uno a uno bajábamos por una escalera, mientras desaparecía instantáneamente la luz del sol, estos eran ya los dominios de la Pachamama. El aire que se respira tiene gran contenido de humedad y despide un olor propio de los minerales que se extraen.
Hicimos una primera parada donde se encontraba la figura de un diablo o “tío”, estas figuras son diseñadas con barro, sus cachos son de cabra y los hacen chamanes que tienen contacto con el mundo de los espíritus; según la mitología de la mina, el diablo es el esposo de la Pachamama y junto con los mineros tiene una relación sexual con la mina que es una figura femenina. De la misma forma que el rito minero, hicimos una ofrenda mientras Rene nos contaba todo acerca del tío y porque era tan importante su papel en la mina, el tío es la deidad principal que protege la vida de los mineros y al mismo tiempo les da una carga de virilidad para hacer posible que la mina les entregue sus riquezas.
Entonces le dimos de fumar al tío que rápidamente consumió el cigarro, también le brindábamos alcohol, Rene nos dijo que no fuéramos a tomar porque el alcohol puro nos quemaría la boca, nadie tomo, excepto yo que no pensaba hacer el rito incompleto, bebí un pequeño trago de aquella sustancia, es como beber fuego, por ultimo le dimos hojas de coca que arrojábamos con ambas manos sobre sus manos y sobre su pené erecto a manera de una ofrenda para pedir que fertilizara la mina.
Seguimos caminando por entre las cavernas, en un momento tropezamos con un minero, yo le ofrecí coca con ambas manos, por instrucción de Rene, y el minero la recibió igualmente con ambas manos. Luego descendimos por un estrecho paso que fue a dar a la vía del tren, todos caminábamos en fila india, cuando de repente Rene nos alerto que nos moviéramos rápido hacia delante porque venia un carro, todos corrimos para ponernos a salvo en un lugar fuera del alcance de las vías, una vez allí un minero que venia parando el carro nos pidió coca mientras esperaba el carro que se escuchaba venir, de repente el carro apareció a toda velocidad y el minero le puso el cuerpo para aligerar su velocidad desapareciendo en un instante entre las vías.
Definitivamente la vida en la mina es en extremo dura y peligrosa, aquella escena nos dejo a todos impactados, imaginen por un momento que le podría pasar al minero si cayera delante del carro que va cargado con varios kilos de roca y mineral a una velocidad considerable, una muerte segura o un accidente que bien le podría significar su invalidez de por vida; aquella forma de frenar los carros es en realidad estar al borde de la muerte en todo momento, nadie se pregunta porque estos carros no traen un freno que evite al minero tener que hacerles frente con su cuerpo.
Minutos después encontramos a los mismos mineros, esta vez presenciamos como vaciaban el mineral en los carros y se lo llevaban por las vías. Ernesto, se llamaba el minero que estaba en ese momento frenando el carro, le di entonces mi bolsa de coca con la botellita de alcohol, otros chicos les dieron dinamita que también es muy apreciada dentro de la mina; seguimos caminando hasta un museo, allí hay varios objetos interesantes, muestras del mineral y otro gran tío, luego volvimos por el mismo camino hacia la superficie.
Volver a ver la luz del sol es reconfortante, habíamos pasado no más de una hora dentro de las minas pero extrañaba el viento y el sol como si no los hubiera sentido en meses.
Visitar las minas en Potosí es una experiencia fantástica, se puede vivir de cerca y comprender mejor la vida de los mineros, pero en realidad a toda Bolivia, estos hombres trabajan por 30 bolivianos al día unos 4.25 dólares, se envenenan ligeramente hasta morir de enfermedades pulmonares pues su cuerpo se intoxica con el paso del tiempo por el contacto con el mineral, según Rene, más de quince años de trabajo es mortal.
Regresar a la superficie fue un renacer, era como si nuestros cuerpos se los hubiéramos prestado a la muerte por unos minutos, volver afuera en realidad significo para mi, volver a vivir. Las profundidades de las minas están llenas de muerte, no solo por el hecho de que en este lugar perdieron la vida ocho millones de indios en tiempos de la colonia, sino también por los símbolos que rodean la vida en el interior y en ultimas por el significado mismo de la minería como actividad humana.
