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Italia (Septiembre 2000)

Escribe: danielhr
Un Tour de Norte a Sur

 

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Pompeya y la mala suerte

Pompeya, Italia — domingo, 1 de octubre de 2000

Justo en la mitad de nuestros días de estancia en la capital, la agencia nos hacía la propuesta de la excursión de un día al sur de Italia, para conocer Pompeya, Nápoles y la isla de Capri.
Después de valorarlo y optar por apuntarnos, renunciando así a los museos capitolinos y a las catacumbas, que era lo que teníamos pensado en caso de no haber ido, nos metimos en el autobús, que tras poco más de tres horas nos dejaría en la ciudad del Vesubio.
La mole del volcán, culpable de sepultar la ciudad bajo sus cenizas impresiona. Además la ilusión era mayor después de haber visto no hace mucho la película: “Los últimos días de Pompeya”. Ya con nuestras entradas en la mano nos dispusimos a atravesar el torno que te introduce en la ciudad y a seguir el recorrido y las explicaciones de nuestro guía.
Un diluvio de cenizas, gases venenosos y ríos de lava incandescente rodaron vorazmente hacia Pompeya y debido a ello, hoy podemos ver cómo era la vida cotidiana entonces.
Estatuas, mosaicos, muebles de bronce, objetos de todo tipo, templos, almacenes, dependencias municipales, burdeles, casas nobles, etc., etc.
Pero más allá de todo ello lo más importante en Pompeya es pasear por sus calles y tener la sensación de irrumpir en una villa a la hora de la siesta o de sentir el terror de sus habitantes al ver cómo han aparecido los cuerpos en postura de pánico, tapándose la cara.
Asombrados de lo mucho que aquellas vidas se parecían a las nuestras, diríamos adiós a los restos de esta espectacular ciudad y nos pondríamos rumbo hacia el puerto de Nápoles, desde donde salen los barcos hacia la isla de Capri.
Aquí comenzaríamos a ver como el barco que partía antes que el nuestro tenía bastantes problemas para poder salir del puerto, debido al intenso oleaje que había en ese momento. Aún así, el capitán de la embarcación se la jugó y para allá que se fueron. Nuestro capitán no debía tener tantos huevos, porque directamente uno de los responsables que cuidaban para que no sobrepasásemos una línea, nos empezó a decir en italiano que nos fuésemos, que ese día ya no salía ni un solo barco más. Después de una acalorada discusión entre nuestro guía y este individuo, nos tocó retirarnos. Habíamos perdido la batalla.
Lo siguiente, después de tenernos esperando unas dos horas en un bar mientras decidían que hacer, sería darnos dos horas, pero ¡qué generosidad!, para ver Nápoles. Y luego nos volvíamos a Roma. Ja, ja, ja, ¡pero hay que tener morro! Y lo más gracioso que no mencionaban nada de la rebaja en el importe de la excursión, por lo que empezó el motín.
Todo el mundo estaba de acuerdo que por mucho que fuese por causas ajenas a la organización, dado el tiempo tan valioso que habíamos perdido y que la estancia en Nápoles no daba para casi nada, nos tenían que devolver la mitad de lo pagado, a lo que el guía decía que naranjas de la China. Los ánimos se iban encendiendo y el grupo iba rodeando al guía, el cual lejos de amedrentarse se ponía todavía más chulo y cabezón, si cabe.
Y llegó el órdago de un señor mayor, un perro viejo, con el que nos quitamos todos el sombrero. “O nos devolvían la mitad del dinero o no montábamos en el autobús de regreso a Roma” Plas, plas, plas. Sólo nos faltó cogerle a hombros y llevarle por las calles de la ciudad. De repente la actitud soberbia del guía desapareció y su cara se volvió un poema. Varias llamadas telefónicas del mismo y al final conseguiríamos nuestro objetivo.
El problema que ya sólo nos quedaba una hora para ver algo de Nápoles, por lo que tuvimos que conformarnos con visitar la galería Humberto I, muy similar a la de Víctor Manuel II en Milán y un breve paseo por su grandioso puerto con las preciosas vistas que desde él se aprecian. Un día algo amargo, pero que gracias al buen rollo de la gente, pronto olvidaríamos.

Tips:

Aconsejo pasar al menos un día entero en esta increible ciudad,para por lo menos poder disfrutar sin excesivas prisas de algo de su patrimonio.A mí tres horas se me quedaron cortísimas,pero no tenía otra opción.Llévate comida y bebida y no tendrás que preocuparte por tener que buscar un restaurante.

Tiene que ver con: Qué llevar
En Pompeya, Italia


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