Crónicas Filipinas
Escribe: Gato_perplejo
A primera vista, Filipinas no parece ser uno de los destinos prioritarios que se te pueden ocurrir si quieres visitar el sudeste asiático. Quizá eso es ya un buen motivo para visitar este archipiélago de más de 7000 islas, el segundo más numeroso del mundo.Pero afortunadamente tengo información de primera mano: mis compañeras María y Ángela Yoldi nos han hablado maravillas del país donde vive parte de su familia. Interminables playas, buenos precios, gente amable, fondos marinos espectaculares,.
Odisea en la carretera
Port Barton, Filipinas — viernes, 29 de julio de 2011
Ayer Charles, después de un par de horas consiguió arreglar las tuberías de la ducha. Como tuvo que comprar materiales para hacerlo, me dice que tengo que pagarlos yo. Estoy de acuerdo, en el baño hay un cartel bien grande como utilizar la ducha, pero no lo supimos interpretar bien. Nos dice que no nos va a cobrar nada por llevarnos a la estación de autobuses, pero necesita 100 pesos para echarle gasolina a la furgo, lo que demonios sea que le echan, porque el olor a quemado en las calles con mucho tráfico es insoportable.
Hoy de nuevo madrugón por la concertina de gallos, pero como habíamos quedado en tenerlo todo listo a las ocho nos viene bien para hacer la mochila con tiempo. Lo que no encuentro es mi cartera, con las tarjetas y el carnet de identidad. Seguro que como lo iba a utilizar estos días, al llegar lo metí en su sitio tan secreto que ahora es imposible encontrarlo. En fin, ya saldrá por algún sitio (espero).
Bueno, nuestro plan de hoy es hacer más o menos el mismo recorrido que hicimos ayer camino de Sabang y luego saltarnos el desvío y hacer un tramo final de 25 km bastante chungo. Eso es lo bueno de Port Barton, que como es difícil llegar la gente apenas para aquí, sino que sigue hacia el norte en dirección a la más famosa y concurrida El Nido.
No sabemos que medio de transporte vamos a utilizar para ir ni a que hora sale. Aquí, los horarios y rutas cambian constantemente, así que lo mejor es ir a la estación, preguntar si hay alguna furgoneta o jeepny que valla, y coger sitio. Cuando se llena, salimos atacando sin esperar a nadie más.
Esta labor nos la facilita Charles; pregunta por allí y no hay furgonetas hoy, pero si uno de esos camiones militares que dejaron aquí los americanos y que está gente ha convertido en autobuses de línea, camiones de carga o casi cualquier cosa que sirva para ir de un punto A a un punto B. Nos despedimos de Charles dándole las gracias por todo, no sin antes hacer una foto al sistema de alimentación que lleva la furgo: una botella de plástico con combustible que se mete debajo de una alfombra, no quiero saber a donde.
Bueno, pues la gente va subiendo al Neutralizer, que es el nombre de nuestro jeepney. El conductor espera al volante, y otros dos cargan nuestras mochilas en la parte superior, acompañadas de grandes cestas de bambú con alimentos, electrodomésticos o cualquier cosa que se os podais imaginar. La entrada al interior del bus es todo un poema. Pagamos nuestra tarifa, 250 pesos, y subimos, pero el único occidental que hay está repantingado en dos sitios, durmiendo, así que tengo que darle un toque en la pierna para que nos deje pasar de mala gana. El interior es un poema: no hay dos filas de asiento en cada sitio, sino bancos corridos que no dejan espacio para pasar al interior. Bueno, la manera de hacerlo es mover el respaldo del asiento central y saltar por encima de la base. Acojonante. Vemos también que la gente tiene a sus pies todo tipo de objetos: piñas. cartones de huevos, bolsas de comida. Suponemos que lo llevan a sus familiares, porque en Port Barton será más caro o difícil de conseguir.
Nos “acomodamos” junto a una ventana y saludamos a otro europeo que ha subido por detrás. Por fin, a las nueve el bicho arranca, con un estruendo de mil demonios y la música del “Peseta Mix” año 95 a todo volumen. Este viaje va a ser cualquier cosa menos aburrido.
Empezamos la ruta, no sin alguna parada más antes de salir de la ciudad. El bus coge buena velocidad, pero en las cuestas se resiente.
