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El circuito del norte
Escribe: SURI-MAUI
En bicicleta recorri varios lugares del norte peruano. A traves de grandes tierras de cultivo, como desiertos y selva alta, asi como las montañas serranas para luego pasar por quebradas y una...
El circuito del norte
Perú — jueves, 17 de mayo de 2007
DIA 01:
Es día miércoles, 18:00 horas. Me encuentro solo en la estación del Terminal terrestre Fiori con rumbo hacia la ciudad de Chiclayo con todas mis cosas a llevar. A las 20:00 horas parte el ómnibus con marcha un poco lenta.
DIA 02:
El viaje tuvo retrasos. Alas 2:00 horas del día dos, el ómnibus sufrió desperfectos en la corona. Sin perder tiempo tuve que hacer un trasbordo hacia otra empresa al que aborde cerca de las 3:30 horas. Este también se malogra, mas su corrección fue más sencilla. No duro ni una hora. A las 6:00 de la mañana emprendimos nuevamente el camino. A las 10:00 horas llegue al cruce de Mocupe hacia Zaña en el que me baje del ómnibus. Tuve que abordar el siguiente ómnibus porque las provisiones que iban en el anterior quedaron en otra bodega olvidada, así como la carpa. Cerca del medio día llegue obligadamente a la ciudad de Chiclayo, donde recupere lo antes olvidado.
Pensé cubrir el inicio de ruta a partir de Chiclayo en ese entonces, pero tras preguntar a otras personas la autopista hacia Cayalti, nadie sabía responderme. Me indicaban en la misma dirección en que había venido con el ómnibus, hasta el cruce de Mocupe hacia Zaña, así que comencé a pedalear hacia el lugar donde ya me había bajado del ómnibus antes de perder mis provisiones en el otro ómnibus que había dejado. Al haber recorrido 3 kilómetros recordé que el ómnibus se demoro mas de media hora en recorrer ese tramo hasta Chiclayo, y que yo lo haría en mucho mas tiempo, a pesar de no tener sol en el cielo que me sofoque. Tome una combi, la que me dejo en el cruce hacia Monsefu, así que tome después de media hora de espera en la autopista, un ómnibus el que me dejo en el cruce de Mocupe. Ya eran casi las 14:00 horas.
Después de alistar mis cosas, amarrar las provisiones a la parrilla junto a la carpa, colocar mi mochila, colchoneta y sleeping sobre mis espaldas, me puse la pañoleta, casco y gafas y comencé el recorrido en dirección este con rumbo hacia el primer punto de parada: Cayalti. Son las 14:00 horas. El cielo esta nublado levemente. Algunos rayos de sol quieren colarse por entre las nubes. El aspecto del terreno es del tipo agrícola, con árboles distantes entre si, casi desértico, aunque de tierras fértiles que a lo lejos crezcan pequeñas elevaciones cubiertas escasamente de plantas cactáceas.
Después de media hora me detuve en un caserío ubicado a lo largo de la carretera asfaltada donde descanse por 15 minutos para almorzar. La gente de la zona es muy amable. Eso facilito este recorrido.
Nuevamente empaque todo, ate bien mi despensa que llevaba en la parrilla y partí. Terminada la rectitud de la autopista, esta se desviaba en una pronunciada curva hacia la derecha por lo que me desvié de esa vía por sugerencia de los lugareños que me indicaron que ese era el camino hacia Cayalti, un camino bastante ancho, de unos 10 metros rodeado de plantaciones de caña de azúcar. Por el suelo había maleza, cañas pisadas; un camino terroso y no tan polvoriento. De a ratos me cruzaba con lugareños que andaban en bicicletas también. Algunos llevaban en su parrilla a algún pasajero más, pero en la que iba yo les parecía llamar la atención bastante, aparte del modelo del chasis, así como de mi atuendo no muy común para la zona.
A las 14:30 estaba llegando a Cayalti. Aun el terreno era completamente llano. El sol aun calentaba la tierra. Se sentía un aire tranquilo al llegar a ese lugar, donde se encuentran las industrias del ron y del azúcar. Me detuve para preguntar el camino para Oyotun, la gente muy amable me indico dos caminos: uno asfaltado, pero más largo según mi carta y la otra corta pero afirmado con curvas, me llevaría lejos de Oyotun pero cerca de La Florida. Oyotun tan solo era un punto de referencia.
Cogí una vía afirmada. Era recta. En la lejanía se perdía en su rectitud. Esta cruzaba enormes plantaciones de caña de azúcar. De a ratos el paisaje cambiaba dejando ver chacras con hortalizas y ganado caprino o vacuno pasteando. De a ratos me cruzaba con pueblerinos caminando. Cuando no había nadie, me encontraba solo. Ningún carro pasaba por aquí; los hav de de vez en cuando. Mas el lugar ya me era conocido, así que no repare en ningún peligro. El único que podría existir era el sentir que ya no me quedaran fuerzas.