Según Lewis Mumford ”Hay dos maneras radicalmente diferentes de crear lo nuevo”, con dicha premisa presente se valió de la alegoría de la agricultura frente a la minería con el fin de captar la diferencia entre ellas. La agricultura, afirma Mumford, “repone deliberadamente lo que el hombre sustrae de la tierra”. El proceso de la minería, por el contrario, “es destructivo (…) y lo que se saca una vez de la cantera o el pozo no puede ser remplazado”.
Dicho esto pensé: “sin duda mi naturaleza se identifica a la una sociedad agraria”, el eterno renacer que solo ofrece la agricultura es una regalo divino, la semilla crea más semilla, el ganado engendra más ganado, el sol que alumbra todas las mañanas para hacer crecer los cultivos y alegrarnos la vida. La minería en cambio se la entiende mejor cuando se esta en Potosí, la otrora esplendorosa ciudad en tiempos de la colonia que se contaba entre las más grandes y ricas del mundo, que ahora yace solitaria apenas habitada por unos cuantos lugareños, como si la suerte la hubiera abandonado para siempre.
Hay otras fascinantes historias acerca de la vida Potosí, en el Hotel Koala Den, hay varios libros acerca de los mitos de la ciudad, entre ellos encontré uno muy interesante de una antropóloga francesa, la doctora Pascale Absi. Titulado Los ministros del diablo, este libro introduce al lector en las más apasionantes historias vinculadas con las minas de Potosí, narra por ejemplo como existe una relación sexual entre los mineros y la mina, recuerdo incluso haber leído algo acerca de los celos que pude llegar a sentir la Pachamama por otras mujeres, haciendo desaparecer las vetas.
En palabras de la doctora Absi: “Durante el trabajo, el minero, poseído por la divinidad diabólica de las vetas, se convierte en diablo y se une sexualmente a la mina para producir el mineral”. La mina según leí en el mismo libro, llega incluso a enamorarse de algunos mineros, llevándoselos para siempre, matándolos, en el libro se cuenta la historia de un minero accidentado del que nunca se encontró su cabeza.
La relación sexual entre los mineros y las entrañas de la mina es bastante profunda, . Hay entre los mineros varias formas de seducir a la mina para que les de sus riquezas, le dicen cosas para incitarla a entregárseles, le gritan, incluso tratan de seducirla con algo de morbosidad, por ejemplo le dicen: “Q’ullirisqayky Polleraykita dinamita churaykusqayki, qurimuy rakkaykita” que significa: te levantare tu pollera, te pondré dinamita, dame tu vaginita; también le dicen cosas como: “Pachamama gran puta, dame tu culo”.
Eduardo Galeano cuenta también en las Venas Abiertas de América Latina, la fascinante historia del Potosí: “Tiempo antes de la conquista, el inca Huayna Cápac había oído hablar a sus vasallos del Sumaj Orcko, el cerro hermoso, y que por fin pudo verlo cuando se hizo llevar, enfermo, a las termas de Tarapaya”. Sospechando el Inca que en el interior del cerro se escondían piedras preciosas y ricos metales, y queriendo sumar nuevos adornos al Templo del Sol en el Cuzco, envió algunos hombres a explorar. “No bien los mineros indígenas clavaron sus pedernales en los filones de plata del cerro hermoso una voz cavernosa los derribo. Era una voz fuerte como el trueno, que salía de las profundidades de aquellas breñas y decía, en quechua: . Los indios huyeron despavoridos y el inca abandono el cerro. Antes, le cambio el nombre. El cerro paso a llamarse Potojsi, que significa:
”
El mismo autor hace una reflexión sobre el importante papel que jugo la ciudad de Potosí en los tiempos de la colonia, “En los siglos XVI y XVII, el Cerro Rico de Potosí fue el centro de la vida colonial americana: a su alrededor giraban, de un modo u otro, la economía chilena, que le proporcionaba trigo, carne seca, pieles y vinos; la ganadería y las artesanías de Córboda y Tucumán, que la abastecían de animales de tracción y tejidos, las minas de mercurio de Huancavelica y la región de Arica, por donde se embarcaba la plata para lima, principal centro administrativo de la época”.“Entre 1545 y 1558 se descubrieron las fértiles minas de plata de Potosí, hacia 1573 la ciudad ya contaba con 120.000 habitantes, esto era el equivalente a la misma población que Londres y más habitantes que Sevilla, Madrid, Roma o Paris. Hacia 1650, un nuevo censo adjudicaba a Potosí 160.000 habitantes. Era una de las ciudades más grandes y ricas del mundo, diez veces más habitada que Boston, en tiempos en que Nueva York ni siquiera había empezado a llamarse así”.
