Las 5 cataratas del VRAE en Ayacucho

Escribe: Moner
Una lluviosa mañana de Diciembre del 2009, yo en compañía de Grazia Testa y Juan José Nalvarte del equipo de "Pachamama Turismo Alternativo", nos embarcamos rumbo al Valle del Río Apurímac. En oportunidades anteriores había llegado a las dos primeras cataratas de Omaya y mi meta ahora era llegar a la quinta catarata llamado el "Rey del VRAE", salvo el largo trayecto de Ayacucho a San Francisco, llegar a las 5 cataratas no fue difícil y nos dejó completamente satisfechos.

 

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Capítulo 1

Las 5 cataratas del VRAE en Ayacucho

Pichari, Perú — martes, 6 de enero de 2009

Una lluviosa mañana de diciembre nos dirigimos al paradero de los combis que salen al Valle del Río Apurímac, los días previos y toda la noche anterior había llovido en Huamanga y rogábamos al cielo que pare la lluvia y nos permita disfrutar de un agradable viaje a San Francisco. En el Ovalo de la Magdalena se encuentran las agencias que hacen el trayecto a San Francisco, Sivia, Pichari, San Antonio, los "jaladores" se abalanzan como pirañas a los posibles viajeros y prácticamente los secuestran a sus respectivas agencias, pese a estos inconvenientes el servicio de los combis es bueno, hay el servicio normal que cuesta 25 soles hasta San Francisco y los de servicio especial cuesta 30 soles y tienen asientos cómodos y reclinables, debido a la lluvia cogimos el de servicio normal que demoró casi una hora en llenar el carro con los suficientes pasajeros.

Salimos  a las 9 de la mañana, pasando Quinua, un pintoresco pueblito de ceramistas a 40 Kilómetros de Huamanga, termina la pista asfaltada y continua una carretera afirmada que pese a las continuas lluvias se notaba bien mantenida, empezamos el ascenso hacia Apacheta entre la bruma que por momentos sumergía a los cerros aledaños y los árboles en la neblina, permitiendo una visión espectral del paisaje. Pasando Apacheta la densa neblina no nos permitió distinguir las innumerables curvas que bajan hasta la ciudad de Tambo, lugar donde se bifurca el camino hacia San Miguel, Chilcas, San Antonio, Chungui y los pueblos de Oreja de Perro. Ascendimos nuevamente hasta el abra Tapuna, lugar permanentemente cubierto de neblina producto del encuentro de la humedad caliente que sube de la selva y el viento frío que sopla de la cordillera central. A medida que bajamos se hace presente una densa vegetación y la temperatura empieza a subir, en Yanamonte hicimos un alto, hay algunas casas y quioscos donde venden comida y bebidas, continuamos el descenso acompañados de una incesante lluvia y una neblina cerrada que por momentos no permite mirar más de 10 metros, el combi tiene que hacer frenadas bruscas al encontrarse de cara frente a otros vehículos que vienen en sentido contrario, aún cuando la carretera es buena en su mayor parte, por momentos es tan estrecho que los vehículos tienen que pararse en los lugares más amplios para dar pase al otro. Por momentos no hay señales de vehículos en sentido contrario y los pasajeros comentan con temor de posible "huaycos" en la ruta, hechos frecuentes en esta época de lluvia.

En nuestro descenso pasamos por pequeños pueblos como Jano, Calicanto, Tutumbaro y Machente, éste último es la capital del distrito de Ayna por tanto la más importante de la ruta, pasando Machente el cielo empieza a aclararse y la lluvia para de improviso, pero unos kilómetros más adelante nos encontramos con una fila de vehículos que están parados, se confirma el temor de los pasajeros, bajamos y caminamos para ver lo que ha pasado, nos encontramos con el deslizamiento de un tramo de la carretera en una parte empinada, hay obreros particulares trabajando para abrir el camino, no hay tractores y maquinaria para estas emergencias, al cabo de una hora empiezan a pasar los 4x4, cada carro que pasa debe pagar 5 soles a los trabajadores, algunos vehículos normales se atreven a pasar pero se quedan atascados en el medio y se viven momentos de pánico cuando siguen cayendo piedras y lodo de la parte superior, con ayuda de un camión logran remolcarlos; cuando han pasado varios vehículos de doble tracción pueden pasar los combis y también el nuestro, los pasajeros tenemos que pasar a pie y nos embarramos los zapatos en el lodo, finalmente, al cabo de un poco más de una hora arribamos a San Francisco, la ciudad más importante del Valle del Río Apurimac y Ene. El trayecto en tiempo normal y seco es aproximadamente 6 horas, pero nosotros lo hicimos en  8 horas, cuando arribamos ya era las 5 p.m. y sólo pudimos mirar la ciudad y los alrededores desde nuestro alojamiento.

