Poros, 31 de mayo de 2010
Buen desayuno, rumbo 93° al principio, y luego otros que no registré. Llegamos a nuestro primer waypoint en una hora, no había viento, sólo vela de sentina (motor que le dicen). Cuando asomamos a mar abierto, apareció un vientito. Trapos arriba, duró apenas media hora. En fin, por suerte el motor está muy bien aislado, casi no se lo escucha, llegamos a Poros.
Con los nervios del caso, amarramos al estilo mediterráneo, o sea con la popa al muelle. Yo en el ancla, Enzo al timón. Bastante bien, considerando la virginidad. Ya tranquilos, fiaca y almuerzo. No tenemos el adaptador para conectarnos al pilar de luz. A la hora en que apareció el port master, un mala onda de aquellos, unos vecinos holandeses nos prestaron el suyo. Ellos no tenían cable. Al rato se los trajeron, pero de otro tipo, así que ahora ellos están “colgados” de nuestra conexión al más puro estilo argento, será porque tienen princesa argentina. Hicieron bien los viejos del príncipe en no invitar a los consuegros al casorio. Hoy hemos ido al restaurante, con la expresa intención de comer langosta. No nos ha salido bien. O la langosta estaba mal preparada, o la cocina griega incluye algún condimento que deja un regusto extraño. Creo que ambas cosas. Una lástima, hacía varios años que no hincaba el diente en semejante manjar.