Aquella visita a las minas es desde todo punto de vista algo que hay que hacer cuando se esta en Potosí. Ya de regreso en la ciudad, me despedí de Rene, me baje frente a la Catedral y me dirigí al Hotel, tome una ducha y deje mi maleta empacada y lista en la recepción. Fui a almorzar y después a la estación de Trenes para ver si había algo disponible para Uyuni, tenia la firme convicción de viajar en tren, pero no había nada, entonces fui terminal para comprar mi pasaje, el bus saldría a las 7PM, tan solo siete horas nos separaban de la ciudad de Uyuni, como llegaríamos a la madrugada nos aseguraban que podríamos permanecer en el bus hasta que amaneciera, la historia parecía repetirse, no había otra opción, compre el pasaje.
Martes 17 de Marzo
Llegamos a Uyuni a las 3 de la mañana, la historia se repetía el bus tendría que partir los pasajeros se las tendrían que arreglar como pudieran. Habían varias mujeres de compañías turísticas que ofrecían el tour al salar de Uyuni a los turistas que llegaban, una de ellas me ofreció llevarme a su oficina donde tenia un sleeping que me prestaría sin ningún compromiso, no acepte pues tenia planeado viajar con otra compañía (Monte Blanco) que me había recomendado una chica Argentina en el tren de Machu Pichu, sin embargo aquello fue una tontería, rechazar la hospitalidad de la gente por conservar el sentimiento de independencia; tuve que esperar en una oficina de una agencia de buses con un calentador de gas que nos protegía de las bajas temperaturas, a las cinco de la mañana cerraron la oficina, así que me fui a la estación de tren para seguir esperando.
A eso del las 6.30AM por fin comenzó a activarse la ciudad, la gente comenzó a abrir sus negocios para mi regocijo, entonces lo primero fue ir al mercado para desayunar, traía un hambre tremenda. Luego fui a la agencia monte blanco cobraran 630 bolivianos -$90 dólares-por el viaje de cuatro días al Salar, intente negociar el precio pues tenia casi una obsesión de viajar con esta agencia por todos los buenos comentarios que había oído, pero al final conseguí uno trato más barato, el mismo viaje de cuatro días en 500 bolivianos -$70 dólares- con Uyuni Tours. La señora encargada me vio deambulando por la calle y me pregunto si iba ir al salar, yo le dije que si, pero que estaba muy caro, ¿cuánto cobra usted? Pregunte, 600 bolivianos respondió, a lo que repuse te doy 500, vamos dijo y negocio cerrado.
La calle que queda frente a la estación de trenes esta llena de oficinas de viajes, los precios varias según la calidad del automóvil, la cantidad de días y los beneficios adicionales. Esperaba la hora de salida sentado en la acera cuando se acerco una chica francesa, nos pusimos a hablar, quería ser diseñadora de modas, viajaba con sus amigas, entonces se sentó junto a nosotros una de ellas, una chica rubia muy guapa de unos 20 años que portaba unas gafas de sol negras estilo ray ban, quede fascinado con aquella muchacha; pregunte entonces con cual compañía viajarían y cuantos días, ellas harían el tour de tres días con la compañía de al lado, fui a comprobar si había alguna posibilidad de cambiarme de compañía, curiosamente el precio era más elevado que el mío, pero bien habría pagado más dinero y habría sacrificado un día de viaje solo por el placer de viajar con aquella hermosa mujer, ella me correspondía en mis miradas y mis sonrisas, con eso me bastaba, lo demás lo averiguaría durante el viaje por las inmensas soledades del Salar.
