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Ruta 66: Conduciendo por Arizona

Escribe: jeysen
Relato de mi viaje en camioneta por el estado de Arizona. Descripcion precisa de los lugares a donde ir y mis experiencias personales.

 

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Capítulo 1
 

Destino: Arizona

Phoenix, Estados Unidos — viernes, 6 de marzo de 2009

Hora de partir. Esta vez no me embarco hacia aventuras en las selvas o nevados de América del Sur ni a experiencias en ruinas míticas mayas en Centroamérica, ni caminatas bajo la sombra de los rascacielos neoyorquinos, esta vez voy al suroeste de los Estados Unidos. Mi destino: Arizona. John Wayne, vaqueros, balas, desierto, bases militares secretas y un cráter pueden hacer alguna alusión a mi destino. Un viaje algo distinto en un principio, salvo que las experiencias no las da el destino al que vayas, sino tu deseo de aprender sobre la gente y la tierra que has de pisar.

Con ese pensamiento me dirigí al desierto en pleno invierno estadounidense.
Arribé a la ciudad de Phoenix, Arizona; procedente de dos paradas en las ciudades de Washington D.C. y Denver.  Esta es la mejor opción si se desea ahorrar unos cuantos dólares.  Phoenix cuenta con una población cercana al millón de personas, tomando en cuenta que es la segunda ciudad de mayor crecimiento en toda la nación, y una población total de 4 millones de habitantes. Compuesta originalmente por indígenas norteamericanos procedentes de Alaska que llegaron a la región a través del estrecho de Bering, y posteriormente por el anglosajón que ocupó gran parte del territorio, Arizona es un país dentro de los Estados Unidos. Tiene su propia cultura y tradiciones.

Además, es un buen punto de referencia para visitar algunas ciudades importantes de la región como Los Angeles, a  6 horas en automóvil, Las Vegas a 4 horas y Alburquerque, Nuevo México a 4 horas.

Historia de Arizona

La historia de Arizona tiene una rastro multiétnico sin igual. Grupos españoles del imperio alcanzaron la región, así como mexicanos y anglosajones. Las migraciones fueron contínuas, pero hay datos que revelan rastros de comunidades Hopi entre el 1300 y 1600. El legado de españoles y misioneros cristianos proliferó en la región hasta que se enarboló la bandera tricolor de México en 1821. Europeos se unieron a los grupos que ya se encontraban en la región para trabajar en el próspero mercado de la minería.

Este estado tiene un 27% de sus tierras en propiedad de las nativos norteamericanos y existen 23 reservaciones indígenas.
Los grupos indígenas tienen poblaciones muy grandes, ubicadas en medio del desierto. Cuentan con su propio sistema legal y viven en parajes solitarios que usualmente pueden ser vistos en la distancia a extremos de la carreta. De éstos se destacan los Hopi, Navajo, Apaches y Hualapai. Entre su población existen las cifras más altas de deserción escolar, suicidios, alcoholismo y diabetes, debido a su dieta casi exclusiva de maíz. Males que el resto de la población estadounidense prefiere ignorar.

El toque cultural de estos grupos le ha brindado a este estado un colorido que difícilmente otro pueda superar, con excepción de Louisiana.

Sedona, Arizona

Mochila en mano concentré mis esfuerzos en iniciar mi viaje en el norte del estado. Mi primera parada la hice en el pueblo de Sedona. Conocido por sus hermosas montañas rojas este lugar tiene una profundidad espiritual como ningún otro. En algunas zonas, indígenas de diversas reservaciones hacen rituales en las montañas y dicen que el lugar tiene energías que incluso, pueden sanar.

Sedona, también es el hogar de múltiples artistas que han quedado impresionados por su belleza escénica y la han plasmado en sus obras. Para llegar, hay que tomar la i-17 y desviarse en la ruta 179, salida 89ª hacia Sedona. La carretera se adentra en unos paisajes marcianos sumamente impresionantes y te lleva al corazón de las comunidades indígenas en Arizona. Dentro de Sedona, es imprescindible visitar Tlaquepaque. Este lugar, es un pequeño centro de compras de obras de arte y artesanías indígenas. Así mismo, se exhiben obras de artistas nativos de Sedona y en ocasiones hay música al aire libre. En la misma ruta, se encuentra la capilla de la Sagrada Cruz. Esta capilla católica, se encuentra enclavada en una roca gigante en medio del desierto con vistas panorámicas de Sedona. Para llegar al lugar, deben seguir la 179, y girar a la izquierda en Chapel Road.

