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Camboya con Mochila - Más allá de los Templos de Angkor

Escribe: con_mochila_es
Viaje a Camboya de mochileros que realizamos en septiembre de 2009. Durante un mes lluvioso recorrimos este país de este a oeste y de norte a sur tratando de mostrar la auténtica Camboya, la que existe al margen de los templos de Angkor. En http://www.conmochila.com podréis ver más fotos y videos del viaje.

 

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Bienvenidos al reino de Camboya

Phnom Penh, Camboya — martes, 13 de julio de 2010

Tal como nos pasó el año pasado el primer día en Bangkok, nos quedamos fritos por la mañana; pero la diferencia era que esta vez no teníamos prisa porque el vuelo a Phnom Penh no salía hasta la tarde.

La guesthouse donde nos hospedábamos está justo en una plaza situada al final de una callejuela que sale desde Rambutttri donde hay algunos cibers y bares. Justo en uno de ellos nos sentamos y nos pedimos una tortilla para desayunar, como hicimos tantos otros días. Mi vaso de leche con cola-cao por las mañanas es una de las cosas que mas eché de menos durante el viaje, aunque a decir verdad prefiero la tortilla al arroz hervido en ayunas.

Pagué la cuenta mientras Toni negociaba con un taxista para que nos llevara al aeropuerto otra vez por 350 bahts,  y aunque nos han llegado a pedir 600 bahts por el mismo recorrido en alguna ocasión, esta vez conseguimos establecer nuestra tarifa. Quedamos con él hacia las 12:00 y mientras se hacía la hora hicimos un poco de tiempo en el ciber escribiendo algun mail diciendo que estábamos bien (estoy segura de que este año no se puede quejar mi madre porque le escribí casi todos los días).

A la hora concretada nos acercamos ya cargados con las mochilas donde se encontraba el taxista y otra vez a hacer el mismo camino. Ese día, ya más despejada que el anterior, me di cuenta durante el tramo en coche de que no parecía que hubiese pasado un año desde la última vez que estuvimos en Bangkok, todo seguía igual: los edificios descomunales, el ajetreo por las calles, las pancartas de anuncios enormes, el bullicio de la carretera y al final el aeropuerto. Al llegar, el taxista estaba tan ansioso por coger a otros pasajeros en la puerta del aeropuerto que ni se molesto en pedir cambio para cobrar el viaje entero y se conformo con 20 bahts menos.

Ese día si tuve tiempo de volver a fascinarme con lo que es el aeropuerto de Suvarnabhumi recorriéndolo casi entero de una punta a otra. Ya en zona internacional nos volvieron a dar unos cuantos papeles para rellenar: unos para el visado a Camboya y otros otra vez para la gripe A. Si alguien se hubiese leído alguno de esos papeles apuesto a que no nos hubiesen dejado entrar al país después de contestar a la pregunta de en cuantos países habíamos estado durante la última semana, por si les parecía poco solo en un día en España, Italia, Emiratos Árabes, Tailandia y ¡¡de camino a Camboya!! ¿Alguien da más?

Este año decidimos coger directamente un vuelo de Air Asia a Camboya porque queríamos empezar el viaje desde la capital Phnom Penh y queda bastante lejos de Bangkok. Aunque no tanto con el avión ya que llegamos en menos de una hora.

Cuando empezó a disminuir la altura pude comenzar a observar el paisaje quedando fascinada con la bonita estampa. Todo lo que abarcaba mi vista eran campos de arroz, palmeras y montañas dejando apenas pequeños huecos sin color verde para casas y  carreteras. La escena se repitió hasta que se empezó a vislumbrar Phnom Penh, una ciudad sin grandes edificios ni grandes construcciones mas parecido a un pueblo que ha crecido que a la capital de un país, pero con otros muchos atractivos que poco a poco fuimos descubriendo durante nuestra estancia.

Al fin bajamos, el aeropuerto pequeño y modesto nos avisaba de lo que es el país; nada más bajar del avión pensé "por fin estoy pisando Camboya". Volvimos a pasar por una cámara térmica y fuimos a hacernos el visado. Tuvimos que ponernos primero en una cola donde entregamos los pasaportes y luego esperar para recogerlos donde estaba todo el mundo.