A eso de las 10AM salimos rumbo al cementerio de trenes, mis compañeros de viaje iban en pareja, así que partí un poco nostálgico de dejar aquella linda francesa que me había encantado, aunque mis compañeros resultaron geniales. Alan y su novia Eva, dos chicos belgas, psicólogos de profesión y de muy buena onda, también iban Rob y su novia Lina, el de isle of man y ella colombiana, además dos chicos japoneses Tatsuki y Naru todos de muy buena onda, los japoneses vivían pendientes de mi a todo momento, Eva bromeaba al respecto diciendo que parecían mis padres.
Después de visitar el cementerio de trenes muy cerca de la ciudad donde yacen paralizados sobre el desierto varias maquinas y vagones corroídos por la arena y el tiempo, nos dirigimos al hotel de sal dentro del salar, es un lugar muy bonito todo hecho con bloques de sal, allí me tropezaría de nuevo con la rubia francesa por unos minutos, luego saldríamos rumbo a Coquesa un pequeño caserío a unos 100 kilómetros de Uyuni cruzando el salar, sobre las faldas del volcán Tunupa, que se alza al fondo con su cráter de colores rojizos y amarillentos; aquella tarde jugamos con las llamas del lugar, Naru estuvo correteándolas en el corral brindándonos a Tatsuki y a mi un espectáculo bastante gracioso.
Miércoles 18 de Marzo
Dormí bastante bien, aunque todavía no me sentía totalmente recuperado de mi llegada a Uyuni la madrugada anterior, así que me quede en la cama mientras los demás observaban el amanecer, un espectáculo visual que no se pueden perder por más cansados que estén. Luego del desayuno escalamos la montaña hacia el mirador desde donde se tiene una gran vista del Salar.
A las 10 de la mañana salimos hacia la isla pescado, también conocida como Inkawasi que quiere decir “la casa del Inca”. Es una gran roca que sobresale del salar como una isla, llegamos a la entrada donde habían varias camionetas parqueadas y una multitud de personas, la primera vista del lugar es magnifica, una isla que emerge del salar y que poblada por varios miles de cactus crea una escena gratificante, se puede recorrer el sendero de la isla por unos cuantos bolivianos aunque el camino es algo monótono, cactus y más cactus por todas partes, quizás sea mejor apreciarla desde el mar de sal.
Al regreso de mi recorrido me reuní de vuelta con mis compañeros de viaje, Tatsuki y Naru me abrazaron para despedirse, me habían estado esperando pues regresaban a Uyuni desde la isla, solo hacían el viaje de un día, sin embargo, teníamos a un nuevo compañero, Steve un chico ingles de aspecto taciturno y tímido, pero que en realidad resulto ser un tipo bastante loco, note algo de rechazo por parte de los demás, aun así le salude y le di la bienvenida al grupo.
Entonces partimos hacia el pueblo de San Juan, a unos 100 Kilómetros de distancia desde donde estábamos, el pueblo es muy lindo, llegamos a un hotel de sal y de inmediato fuimos a caminar por el pueblo, vimos varios y numerosos rebaños de llamas en las afueras y regresamos al hotel para jugar UNO, nuestro juego favorito que empezamos a jugar al principio del viaje.
Había estado algo pensativo la noche anterior, no sabia que rumbo tomaría mi viaje, cada vez estábamos más cerca de Chile y el paisaje era fascinante, me atraía cada vez más y más la ruta al pacifico, ese día estaba con la idea de viajar hacia Santiago, pasaría por Antofagasta e iría sin dudarlo a Valparaíso y Viña del Mar. El tiempo corría, tendría que tomar una decisión pronto, antes de que iniciáramos el camino de regreso a Uyuni.