Al llegar al lugar, tuve que dejar el auto varios metros del lugar. Caminé jadeando por una larga cuesta bajo el sol. Cuando entré a la capilla, sentí una paz extrema. Un ambiente místico irradiaba el lugar. Dentro, y al fondo, una gran cruz incrustada en un vitral adornado con ángeles y trompetas. Mientras preparaba el lente de mi cámara para más fotos, observé un ángel con una espada, guardían de hierro de la capilla. Frente al ángel, una vela roja prendida nos recordaba que entrábamos a un lugar de albergue al espíritu.

Flagstaff, Arizona

Continúe mi travesía por la autopista. En una camioneta 4 x 4 me dirigí por la i-17 hacia Flagstaff. Un viaje de dos horas, a través de altitudes de más de 7,000 pies te brinda unas vistas panorámicas espectaculares. 
La transición del rojo desértico al blanco alpino se muestra sutilmente, hasta que de pronto, todo mi paisaje era blanco.

En invierno, existen muchos parques nacionales con opciones de disfrutar de deportes de invierno como “snowboarding” y “hicking” en las montañas de San Francisco, como se conoce el lugar. La noche anterior, un gran accidente de 20 autos dejó varias personas heridas. No es para menos, las condiciones de la i-17 hacia Flagstaff en invierno son muy peligrosas, especialmente si se viaja de madrugada ya que las carreteras están congeladas atravesando tramos con pendientes. Deben calcular la hora de llegada basado en su hora de salida y la ciudad de procedencia para que siempre estén conduciendo luego de las 8 de la mañana, hora en que el sol derrite el hielo.

Mientras atravesaba los parajes nevados repletos de altos pinos y una carretera de 4 carriles, a lo lejos divisé una enorme montaña nevada. Era el Humprey’s Peak. El punto más alto de Arizona y cuna del  
Snowbowl, centro de entretenimiento de ski. Una parada en la autopista para tomar una foto es obligatoria.
Al llegar a Flagstaff, sentí la sensación de estar en un pequeño pueblo vaquero mudado a Siberia. Personas caminando sin ningún apuro, sacando nieve del techo de sus casas, con enormes chaquetas de invierno, cafés humeantes en mano y alguno que otro auto chocado me dieron la bienvenida al lugar.

No tenía donde pasar la noche pero era algo que haría luego de conocer el pueblo, apenas eran las 11 del mediodía. Subí con mi camioneta por un tramo en cuesta que me llevaría al Observatorio Lowell. Atravesando bosques de pinos, dejé a Flagstaff varios cientos de metros abajo. Este observatorio es parte de la Universidad del Estado de Arizona y recibe fondos gubernamentales para su operación. Situado en una montaña contigua al pueblo de Flagstaff, desde el lugar se pueden apreciar unas vistas hermosas del pueblo.

Este observatorio, mantiene vigilancia constante de los asteroides que cada ciertos años amenazan a la tierra con un impacto. Su trabajo es prevenirlo y estudiar sus rutas y desarrollo. Al salir del observatorio, realizé una parada de descanso en un mirador. Observé por unos minutos el paisaje que tenía frente a mí. La vista de Flagstaff era la misma que las figuritas de casitas de porcelana dentro de bolas de cristal llenas de agua, sólo que esta vez no había agua y sí mucha nieve.

Ya caía la tarde, y la vista del atardecer, la nieve y las casas me dieron la sensación que el pueblo me pertenecía. Y sí, era cierto, desde mi punto de vista y mi propio mundo.
Salí del mirador, a buscar un lugar dónde pasar la noche. Esa búsqueda me llevó a la mítica ruta 66. 

Ruta 66

Atravesar a toda velocidad esta histórica ruta 66 es el sueño de cualquier motorista. Las ruedas de la motora quemando la goma con el asfalto, a 80 millas por hora, mientras el viento te golpea  
la cara y observas a cada lado, bares, montañas y saguaros es una experiencia que podría hacernos recordar al Che y Alberto en su motora Phantom viajando por Surámerica. “La madre de todas las carreteras”, así la llamó el escritor John Steinbeck en la melancolía de la década de los cincuentas, donde los moteles con llamativas luces de neón y restaurantes de hamburguesas y batidas de vainilla servidos por hermosas meseras en patines, era el paraíso prometido por el nuevo orden luego de la Segunda Guerra Mundial.