A la media hora, otra parada en medio de ningún sitio. La gente le echa el alto, tanto para subirse como para dejar mercancía. Los portadores están hechos a todo: ahora están subiendo cuatro cañas de bambú, de unos cinco metros de larga cada una, más que el autobús. Seguro que alguien se está haciendo una casa y ha llamado a su primo para que le mande con el ordinario unas cañas de las que tiene en el majuelo. Mientras se cargan las vigas, todo el mundo se baja y entra a una casa. Son las 10 y media, y aquí todo el mundo mueve el bigote. Hay un gran cuenco de arroz y varias ollas que van levantando y se sirven de lo que hay. Es muy temprano para nosotros y para el otro europeo. pero el nenete que no se levantaba sí que se sirve su buen plato. Viaja con una mujer mayor filipina, así que suponemos que será mezcla de filipina y americano, por suponer algo....
Seguimos el camino admirando los paisajes, viendo a las gentes y haciendo más paradas para carga. Cuando llevamos algo más de tres horas, llegamos a el desvío. Aquí se supone que empieza la carretera mala, pero la buena noticia es que sólo quedan 25 km. Hemos salido con sol, pero a mitad ha llovido bastante y el camino es ahora un barrizal como no he visto en mi vida. Al llegar, el conductor para el vehículo y nos mira riéndose, pero no os creáis que está pensando si seguir o no. Está esperando que pasen dos motos embarradas hasta el sobaco para coger impulso.
¡Y alláááááááááááááááá vamos! Una de las pasajeras se tapa los ojos, pero el resto parecen vivirlo como el pan nuestro de cada día. Ahora sí que se mueve esto y algunas veces parece que volcamos. Tiene fuerza el bicho, no hay que olvidar que era un camión militar preparado para cosas como esta.
Esta gente no pierde la sonrisa en ningún momento, nos está entrando barro a mansalva por la ventanilla y aquí todos van descojonados. Llegamos a lo que parece un puente en obras, paramos y se empieza a bajar todo el mundo. El puente está a medio hacer, con listones de madera, por lo que nos dejan a todos ahí delante y el camión coge una cuesta abajo para intentar subir y pasar al otro lado. Nosotros cruzamos por las tablas, aunque como no tengas cuidado y se te vaya un pie la has jodido. De echo, una señora filipina necesita ayuda porque no se atreve a pasar sola, y es que el puente se las trae.
Pues nada, el jeepney lo intenta, pero la rueda derecha trasera se hunde en el barro y no puede subir. Nos veo a todos empujándole al bicho y enfangados en el barro, ya verás tú. El conductor sigue intentándolo, pero no hay manera, esto pinta mal. Eso si, aquí nadie se inmuta, nadie llama por el móvil para decir que vamos tarde, todo el mundo está tranquilo.
Uno de los operarios se ha ido camino arriba y alucino cuando vuelve. El tío viene con una pequeña excavadora oruga que sabe dios donde habrá conseguido, esto si que es un tío de recursos.
Ya con la oruga, se engancha al camión y poco a poco, y en punto muerto lo saca de allí. Menudo crack.
Vuelta todos al camioneto y por fin el camino parece que mejora. Hemos tardado cuatro horas y media para un trayecto que yo calculo en unos 120/130 km.
Bueno, pues ya entramos en el pueblecillo de Port Barton, de 4000 habitantes según la guía. Al bajar, lo primero que me sorprende es que un policía con una especie de fusil de asalto entra al camión. Nosotros bajamos y un pescador filipino, con una camiseta tan blanca como sus dientes nos pregunta que si tenemos sitio para quedarnos. Normalmente no hacemos caso a estas recomendaciones, pero esta gente tiene una cara de buena persona que no piensas que vayan a pensar en engañarte. Y así es.
Nos habla de un sitio. Summer Home, que estaba entre nuestras opciones de las vistas en la guía, así que después de subir a la oficina de turismo para rellenar nuestros datos, nos lleva directamente a la playa. Y que playa dios mío!!! Ahora entiendo que ha valido la pena el trayecto: una gran playa curva enmarca la bahía de Port Barton, con sus barquitos de pesca, sus niños jugando y nadie absolutamente bañándose. El chico nos ofrece un paseo por las islas en su bote y nos pregunta si queremos que nos lleve a El Nido en bote también. Esas dos cosas eran las que pensábamos hacer aquí, así que quedamos con él para mañana por la mañana.
Llegamos al conjunto de cabañas que componen los alojamientos, justo delante de la playa. Aquí lo de primera línea no tiene sentido, todo está ahí. Cogemos una habitación para dos noches por menos de diez euros la noche y nos despedimos de nuestro amigo. Ahora toca comer, que estamos hambrientos.
