Diarios de viaje > América del Sur

Perú (Agosto/Septiembre 2011)

Escribe: danielhr
Ciudades coloniales, culturas milenarias, las inigualables ruinas de Machu Pichu y el misterioso pueblo inca, dunas inmensas, islas a rebosar de fauna, cataratas espectaculares, líneas misteriosas. Un país lleno de contrastes que tendría el placer de visitar durante tres inolvidables semanas.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 ... 5 6 Capítulo 7 8 9 ... 23 Siguiente >
 

Ruinas del Valle Sagrado

Pisac, Perú — jueves, 25 de agosto de 2011

Se supone que hoy comenzaría el día quedando con el simpático taxista que me la había jugado el día anterior, a las 07.30. Me recogería en la iglesia de San Blas. Ni que decir tiene que me daría el gustazo de dejarle plantado, lo cual me supo a gloria.
Yo a esas horas estaría tranquilamente bajando a desayunar en mi hotel, para a las 08.20 tomar un taxi que me llevaría hasta la puerta de las ruinas de Sacsayhuamán. (15 soles) En tan sólo diez minutos nos habíamos plantado allí, teniendo la suerte que la taquilla ya se encontraba abierta y así pude sacar el boleto turístico por 130 soles. Con él tienes derecho a entrar en 16 lugares entre el valle sagrado y Cuzco y tiene una validez de diez días.

Nada más entrar un chico me ofreció hacerme de guía, a lo que en principio le dije que no, pero a los cinco minutos de adentrarme en las ruinas, me arrepentí porque me estaba dando cuenta que no me iba a enterar de nada con la información que llevaba, al ser las primeras ruinas y de tal categoría. Así que me di media vuelta y volví para ver por cuanto me dejaba la visita guiada. Conseguí que por 25 soles me enseñara todas las ruinas (la parte famosa y la que no lo es tanto) durante una hora y media.
Roberto, que así se llamaba el guía, resulta que era un profesor de primaria que en sus ratos libres, como tenía el título de guía turístico, pues se subía a las ruinas a estudiarlas y si de paso se sacaba algo, pues mira que bien. Así que se notaba un huevo que al hacerlo más por vocación que por necesidad, controlaba la de Dios.

En la parte más desconocida me metió por una cueva por donde te tenías que guiar con la mano izquierda porque no se veía nada; me explicó que lo que parecía una enorme plaza, era en realidad un lago y como se aprovechaba el agua de éste por un sistema de canalización; me llevó como a una montañita, la cual no era otra cosa que magma petrificado con canales causados por la glaciación y que se habían convertido en improvisados toboganes por los que se tiraban los chavales. Me ofreció probarlos y por supuesto que me animé. ¡Joder, coges una velocidad de la leche!
También me enseñó dos bloques de piedra que hacían de relojes de sol y me estuvo explicando la manera de identificar la hora en la que nos encontrábamos.
Encima al tío le gustaba la fotografía y me decía desde donde podía tirar las mejores fotos. ¿Qué más se podía pedir?

En la parte famosa me explicó un poco lo que viene en muchas guías pero de una forma muy amena. Y me demostró como lo que dicen algunos de que estas ruinas fueron creadas por los extraterrestres, es una falacia. Pues me contó desde como transportaban las piedras, a su encaje, pasando por como hacían para cortarlas. Cuando te explican esto, te das cuenta de que la otra teoría es una auténtica gilipollez.
Tras casi dos horas, me despedí de este pedazo de guía y me di otra vueltecilla yo sólo por allí, para a eso de las 11.15 dirigirme, dando un paseo de diez minutos, al Cristo Blanco.
Las vistas de todo Cuzco son espectaculares. Eso sí, no cambian mucho con respecto a la perspectiva que se tiene desde Sacsayhuamán.

Desde aquí me encaminé dando otro paseo de unos quince minutos hasta las ruinas de Q´enqo, curiosas porque se trata de un montón de piedras calizas con algunos recovecos donde hicieron altares para hacer ceremonias.
En estas ruinas tampoco estaría mucho, unos veinte minutos. A la salida me haría una foto por dos soles con un señor disfrazado de un gran sacerdote inca. Me hacía ilusión.
Como ya eran las doce pasadas y no iba muy bien de tiempo, paré un colectivo (1sol) y en cinco minutos me había dejado en las ruinas de Pukapukara. Estas eran una gran fortaleza, de la que ahora quedan los restos bien conservados. Estuve paseando por sus dependencias, perfectamente diferenciadas, pero lo mejor, sin duda, es su ubicación, pues ves unas vistas tremendas del valle de Cuzco.

Tras recrearme un rato, sólo tuve que cruzar la carretera para entrar en las ruinas de Tambomachay, a las que se llega por una senda en cinco minutos. Aunque son pequeñitas, tienen su encanto en la fuente inca por la que brota el agua. Aquí hice un poco la cabra y tiré al monte que está por encima, desde donde hay, de nuevo, unas panorámicas de campeonato.
Cuando salí eran las dos de la tarde y tras cinco minutos de espera, en la explanada que está justo en frente de estas ruinas y desde la que se ven las de Pukapukara, cogí un colectivo con dirección a Pisac (2,60 soles). Basta con levantar el brazo y para.
Iba hasta el culo, por lo que me tocó ir al lado del conductor, pero situado al revés, mirando a todos los pasajeros, al menos durante la mitad del recorrido. El bus iba parando en pueblecitos y era curioso ver como niños de siete u ocho añitos, subían y bajaban a su aire, sin sus padres.