Jueves 19 de Marzo
Pase una noche bastante buena, las camas son muy cómodas en el hotel de sal de San Juan, al día siguiente estaba lleno de energía, después de tomar mi ducha fui a desayunar, todos me estaban esperando, cuando llegue a la mesa todos me cantaron el happy birthday, lo repitieron varias veces durante el desayuno, todos en el hotel se enteraron del hecho y me felicitaban; jugamos un rato UNO junto con otra chica francesa hasta que Ronald nuestro conductor nos dijo que tendríamos que partir.
Después de recorrer unos 30 kilómetros llegamos al Salar de Chiguana, allí hay un pequeño poblado construido alrededor de la estación de tren que cubre la ruta Calama-Uyuni, nos detuvimos sobre las vías del tren por unos minutos antes de continuar. Nos dirigimos entonces al volcán Ollagüe en la frontera de Chile y Bolivia, nos detuvimos en un mirador cercano donde hay una vista privilegiada de aquella gigantesca montaña que se eleva a 5.870 metros de altura, en algunos meses del año es posible observar las fumarolas una de las cuales alcanza los 100 metros de altura y se puede ver a distancia.
De regreso en el auto viajamos a toda velocidad hacia las lagunas que se encuentran más al sur, durante el recorrido es posible observar vicuñas salvajes que caminan junto a los caminos en pequeños grupos, pasamos por un sitio llamado Tomáslaka, luego llegamos a la laguna Cañapa, allí tiene uno el primer contacto cercano con la fauna del lugar, todos los visitantes se dedican a la observación de los flamingos que caminan sobre las aguas en lento y placido ritual de alimentarse.
Muy cerca de allí se encuentra la laguna hedionda, un gran cuerpo de agua detrás del cual se alzan imponentes montanas de aspecto árido y cumbres nevadas, nos dedicamos con Alan a la observación y fotografía de los flamingos por un buen rato, incluso pudimos acercamos bastante cerca. Luego fuimos al auto donde los demás nos esperaban para almorzar; habían varias botellas de vidrio en el suelo, por iniciativa del suscrito comenzamos un pequeño torneo de puntería, lanzábamos pequeñas piedras a ver quien le atinaba a una botella como a unos 6 metros de distancia, al principio solo éramos Steve y yo quienes arrojábamos las rocas en dirección de la botella pero pasados unos minutos todos lo estábamos haciendo, creando una lluvia de rocas que llamo la atención de todos en lugar.
Fue muy chistoso pues Steve se empeñaba en aplastar por completo la botella, lanzaba gigantescas piedras que apenas podía levantar y que nunca lograron caer sobre su objetivo, esto lo único que hacia era elevar el nivel de frustración de nuestro compañero ingles que cada vez lo intentaba con una roca más grande y con más furia que antes, cada uno de sus fracasos nos causaba tanta gracia que nos reíamos como niños del pobre de Steve; el único que logro atinar fui yo, rompí dos botellas antes de que nos regañaran y me tocara recoger los vidrios, no era ningún problema para mi, estábamos en un lugar de extrema belleza que era preciso conservar.
Continuamos nuestro recorrido, muy cerca de allí esta la laguna Chiar kota y la laguna honda ambas de singular belleza aunque más pequeñas que la laguna hedionda estas albergan también varias especies de aves y mamíferos salvajes que se pueden observar si se esta de suerte. Seguimos sin detenernos hacia la Laguna Colorada, nuestro destino final del día, donde pasaríamos la noche; por el camino Ronald nos contaba varias historias, como las guerras que habían ocurrido entre narcotraficantes que llevaban cocaína hacia Chile, las escaramuzas entre el ejercito chileno y boliviano que explicaban el porque de las bases militares que se pueden encontrar durante el recorrido, así como sus experiencias personales como conductor turístico.
