Aunque no estaba en mis planes porque no sabia que existía, la noche anterior conversando con jhon nos comente del plan de paseo q tenían ellos y nos convenció para q fuéramos además que nos dio una manito no? Así q a la mañana siguiente nos despertamos temprano y salimos para el paradero a tomar el transporte, como éramos varios q íbamos para allá, decidimos irnos en una chiva, yo había visto una chiva parrandera la noche anterior, así q pensé q era una igual, pero sucede q esta chiva tenia las puertas mas altas y mas pequeñitas, y bueno como comprenderán a los q somos mas altitos se nos hizo media incomoda pero una vez arriba no me arrepentí para nada íbamos todos juntos medio cansados pero conversando y cantando con “ los cantores de chipuco” y conversando con la gente de la chiva, una vez en la laguna, el frio se sintió inmediatamente y para las que tenemos la presión baja un agua panela ayuda muchísimo, y así íbamos Daniel, Camilo y yop conversando entretenidamente y delante de nosotros Niki, Jhon, Gladys y sus niñas. Caminar por allí da tanta tranquilidad y obvio q queríamos hacer el paseíto en el bote hasta la isla, yo adoro el agua, me encantan los ríos, las lagunas, el mar, y estando en la lancha me sentía muy tranquila, como en paz, al llegar a la isla ver esa imagen era indescriptible, cuando baje del bote encontré una iglesia muy linda y decidí entrara adra las gracias por lo que mis ojos estaban viendo y por haber llegado con bien hasta allí, quise subir al sendero, pero mis ojos se desviaban hacia la laguna y al pequeño muelle q había allí, así q decidí hacerle la lucha al frio con un canelazo e ir a sentarme al borde del muelle a disfrutar esa vista preciosa q me regalaba el día, la verdad q para mi es indescriptible con palabras me sentí tan bien allí q no quería moverme, pero eso es lo malo de tener el contrato con el del bote ya habían pasado 45 minutos y debíamos volver, asi que me repetí varias veces, q tenia q volver a ese lugar y quedarme todo lo que me hace falta, al regreso teníamos programado almorzar trucha, y ais lo hicimos, la comida estaba agradable y yo solo quería caminar por ese lugar y disfrutar la vista lo mas q podía, pero llego la hora de volver y aunque estuvimos a punto de perder la chiva, fue divertido correr tras ella seguir cantando “el celulaaar el celulaaar” jajaj de los cantores de Chipuco, jugar con la gente q compraba cosas desde la chiva, escuchar al señor q repetía interminablemente CUY: SABORRRRRRRRRRRRR!!! Y así el final del carnaval de pasto q me dejo un agujerito en el corazón.