Desde Flagstaff, se puede tomar la ruta 66 y ver algunos lugares que no han cambiado mucho con el tiempo. De hecho, si se desea buscar alojamiento en Flagstaff, gran parte de los hoteles y hostales se encuentran en esta zona. La ruta 66, una carretera olvidada que devuelve la melancolía del pasado. En esta ruta, localizé un buen lugar donde pasé la noche. Se llama el Travelodge. Este hotel, tiene una gran cantidad de habitaciones sencillas e incluyen desayuno. El desayuno no es uno completo y sólo incluyen cereal de maíz y “muffins” de blueberry o fresas.

Además, cuentan con café con leche y jugo de naranja. De todos modos, es un buen comienzo del día. Las tarifas fluctúan por temporada pero el promedio es entre $50.00 a $55.00 dólares por noche. Queda ubicado en un punto créntrico de Flagstaff y desde allí se puede acceder a restaurantes de comida rápida y atracciones. El calentador de las habitaciones no es el mejor, cuando tienes temperaturas en el exterior bajo los 12F. Así que es mejor llevar suficiente ropa de invierno y mantas para dormir por si no es suficiente.

Amanecí bajo un frío ártico. Mi camioneta, que había estado afuera del hotel toda la noche, estaba congelada. Dejarla calentar diez minutos fue suficiente para derretir el hielo. Salí del hotel hacia unos parajes nevados espectaculares donde tomaría unas fotografías. Detuve la camioneta frente a un valle donde la nieve era tanta que se perdía en la distancia. Un paisaje gemelo a una pintoresca imagen de Siberia con sus casitas y chimeneas humeantes. Tome el balance para tomar fotografías hundido en tres pies de nieve pero lo logré.


Meteor Crater

Mi plan inicial era visitar el Gran Cañón del Colorado, ubicado a 1 hora y media de Flagstaff, pero las condiciones atmosféricas me lo impidieron. La carretera estaba congelada y era inseguro conducir al lugar. Las imágenes del cañón rojo, se tornaron blancas e innacesibles. Por ello, decidí aventurarme a visitar el parque del meteoro o Meteor Crater.

Este parque, queda ubicado en la autopista i-40 que se dirige a Alburquerque, Nuevo México. Para llegar al parque, cerca de 6 millas, tomar la salida 233 hacia Meteor Crater. Esa ruta, te llevará a una carretera de sólo dos pequeños carriles, uno de ida y otro de vuelta en medio del desierto. Nada más que tú y tu auto. Los paisajes a ambos lados de la carretera son impresionantes ya que sólo se componen de tierra y rocas rojas.

Conducir en esa ruta es como estar dentro de una cápsula con ruedas en el suelo de Marte. La atracción principal del parque, es un cráter dejado de un asteroide de hierro y níquel que impactó la tierra hace 49,000 años. Es el cráter mejor conservado en el mundo. Tiene 4,100 pies de ancho, 560 pies de profundidad y puede albergar 20 estadios de fútbol. Tiene un pequeño museo con una sala que muestra diversos impactos de meteoritos en el mundo, 
muestras de meteoritos caídos a la tierra y una sala de cine.

Salí del parque, en ruta hacia Phoenix conduciendo mi camioneta por los parajes más hermosos que he visto en territorio estadounidense. Mientras conducía, dejaba gradualmente el blanco de la nieve del norte atrás para recibir nuevamente el rojo de las montañas rocosas, escuchando la música de Los Ramones y uno que otro tema de Whitesnake y Chicago. La interferencia del radio que de vez en cuando tomaba el control de mi música, no dejó que me sintiera grande en un instante.

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Últimos comentarios

Camila_79 dice:
Hola Jeysen, tremendo relato, muy arriesgado ese viaje en invierno, pero los paisajes deben ser impresionantes. Yo me enamore de flagstaff, del centro, del sonido del tren cada 5 minutos, de su espiritu bohemio, pero a 12F no se si pueda sentir lo mismo, jajaja, muy bueno e informativo...
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jeysen dice:
Jaja Hola Camila yo pensaba que iba a estar frio pero no tanto! pero olvide un pequeno detalle...la altura de Flagstaff a 8,000 pies! quizas si la ciudad estuviese un poco mas abajo del nivel del mar fuese un poco mas calido....pero sabes que vale la pena ir en pleno invierno, es espectacular.
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Avion de propulsion a chorro. Sedona, Arizona.

   

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