Para llegar a la Laguna Colorada es preciso recorrer unos 75 Kilómetros al sur, atravesando varios lugares de interés que conforman la majestuosa Reserva Natural de Fauna Andina Eduardo Abaroa. Cruzamos entonces el desierto Salvador Dalí, cuyo nombre hace gala al surrealismo del paisaje que combina formas y colores que parecen salidos de la mente del pintor catalán, por allí se encuentra también el famoso árbol de piedra, que ha sido tantas veces fotografiado y cuya imagen es vulgarmente prostituida en Uyuni al punto que al tenerlo uno en frente no se sabe como reaccionar, es en todo caso una figura única e inverosímil que domina el paisaje con el poder de su singularidad.
Por fin llegamos a Laguna Colorada, eran como las 4.30PM pero el clima era ya bastante agresivo, la temperatura había descendido dramáticamente al punto que todos nos refugiamos en el hotel. Era un lugar bastante sencillo y nos acomodaron a todos en un mismo cuarto, las camas eran tiesas y desafiaban sin vergüenza el concepto de linealidad; cada uno escogió su cama, Eva quería la que estaba al lado de su amado Alan, pero como esta era más blanda tuvo que cedérmela, yo estaba cumpliendo años, además traía con migo una costilla a punto de quebrase que necesitaba buen reposo, no le agrado mucho la idea como pude leer en su rostro, pero no pudo negarse, así qué me hice con la mejor cama de la habitación.
Enseguida salí para inspeccionar la Laguna, había una gran formación de hielo sobre las aguas que creaban un paisaje patagónico, el frió del aire era tan intenso que helaba la piel con el mínimo contacto, tome algunas fotos y volví pronto a refugiarme del frió. De regreso en el Hotel, los chicos trataban de convencer al conductor para que me dejara manejar el vehículo a manera de un privilegio por mi cumpleaños, entonces salimos juntos a dar una vuelta, una vez nos alejamos del Hotel Ronald me cedió el control de la camioneta y pude manejar por un rato hacia las montañas, fue bastante divertido, luego regresamos por el mismo camino, eso si tuve que detenerme antes de llegar al caserío, pues no podía verme ninguno de los otros conductores al volante, esta absolutamente contra las reglas que los pasajeros manejen los autos.
Ronald me contó una historia, un joven turista conducía a toda velocidad por el salar, el conductor hacia las veces de copiloto y los demás viajaban en los asientos traseros con el radio a todo volumen, de repente el intrépido conductor giro el volante de forma inesperada intentando hacer un trompo para divertir a sus amigos, vaya tontería, puede que la sal se parezca al hielo en su aspecto visual, pero sus propiedades son muy diferentes; la sal contiene miles de cristales que se fijan a las llantas haciendo de esta maniobra algo totalmente imposible, con el giro el vehículo volcó y dio varias vueltas sobre si mismo causando la muerte a todos los pasajeros.
Al llegar al Hotel mis compañeros de ruta me cantaron de nuevo el Happy Birthday, aunque esta vez con más euforia lanzando serpentinas y confetis, además habían traído varias cervezas y licores que habían comprado en San Juan para festejar la ocasión; nunca antes había sido homenajeado de esa forma por parte de personas que recién conocía, así que me puse muy feliz, nos pusimos a beber y a jugar UNO. Aquella noche fue una noche oscura y estrellada, en un momento salí del hotel para observar el cielo, vi tres estrellas fugaces, con cada una pedí un deseo, extrañaba mi familia pero apreciaba mucho la fortuna de encontrarme en aquel lugar, jamás me imagine que pasaría mi cumpleaños numero 25 así en un lugar tan maravilloso y en compañía personas extrañas pero al mismo tiempo tan cálidas y especiales.
Steve había comprado varias botellas de licor, bebió tanto que no pudo dormir, cuando todos dormíamos no hizo más que despertarnos a cada rato, entraba y salía de la habitación cada 10 minutos, aquello fue bastante cómico, nadie podía dormir en razón de la incomodidad de las camas y a eso se sumaba el fastidioso de Steve que nos trasnocho a todos con sus locuras.
Viernes 20 de Marzo
Temprano como a las 5AM Ronald nos despertó, debíamos salir madrugados pues teníamos que volver ese mismo día a Uyuni recorriendo más de 400 Kilómetros por entre la agreste geografía que se extiende al sur del Salar en cercanías a la frontera de Chile y la Argentina.