Al día siguiente , milagrosamente amaneció despejado, con mi hermano de guía y su esposa partimos un grupo de 5 personas, tomamos un taxi, los que hacen colectivo a Pichari, hasta el pueblo de Catarata que nos cobraba 5 soles a cada persona, cruzamos el puente de San Francisco a Kimbiri, en la margen derecha del Río Apurimac que pertenece ya al departamento de Cuzco, en el trayecto entramos de pasada a la Comunidad Ashaninka de Sanpantuari, luego continuamos por una carretera empedrada con dirección a Pichari, en Omaya la carretera se desvía hacia la derecha con dirección al pueblo de Catarata, en unos 20 minutos ya estamos en el punto de partida hacia las cataratas y el taxi nos deja en este punto. Iniciamos la caminata por un camino bien señalizado, pasando por campos de cultivo donde podemos apreciar las mazorcas amarillas del cacao, los racimos rojos del café, plátanos, papayas, incluso plantas de coca y una innumerable variedad de plantas e insectos, cada vez más silvestres a medida que nos internamos en la selva, el camino sigue adyacente al río, los árboles son cada vez más altos y el ambiente se oscurece, son solamente unos 30 minutos de caminata liviana por un camino de poca pendiente y llegamos a la primera de las cataratas, la catarata "Angela" nos sorprende con sus 130 metros de caída, de la base de la caída más alta aún se prolongan cascadas más pequeñas hasta un lugar plano conde se han construido cabañas para descansar, unos 30 metros adelante se presenta la catarata "Angel", el cual sólo puede apreciarse en su total magnitud luego de cruzar un puente y subir a un mirador entre el follaje, la caída es aún más impresionante, tiene 110 metros y la verticalidad de la caída produce una neblina que apenas permite tomar las fotos, mientras nos extasiamos con el arco iris que se forma en la base de la catarata.

