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Viaje de Gerti y Guillermo Asia 2011

Escribe: guillegarcia
Si te encuentras entre aquellos que buscan, debes saber que en el puerto hay una nave que te aguarda. No trates de averiguar tu destino, lo importante es partir . . .

 

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Phnom Penh, indescriptible, sensible, la humanidad al desnudo

Phnom Penh, Camboya — viernes, 25 de marzo de 2011

La buena ubicación del hotel, nos permitió ayer por la tarde hacer una recorrida por los alrededores, entramos a una pagoda, de las tantas que abundan en Camboya, donde un monje muy cordialmente nos fue mostrando el interior e incluso pudimos hacer sonar un gong de metal que produce un sonido con un eco muy especial. D allí al palacio del rey verdaderamente bastante pobre, mas allá de lo sorprendente de la pagoda que se encuentra en su interior con un piso de baldosa de plata, recubierto en casi su totalidad por alfombras.El viernes 25 contratamos un tuk-tuk, u$s 20 para realizar un tour por la ciudad y sus alrededores. Esto incluyo la visita a los campos de exterminio de la dictadura de Pol Pot y los Khmer Rojos, verdaderamente escalofriante, no vale la pena entrar en detalles. Para completar de regreso a la ciudad, se visita el S 21, un colegio que fue transformado en cárcel y lugar de tortura y asesinato de cualquier persona, grande o chico, recorrer las salas donde se ven las fotos de los asesinados, descubrir en esas miradas inocentes el terror de lo que les esperaba es muy duro.Ya de regreso pasamos por el mercado central, un enjambre de personas, donde se vende de todo, desde joyas en la zona central hasta una fruta u hongos secos, ropa o libros, carnicerías, pescaderías, relojes, artículos eléctricos, etc.

Es verdaderamente inmenso, lleva como dos horas recorrerlo, si uno no se para a regatear; consejo si es la hora de La siesta y en el interior de algún puesto alguien dormita, ni se te ocurra despertarlo para comprarle algo, pues te mandan a pasear de muy mal modo, que aunque no entiendas el idioma, igual te das cuenta.
Phnom Penh, choca, seduce, golpea, duele, da que pensar, inescrutable, pero está ahí, una realidad que se muestra con toda su fuerza.Camboya es un gran mercado, todo abundante, aunque sea mucho de lo mismo. La gente sigue para adelante, todo el mundo trabaja, ofrece algún servicio, todo se desarrolla en la calle a la vista de todos, se recicla lo increíble, sin prisa pero sin pausa. El Museo de Arte es una recopilación de budas y restos de lo que fue la cultura Ángor, no hay traducción al inglés, salvo un video que reproduce algunas escenas animadas de lo que fue la vida en aquella época.La costanera se llena de gente el fin de semana, tienen unos templetes de adoración a Buda donde rezan, prenden incienso, llevan flores y al salir compran unas jaulas con pajaritos, (creo que son golondrinas), que sueltan ceremoniosamente.

Llama la atención la tranquilidad con que se mueven y conviven, no hay gritos, los chicos no lloran, contrasta con la violencia que han vivido, y con el vértigo que imprimen los occidentales, corriendo todo transpirados sin ningún rumbo, donde ellos meditan y ven pasar el tiempo.
Curiosidades, las botellas de agua mineral, las rellenan con nafta y cada tanto, en una especie de mini estación de servicio, alguien le vende a algún motoquero, ya vimos la innumerable cantidad de funciones que puede cumplir este vehículo, y cada día descubrimos más. Gomería y compresor, directamente en lo que daríamos en llamar vereda, y al lado quizás algún sillón de peluquero, o alguien que corta y pica lo que luego alguien come.No hay propagandas con sexo, nada se oferta como en occidente con desnudos.Chocante, el turismo sexual de los occidentales, con chicas de edad indefinida. 

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