Salimos del hotel cuando aun reinaba la oscuridad, viajamos unos 30 Kilómetros por espacio de una hora hasta llegar a los Géiseres, el auto se detuvo justo frente a una fumarola que expulsaba el aire con tal poder que resonaba con potencia, hacia tanto frió que nadie excepto yo bajo del auto para observarla más de cerca, curiosamente el aire que expulsa es frió como pude comprobarlo con mis manos; visitamos otros géiseres y cráteres volcánicos antes de continuar hacia las termas de polques.
Durante el trayecto hacia las termas comenzó a amanecer, yo miraba atento por la ventana mientras los demás dormían, aun guardaba la esperanza de ver algún puma o zorro andino, salvajes habitantes de aquella región. Por fin después de un par de horas atravesando toda clase de caminos, llegamos a las termas de polques, habían varias camionetas estacionadas en los alrededores, nos detuvimos para que los valientes se cambiaran, cambiarse de ropa en este lugar es como estar dentro de una nevera, una vez que el cuerpo semidesnudo esta expuesto al viento solo quedan unos minutos para entrar a las aguas antes de quedar congelado, la entrada a las aguas cobra un especial significado es como una gran recompensa para aquellos que se atrevieron a desafiar las temperaturas al cambiarse.
Descansar allí fue sensacional el paisaje es totalmente agreste, la única referencia de civilización son las personas que comparten con uno las bendiciones de las aguas. Eva y Alan ya se encontraban en las aguas antes de que yo entrara, más adelante se nos unieron Lina y Rob; disfrutamos de aquel baño termal como nunca antes, la sola idea de tener que salir era espantosa así que era mejor no pensar en ello. Por fin llegada la hora de salir no hay más opciones que enfrentar el acontecimiento con valentía, la salida es quizás más tortuosa que la entrada, más aun para mi que no llevaba toalla, tuve que secarme con una camisa de algodón y vestirme rápido para evitar congelarme, menos mal el desayuno estaba servido y pudimos beber un te caliente para pasar el frió.
Mientras desayunábamos, Ronald y Eva me preguntaban que había decidido ¿Al fin te vas para Chile? yo no sabia que responder, no soy una persona que piense mucho las cosas, la decisión la tomaría a ultimo momento, mi viaje podría adquirir cualquier rumbo, no había ningún destino fijo ni paraje descartado, bien podría llegar a donde quisiera, viajaba a mi antojo y disfrutaba al máximo de la ilimitada sensación de libertad; tendría que decidirme en Laguna Verde, a solo 10 kilómetros del paso cajón, punto fronterizo entre Chile y Bolivia apostado sobre las faldas del imponente volcán Juriques.
Una vez terminamos de desayunar de nuevo estábamos sobre la ruta, viajábamos velozmente al sur por un camino espectacular, el cielo era totalmente azul y el sol brillaba en lo alto, de repente nos habíamos adentrado por un lugar de enorme belleza, las montanas todas cubiertas de nieve creaban un paisaje sin igual, todo era nieve a nuestro alrededor, quedamos atónitos y en silencio, apreciábamos aquella majestad de la naturaleza, en mi caso nunca había visto tanta nieve junta y ahora tenia el privilegio de verla en su estado más sublime adornando aquellos parajes apartados de mística belleza.
Pronto llegamos a la Laguna Verde aunque no pudimos observar nada pues todo estaba cubierto de nieve, así que nos dedicamos a arrojarnos bolas de nieve unos a otros, algunos autos que pasaban por allí eran también victimas de nuestro vandalismo, termine con las manos rojas casi quemadas de tanto jugar, fue divertido. Entonces Ronald me pregunto si me iría a Chile, era mi ultima oportunidad en caso afirmativo me llevarían hasta la frontera, pedí dinero prestado a los demás chicos $5 dólares que serian suficientes para llegar a San Pedro de Atacama pero nadie tenia más dinero.