Me encontraba rodeado de huacas por doquier, aunque su acceso se me era desconocido, tales visitas a zonas arqueológicas no estaban en los planes de recorrido aun, puesto que este recorrido es con motivo de exploración y reconocimiento. En posteriores recorridos, con más logística y con más tecnología, así como tiempo en futuros recorridos, cuando el centro de operaciones sea Chiclayo y ya no Lima, entonces accederemos a recintos arqueológicos.
A lo lejos podía divisar todo el valle del río Zaña. Me encontraba con esquinas que la carretera formaba. Pase por una zona llamada El Cojal. Cerca de las 16:30 me halle ante extensos cultivos de algodón. A lo lejos había un poblado con un desvío que llevaba a ese lugar: Chumbenique. Yo aun continuaba avanzando de frente, con el viento a mi favor, de oeste a este.
Llegaron las 17:00 horas y estaba bordeando dos reservorios donde era escenario de caza. Varios muchachos armados con escopetas disparaban hacia los bosques que había a los alrededores. Se movilizaban en bicicletas muy antiguas; me veían raro por al indumentaria que llevaba puesta.
Después de recorrer el segundo reservorio que quedaba pasando Zorronto, un pueblo con una alegre plaza escudriñada por una gran edificación parecida a una iglesia muy antigua. Las vías son polvorientas.
Cuando llegue a Bebederos ya eran las 18:00 horas. En una acequia que estaba en ese sitio, varias cabras bebían mientras me arreglaba para partir después del receso, después de haber merendado. A cierta distancia se hallaba una tranquera con tres largos troncos que estaban colocados de tal manera que era difícil pasar con la bicicleta por ahí. Un señor que descansaba bajo un árbol en compañía de otro, se levanto acercándose hacia mi. Se mostró amable y me ayudó a pasar, sacando los troncos de los parantes. Me pregunto a donde iba, mas yo le conteste que aun me iba hacia El Espinal, mejor quédese joven, me dijo; se mostró insistente, me convenció diciéndome que esa zona era peligrosa, y refiriéndose a las leyendas rurales que existen por la zona sobre el demonio que se aparece en las noches cogiendo incautos a los transeúntes, asustándolos, matándolos de miedo... Muchas veces se les han encontrado a las victimas inconscientes y arrojando espuma por la boca. Todo eso basto para aceptar su hospitalidad en su casa. Entonces partiría al amanecer.
En esa noche, entable conversación con la gente de ese pueblo. Tenía una plaza central donde varios muchachos conversaban en el medio. No había ningún poste de alumbrado. Estaban acostumbrados a la oscuridad. La oscuridad inspiraba calma, serenidad, aparte de las incontables estrellas que había en el firmamento. En una bodega que había cerca, donde e alumbraban con vela, dando un ambiente místico al lugar, compre galletas extra para cenar esa noche, aparte de una bebida para el calor, pues lo había levemente. La gente se sorprendía al ver mi linterna hand free que llevaba en la frente. Su potencia de luminosidad entonces era muy fuerte que cegaba la vista con el solo hecho de verlo de frente. Era el centro del dialogo. Me preguntaban de donde venia y para donde iba. Me decían que Udima, adonde les dije que me dirigía, no era el mismo clima que en el que nos encontrábamos, sino que hacia frío allá, por estar a mayor altura. También que iba a ser difícil que llegue con pura bicicleta hasta tal lugar. Solo llegaría pedaleando hasta un lugar llamado El Papayo, de ahí hacia delante empezaría cuesta arriba, muy difícil de manejar.
DIA 03
A la mañana siguiente, muy de temprano me desperté y tuve un problema con la llanta trasera; esta se hallaba desinflada. Después de revisarla me encontré con una espina. Por estos caminos las abundan y corro el riesgo de tener averías en el neumático. A diferencia de otros viajes realizados, este es de mayor importancia por estar lejos de Lima, así es que si no hubiera traído conmigo un pump foot y patch's así como pegamento, hubiera cancelado la misión por no tener otra salida, ya que parchándola en zonas pobladas, en algún sujeto que tenga lo necesario, no seria lo mismo que se me reventara la cámara en zonas desoladas, como mas adelante describiré.
Después de agradecer la hospitalidad al señor que me atendió en la noche anterior, salí hacia la calle con mi carga y mochila. Ya era de día, aunque había una leve neblina. Partí como a las 06:00 horas. Llevaba innecesariamente la linterna sobre mi frente bajo la visera del casco. A pesar de no tener sol, ya comenzaba a sudar. El camino a continuación era curvo, a sus alrededores había cultivos de arroz, de hortalizas y casas con sus ocupantes aun durmiendo a excepción de los canes que saltaban su tranquera para venir a ladrarme. Ya comenzaba a sentirse algunas pendientes en subida.
