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Costa Oeste de EE.UU.

Escribe: qvs2005
Una vuelta en auto desde Los Angeles hasta San Francisco

 

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Una vuelta hasta el Gran Cañon, Las Vegas y mas

Phoenix, Estados Unidos — sábado, 14 de febrero de 2009

Ciudad fantasma
Phoenix
Arrancamos rumbo al Cañon del Colorado por la noche, pensando hacer una parada para dormir en Phoenix, a cuatro horas de Los Ángeles. El camino fue largo y tortuoso debido a algunas reparaciones que se estaban llevando a cabo en la ruta. Antes de ingresar a la ciudad, pudimos ver los clásicos cactus y bolas de paja que pasan volando por la carretera, típicas de los westerns americanos, anunciando de esta manera la entrada al desierto de Nevada. Casi sin darnos cuenta teníamos Phoenix a nuestro lado, aunque no la habíamos visto dado que la autopista por la que circulábamos era un tanto elevada y, al ser Phoenix una ciudad baja y extendida, casi ni figuraba en la topografía de no ser por algunos edificios del centro. La ciudad es muy prolija, pero totalmente desolada a esa hora de la madrugada (2:00 am), parece a estrenar. Es como si sus habitantes hubiesen salido corriendo en un simulacro de ataque nuclear, o estuviesen mirándonos escondidos desde sus habitaciones festejando silenciosamente nuestra llegada. Lo poco que pudimos ver fueron algunos mejicanos que pasaban picando en sus automóviles, generalmente de a pares, bebiendo y largándonos algún improperio. Los únicos periódicos que vimos eran latinos, hasta una revista que anunciaba con bombos y platillos el próximo lanzamiento de la exclusivísima biografía de Don Francisco.
Gente extraña
Phoenix
Luego de varias vueltas sin rumbo, llegó el momento de ir a dormir. El único plano que teníamos de la ciudad era diminuto, abarcaba solo una parte de la ciudad y era bastante escueto. Luego de examinarlo y suponer que desde la First street hasta la Mullholand street habían solo tres cuadras, nos dispusimos a recorrerla en busca de alojamiento. Al cabo de un rato de infructuosa búsqueda, nos dimos cuenta que habíamos subestimado el tamaño de la ciudad, y lo que en el plano representaba un cuadrado no era una manzana como las conocemos en Uruguay. Cada cuadrado representaba aproximadamente una milla por una milla, por lo que la ciudad pasó a ser mucho más grande de lo que pensábamos, para nuestra desgracia a esa hora de la noche y sin dormir. Luego de dos horas de frustrados intentos de conseguir una cama, decidimos preguntarle a la (poca) gente que por allí pasaba.Primer intento: estacionamos junto a un mercadito de 24 horas, donde el pelmazo gordo que lo atendía andaba con poquísimas ganas de dar explicaciones, y poniendo cara de berenjena nos mandó a pasear. Segundo intento: paramos el auto al costado del camino para inspeccionar el mapa por decimocuarta vez. Momentos después se acercó una embriagada-drogada-golpeada mujer a preguntarnos si precisábamos ayuda. (Lo patético del asunto es que justamente ella nos viera como unos seres desamparados necesitados de ayuda). Cuando me aprontaba a explicarle nuestra situación, apareció por detrás suyo un tipo enorme con cara de pocos amigos que la sujetó con fuerza por el brazo, y nos mandó a la 48 street y no se cual más. Pero no importaba, el mensaje era claro: váyanse.Tercer intento: arrancamos nuevamente y en ese momento vimos a un moreno inmenso que caminaba zarandeando su gigantesca humanidad, dibujando ochos en el camino. Dadas las circunstancias en que nos encontrábamos, frenamos, juntamos valor y le hicimos una tímida pregunta: «¡Como corno salimos de esta maldita ciudad!». Este personaje se abalanzó sobre la ventanilla del automóvil para darnos sus indicaciones, pero a medida que las daba fue tomando más confianza. Mientras le hablaba al Loncha, observé su cara y noté como miraba a mi amigo con un ojo, y con el otro observaba la guantera del auto, mientras mascaba artísticamente un palillo e inundaba de alcohólicos vapores todo el interior del auto. Cuando la situación se puso insoportable dadas las excesivas libertades que se fue tomando este individuo (su cabeza y parte del torso adentro del auto), comencé a apretar suavemente el acelerador, adelantando el auto y despidiéndome de a poco.– Well, thanks... goodbyeee!Este gesto molestó un poco al hombre, que se violentó comenzando así una extensa catarata de insultos:– Hey men, wasup! Como on you fuck#$%&!!!##&$$$!!!Pisé el acelerador hasta el fondo y nos alejamos, viéndolo correr a través del espejo retrovisor. Sin marcha atrás
