Día 5º
Nos despertamos tempranito, tomamos un desayuno ligero y partimos hacia Phoenix. La raya la pasamos por Sonoyta-Lukeville, donde no han visto un pasaporte español en su vida. Ahí deben mandar a todos los que se portan mal del Departamento de Migración de USA. Qué desastre de gente. Tras una hora de espera nos comentan que si vivimos en México y tenemos pasaporte mexicano, ¿por qué no tenemos la visa gringa y así todo sería más fácil para ellos? Literal.
Al cabo de un buen rato en el que vimos cómo investigaban a alguien con pasaporte ruso (pobre infeliz) que llegó antes que nosotros y allí siguió cuando nos fuimos, y a una familia mexicana que quería ir a Phoenix a celebrar los 80 años del abuelito, nos dejaron pasar y al cabo de tres horas de coche, llegamos a Phoenix. Exactamente a Scottsdale, donde nos alojamos en el hotel Mondrian, que por 84 USD está perfecto. Minimalista y con pretensiones de diseño.
En el bar uno espera toparse con el mejor Mauricio Garcés tomando un jaibol. Entren a su página web porque es curioso. Una vez instalados, salimos a comer parando a comprar bebida y comida para los días por venir, que los pasaríamos en zonas muy turísticas.Phoenix es el lugar en el que más calor he sentido del mundo que conozco y conozco lugares calurosos y soy de un lugar caluroso. A las 7:30 estábamos a 41 grados Celsius. En medio de este infierno, fuimos a cenar a Sol y Sombra, restaurante español de buena comida y mal servicio.
Regresamos a Old Scottsdale donde hicimos tiempo tomando un helado y un café y nos metimos en el hotel a resfriarnos con el aire acondicionado.