Allí uno de los agentes gritaba los nombres (muy bien pronunciados los nuestros la verdad, Antonio y Carme. No les debieron parecer dos nombres tan difíciles), para devolvernos el pasaporte y pagar los veinte dólares que vale la entrada al país. Nada que declarar y... ¡¡¡¡Bienvenidos al reino de Camboya!!!!!. Eso si, éste nos quiso recibir igual que Tailandia, a lo grande con otra tormenta. Sin darnos cuenta ya estábamos fuera del aeropuerto mojándonos. Rápidamente cogimos un taxi en compañía de una pareja de madrileños que venían en el mismo avión y para ir juntos le dijimos al taxista que nos llevara al miso hotel que iban ellos.

Hotel Indochina II. Gran error. No volvimos a pagar tanto por una habitación en todo el viaje: 20 dólares sin tener nada de especial, eso si, estaba muy limpia. El aire acondicionado es lo que más encarece el precio, pero nos acostumbramos a dormir siempre con ventilador y dormimos todos los días entre 5 y 8 dólares. No vi nada durante el camino, solo agua, coches que parecía que flotaban y un policía descalzo que más que dirigir el tráfico hacía el esfuerzo por ser visto y que no lo atropellaran.

Cuando pudimos descargar todos los bártulos nos fuimos a ver un poco la zona del río. Phnom Penh está situada justo en la confluencia de dos ríos, el Mekong y el Tonlé Sap. La zona del paseo fluvial esta llena de guesthouses y restaurantes, además de ser el lugar donde se encuentra el Palacio Real. Es por eso que sus calles estan siempre repletas de gente, niños vendiendo libros fotocopiados y conductores de moto y tuk-tuks hasta bien entrada la noche. No anduvimos mucho. Desmayados, paramos casi en el primer restaurante que vimos para hacer una comida-merienda-cena, un tailandés. Mientras nos tomábamos algo esperando los platos, unos niños se acercaron para vendernos cosas. Llevaban libros fotocopiados, la mayoría de ellos de historia sobre Camboya o de los jemeres rojos y también Lonely Planets en varios idiomas. No tenían nada en español, y pronto aprendimos que era la excusa perfecta para que dejasen de atosigarnos. "No thank you, we read in spanish". Aunque alguno insistía enseñándonos más libros en otros idiomas y los más incrédulos mirando nuestra Lonely Planet a ver si estaba en inglés. Al final aun les compramos un par de paquetitos de postales después de tenerlos Toni un rato entretenidos haciéndoles la puñeta, al fin y al cabo son niños. Recuerdo que en la mesa de al lado una niña miraba hipnotizada el móvil de un turista que le mostraba como funcionaba.

Dimos una vuelta antes de ir a la guesthouse y paramos en un bar a hacernos una cerveza. Nos sentamos en una de las mesas de la calle y al rato se acerco una niña que se quedó de pié a mi lado. Nos miraba mientras recitaba cantando alguna cosa en inglés, pero hablaba tan bajito que no se oía nada. Era tarde y la niña seguramente solo nos estaba pidiendo un dólar. Es duro; lo fue para mí tener que enfrentarme por el país a esas miradas clavadas que suplican que les des algo y saber que aunque les des algo no vas a cambiar nada. Y no es cuestión de tacañería, que darle algún riel no nos supone nada, todos lo sabemos. El problema es que dándoles dinero estás fomentando a que sigan en la calle mendigando, o peor aun, cuando ese dinero ni siquiera es para ellos y hay alguien esperando en la esquina para cobrar. Esta fue una de las cosas que más me costó encajar del viaje, es difícil saber donde está el límite, porque ahora que lo pienso ni siquiera sé si debimos comprar las postales a los niños...

Camboya es hoy aun un país intentando superar las consecuencias de muchos años de guerra que han dejado su fruto: hambre, pobreza, prostitución... Fue el día siguiente cuando empecé a entenderlo todo.

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Últimos comentarios

Manuelmendez dice:
Carme, me está gustando mucho tu diario. Comparto tu inquietud ética sobre la mendicidad infantil fomentada por el turismo. Yo sigo una norma: solamente doy dinero cuando veo que la gente del lugar también lo hace. Y nunca he visto que den limosna a los niños, ni les paguen por posar para una foto.
Sigo leyendo.

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Desayuno en la plaza de Rambuttri Village

   

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