Cerca de las 06:30 horas llegue a Pan de Azúcar, un agradable lugar que tiene a la entrada una especie de planta colgante de un árbol con hermosas flores moradas. Tiene ese lugar una especie de descanso como un pavimento techado, como El Partenón pero en una versión rural y mucho más pequeña. Ahí descanse. Me desequipe y procedí a tomar desayuno: plátanos, una lata de atún con pan integral y medio litro de yogurt frutado. Ya a esa hora bajaban los microbuses de La Florida repletos de pasajeros hasta en los techos. En esa ocasión solo me tope con uno mientras desayunaba.
Solo me tome 15 minutos. Partí ahora con la próxima parada en mente: El Espinal, que era adonde debí de haber llegado en el día 02. Y así, después de tener bajo las ruedas un llano camino con leves ascensos, llegue a las 08:30 horas a El Espinal, poblado de mayor tamaño a la anterior parada, la cual tenía una iglesia aunque pequeña, pero con mucha gente alrededor. Estas estaban en las calles; debe haber sido por ser sábado. La gente muy amable se me acerco para ofrecer su ayuda. Mucho me sirvieron los datos, aunque ya sabía algunos, pero me ayudaron a saber que tan lejos se encontraba el Papayo, que según ellos decían que hasta allá no más duraría y que ni a Udima iba a llegar en bicicleta. Eso fue lo que me enojo, después de la plática fui guiado a una bodega donde cálidamente fui atendido. Ahí desayune yucas, carne de gallina con ese tipito sabor de esa zona; café natural y algunos panecillos, lo que todo eso me costo S/.2.50 aparte de una cómoda platica con la dueña del lugar.
Al salir de El Espinal, después de cruzar el puente que lo separaba de un río que en estas épocas andaba un poco seco, la gente comenzaba a verse por todas partes. En bicicletas, a pie, en motocicletas: arriando ganado, llevando carga sobre sus asnos, etc. El puente parecía recién construido. A su lado se veían sobre el río, restos de concreto y metal destruido por el tiempo que pertenecían a un antiguo puente que un día la creciente se los llevo. Talvez la del año 1998 que fue la última creciente en forma exagerada que destruyo la parte norte en su mayor parte. La corriente del Niño suele destruir en épocas de verano estos lugares cercanos al trópico, aunque no llega todos los años, pues la ultima vez que llego fue en el citado año arriba mencionado, mas sus huellas son perdurables e imborrables, por ejemplo en La Florida hubo un desastre producido por un huayco en el año 1998, llevándose consigo todo lo que encontró a su paso, e inclusive personas que estaban en sus casas.
El camino, que aun seguía siendo una carretera, era de tipo arcilloso, con algunas huellas secas dejadas por los cascos de algunos equinos, así como de ganado. Iba pegado a los cerros a la izquierda. A la derecha estaba el río Zaña y el valle del mismo nombre lo rodeaba. Cruzando el valle había otras cadenas de cerros. A medida que seguíamos ascendiendo, los cerros del frente tambien iban creciendo.
Cerca del Papayo comenzó la difícil cuesta que tardó varias horas hasta llegar al desvío que existe hacia La Florida, así como el ya inexistente acceso que había hacia Monteseco. Las fuertes lluvias habían destruido la carretera en pasadas épocas, dejando inaccesible el paso hacia delante. De este punto hacia La Florida solo queda nuevamente otra cuesta que la antecede una bajada que es la que existe para llegar hacia el río done cruzaría un puente para nuevamente ascender hacia La Florida. Toda esta subida me tardó cerca de dos horas. Así es pues que llegue a las 15:00 horas a la plaza central de dicho distrito, lugar donde llame a Lima y donde almorcé.
Aunque la idea era subir toda la montaña que separa Santa Cruz de San miguel, no se pudo cumplir con tal proeza, pues tenía al tiempo en contra hasta ese momento. No podía deducir cuanto me demoraría de Udima hasta Catache, así que fue mejor asegurarme esperando a algún vehiculo que me llevara a la cima de la montaña, en un lugar llamado "El Balcón", desde donde descendería hacia Udima.
Así pues tuve suerte esa vez. Ya había salido de La Florida y había cruzado nuevamente el río para comenzar a subir hacia Monteseco cuando de lejos apareció un camión. Ya eran casi las 16:00 horas y fue una suerte que justo este día pasaran camiones para Udima, pues normalmente no los hay todos los días y menos a cualquier hora. Fue una suerte y un alivio, pues pensaba pernoctar en Monteseco, puesto que las fuerzas se me habían terminado. No estaría seguro en llegar a la cima en lo que quedaba el resto de la tarde, por lo menos son mas de 5 horas de camino a pie, pues todo es subida pronunciada. Al principio el chofer de la camioneta no quería recogerme, pues decía que no había espacio, pero después de explicarle mi situación y el punto donde me dejaría, accedió. Sobre la carga viajaban como 10 personas con equipaje y encomiendas. Después de haber viajado por casi dos horas, llegamos al balcón y ahí fue donde me baje.