Hasta ahora hemos comido un poco a salto de mata y las cenas han sido en casa, así que no hemos probado especialidades filipinas con nombres tan familiares para nosotros como arroz caldo, caldereta, menudo, adobo o calamares.
Yo me pido adobo, que resulta ser un guisado de carne con patatas y Clara un plato de estilo más oriental. Delante de nosotros está el tontaco del autobús, que ha desplegado su Iphone, su Ipad, su Macbook y no saca el Ijam de milagro. A nuestro lado está sentado el policía, pero no se toma nada. Lo que no me gusta un pelo es que el fusil apunta directamente a mi pie....
Cuando el tío termina y se levanta a pagar, el poli se levanta, se pone detrás de él y se van juntos, uno delante y otro detrás. Está claro, es su guardaespaldas. Lo comentamos con las camareras, que nos dicen que será algún millonario hijo de papá; lo que me resulta curioso es que viniera en la misma tartana que nosotros.
Colocamos los trastos, nos ponemos el bañador y por fin estamos bañándonos en el mar, ¡que maravilla! Las vistas desde dentro del agua, de cara a la playa son flipantes, y eso que está un poco nublado. Después de un rato de relax paseamos por la playa saludando a todo el mundo, como si fuésemos por Ramón y Cajal pero sin las miradas torbas del pueblo.
Luego nos internamos en el pueblito y vemos a los niños salir del cole a la carrera, a unas niñas jugando con una cabra, a las familias con sus quehaceres, una maravilla.
Después de un café en uno de los restaurantes de la playa y de una ducha tranquila, estamos listos para salir a cenar. Menos mal que no olvidamos la linterna, porque está todo oscuro, tanto en la playa como por las calles. Nos decidimos por el restaurante Elsa´s, mirando al mar, y tomamos otra de las especialidades que antes no nombré, el pancit, unos noodles al modo asiático. También pedimos unos calamares que no tienen que envidiar a los de cualquier bar de España. De postre, un batido natural de piña, ¿se puede pedir más?
Pues si, como hoy empiezan las fiestas de La Roda nos vamos a nuestro alojamiento y allí tomamos un mojito para abrir fuego. Pasadlo bien todos los que estéis allí.
Hoy no hay serie, el viaje nos ha dejado mataos y a las once estamos en la camita. A ver mañana como se da el paseo por las islas. Hasta mañana.
|
Publicado |
|
Últimos comentarios
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
-
1
¡Por fin el día ha llegado!
-
2
¡Y ya estamos aquí!
-
3
Jet Lag
-
4
Camino de Palawan, la última frontera
Puerto Princesa, Filipinas | 26 de julio de 2011
-
5
Lluvia y más lluvia
Puerto Princesa, Filipinas | 27 de julio de 2011
-
6
Y por fin: ¡el sol!
-
7
Odisea en la carretera
Port Barton, Filipinas | 29 de julio de 2011
-
8
Malo, malito, malo
Port Barton, Filipinas | 30 de julio de 2011
-
9
Ay, ay, ay...
Port Barton, Filipinas | 31 de julio de 2011
-
10
Odisea en el bote
-
11
Parte Médico
-
12
Parte Médico 2
-
13
Parte médico 3 y cumpleaños feliz
-
14
Parte médico 4: me estoy curando
-
15
Parte médico 5: volviendo a la normalidad
-
16
Parte médico 6: me doy el alta
-
17
¡A las islas por fin!
-
18
En barco hacia Coron
-
19
Coron-Avión-Manila-Avión-Cebu
-
20
Rumbo a Malapascua
Malapascua Island, Filipinas | 11 de agosto de 2011
-
21
Relax en Malapascua
Malapascua Island, Filipinas | 12 de agosto de 2011
-
22
... Y más relax...
Malapascua Island, Filipinas | 13 de agosto de 2011
-
23
Malapascua (bote+autobús) Cebú (taxi+ferry) Bohol (furgoneta) Panglao
-
24
La vida del mochilero es dura
-
25
Relax en Alona Beach
Panglao Island, Filipinas | 16 de agosto de 2011
-
26
De ruta por Bohol
-
27
De Panglao a Cebú: empezando la vuelta
-
28
Cebú-Manila: preparando la vuelta
-
29
Manila, 20 horas y a casa
En Port Barton...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “Odisea en la carretera” con tus amigos en Facebook?