La otra mitad del recorrido la haría al lado de un señor mayor, el cual se puso a hablar conmigo. Y casualidades de la vida, estuvo en el año 63 trabajando en Madrid, en la calle Serrano, durante un año. Además fue guía turístico y estuvimos charlando tanto de lugares peruanos como del Museo del Prado, la Cibeles, Neptuno, etc.
A las 14.30 llegábamos a Pisac y bajé encantado del bus, estaba emocionado por las cosas que me estaban pasando.
El señor, que entre unas cosas y otras no nos presentamos y no supe su nombre, me había dicho que por diez soles era un buen precio para que me llevaran a las ruinas en taxi. Lo intenté, pero fue imposible, se excusaban en la gasolina, el trayecto, etc. Así que al final conseguí un taxista que me subió hasta arriba por 15 soles. Le dije que si me esperaría dos horas para luego volver a bajar, a lo que no hubo problema. Me cobraría otros 15 soles por la espera y por retornarme de nuevo. La entrada a Pisac viene incluida en el boleto turístico.

Así que nada estuve hasta las cinco y pico de la tarde recorriendo estas ruinas espectaculares. Son increíbles tanto por su entorno como por la construcción en sí, sin duda las más bonitas de las que llevaba vistas.
Desde mi humilde opinión, dos horas te saben a poco, pero yo o lo hacía así o no hubiera podido visitarlas. Creo que al menos hay que dedicar una mañana para ir con tranquilidad y sin prisas.
Sobre las 17.15, me pasé un cuarto de hora, el taxista me regresó de nuevo a Pisac, para dejarme una vez allí en la parada de los minibús que te llevan a Cuzco por 4 soles.
Otra opción son los colectivos por 2,5 soles. Pero tardan una hora, frente a la media que tarda el minibús.

Si alguien echa de menos el famoso mercado de Pisac, es evidente que no me daría tiempo a visitarlo, a pesar de que cambié el día para intentar verlo. Pero bueno, como ya he dicho en otras ocasiones, los mercadillos no son una de mis prioridades, por lo que no supuso un trauma para mí.

A las 18.30 estaba, de nuevo, en Cuzco. Efectivamente, a lo largo de todo el día no he hablado nada de comidas y es que no cogí nada para llevarme a la boca y me mantuve a base de botellas de agua que iba comprando por 1 sol. Y claro estaba desfallecido. Así que en el paseo desde el hangar de las combis hasta el hotel paré en una tienda para comprarme una bolsa de doritos y una coca cola. El tío me cobraba 2,70 soles, hasta ahí sin problema. Yo cogí y le entregué 5,70 soles, para que en el cambio me redondeara a 3 soles. Pues tras un minuto esperando el mismo, ya se lo dije y el muy fresco me respondió que yo le había pagado con lo justo. Arggg, buff, me empecé a rebotar de una manera, no ya por los soles sino porque me da por culo que traten de tomarme el pelo. Al final como no quería problemas y sabes que ellos juegan con eso, desistí, no sin irme de allí llamándole mentiroso. El me dijo, perdone, ¿que es lo que dijo? Pero no me quedé a repetírselo, je, je
Por fin sobre las siete llegaba a mi hotel, para tirarme en la cama un buen rato y pegarme una buena ducha.

Ya más relajado, sobre las 21.00 saldría a cenar. Tenía claro que hoy iba a ser uno de esos días de homenaje, pues el hecho de casi no haber comido nada desde las siete y pico de la mañana, me hacía pensar que me lo merecía.
Me metí, tras un rato mirando sitios, en Tayta Inti, donde me tomaría Alpaca a la gorgonzola con un toque de vino, muy rico, y un cóctel de la casa, llamado Saqra Warmi (Pisco, licor de fresas y mandarina y jugo de cramberry, con cachitos de fresa) ¡Estaba tremendo! De postre una Créme Brûlée de coca, que dicen que es internacional. Delicioso. La broma me saldría por 80 soles, pero los pagué encantado, sabía a lo que iba.
El camarero, un tío muy enrollado, en el cambio me trajo una moneda de un sol del centenario de Machu Pichu. -¡Difícil de encontrar! -Son de colección – me dijo. Así que yo feliz y por supuesto que la guardé como oro en paño. Le dejaría una buena propina y di por terminado el día.

Tips:

Salvo que te guste andar, la subida a las ruinas de Pisac, conviene hacerla en taxi, ya que hay un desnivel considerable. Con tiempo,la bajada puedes hacerla caminando hasta el mismo Pisac. Lo ideal sería dedicar toda una mañana a ellas, ya que son enormes.

Tiene que ver con: Imperdibles
En Pisac, Perú


Publicado
Modificado el
Leído 520 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 ... 5 6 Capítulo 7 8 9 ... 23 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Capítulos de este diario