Realmente es Playa del Carmen, 60 km al sur de Cancún, donde he puesto el huevo. Es martes, y tras un vuelo maratoniano he dormido menos de 7 horas desde el domingo por la noche, y me he levantado hace un rato, a las 5 am. He ido a un OXXO (como los seven eleven) a desayunar y luego a ver amanecer en la playita. Precioso, había pelícanos pescando, y una perroflauta con flauta y todo ambientando el momento. Aunque esta ciudad es muy hotelera y turística, la zona por la que estoy alojado me recuerda al México profundo, al de la primera escena de "Sed de mal", por lo menos anoche tenía esa pinta. Atrás queda la mala fama del México profundo que enarbolan en Europa todos los que no saben de lo que hablan. No hay mal rollo, y no me encuentro incómodo para nada, pero sí que veo cuando entro en algún garito local y ausente de turistas, que parezco el poli blanco en el bar de negros. Todo el mundo me mira con esa mezcla de incredulidad y suspicacia que ya he visto en otros sitios. He preguntado y me dicen que la zona es segura incluso de noche. Ah, y el picante pica de verdad, no como el de España, que solo pica por quedar bien.
Los precios son baratos, y eso que estoy en zona turística. Ayer cené unas quesadillas (ricas pero nada del otro jueves) y bebida por 50 pesos, unos 2,8 euros, y el desayuno de hoy 28 pesos. El hostal me sale por 10 dólares, es un poco cutre pero funcional, y hay buen rollo, incluso cuando en el dormitorio compartido uno ronca y otro le grita "pendejo cabrón", y a mi me sale la sonrisilla tonta. Aquí hay mexicanos y argentinos hospedados, y anoche tuvimos cháchara hasta las mil.
Dentro de una hora me pasan a buscar para ir a bucear, y esta tarde a pasear y a localizar una agencia de viajes para buscar un vuelo a Guatemala.