Ya el camión se había ido y yo, después de tomar fotos al lugar y alrededores, partí, previo equipamiento. La gente de las casas aledañas me miraban con raro acento; los perros no paraban de perseguirme, de correr tras la ruedas; el viento, el sol, parecía ya ocultarse; estaba anocheciendo. Más allá, al cabo de 5 minutos de haber partido desde el balcón, logre pasar al camión en el que había venido. Llevaba una ventaja por tener ligereza y las ruedas delgadas. El camino tenia baches y charcos por todo lado. El camión los pasaba despacio, con calma; mi bicicleta lograba pasarlas esquivándolas con mucha destreza. En menos de 15 minutos llegue a Udima.
A unos 200 metros antes de su entrada, se me poncho una llanta, la trasera, impidiéndome avanzar a mayor velocidad, y a pesar que todo era bajada llegué con una mínima velocidad a Udima. No con la que yo quería; entrar a Udima en una forma violenta e intempestiva y sin detenerme seguir hasta Bellavista, donde debía de hacer mi ultima parada en el día, pues allí es la casa de mi abuela y de mis tíos.
Esa tarde en la plaza de Udima, mientras arreglaba el desperfecto en los neumáticos, mucha gente se me había amontonado alrededor observando lo que hacia. Se sorprendían cuando vieron la LED y cuando vieron todas las cosas extrañas para ellos, aparte de la bicicleta y el bermudas que se convirtió en pantalones; el inflador y la carga que levaba atrás con todas las provisiones, el casco y entre otras cosas que llamaban la atención a los pueblerinos de esa zona.
Al partir, algunos se me acercaron, preguntándome hacia donde me dirigía, que porque no se queda a descansar, mañana puede partir, mas de aceptar, no cumpliría con llegar a la meta que era la casa de mi abuela. Sin importar las ofertas, continué.
Solo veía lo que mi LED alumbraba, nada mas, es decir, solo veía a unos metros un espacio como de 4 m2, de ahí a lo demás era como si no existiese, y si miraba hacia los lados sin alumbrar, veía las sombras de las colinas y cerros, el cielo sin luna ni estrellas, y el camino que comenzó a descender con brusquedad. Tenia miedo de que de pronto apareciese algún desperfecto en la carretera y me accidentase, era lo peor, pero no tanto como alguna experiencia paranormal, como las que me contaba mi abuela cuando era niño, de casos insólitos que en verdad si existieron, aunque fueran difíciles de creer. Hasta el río fue en bajada, de ahí comenzó la subida y la superficie del camino parecía como de una chacra, toda removida.
De entre los arbustos sentía que algo estaba, podría ser una vaca o un equino, la cosa fue que me asusto muchísimo; mi corazón latía rápido más del susto que de la agitación física. Me puse a rezar todo lo que me sabia, mas el temor era tal, que no quería ni a detenerme a sacarme la polera que me hacia transpirar, y estaba muy cansado, pero el miedo puede mas, te da fuerzas para seguir, ahora el detalle era que no conozco el atajo para ir a la casa de mi abuela, y no veía ninguna diferencia. Ya iba casi una hora caminando con la bicicleta y nada.
A los lados veía fiques, eucaliptos, esperaba ver una tranquera y una acequia, pues recordé que esos eran los puntos de referencia. Aparte de la posición de la dirección en que se encontraba el pueblo con relación A la colina de donde descendería para ir a la casa de mi abuela. La LED continuaba alumbrando (recién llevaba unas cuantas horas de uso para las 50 horas que le quedaban aun), y algunas luces alumbraban a Udima. Esperaba ver luces en algunas casas en la zona, pero no había nada. Recordé la tranquera que había en el camino y entre.
De acá hasta abajo era un tremendo bajadon. Me deje llevar, solo confiaba en que el camino este libre, pues a esa velocidad, algo que hubiera en el camino, no habría otra que pasarlo, así me accidentase. Así es como frené a las justas al llegar ante una acequia, la que pase manejando y el agua me cubrió hasta las rodillas, mojándome todos los pies. Salí de tal charco y continué descendiendo.
Descendí unos 200 metros y el camino hacia una curva muy cerrada, era una esquina. Frene y al hacerlo, mi cuerpo se fue hacia el timón golpeándome la zona pública en el asta del timón. Detenido y soportando el dolor, me di cuenta que no había ninguna zona conocida en esta oscuridad. No notaba nada familiar. Parece que me pase. Se me vino la idea de estar perdido en una zona ya poco conocida para mí. No distinguía nada. Se me entro el temor. Mas aun cuando vi dos luces pequeñas muy juntas a cierta distancia de donde estaba alumbrando con la luz. Cuando se dio cuenta que lo estaba mirando, se alejo ladrando. Me sentí aliviado.
