El viaje lo inicie en Quito, muy temprano en la maniana. Se sale con direccion al sur hasta llegar al Parque Nacional. Fuimos un grupo mas bien pequenio de 12 personas que no nos habiamos conocido antes y que teniamos como unico lugar comun el que queriamos hacer algo diferente. Y vaya que todos lo logramos. La serenidad del lugar te impacta e impresiona. Los 3.200 metros de altura no se sienten ya que la ascension es gradual de tal forma que no hay ni mareos ni malestar.
El grupo muy compacto y terminamos haciendo amistad. Me impresiono la resistencia de los caballos llamados "parameros" ya que pese a ser mas bien pequenios estan adaptados a esas alturas (Y mas...) y son bastante dociles. Otra cosa que me gusto bastante fue el que te ofrecen la vestimenta del "chagra" (vaquero andino) que consiste en pantalones hechos de cuero y poncho hecho de lana pura de oveja. Con este particular atuendo que nos "uniformizaba" a todo el grupo destacabamos en el paisaje por los contrastes de color con que impregnan los indigenas a sus vestidos. (Lo veran bien en las fotos). De aqui en mas, todo es vivir una experiencia maravillosa por dos inolvidables dias con un nivel de interiorizacion dificilmente encontrable en otras ocasiones. Supongo que esta capacidad de transmitir paz que te da el medio ambiente sin ayuda de nada mas dejaria sin trabajo a mas de un Sicologo, Terapeuta y demas tropa encargada de unos menesteres que solo te dan los elementos puros como lo es el aire, la amplitud de horizonte y un no se que de estas latitudes.
Aparte del gozo, si algo de bueno logre .... fue precisamente esto. La noche y las comidas las hicimos en una casa de Hacienda. No recuerdo haber saboreado un cafe caliente mas agradable que alli. Y no necesariamente porque el cafe fuera fino o especial sino porque sus vapores se confundieron con el calor de la conversacion entre ese grupo de extranios que terminamos, como el ambiente que nos rodeaba: serenos, tranquilos y amables.