Escribe: un viajero
Tras recorrer la penumbra del desfiladero -llamado el Siqh- aparece la fachada dorada del templo túmulo real de Kashné con su preciosa decoración de influencia grecorromana. El acusado contraste entre luces y sombras acrecienta la impresión que ofrecen al viajero las imágenes de estas ruinas arqueológicas, tal vez las más bellas de todo el Oriente Medio.
Petra un lugar fascinante de jordania
Petra, Jordania — viernes, 23 de julio de 2010
Tras recorrer la penumbra del desfiladero -llamado el Siqh- aparece la fachada dorada del templo túmulo real de Kashné con su preciosa decoración de influencia grecorromana. El acusado contraste entre luces y sombras acrecienta la impresión que ofrecen al viajero las imágenes de estas ruinas arqueológicas, tal vez las más bellas de todo el Oriente Medio.En esta ciudad, situada en el desierto sur del reino de Jordania todos los rincones se convierten en motivo de asombro. La armonía de colores y las líneas arquitectónicas es magnífica. Para caminar por sus senderos de piedra y admirar detenidamente todos los monumentos se necesitan un par de días y un buen entrenamiento físico. El tamaño del área monumental es considerable.A ciertos lugares distantes se puede llegar montando burros o camellos que los beduinos alquilan a los viajeros. Es curiosa la parsimonia de estos animales. Van solos recorriendo a paso lento todos los monumentos deteniéndose ante cada uno de ellos, sin necesidad de que el improvisado jinete se lo indique tirando de las riendas.Los beduinos no se molestan en acompañar al turista, permanecen sentados a la sombra, fumando mientras esperan que el camello cumpla estrictamente el trabajo regresando a su lado al final de cada recorrido.Una tarde dejé el camello junto a unos monumentos de deseaba visitar. No había nada donde atar las riendas, de manera que las dejé bajo el peso de una piedra bastante voluminosa. No sé si yo me demoré demasiado o si fue el camello que se aburrió y decidió que ya era hora de volver junto a su amo. El caso es que tiró de las riendas hasta que logró liberarse de la piedra y tranquilamente regresó al punto de partida dejándome de a pie en medio de las ruinas.En el desierto el ocaso parece llegar de repente, alargando las sombras de los monumentos. La penumbra se acercaba rápidamente y tuve que apurar el paso para llegar al lugar donde había dejado el coche.Finalmente llegué, casi agotado por el esfuerzo. Y allí estaba mi camello rumiando tranquilamente junto al beduino que seguía sentado en el mismo lugar, fumando impertérrito.Al subir a mi coche tuve la sensación de que ambos me miraban y se reían entre ellos…
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Nota del Redactor: Este fragmento pertenece a una serie de artículos publicados en la década de 1980 a través de la agencias de prensa de Orient New Service y France Press. En la actualidad Petra está más preparada y dispuesta para recibir al turismo organizado. No obstante una cierta masificación, los monumentos milenarios siguen conservando su magia especial. Lo más destacado que pude observar en mi último viaje fueron los conciertos de música beduina que se llevan a cabo a la luz de miles de velas en la amplia explanada situada frente al imponente Kashné. Flautas, un pequeño tambor parecido al pandero y algún cordófono primitivo parecen rescatar del olvido a los sonidos melancólicos que acompañaban hace siglos a las viejas caravanas. La caminata de cerca de un kilómetro por el tortuoso laberinto del Siq es algo inolvidable. Cientos de turistas y viajeros invitados caminan en silencio, como peregrinos en medio de la noche. Nadie habla para no romper el hechizo. Sonidos de pasos que reverberan entre las oquedades de la piedra. Sólo las pequeñas luminarias de papel situadas al pie del sendero logran insinuar una tenue claridad; la suficiente para distinguir el camino… A ochenta metros de altura las enormes y empinadas paredes de roca del sinuoso desfiladero permiten vislumbrar un cielo negro y plagado de estrellas.Estos conciertos se llevan a cabo tres veces por semana coordinados por la entidad nacional de turismo del Reino Hachemita de Jordania. Los organizadores de este evento reúnen grupos en los principales hoteles del país. En todos los casos se recomienda respeto, hablar en voz baja, no tomar fotografías con flash. Los asistentes se sientan sobre las piedras, en el suelo, sobre cojines, todo sirve para disfrutar del momento y evocar un pasado enmarcado por la belleza del lugar. Beduinos surgidos de las sombras del tiempo se acercan solícitos ofreciendo tacitas de té de hierbas con miel. El concierto dura algo más de una hora. Luego el regreso, también a pie, a lo largo del desfiladero erosionado por el tiempo. Una experiencia inolvidable…
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