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De Neguanje a Los Naranjos: Parque tayrona

Escribe: jonathan_pereira
".....El barro, la vegetación, las piedras y el viento silbando en la copa de los arboles empiezan a arrullar los sentidos, y poco a poco las incomodidades físicas se van reemplazando por la sensación de dejar atrás la rutina y los afanes, de dejar atrás un mundo que se olvida de su escencia y que cada vez más se encierra en el egoísmo de su propia existencia...."

 

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Día 2: Caminos y guardianes

Parque Tayrona, Colombia — viernes, 21 de enero de 2011

Abro los ojos y me encuentro en el campamento de arrecifes, escoltados por una montaña que la noche anterior estaba cargada de nubes y que a estas alturas estaba totalmente despejada.

La pregunta que asaltaba mis adormilados pensamientos era: ¿A dónde se fue el agua? puesto que no llovió cuando en la noche era inminente. Esa pregunta me rondaba la cabeza hasta que terminé de despertarme y toqué la carpa: Simplemente parecía que le hubiesen rociado el agua con un atomizador. Recordé entonces que en alguna ocasión había escuchado que en el tayrona la ropa no se seca, y efectivamente en la noche la ropa no se seca - luego empezaría a entender la humedad del parque -. 

Las primeras luces del día ya se colaban entre las hojas de la espesa vegetación que protege la zona de camping, y luego de un desayuno clásico de pan y enlatados, decidimos partir hacia el oriente del parque.

Gracias a Google earth, sabía que desde arrecifes era posible ir hasta la desembocadura del rio piedras en Los Naranjos y regresar en un mismo día, así que animé a mis compañeros a emprender el camino y les advertí que la caminata era larga, las niñas protestaron en silencio pero asintieron a regañadientes ante la iniciativa de los hombres para empezar a caminar. Salimos de la zona de camping y rápidamente nuestras pupilas iniciaron su movimiento natural para adaptarse al cambio de luz; ahora un rayo de luz solar cuasi horizontal nos daba la bienvenida emitiendo caprichosos colores desde el oriente, invitándonos a descalzarnos y caminar por la parte de la playa en que las huellas se hacen y deshacen con facilidad. 

Al pasar por ahí pienso en como la naturaleza se encarga de borrar nuestras huellas y sale siempre victoriosa. Esta parte de la playa es un cuadro acelerado que muestra la generación de huellas por parte de la civilización y a su vez son borradas por la mano de la naturaleza a lo largo de los tiempos, en un juego que parece no acabar nunca pero en el que al final de los tiempos la naturaleza habrá de vencer nuestras caprichosas huellas.

Pasamos la parte más conocida de arrecifes e ingresamos al sector occidental, el cual está protegido por la concesión tayrona, y por ende no existen zonas de camping en este sector.  

Se trata de una playa mucho más limpia que la zona occidental, surcada violentamente por monolitos que sorprenden en ocasiones por su intrepidez, al atravesarse usurpadores en medio de la playa de blanca arena, que se encuentra protegida por la montaña y unos hermosos matorrales. El sol se va alzando en el horizonte mientras nuestros pensamientos flotan en un estado de relajación y tranquilidad solo alcanzables en este parque. 

Al finalizar esta playa encontramos una pequeña escalinata que nos conduce a otra playa algo más corta, y al final de la cual se encuentra un sendero rocoso por el cual se han creado caminos que hacen la travesía un poco más amable. 

Seguimos el sendero rocoso sin alejarnos de la playa, y luego de algunos saltos y obstáculos rocosos para expertos, nos encontramos en la playa La piscinita, lugar que maneja la concesión tayrona a través de Aviatur, y en la que se encuentran algunas sombrillas y sillas de playa, atendidas por un mini restaurante. En este punto, y después de haber caminado un buen tramo, me digo que definitivamente este lugar no es para mí, y que realmente la belleza del parque es estropeada. En ese instante noto que la batería de la cámara se descarga, lo cual es bastante conveniente ya que esta zona del parque es muy conocida. Pasamos de largo por las comodidades citadinas y nos introdujimos en el sendero hacia cañaveral, el cual esconde entre sus matorrales un spa y una hamacama. Pasamos de largo y atravesamos la extensa playa de cañaveral, observando un mar un poco más amable que el de arrecifes, pero en el cual también está prohibido bañarse. Antes de terminar la playa de cañaveral llega un refresco para nuestros semiquemados pies, un riachuelo que entrega sus aguas dulces al mar es el preámbulo para el sendero de 9 piedras. (Aquí voy a montar fotos que tomé después).

El sendero de las nueve piedras es una serie de tres caminos cercanos y relacionados que se encuentran inmediatamente al oriente de la playa de cañaveral, y a través de los cuales se encuentran distribuidas en el camino nueve piedras en forma de huevo que están perforadas, a manera de ventana. 