A continuación seguimos por un camino empinado, un letrero dice "La próxima catarata - Salto del Gallito", un poco más adelante hay un letrero que dice "Mi meta es llegar al Rey del VRAE", la trocha es angosta y ascendente, por tramos bastante empinada, en cada trecho hay letreros alusivos al cuidado del medio ambiente colocados por la Municipalidad de Pichari. Luego de un fatigoso ascenso de 40 minutos llegamos a una cabaña para descansar, descansamos unos minutos, la ansiedad por descubrir las otras cataratas nos empuja a seguir caminado a pesar de la fatiga, el camino es menos empinado, en un lugar mis compañeros se han detenido, me dicen que hay una serpiente por encima del camino, yo logro distinguir una serpiente de color negro que se esfuma entre el follaje, más adelante nuestro guía ha avistado un gallito de las rocas entre las ramas de un árbol, luego distinguimos que son dos con su pintoresco color rojo, aletean por un rato en las ramas altas del árbol, dejamos a los gallitos y continuamos nuestro camino. Sentimos el ruido del río y se nos presenta un puente desde el cual se puede apreciar la tercera catarata, el "Salto del gallito" es la catarata más pequeña, el letrero dice que tiene 60 metros de caída pero da la impresión que es menos, quizás porque está más lejos del camino. Luego de descansar unos minutos continuamos nuestra caminata, ahora el camino es mucho más empinado, pero llegamos a lo alto en unos 10 minutos solamente, al bajar al río sentimos una lluvia insistente, pienso que se acabó el día soleado, pero al llegar al puente nos percatamos que se trata de la lluvia producida por la cuarta catarata llamada "Velo de la novia", con sus 135 metros de caída es la más alta de todas, nos quedamos maravillados con la impresionante caída que al golpear casi en la mitad en las rocas se proyecta hacia adelante dando el efecto de velo y la misma que produce la lluvia artificial, es imposible quedarnos por mucho tiempo, estamos totalmente empapados por la humedad, por lo cual decidimos continuar hacia la quinta y última catarata. Nuestro guía nos dice que llegó hasta aquí por tanto ya nos internamos en terreno desconocido, la trocha que continua ya es muy angosto y por momentos se pierde, es muy empinado y estamos muy fatigados, se observa que no es muy transitado y falta mantenimiento, algunos tramos son resbalosos y peligrosos, ascendemos lentamente y tomando descanso continuamente, no sabemos realmente que distancia tenemos que caminar, pero al cabo de unos 20 minutos termina el ascenso, al acercarnos a una pendiente se nos presenta ante la vista la quinta catarata, el "Rey de VRAE", nos quedamos extasiados ante la vista de semejante belleza, la catarata hace honor a su nombre y nuestras cámaras no nos permiten una toma en toda la extensión, el salto desde lo alto de la pendiente en una caída sin obstáculos para precipitarse al fondo del precipicio levantando una lluvia artificial que se extiende en una neblina hacia el follaje de la selva, bajamos a la base de la caída pero no pudimos pasar al otro lado donde han construido una cabaña para el descanso, entendemos que por las lluvias de los días anteriores el agua es más abundante y que en otras épocas del año no tendrá la misma fuerza y cantidad del que ahora tenemos la suerte de observar, nuestro esfuerzo es recompensado por la satisfacción de haber llegado hasta el "Rey del VRAE", por la maravillosa vista que no nos cansamos de observar, por la selva mágica que nos rodea, por la naturaleza con sus plantas, insectos, aves, y por tantas cosas que nos reconforta el espíritu; finalmente pensábamos invertir todo el día y nos tomó menos de 3 horas llegar a nuestro objetivo.

Luego de un suculento refrigerio a base de frutas nos dispusimos a descender, nos detuvimos en el "Velo de la novia" para tratar de acercarnos, pero la fuerza de la lluvia es muy intensa y no permite acercarnos mucho. En cada catarata nos detuvimos un poco más tiempo y en el "Angel" tomamos un reparador baño que nos dejó como nuevos.

Aún cuando las 5 cataratas de Omaya justifican ya de por sí un viaje al VRAE, sin embargo hay muchos otros atractivos para el turismo. En la ciudad de Pichari se encuentra, a mi parecer, la plaza más bonita de la selva peruana, la Municipalidad tiene también un centro de investigación donde hay innumerables pozos para la crianza de peces con fines de repoblamiento, en Sivia hay un zoológico aunque me dicen que ahora está descuidado, en San Francisco hay restaurantes donde uno puede comer comida típica de la selva, hay una trocha que se ha abierto hacia Quillabamba que quizás en un futuro próximo se convierta en la ruta más corta para ir de Lima a Machu Picchu por carretera, hay muchos pueblos con sus atractivos propios a lo largo de ambas márgenes del Rio Apurimac, es tarea de las autoridades, los organismo de desarrollo y los medios de comunicación para promover el turismo en esta zona que podría constituirse en un factor de desarrollo, incluso para erradicar el narcotráfico, que dicho sea de paso no vimos señales de violencia de ningún tipo en todo nuestro recorrido, incluido nuestro retorno por San Antonio, la otra ruta que ahora está mejor conservada por el proyecto del gas de Camisea.

Mi agradecimiento a mis acompañantes, miembros del equipo de Pachamama (www.pachamama.ciap.org), Juan José Nalvarte y Grazia Testa (Italiana), a mi hermano Gaudencio y su esposa Mary por los momentos maravillosos que lo pasamos juntos.


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