Diarios de viaje > América del Sur

Un mundo de sensaciones

Escribe: osorojo
Gran viaje, con muchísimo para contar. Primera experiencia en este arte de la escritura tripera. Jose motivó meses antes con este recorrido de ensueño que incluía maravillosas paradas. Los pibes no eran amigos, pero día a día se fue armando un grupo humano extraordinaria que, casi en su totalidad, continúa años después. La parte del norte fue más solitaria. Compañías transitorias dieron la pauta de una esencialidad distinta para la última semana: más tiempo para uno mismo.

 

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Potosí, Bolivia — jueves, 12 de enero de 2006

Tras unas aceptables 8 horas de sueño, nos levantamos en busca de los pasajes a Sucre para el siguiente día y con la intención de ir al Ojo del Inca y bañarnos en aguas termales.

No pudimos convencer a Beto de que se despierte (y, no aprovechó la siesta del día anterior) y el resto partimos a la terminal de buses. Dejamos en una lavandería unas prendas que recogeríamos por la noche (con el aguacero constante, era imposible que algo se secara) y como la lluvia no cesaba, abordamos un taxi y pudimos conseguir los boletos para ir a la Ciudad Blanca a las 7 AM del viernes. Fede y Javi, casi a mediodía, desistieron de la excursión y con Jose, previa recorrida por afuera del estadio del Real Potosí fotografiando al mismo, subimos a un bondi que por 4 Bs. nos llevó a destino.

Allí, tras subir unos cerros, llegamos al mismísimo Ojo del Inca. Una pileta circular enorme con agua natural y a unos 25°C nos abrió la puerta a un chapuzón. Decidimos probar nuestro nado dando toda la vuelta y a mitad de camino, la lluvia que se había tomado una tregua, resurgió con fuerza. Distraídos por los imponentes senos de una cordobesa no le dimos bola (a la lluvia). Clara equivocación la nuestra. La vuelta la terminamos. Al llegar al punto donde se hallaban nuestras ropas las encontramos, como era lógico, empapadas.

Maldiciendo la situación (más yo que Jose, el cual mantenía su sentido del humor) nos cambiamos en un baño, cuya existencia, descubierta previamente, nos hubiera servido para dejar la vestimenta allí. Habiendo frenado la lluvia y siendo las 2 PM, el camino indicaba bajar a la ruta por donde habíamos subido en busca del micro de vuelta, cuya frecuencia es de unos 20 minutos. Pero, siempre hay un pero. Al amigo Jose se le ocurrió desandar otra vía.

Parecía una simple aventura, digna de contar felizmente. Sin embargo, la presencia de un río con un difícil cruce más el renacer (una vez más) copioso de la lluvia, tornó medio complicada la cuestión. A sabiendas de que el río podía crecer y dificultar aún más el momento (con riesgo de muerte incluido) lo cruzamos mojándonos hasta las rodillas y ahí sí, la ruta era nuestra, pero por otra parte. Como un par de combis no nos frenaron, Jose caminó unos metros en busca de ayuda militar. Un par de jóvenes alistados en las FF.AA. bolivianas nos dieron una mano intentando sacar chapa a la hora de hacer dedo.

Aunque parecía no haber caso, una combi que iba hacia Miraflores (o sea, el lado opuesto a donde nosotros debíamos ir) nos dejó subir gratarola y desde allí, con almuerzo rápido de Jose, pudimos regresar a Potosí. Nos quisimos fugar de la combi pero un silbido nos llamó con el objetivo de abonarle los 4 Bs. Concluía la odisea. Un frío importante (aumentado por el agua que había transformado nuestra ropa) hizo que las más de 15 cuadras hasta el hostel se realizaran en taxi. Al llegar, baño reparador y a salir a recorrer la city.

Nos cruzamos con los pibes mientras ellos salían, y pese a pactar encontrarnos 5:30 en la Casa de la Moneda, nos desencontramos. Sacando tajada del favorable cambio monetario, todos, ellos por un lado y nosotros por el otro, hicimos lo mismo: comprar regalitos. La cena otra vez volvería a realizarse en el hostel. Se repitió también el menú, es decir arroz, pero en esta ocasión con multitud de condimentos (las salchichas, el tuco, cebolla, remolacha, picante).

Pese a mis deseos de salir a alguna peña o nuevamente a un pub, la mayoría decidió entablar una vasta conversación con Titi (de quien Beto dijo estar enamorado) y Lucas. Ultraliberales en su discurso y menos en los hechos, su posición ante el amor y las relaciones de noviazgo/pareja generaron controversias y posturas opuestas en los enamorados y fieles Jose (con todas sus teorías, las putas y bla bla bla), Javi y Fede.

Mientras yo escribía o leía, intentaba abstraerme de la charla (no por falta de interés, sino un poco enojado por la negativa, que no fue directa sino que se dio así, a mi idea de salir), pero sin lograrlo con claridad. La lluvia aplacó un poco mi bronca. Se apagaba la luz y empezábamos a despedirnos de Potosí.

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Últimos comentarios

llocatel dice:
No fueron a la casa de la Moneda entonces?
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