Arizona
Procuramos alejarnos de ese bochorno lo más rápido posible, sin darnos cuenta que el tanque de nafta estaba entrando en la reserva. La civilización dejaba sus últimos rastros y a nuestro frente, el desierto, a las 3:00 a.m. y sin dormir. Ni alojamientos, ni luces, ni nada. Siniestras imágenes acudieron a nuestra mente, como la de tres personas con el auto parado al costado de la ruta, el tanque vacío y un frío de morirse, esperando una ayuda que difícilmente llegue. Ya es demasiado tarde para volver, por lo que lo mejor es seguir hacia delante, esperando divisar alguna luz salvadora. Amanece un nuevo día y seguimos avanzando, petrificados y en el más absoluto silencio. Finalmente una estación y más adelante, un motel. Podemos continuar. Easyriders y Maracaná
Williams
En el camino hacia el Cañón del Colorado hay dos pueblos: Flagstaff, donde encontramos muchos hospedajes, aunque bastante caros y para la gente que va a esquiar o vacaciona en las montañas; más cerca del Cañón escuchamos que se encuentra otro pueblo llamado Williams, sobre la famosa Ruta 66, que cruzaba antiguamente – y lo sigue haciendo – la totalidad de E.E.U.U. de este a oeste. No hizo falta más nada para convencernos que ahí nos quedaríamos. Nos alojamos en un motelucho cuyo dueño se hacía llamar a si mismo “Papacito” y, medio tomado, me confesó al oído que algunas camareras latinas también lo llaman «...gringou de mierda!». Entre fantasía y realidad, me contó que anduvo por Argentina y Brasil, que estuvo en el mundial ´78 y que jugaba al fútbol cuando yo no era ni nacido. Dijo esto elevando el tono de su voz, un poco caliente por la expresión de mi rostro, casi al borde de la burla luego que me contara que jugó al “soccer” en varios países. Acerca del Uruguay, me contó «Siii, conozcou... campeones del ´30 y el ´34, también del ´50 con Maracanazou 2-1 contra Brasil, yeah!». El Gran Cañón
Arizona
Llegamos al Cañón al atardecer. Decidimos contemplarlo a esa hora y también al día siguiente por la mañana, ya que el juego de luces y sombras que se produce a esas horas permite apreciar sus formas de mejor manera. El camino que conduce al Cañón (previo pago de diez dólares) provoca mucha expectativa, ya que no se ve absolutamente nada, hasta que aparece al frente en todo su esplendor. Inmenso, grandioso, soberbio, cualquier adjetivo que pretenda describirlo queda ridículo. Al anochecer comenzó a bajar un frío congelante (contra todo sabio pronóstico que indicaba «.... pero te digo que en el Cañón te vas a morir de calor, compráte un bronceador factor 24»). Al rato comenzó a levantarse un fuerte viento, y la visibilidad empeoró debido al polvo que éste levantaba. Tuvimos que sostener con fuerza unos caricaturescos sombreros de cowboy comprados esa misma tarde (¡yes!), temiendo que acabasen en el fondo del cráter. La formidable experiencia del Gran Cañón quedó atrás a las 16:00 p.m., cuando partimos rumbo a Las Vegas. El hombre de acero estuvo aquí
Nevada
Camino a Las Vegas hicimos una parada en la ruta tan inesperada como sorprendente. La carretera desde el Cañón del Colorado es en bajada permanente, y a la velocidad con que la tomamos sentimos como se nos tapaban los oídos. Al caer la noche, llegamos a un lugar totalmente oscuro y donde reinaba el más absoluto silencio que haya vivido. La ruta pasa justo al lado de la Hoover Dam, la represa más grande de E.E.U.U., una profunda y gigantesca mole de hormigón armado. No pasaba ni un auto a esa hora por el sinuoso y descendente camino, e hicimos una parada para contemplarla y comprobar cual niños el interminable eco que producían nuestras voces. Cierta familiaridad me trajo ese momento. Acudió a mi mente una secuencia de Superman I que se desarrollaba en éste increíble lugar, cuando un terremoto destruye la represa en su totalidad, y permanecí satisfecho de que esos banales conocimientos adquiridos finalmente sirvieran para algo. Horarios inesperados
Las Vegas