En las casas siempre hay perros; de donde el perro venia se abrió una luz en la oscuridad, de aquel salio la figura de una niña con dos pequeños mas, menores que ella. Al silbarles, se acerco la mayor con temor. Resulto ser mi prima, me había pasado hasta la casa de mi otro tío. La casa de mi abuela se encontraba metros mas arriba. Al fin llegue a mi destino en el segundo día de viaje.
DIA 04:
Al día siguiente por fin los bonitos paisajes pudieron apreciarse con claridad. El viento soplaba tan fuerte, sobre todo en la colinilla, en la parte mas elevada de los alrededores, donde se halla un camino hacia la carretera. Allí es donde vi todo el camino que recorrí en la noche anterior. Desde donde tome el atajo para bajar a la casa de mi abuela. Adonde fue que llegue a detenerme.
En verdad era algo asombroso. La salida debió haber sido inmediata. Tuve que volver al pueblo a pie para conseguir rollo de película para las cámaras fotográficas. Había malogrado dos por no saberlas instalar. Hasta ir y volver serian las 10:00, así que estuve una hora más y exactamente a las 11:00 partí nuevamente a la carretera desde donde descendí en la noche anterior. Exactamente por el mismo camino. Estaba a casi 2 400 m.s.n.m. Ahora si veía las casas en la distancia. Eran numerosas, aunque en la noche anterior no pude distinguir a ninguna. Ahora si los perros me ladraban desde sus puertas, los niños me miraban. Abajo, ya lejos quedaba la casita de mis abuelos. EL viento soplaba demasiado FUERTE. Casi se acerca a los 80 Km/h. Había que pararse bien.
En más de una ocasión logro derribar mi cuerpo de 60 kilos, así como mi bicicleta de mas de 30 kilos con todo y equipaje.
Ya en la parte alta, estando en la carretera, el viento no me alcanzaba por estar rodeado de los cerros. Desde esa parte se podio apreciar un paisaje estupendo. Podía ver el valle de Zaña, así como otros cerros que se veían enanos en comparación al que estaba. Estaba cerca de los límites de Lambayeque con Cajamarca. El camino de tierra, me hacia llegar hacia poblados, la gente muy amable.
Algunos rebaños, pollos, vacas, gavilanes en el soleado día. Lo que no faltaban eran los numerosos charcos en las partes con depresiones en la carretera. Mis piernas limpias trataban de evitarlos rodeándolos, pero no había problema, a la baja velocidad que iba por ir en subida, no las hacia salpicar. Alas 12:00 estaba en La Chapa. Un tranquilo pueblo por el que pase sin detenerme. No lo veía nada amistoso. Seguramente los lugareños se encontraran en la chacra a estas horas. Continúe mi camino.
A la salida de la chapa, de entre los eucaliptos y algunas vacas, llegue a esa parte en la que el cerro acaba como quien dice. La Chapa se halla ubicada en la parte menos baja de una montaña. Atrás de ella se abrió ante mis ojos una gran vista. Era increíble. Un lugar que nunca había visto en mi vida. Ahora el camino era en descenso. De aquí hacia delante era un camino desconocido para mi, aunque ya lo recorrí antes en las faldas de mi mama cuando tenia tres años. No recuerdo casi nada. Tan solo en mi mente estaba El nombre de "Culden" que era donde debería llegar.
El viento nuevamente comenzó a soplar. Por mas que pedaleaba, el viento me hacia frenar en las bajadas, talvez los silfos me estaban ayudando para no estrellarme contra algo. Pero con lo que si impactaba a velocidad era con los charcazos que empapaban toda mi pierna, escurriendo estas. No podía detenerme, o bajar la velocidad por el solo hecho de que un charco cubría todo el ancho de la carretera, era pues de hecho emocionante cortar el agua y el barro con las llantas. ¡Debí haber puesto tapabarros!
Son las 13:00 horas. Hice amistad con dos lugareños que resultaron ser mis parientes. Me había sentado cerca de una chacra donde ellos trabajaban. Descanse porque había comenzado el ascenso nuevamente. Me hallaba a la misma altura de lo que me hallaba en La Chapa. El hambre me hizo devorarme el queso y los camotes sancochados que mi abuela me preparo. Mientras tanto dialogaba con los lugareños que había mencionado, mientras almorzaba.