A medida que se recorren las nueve piedras en esta serie de caminos, es posible imaginar a los antiguos tayronas utilizando estas ventanas de piedra para apreciar el firmamento. En el mirador de las estrellas, "la ventana en la roca apunta hacia la estrella polar".

Nuestros antepasados tayronas fueron astrónomos y hábiles constructores y manipuladores de las rocas, lo c ual lo hace sentir una especie de orgullo al saber que aún cuando "la civilización" se estaba importando desde Europa, acá ya existía desde hacía mucho. 

Hermosos acantilados y miradores se pueden encontrar en esta ruta, y los secretos de la sierra y el mar se van revelando ante nosotros.

Luego de recorrer dos veces las tres rutas del sendero de las nueve piedras, y de las protestas reiteradas de mis compañeros (yo era el supuesto guía), no pudimos encontrar el sendero que nos conectara con castilletes y posteriormente con los naranjos, lo cual fue muy frustrante, puesto que ya el sol del medio día se alzaba y era evidente que no íbamos a alcanzar a llegar a los Naranjos y regresar. Yo sabía que debía existir algún camino para llegar de nueve piedras a Castilletes, pero ¿cual?, es allí cuando decidí bajar al parqueadero y miré el mapa de aviatur, pero en este no aparece Castilletes, y durante un leve instante sentí que había perdido mi tiempo, pero luego reaccioné - castilletes está en google earth - me dije, así que le pregunté a uno de los trabajadores de la concesión tayrona, y luego de mucho pensarlo y no de muy buena gana me dijo que siguiera la carretera por la que se ingresa al parque y que unos 15 minutos después encontraría la entrada a castilletes. 

Me pregunté por qué los mapas de la concesión no incluyen a castilletes, ya que era evidente que no había ninguna señalización en el sendero de nueve piedras para llegar allá - a sabiendas de que están bastante cerca -.

Me devolví entonces a donde mis compañeros me esperaban y les comenté lo que debíamos hacer, y las caras enfurruñadas no se hicieron esperar pero los quejosos aceptaron seguir, ya que les aseguré - sin estar realmente seguro - que como allá hay una zona de camping, era más practico almorzar ahí y devolvernos que devolvernos a almorzar
a arrecifes.

Al final decidimos partir y en quince minutos llegamos a la entrada de castilletes, una entrada amplia para carros lo cual me hizo pensar que quizá la zona de camping estaba llena y al ir avanzando por el camino fui notando que no nos cruzábamos ningún turista - a diferencia de los demás senderos - al cabo de cinco minutos llegamos a la zona de camping y nos atendió un joven muy amable llamado Carlos, un típico tipazo costeño buena gente y con una sonrisa siempre dispuesta, aunque con voz un poco tímida, quien nos explicó que los dueños estaban de vacaciones y que la gente que manejaba el restaurante no estaba ya que había empezado la temporada baja.

Al oír esto mis compañeras por poco me pegan, pero entonces Carlos nos ofreció papitas y gaseosa a precios de ciudad, lo cual nos mejoró el ánimo a todos, que ya estábamos azotados por el hambre y la sed. Fue un almuerzo muy económico y nos supo delicioso, acompañado de las historias de Carlos quien nos comentaba algo de lo que era la zona de camping en el pasado: Resulta que luego de haber almorzado mejor nos asomamos bien en la zona de camping - nos encontrábamos a unos 200 metros de la playa – y notamos dos cosas: Una, que la zona de camping estaba desolada y dos, que había una especie de edificación, la cual al enfocar mejor la mirada identificamos como una piscina; no una piscina natural, una piscina citadina abandonada. Carlos, quien con su cabello crespo y su sonrisa permanente y acento marcadamente costeño cargaba a su bebé de 11 meses, una fotocopia de su padre, el cual jocosamente hice ver que de verdad parecía costeño, es de esos bebés que uno los ve costeños aún si saber nada, ya que su simpatía lo delataba. Yalber, un nombre que jamás había escuchado y por el cual Carlos - a quien a esas alturas ya llamábamos caliche - intercedió argumentando que le quería poner un nombre diferente, ya que en el mundo existían muchos Carlos y uno siempre debe destacarse del montón, así sea en el nombre. Carlos nos contó entonces al terminar nuestro improvisado almuerzo, que hace mucho tiempo, esta zona se le incautó al narcotráfico y que luego se remató y se le vendió a los actuales dueños. Luego del proceso de concesión, la piscina se dejó de utilizar y actualmente se encuentra abandonada. 

Al avanzar hacia la playa nos encontramos con que esta zona de camping es especialmente bella, y uno puede realmente acampar en la playa. El viento soplaba suave y la playa nos invitaba a refrescarnos un rato y a pasar por alto los letreros que advertían acerca de corrientes submarinas peligrosas. 

