10.000 km de Patagonia argentino-chilena; mar, estepa, hielo, y montañas

Escribe: epulver
Un viaje espectacular de 10.000 km por Santa Cruz, Tierra del Fuego, Magallanes, Canales Fueguinos, El Calafate y Torres del Paine. Ruta, Mar y Trekking

 

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El Calafate-Torres del Paine, en busca de montañas

Parque Nacional Torres del Paine, Chile — lunes, 24 de enero de 2011

Como siempre desarmar la carpa y armar el auto llevó un par de horas desde que nos levantamos. Para ir a Torres del Paine hay que ir por la ruta RP5 hasta La Esperanza en la mitad de la Patagonia porque el denominado atajo por la RN40 no lo recomienda nadie. Pese a eso consultamos en un puesto de Vialidad Provincial y nos confirmaron eso. Son 150 km de asfalto contra 65 de ripio para llegar a Tapi Aike, pero en tiempo es casi lo mismo (en ese ripio no se puede ir mucho más de 40/50 km/h) y además por el asfalto hay dos posibilidades de cargar nafta, en Esperanza y en Tapi Aike. En el primero no había nafta pero nos dijeron que en Tapi seguro que tenían. Es importante cargar antes de cruzar la frontera sino el único lugar que quedaría era Cerro Castillo donde cargamos en nuestros anteriores dos viajes a casi el doble de precio que en la Patagonia Argentina. (al sur de Sierra Grande sobre el Atlántico y en El Bolsón sobre la cordillera, en Río Negro, la nafta cuesta 3.267 $/l contra 4.197 en el resto del país). O bajar 40 km hasta Río Turbio. Cargamos nafta en Tapi Aike y llevábamos el bidón de chapa de 20 litros lleno. En el Paso Internacional Cancha Carrera hicimos los trámites muy rápido. En Cerro Castillo del lado chileno el SAG (SENASA chileno) nos confiscó de la guantera un tronquito seco del Lago Fagnano y unos líquenes que junté en el lago Yehuin y que crecen en lugares con contaminación atmosférica prácticamente nula. Por suerte no nos hicieron desarmar el baúl que estaba hasta el techo de cosas pero abrieron bolsos y revisaron la heladerita en el habitáculo. Preguntaron por salamines, jamón crudo, y verduras y frutas. También seguramente podrían haber confiscado artesanías en madera o con semillas (no me queda claro) que no llevábamos, pero es para tener en cuenta al pasar a Chile. Todo lo confiscado es incinerado cada día por lo que a la vuelta, cuando por curiosidad pregunté si me podían devolver lo que me sacaron, como respuesta tuve la imagen de la puerta del horno. A pocos metros de la Aduana ,en el Gift Shop de Cerro Castillo,. compré un  poster de los cuernos del Paine que se me había arruinado en nuestra última mudanza, y cambiamos algunos dólares a pesos chilenos por las dudas que no nos alcanzara lo que ya teníamos.
Quisimos cargar nafta pero no encontramos el surtidor que ya conocíamos de nuestros anteriores viajes.
Preguntamos a unos motoqueros que resultaron ser españoles y también estaban
perdidos dando vueltas por el pueblo en busca de nafta. Al final encontramos un
lugareño que nos informó que lo habían sacado por no cumplir ciertos
requisitos. Ahí me alegré de tener el bidón lleno porque sino dependeríamos de
buscar nafta en la administración del parque donde no siempre hay
disponibilidad y la cobran a precio oro.
Llegando al lago Sarmiento parada obligada en el monumento a Plüschow, en este viaje para observar más en detalle y fotografiar la bahía Tsingtau (en honor a la bahía en China donde combatió en la 1er guerra mundial), base de operaciones de sus vuelos en Torres del Paine.
En la Portería Lago Sarmiento  averigüé por algunas posibilidades de hacer trekking y abonamos la entrada de 1 dólar para los menores de 17 años, y 28 para mayores extranjeros. Esta vez amablemente me dijeron que podían recibir cualquier moneda, incluso pesos argentinos., a diferencia de 2004 cuando no nos dejaban entrar si no teníamos pesos chilenos. En ese momento conseguí cambio de casualidad por un chileno, que no era turista y que estaba en la portería y se apiadó de nosotros. Ni me aceptaban dejarles un billete de 100 dólares hasta el día siguiente mientras conseguía cambio en Puerto Natales donde nos habíamos alojado esa vez, cosa de locos. Por suerte ya cambiaron esa política al igual que un mejoramiento importante de los caminos. Todavía no están como le hubiera gustado a mis amortiguadores, pero algo han hecho. También me informaron que una vez solucionado el conflicto de Magallanes el Parque se inundó de turistas nuevamente contra lo esperado por ellos.
Sobre el fin de la tarde llegamos al Camping Pehoé donde había pocos lugares ocupados, y así nos pudimos ubicar en uno de los mejores refugios para las carpas que tienen, el lote 16, amplio para nuestra gigantesca carpa de 5x3m, muy bien protegido del viento y muy cerca de los baños y la portería. Yo tenía reserva hecha para un sitio, pero los refugios grandes están en general reservados para los camiones, y micros panorámicos con doble furgón (cuchetas en el segundo de ellos) con turistas europeos que los usan como comedor. Pero el lote que nos dieron está bastante encerrado por la vegetación y sería poco práctico para ese uso. Me agendé el número para la próxima ya que es un lugar excelente para acampar. En este parque tener la carpa bajo techo protegida del agua y el viento es muy importante porque lo más probable es que toquen varios días de mal tiempo. En 2009 el refugio era más pequeño y la parte que sobresalía llegó a aplastarse tanto sobre el resto de la carpa, que se quebró uno de los sectores del fleje flexible que sostiene el sobretecho, además de generarse algunas goteras en la parte del comedor donde obligatoriamente se cocinaba y comía dadas las inclemencias del tiempo. Este año el pronóstico era más prometedor por lo que nos acostamos con la consigna de que si amanecía con buen tiempo los chicos y yo iríamos al Mirador de Las Torres mientras Patricia se quedaba en la hostería del mismo nombre en el inicio del trekking. Antes de acostarnos una buena cena caliente y mucha ropa para meterse en las bolsas de dormir lo más abrigados posible ya que la temperatura estaba por debajo de los 10º C. Ya a esa hora estaba bastante despejado y pensé en levantarme a la madrugada para sacar alguna foto con la luna en cuarto menguante  iluminando el paisaje, pero el cansancio y el frío pudieron más. Días después vi que la Luna iba a estar muy baja y poco iluminada así que no me perdí gran cosa.


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