Y como que chico es el mundo, resultaba que aquellos pobladores de esas zonas eran nada menos que mi familia, primos para ser exactos, quienes me ayudaron con mis cosas mientras cruzábamos la colina que había tras nosotros para mostrarme un atajo hacia la parte posterior de esas montañas para asi llegar mas rápido a Culden. Después de haber caminado por una pendiente por casi 15 minutos, llegamos a la cima. De ahí podía ver como la el camino se unía a la carretera en una bajada bien pronunciada. De ahí podía ver como esta trepaba las faldas de un cerro para descender tras de este. _
¡Atrás de ese cerrito se encuentra Culden! teníamos que levantarnos la voz para podernos oír, pues el viento soplaba muy fuerte. Después de despedirme y agradecerles por la ayuda, partí a toda velocidad. EL camino era angosto, tanto que los pedales rozaban las paredes de esa vía que mas parecía un canal. En varia veces casi me caía, pero el control que tenia en el timo me lo impedía. Al fin llegue a la carretera. De ahí vi hacia arriba, lejos, en la cima de la colina por donde baje, a mis primos que me miraban, tan pequeñitos ellos por la distancia. Rodee por la falda a aquella colina y tras ella estaba una pendiente muy larga la que me llevo a Culden. Una vez ahí entre a una bodega. El lugar no era muy grande; al igual que el pueblo no tenía grandes extensiones. Se hallaba en una parte plana en las alturas de esos cerros de aquellos lares. Por una parte más alta vi una carretera que subía tras los cerros. Aquella va a Poroporo, me dijeron.
Entonces recordé aquellas ruinas las que me hablo mi papa que quedaba lejos de la casa en Bellavista. Algún di aire para allá. Había partes en que el camino era un lodal. Era imposible evadirlo puesto que cubría toda la carretera. No me importo y seguí enlodándome. Ni modo, pensé, con el sol secara y caerá, así como las costras de una herida ya seca. Mientras tanto encontré el verdadero descenso. Mire hacia abajo y pude distinguir las quebradas y la larga carretera que bordeaba por las faldas con el fin de escapar de la altura, hasta perderse tras ellas en dirección a Catache. Ya desde aquí podía distinguir a lo lejos el rio Chancay y a los cerros que lo rodean.
Media hora después de puro descenso, y quizás estuve ya a 2000 m.s.n.m., entonces llegue a Marampampa. Oía en la radio que Brasil estaba perdiendo ante Francia cuando me cruce con un chico que venia para el pueblo. Aun faltaba llegar por el momento.
Por el camino me tope con una serpiente aplastada. Me acorde que cuando era chico y vivía en Bellavista, las serpientes solían acercarse a las casas cerca de las acequias para almorzarse a los sapos. Eran como la que fotografié, de unos 50 cm. De largo y de ese color gris-pardo. Por la zona de Monteseco en cambio las había pero de colores rojo-azul-amarillo; todos los colores en una sola serpiente, pero estas eran mas delgaditas y se dicen en la zona que pueden matar a un caballo con una sola mordida. Hubo una hermosa cascada que quizás fotografié mal, por la posición de los rayos del sol que le daban de frente. Ahora el camino ya era más pedregoso y seco.
Había dejado de pasar tanto barro para reventar más y mas piedras por todos lados. Di varias vueltas en zig-zag y desde arriba vi al distrito de Catache, a más de 200 metros de altura. Aun queda por llegar.
Continuaba descendiendo. Era como si estuviese en avión que va perdiendo altura hasta llegar a la pista de aterrizaje. Me iba acercando a una pista asfaltada que significaba que esta zona estaba en mucho contacto con la costa, a pesar que estuviéramos a 1335 m.s.n.m. Cuando choque el asfalto, termino toda molestia en la bicicleta. Ahora Suri ya no vibraba tanto. La gente volteaba a verme llegar. Entre con tal velocidad que no paraban de mírame. Tal vez les llamo la atención la forma en que iba y la distribución de la carga en la bicicleta. También quizás el modelo de la bicicleta.
CATACHE
Está ubicado en la parte occidental de la provincia, su territorio es el más extenso con 609.16 km2 representa el 42.8% del total provincial extendiéndose sobre dos cuencas, las de los ríos Chancay y Zaña. Su capital Catache está ubicada a 1,355m.s.n.m. Es paso obligado entre santa cruz y Chiclayo, su principal actividad económica es la agricultura, ganaderia y en la elaboración de las exquisitas conservas de frutas (papaya, higos y naranja). Creado como distrito con la ley 11328 del 21-04-1950. Sus cacerios: Udima, Comuche, Munana, Congona, Monteseco, Espinal, Macuaco, Pan de Azúcar, Poro Poro, Culden, Ayacos.
Todo el recorrido que hemos hecho, a partir aproximadamente de Pan de Azúcar, forma parte de Catache, para ser más claros. Llame a der bunker para dar parte de mi ubicación y del tiempo que me tomaría por llegar a Chiclayo así como a Lima de regreso ya en bus.