El mar en este punto se ve algo picado pero no se ve tan peligroso como arrecifes y cañaveral, ya que estas últimas tienen una pendiente bastante pronunciada, mientras que castilletes no. Decidimos dejarnos llevar por la refrescante tentación e hicimos un descubrimiento asombroso: 

Bañarse acá es una delicia, las olas son fuertes pero si uno no se aleja demasiado de la playa, es seguro y muy divertido. Nos encontramos con un mar que jugueteaba con nosotros, jugábamos a revolcarnos, a ver quien se cansaba primero, y como era de esperarse el mar salió victorioso y nos dejó una invitación muy cordial para regresar. Solo al salir a la playa nos dimos cuenta de que el día era perfecto, el cielo azul no dejaba lugar a dudas de que el creador había esculpido este lugar con sus propias manos, la playa larguísima de castilletes está custodiada en sus dos extremos por picos rocosos de formas peculiares, cual guardianes que cuidan un lugar muy valioso, y efectivamente lo hacen porque uno de esos guardianes nos impide llegar directamente por el sendero.

Decidimos que es muy tarde para bajar hasta los naranjos, así que emprendemos el camino de regreso hacia arrecifes, pero por el sendero por el que ingresamos inicialmente al parque y no por la playa, para ahorrar algo de tiempo. 

Al llegar a nuestra zona de camping, decidimos que hay que abandonar ese camping y dirigirnos de una vez hacia el cabo San Juan De Guía, ya que tras haber conocido castilletes, decidimos que queríamos definitivamente acampar al menos una noche en castilletes. 

En medio del afán por llegar a Cabo San Juan -eran ya las cuatro de la tarde y no queríamos que se nos anocheciera en camino con toda la carga- decidimos avanzar por un supuesto sendero que hay desde esa zona de camping hasta arenilla, y nos encontramos con la peor decisión, ya que este camino solo es usado por las mulas y estaba totalmente embarrado, lo cual aumentó la dificultad al triple, pues sufrimos varias caídas y muchas chanclas quedaron atrapadas en el fango que en algunos pasos poco certeros sumergían hasta la rodilla a las ya cansadas piernas.

Al salir de este fango pensábamos que estaríamos a la altura de arenilla, pero ni siquiera habíamos pasado de arrecifes, por lo cual decidimos tomar el camino de la playa y no improvisar más, ya que el tiempo apremiaba y siendo las cinco de la tarde pasamos por
arenilla con algo de afán y cansancio latente. 

Pasamos de largo por la piscina y luego de 20 minutos más, por un sendero algo difícil, llegamos finalmente al cabo san Juan, y tras un largo y engorroso registro nos dispusimos a acampar. En medio de la oscuridad terminamos de armar las carpas y luego de la extenuante jornada todos buscamos en acuerdo tácito silencioso la manera de ducharnos, ya que estábamos realmente agotados.

La zona de camping de El cabo resultó en el aspecto logístico y de servicios algo decepcionante ya que es la zona más visitada del parque y solo tiene 4 baterías sanitarias y dos duchas para al menos unas trescientas personas que se encontraban ese día allí.

Nuestros vecinos: Unos scouts extranjeros (franceses, creo) que se la pasaban cantando en forma de rezos o rituales extraños de los que no tenía noticia. Un grupo bastante numeroso y muy bullicioso. Por otro lado una vecina europea que no vimos mucho y por otro lado una pareja argentina muy amable. Esto lo supe al día siguiente ya que la negra noche se había ceñido sobre nosotros. Luego de una ducha internacional, en la que empezamos a codearnos con gente de toda nacionalidad. 

Era una noche clara con una luna que se ocultaba detrás de uno de los pequeños montículos que resguardan el cabo san Juan, pero que fue mostrándose a medida que avanzaba la noche. Nos acomodamos en la playa junto a muchos otros grupos de gente, que con una vela enterrada en la arena parecían a lo lejos luciérnagas gigantes estáticas y bulliciosas. Es una escena bastante romántica la que nos presentó la luna al subir el telón: La cabaña del cabo San Juan de Guía se erguía imponente como desafiando el cielo que se teñía de blanco, y que tenía al oriente un montículo hermano sobre el cual se alzaba dominante la luna llena blanca y que dibujaba en las tranquilas aguas del cabo, un filo hilo de plata que iluminaba el suave golpeteo de las olas a solo 1 metro de las luciérnagas gigantes amarillas. Otra escena digna de enmarcar e imposible de fotografiar aunque estaba más pendiente en tratar de que aquella imagen se tatuara para siempre en mi memoria y recordarla en aquellos momentos en que me sientiera solo y sin rumbo. Uds la verán con sus propios ojos cuando sus itinerarios y el de la luna se crucen. 

Pronto día 3

Comenten para animarme a seguir

Tips:

Empezar el recorrido desde cabo san juan de guía ingresando al parque por la entrada de calabazo y luego ir recorriendo el parque hacia el occidente para no hacer desplazamientos tan largos.

Tiene que ver con: Ahorrar dinero
En Parque Tayrona, Colombia


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