*Colombia - Venezuela *

Escribe: maxituc
En este relato trato de compartir con los mayores detalles posibles mis experiencias vividas en este gran viaje de mes y medio acompañado por 3 grandes amigos por dos extensos paises, con excelentes recuerdos y otros no tantos, pero que hacen a la vida misma mas rica y sana.

 

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Coro, Chichiriviche y Cayo Sombrero (el paraíso)

Parque Nacional Morrocoy, Venezuela — jueves, 9 de agosto de 2012

Partimos al mediodía a Coro, entre “pitos y flautas” llegamos a destino a las 18 hs. Nos recibe Litsama, amiga de José. Nos lleva a conocer a su familia, la cual tenía la característica que todos los integrantes de la misma tenían nombres indígenas. Por la noche nos llevan a conocer el centro histórico de Coro el cual me pareció muy pintoresco. No tuvimos tiempo de ir a los médanos (atractivo principal de Coro) ya que debíamos partir hacia el parque Morrocoy.   Desde Coro debíamos ir hasta Valencia y desde allí un taxi hasta Chichiriviche (Morrocoy). Gastamos en el trayecto 65 bolívares cada uno. Llegamos a Chichiriviche. Un pequeño pueblo de no mas de 5000 habitantes que vive básicamente del turismo, por lo que había a disposición muchas posadas.

Nos alojamos (luego de comprar precios) en el hotel Capri (en realidad es una posada) y nos cobraron 62 bolos por persona la noche. No era la gran cosa el hotel pero tampoco buscábamos lujo sino un lugar para dormir. Dedicamos el día a recorrer un poco Chichiriviche, que no nos llevó mucho tiempo ya que es muy chico. Averiguamos como ir a los cayos, y a cual nos convenía mas ir. Decidimos ir al Cayo Sombrero, que según nos dijeron, era el mas lindo. Compramos nuestras provisiones y arreglamos con el encargado del hotel para dejar nuestra mochilas allí mientras íbamos unos días a acampar al cayo. Cenamos un sanguche de jamón y queso mas un jugo de naranja de medio litro por 25 bolos c/u. y a dormir.

Para ir a cayo sombrero solo había que acercarse a la playa de Chichiriviche y allí se te acercaban de todas las lanchas a ofrecerte llevarte. El precio se lo podía regatear un poco. Si éramos cuatro nos llevaban por 200 bsf. Ida y vuelta. Nos dejaban y nos buscaban cuando les digamos, pero había que confiar en que te iban a buscar. Tratamos de arreglar con uno para que nos lleve por 100 y los otros 100 se lo pagábamos a la vuelta; como acordamos con un intermediario éste nos dijo que sí. Pero sin embargo cuando llegamos al cayo sombrero nos quiso cobrar todo junto y se ofendió bastante cuando le hicimos ver que su intermediario nos había dicho que nos podía cobrar primero una mitad y después la otra.  Fue una situación un poco tensa que se podría haber evitado.

El cayo es fantástico. Al ser temporada baja no había absolutamente nadie y era toda una islita solo para nosotros, al mediodía y hasta las 5 de la tarde llegaban lanchas con gente que iba a pasar el día que luego se iban y de ahí era todo para nosotros. En el cayo había varios grupos de argentinos acampando. Un grupo de 4 cordobeses mas otros 2 que se estaban yendo. Una parejita joven de Buenos Aires mas otra pareja de Buenos Aires que llegó un día después. Más alejado de nosotros había una rusa que no intercambiaba palabra con nadie y por otro lado un ruso. Era un lugar súper seguro. Estaban los guardaparques que muchas veces se ponían medio pesados y se molestaban por cualquier cosa que hacíamos, por más de que no sea nada malo. Nos quisieron cobrar para poder quedarnos pero habíamos averiguado en la información turística de Internet que en temporada baja acampar en los cayos era totalmente gratuito; y como no hubo resistencia, parece que estábamos en lo cierto.

Hicimos un buen conjunto comunitario con los otros argentinos del lugar. Nos juntábamos a cocinar y comer todos juntos; muy buena onda la verdad. La leña que conseguía uno era para todos. El agua se compartía y también el agua de coco, la sal, cualquier insumo. Hasta cada uno cocinaba lo que había traído y lo ponía a disposición para todos. Era como un gran banquete en el cayo. Aprendimos a hacer arepas así que todos los días las hacíamos, eran económicas y nutritivas. Así estuvimos durante 4 días. Viviendo a lo naufrago. Dividiendo el tiempo en disfrutar de las cristalinas aguas, hacer fuego para el desayuno y mantenerlo para el almuerzo y buscar leña para la cena. Intercambiar historias con los nuevos amigos y mas que nada, “ondear”. Realmente estábamos en el paraíso. Por las noches corría mucho viento, pero nada que un rompevientos finito no pueda apaciguar.

Lo único malo del viento es que una noche sopló bastante fuerte y por momentos parecía que se llevaba la carpa, sumado a que lloviznó un rato. Nuestra comida se dividía en arroz con tomate + carne enlatada; fideos con sopa en forma de salsa, arroz amarillo; y algo que nos convidaban los otros náufragos jeje. Esos días en el cayo sombrero estuvieron en el top del viaje y realmente disfrutamos mucho. Luego de 4 días allí volvimos a Chichiriviche para dirigirnos a Choroní (previa escala en Maracay).


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