Ya en Catache después de almorzar, partí a las 17:00 horas. Calcule por referencias cercanas que estaría a las 08:00 en Chongoyape, y a las 10:00 en Chiclayo, así que partí con rumbo hasta Chiclayo. No me detendría en Chongoyape nada más que para beber agua y nada mas. El camino era lejano así que tenía que correr, pero como aun era de día, con los últimos rayos del sol, Salí a velocidad moderada, controlando la bike en los descensos y en quebradas.
Así es que cerca de una quebrada llamada Honda, al ver gente en la parte baja donde la carretera al voltear de sentido ha descendido mas, me dispuse a aumentar la velocidad regulando los cambios a la catalina mayor y al piñón chiquito para tener mas empuje a la vez que iba pedaleando mas fuerte. Al voltear siguiendo la carretera en esa curva cerrada, la bicicleta recupero rápidamente la velocidad, es ahí, casi en frente de la gente que me observaba atentamente, como sentí que la bicicleta hacia esfuerzo por avanzar y no perder su ritmo, puesto que la algo había en la llanta trasera que se estaba deteniendo de tal modo que esta ya no giraba, sino que e arrastraba moviéndose de derecha a izquierda, razón por la cual, sino hubiera tenido el suficiente dominio del timón, hubiera caído arrastrándome varios metros, ya que la huella de la frenada en seco producida por la llanta, fue de mas de 20 metros de longitud.
Lo que había pasado es que una tuerca del eje posterior se había caído en el camino con tanta vibración que sufrió en el recorrido. Tal vez estuvo aflojada desde un principio se cayo y no me di cuenta. La cosa es que una de las varillas de la parrilla que se apoya en el eje se encontró suelta al no tener a la tuerca. Vibrando aun esta con la fuerza adicional que le di en esa curva últimamente narrada, llego a moverse siendo atrapada por los rayos que a gran velocidad doblo bruscamente a la varilla que no era nada delgada, puesto que con mi propia fuerza quise volverla a la normalidad, era inútil.
Tantos delgaditos rayos girando a velocidad lograron doblar tan resistente metal, increíble. Estuve cerca de media hora arreglando el desperfecto. Tuve que botar lo que quedo de la parrilla y la caja que se rompió, la que fue la causante en hacer frenar la llanta de golpe al rozar con ella pues tuvo que bajar con el peso al no tener en donde apoyarse. Menos mal que la gente de la zona era muy amable.
Querían poder ayudarme en lo que sea pero no había forma, aunque fui muy agradecido. Terminado el problema, con carga extra en mi espalda, ya que el sleep y la carpa ahora la llevaba en la espalda, así como lo que me quedaba de comida, harían mas fatigosa mi travesía, puesto que aun me faltaban mas de 130 kilómetros para llegar a Chiclayo, y el camino aun no era nada fácil. El camino era una carretera, pegado a los cerros que eran muy rocosos llenos de aridez. El río Chancay iba a la margen izquierda. El sol ya no se veía mas, solo o poco que dejaba su luz, así como algunas estrellas lejanas en el cielo que comenzaron a brillar. Me cruzaba con algunos camiones, todos en sentido contrario al mío. Ellos me iban diciendo la distancia hacia Chongoyape.
Cuando se hizo de noche, aumente la velocidad notoriamente. Me comenzó a entrar el temor en estas zonas tan desoladas, donde ni casa ni ningún pueblo se odia apreciar ni a la distancia. Encendí las luces de la LED y alumbraba ese pequeño espacio que tenía ante mí a unos 4 metros. Cuando la noche se hizo mas oscura, salían los animales a andar. Mi movilidad al no producir mucho ruido, permitía a los animales salir de sus refugios buscando su cena. Zorros, serpiente arrastrándose por el camino, animales de los cerros, que sus ojos brillaban cuando los alumbraba, así como lechuzas y murciélagos que en algunos árboles que a la distancia aparecían.
Eran las 19:00 horas y más camiones se me cruzaban. AL detenerlos, les preguntaba cuanto me faltaba para llegar a Chongoyape. Lastimosamente esta lejos, aun muy lejos. Mas veía que cada vez los cerros se hacían mas pequeños aun, bueno, por lógica se supone que me voy alegando de la sierra y cada vez estos se habrían y alejaban mas del río formándose un extenso valle. Allá a lo lejos, detrás de los cerros más pequeños a la distancia, había un resplandor rojizo en el cielo: era Chongoyape.
Después de haberme detenido varias veces para tomar agua en las bodegas que iban apareciéndose en mi camino, y de haber cruzado un cruce con un puente cerca de un ligar llamado El Cumbil, pasando varios carros; no solo eso sino que habían omnibuses, camiones, taxis, mototaxis y bicicletas, así como peatones, caminando en la oscuridad de la carretera. No me había dado cuenta que entre la oscuridad y los árboles que aparecieron de pronto al entrar al avalle, estaban casas entre ellos y la zona por donde pasaba era poblada. Fue así que a las 20: 00 horas había llegado a Chongoyape, con un 60% de energía gastada de todo mi potencial en el día.
