´ Decidimos hacer el recorrido por las cataratas del lado brasileño y la represa de Itaipú con un taxista que nos llevaba por todo el día. Lo importante es tener los documentos en condiciones y no olvidar la libreta de casamiento. El tema de cargar todos los documentos se hace un poco lento en la Aduana, terminado este tramite llegamos a Foz, ciudad enorme, prolija y limpia, seguimos por la ruta rumbo a la entrada a las cataratas.
El lugar parece imponente, todo automatizado, y por supuesto al cambio nuestro mucho más caro. Las instalaciones están impecables.
Subimos a los colectivos que nos llevaron hasta la entrada de la pasarela, frente al antiguo hotel. Ver las cataratas siempre es un privilegio, son imponentes y majestuosas. Tratamos de hacer el recorrido lo más tranquilo que podíamos, pero había mucha gente, y tratar de hacer una buena toma fotográfica no era tan fácil, los coatíes rondaban por las sendas. Mantienen muy limpio el lugar, cada tanto veíamos algún empleado recogiendo alguna que otra basura arrojada por los inconcientes de siempre. En el último tramo nos mojamos mucho, había gente que llevó paraguas y otros llevaron impermeables. No quisimos hacer la cola para subir por el ascensor, así que hicimos el recorrido subiendo por las escaleras. Una gran cola nos esperaba para subir al colectivo.
Allí me pasó algo terrible, en un momento saqué la cámara digital, se me cayó y no me di cuenta. Fue tarde, un segundo de distracción y perdimos la cámara y las más de 200 fotos que sacamos, fue terrible. Por más que hable con la gente de seguridad no hubo caso.
Así que fuimos a Ciudad del este a comprar otra cámara. Esta ciudad en contraste con Foz, es sucia y desordenada, ciento de personas por todos lados, un caos vehicular del que queríamos salir rápido. De allí nos dirigimos a Hernandarias, a la entrada de la represa de Itaipu. Nos mostraron un audiovisual con la historia de la represa, y después nos llevaron en colectivos a verla, buena explicación por parte del guía. Había mucha agua, se veía imponente.
Este paseo dejó un sabor amargo por la perdida de la cámara.