Yo estaba prácticamente resuelto por Chile pero entonces recordé que le había dejado algo de dinero a Antonia para que me comprara el pasaje de tren a Villazón, finalmente resolví volver a Uyuni y me despedí de Chile, haber estado tan cerca me causo algo de nostalgia, “Ya conoceré Chile cuando viaje por la Patagonia, me dije”, mi viaje continuaría por el norte Argentino.
Son varias horas desde la Laguna Verde hasta Uyuni, aproximadamente unos 400 Kilómetros que hay que recorrer por caminos destapados, nos detuvimos en un pequeño pueblito junto a unas montañas para almorzar, había allí un enorme rebaño de llamas que pastaban la precaria vegetación a las orillas de un riachuelo, me dedique un buen tiempo a la contemplación de los animales, fotografié a las llamas más pequeñas.
Este es un lugar encantador, se respiraba una sensación de paz que no tenia igual en los demás sitos que había visitado durante este viaje; continuamos hasta San Cristóbal una población más grande cuya actividad gira entorno a la minería, y de allí recorrimos los últimos 100 Kilómetros que nos separaban de Uyuni, al llegar todos hicieron un aporte para la propina de Ronald y nos despedimos muy fraternalmente.
El viaje por el Salar de Uyuni, las lagunas y volcanes que se extienden al sur son algo que vale la pena conocer, pasar unos tres o cuatro días de contacto con una aquella naturaleza exótica, atravesando las inmensas soledades de los desiertos es una experiencia única. Son varios desiertos, nieves perpetuas, fauna salvaje (flamingos, vicuñas, zorros, pumas) y paisajes alucinantes los que se pueden observar durante los 1.000 kilómetros de recorrido, una distancia por demás increíble si se tiene en cuenta que es prácticamente la misma distancia que existe entre Lima y el Ecuador, o entre Lima y el norte de Chile.
Había llegado el tiempo de dejar Bolivia, mi tren para la ciudad fronteriza de Villazón salía a las 7.10PM, como habíamos llegado en la tarde, aun faltaban unas horas antes de partir, me encontré en la plaza central con Vickie, una chica Argentina que había conocido en Potosí, charlamos un buen rato, ella tomaría el mismo tren que yo, se dirigía de regreso a Buenos Aires, pero haría una parada en Tupiza. Luego llegaron Rob y Lina que tenían la idea de continuar su ruta al norte hasta Colombia, me encontré también con Facundo otro chico argentino que conocí en San Juan, él viajaba a Salta para hacer el tren a las nubes; fuimos todos a comer pizza, Rob me invito a una hamburguesa y nos quedamos charlando allí un par de horas.
Sábado 21 de Marzo
El viaje hasta Villazón dura unas 10 horas, al amanecer desayune en el pintoresco coche restaurante en compañía de Facundo, gaste los últimos bolivianos que tenia. Por fin después del interesante viaje de tren, llegamos a Villazón, de inmediato baje del tren tome mi maleta y me fui caminando hasta la frontera, había una fila impresionante para sellar la salida de Bolivia, ¿habrá una forma de no hacer esta fila? pensé, y me dirigí a la ventanilla de al lado, el oficial miro el pasaporte y al notar que iba de salida me dijo “aquí al lado” mientras señalaba la ventanilla contigua donde sellaban la salida, estire mi mano y por fortuna me recibieron el pasaporte, “ya te vas Colombia” me dijo muy amistosamente el oficial de inmigración, “si, pero volveré me voy enamorado de Bolivia”, entonces puso el deseado sello sobre mi pasaporte, que alivio me había ahorrado una hora de fila con esta diablura.
Faltaba aun el sello de entrada a la Argentina, así que me dirigí al puesto argentino a pocos metros de allí, esperando en la fila se encontraba Steve, el chico ingles que había sido uno de mi compañero de viaje en el viaje por el Salar de Uyuni. De pronto un oficial pidió nuestros pasaportes y se los llevo, Steve logro pasar primero, me esperaba del otro lado pero como a mi me demoraron más tiempo resolvió irse, nos despedimos.
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