Chongoyape era un distrito muy activo. Había gente por todos lados, en especial en la plaza. Las tiendas estaban ya llenos de gente a estas horas. Mas mis piernas no querían detenerse. Se me ocurrió la idea de parar a descansar y partir al día siguiente, pero no loo hice. Tuve que seguir al ver a un cartel en el inicio de la autopista hacia Chiclayo que para tal ciudad faltaba nada más que 60 kilómetros. Sin pensarlo dos veces continué con el recorrido.
Partiendo me encontré a escasos kilómetros de la ciudad a un gran desborde de alguna represa de agua. El nivel del agua cubría toda la autopista aunque no muy alto (15 cm), aunque con la velocidad, ya que no debía bajar la velocidad, me empapo la mayor cantidad del cuerpo convirtiendo en barro después.
Había calculado llegar a las 23:00 horas a Chiclayo y dirigirme inmediatamente al Terminal para coger un bus para Lima. Ese era el plan, pero no sucedió como yo pensé. Aun se suponía que tenía fuerzas, aunque cometió el error de no abastecerme en Chongoyape, aunque esta ya quedaba muy lejos.
De aquí en adelante todo era oscuridad y si cruzaba algún poblado en estos cañaverales, no conseguiría alguna bodega para tomar algo, puesto que eran más de las 22:00 horas cuando mi cuerpo comenzó a pedir agua. Nunca había sentido mi cuerpo tan cansado. Los carros pasaban a gran velocidad en medio de esta noche, y no se como llegue a seguir en medio de la noche y en medio de la oscuridad.
A las 23:00 horas, donde ya debería estar Chiclayo, estaba otro distrito. Mi cuerpo comenzaba a pedir comida ahora. De pronto mi cuerpo dejaba de pedalear y se dejaba llevar por la inercia. Mis hombros se chorreaban y mis brazos ya no aguantaban más ese dolor que había en las articulaciones. Aun las postas de kilometraje me indicaban que faltaba como 25 kilómetros, ya que desde que Salí controlaba ese detalle. Miraba que empezó en 59, 58, 52, 48, 37, 28, 25, y así sucesivamente. Mientras más cerca al cero este era que más cerca de Chiclayo estaba. Por la lejanía los resplandores de las ciudades me confundía cabiéndome descuadrar de mi orientación la dirección de Chiclayo.
A Tuman llegue a las 23:00 horas. Gente había casi poca por lo tarde que era. Solo algunos juergueros, ya que se estaba acabando el sábado.
Llegue al kilómetro 15. Ahora si que faltaba poco, pero mis fuerzas ya no daban para mas. Mi cuerpo hubiese caído rendido a un lado de la carretera, puesto que ya no pedaleaba. Lo hacia de a tramos y me dejaba llevar. Estaba a una velocidad muy lenta. Creo que iba mas rápido caminando, porque estaba entrando en perdida de equilibrio.
Ahora quedaba un tramo recto. Me sentía como aquella vez en el curso de supervivencia en alta mar cuando teníamos que nadar hasta el muelle y lo veía muy lejos como se iba acercando lentamente y yo muriendo de hipotermia. Mi cuerpo comenzó en esa carretera a perder calor. A pesar de estar en actividad comencé a sentir frío. Y mis brazos comenzaron a temblar.
DIA 05
A las 01:00 horas estaba ingresando a Pomalca. De aquí todo era llano y ahora ya estaba en una zona urbana. Más allá estaba en los alrededores del aeropuerto y del grupo nº 6 de la F.A.P. Habían grifos en donde cerca de uno de ellos me baje de la bike a descansar. Nunca me había sentido tan cansado, ni siquiera en la F.F.A.A. me habían hecho cansar tanto. Mi cuerpo en el suelo comenzó a temblar como un carro que se queda sin combustible, así temblaba mi cuerpo y tenia que hacer un sobreesfuerzo para seguir en ritmo en la bike. Cerca de las 02:00 de la mañana llegue a Chiclayo. Una sola barrita de cereal que compre en una bodega que estaba por cerrar me dio suficiente energía para aumentar la velocidad para llegar a dormir a José Leonardo Ortiz.
PROXIMA RUTA:
Lima - Chancay FECHA PROGRAMADA:
Primera semana de Enero del 2007.
MISION CUMPLIDA.
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Últimos comentarios
tetraclinis dice:
Quiero ir a Perú pronto y he leído tu gran historia detenidamente. Buena idea el tema de la bicicleta, y tu llegada a Chogoyape de noche buena aventura.
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