Arribar a Las Vegas en la noche desde el Cañón del Colorado nos dio una perspectiva diferente de la ciudad. Llegando a la misma desde lo alto, pudimos apreciarla en su totalidad, y su extensión superó nuestras iniciales expectativas ya que sus interminables luces se perdían en el infinito. A lo lejos divisamos The Strip, la calle principal que concentra los más nuevos e imponentes Hoteles –Shoppings-Casinos, así como la Stratosphere Tower, una torre de 350 metros de altura con un mirador y una montaña rusa en lo alto (la cual sirvió durante nuestra estadía como referencia permanente para ubicarnos).Llegamos a la ciudad un martes a las 22:30, sumamente cansados por un viaje agotador de seis horas, y fuimos derecho a buscar alojamiento. Lo encontramos en una calle secundaria, nos instalamos y luego de un breve descanso salimos a reventar la noche. Dimos unas vueltas por el centro y la parte vieja de Las Vegas y recorrimos The Strip en toda su extensión, sorprendidos porque no veíamos mucho movimiento. Entramos a uno de los casinos más famosos, el Luxor, con forma de pirámide. Dentro de él había muy poca gente, tan solo unos pocos personajes de rostros desesperanzados empeñados en seguir perdiendo su dinero. Siendo ya las 2:00 am, decidimos probar suerte en otro casino, pero la historia se repitió. «¿Dónde estaremos fallando?» reflexionamos sin encontrar una respuesta. Luego atravesamos una enorme peatonal techada de cinco o seis cuadras de carteles luminosos, todo dispuesto para nadie. Cabizbajos, regresamos al hotel a las 2:30 am, esperando que al día siguiente esto cambiara, y no tener que contentarnos imaginando como serían estos vacíos escenarios llenos de gente. El Ave Fénix resurge de sus cenizas
Las Vegas
A la mañana siguiente, luego de un suculento desayuno que tuvimos la delicadeza de aprovechar al máximo (apoderándonos de toda tostada, donas, dulces, quesos y demás bocados justo antes que una mano enemiga nos lo arrebate), iniciamos una nueva recorrida por el centro y... ¡sorpresa! La gente comenzó a aparecer por todos lados y la cosa ya era distinta. Personajes con sombreros extravagantes, pieles de leopardo y demás especimenes que mi cabecita pedía ver a gritos. El espectáculo alcanzó su máxima expresión al caer la tarde, cuando comenzaron a encenderse algunas luces. Finalmente, todo se trata de meras imitaciones en medio del desierto de hermosos y distantes lugares.Una de ellas, recrea Venecia a la perfección, con la Piazza San Marco, los palacios, los canales, el puente de Rialto, y hasta los gondolieri pasan entonando alguna canción. Hermosa farsa... ¡hasta me la creo! Otra recreación se da dentro del Caesar´s Palace, donde uno se siente caminando por las mismísimas callejuelas romanas, imitadas desde el pavimento a las alcantarillas, con sus fuentes y sus piazzas. Incluso el techo se presta para la farsa y, como un cielo interno, va cambiando de color a medida que pasan las horas, yendo desde un celeste intenso sobre el mediodía hasta un rojizo atardecer. Pero todos estos escenarios no tendrían sentido sin las grandes salas del vicio, imponentes y ruidosas, con su alienante música de moneditas cayendo continuamente y el tin-tin-tin de las mismas que se repite hasta el cansancio.A la noche recorrimos nuevamente sus calles, pasando otra vez por aquella desolada peatonal que un día antes había sido deprimente. Esta vez era un mundo de gente ruidosamente consumiendo: hindúes, palestinos, chinos, japoneses, latinos, etc. De pronto, las luces de la bóveda curva que cubre la peatonal se apagaron, así como las luces de las tiendas. Alguna gente que sabe lo que viene comienza a gritar, mientras suena a todo volumen un tema de Led Zeppelin, y empiezan a proyectarse sobre la bóveda curva (ahora pantalla), coloridas y psicodélicas imágenes que fluyen y se pierdan a través de la misma. Lo siguen temas de los Rolling Stones, Los Beatles, The Who, Jimmy Hendrix, solo faltando alguno de Los Fatales para que el espectáculo fuese redondo.

Publicado el 14/feb/2009, 11.33
Modificado el 7/feb/2010, 05.09
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Últimos comentarios

maratial dice:
Guauu que experiencia, sin dudas me quedo con el cañon y Las Vegas y descarto al morochote que se metia en el auto!!. Estas muy buenas todas tus descripciones, parecen una novela. Saludos
Publicado el 16/feb/2009, 21.56 

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