Diarios de viaje > Parque Nacional Cotopaxi, América del Sur

5.897: Cima en el Cotopaxi

Escribe: Alejandro3030
¡Rumbo al segundo lugar del mundo más cercano al sol y a las estrellas!

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 Capítulo 2 3 4 5 Siguiente >
 

"Be blinded by the white"

Parque Nacional Cotopaxi, Ecuador — lunes, 1 de noviembre de 2010

"Alejandro, tengo ganas de vomitar".

Con estas palabras me despertó Juan Carlos.  Le dije que se debía a la altura y que considerara seriamente si sería buena idea subir.  Juan Carlos bajó a hablar con los guías y a esa hora, 10 pm, comencé a preparme para ascender.

Minutos después estaba en la planta baja del Refugio con todo mi equipo listo.  Wilson, el encargado del Refugio me dijo: "Yo a tí te conozco.  Estuviste aquí hace nueve o diez años con una española buenota.  Recuerdo que acamparon en el tanque y que vos me pediste les facilitara agua.  ¡Que gusto verte!  ¿Qué hay de tu vida? ¿Cómo así, a los años?"

Me sorprendió que me recordara.  Le hablé un poco de mi vida desde ese entonces, de mi matrimonio con mi esposa belga, de mi hija Violeta, y de ese amor por las montañas que me traía de regreso, diez años después.

Juan Carlos apareció con el equipo para escalar.  No se daba por vencido.

11 pm.  Habían partido dos italianos con un guía.  Uno de ellos regresaría apenas pasados diez minutos.

Salimos.  La noche con sus luces multicolores nos esperaba.  Gustavo iba adelante, ubicó luego a Juan Carlos y yo iba al final.  Doble piqueta y paso constante.

En lugar de contar el ascenso por metros de elevación Gustavo lo hacía por número de pasos.  "De aquí a tal punto hay quinientos pasos".

Comenzamos a ascender por la ruta de las rocas llena de nieve.  Arriba se veían dos luces y poco a poco comenzaron a salir más y más luces del Refugio.

Gustavo diagnosticó rápidamente la situación de nuestro grupo y caminábamos muy lentamente pero sin parar antes de las pausas ya propuestas.  Así lo hicimos hasta la entrada al glaciar, a más de 5.000 metros.

En este punto nos encontramos con el guía del italiano que quedaba quienes ya iban de regreso.  Expedición abortada.  Nos habían alcanzado un grupo de austriacos y el guía de éstos le pidió al guía del italiano que le ayudara llevando de regreso al Refugio a uno de los austriacos que ya abandonaba también el ascenso.

Le pregunté a Juan Carlos cómo se sentía.  Me dijo, "Continúo".

Nos encordamos, guardé uno de mis bastones y saqué una de las piquetas.  Comenzamos el difícil ascenso por la ladera de hielo y nieve del glaciar, sucado de grietas y formaciones de hielo hermosamente caprichosas.

Horas y horas de ascenso.  Los otros grupos nos alcanzaron y pasaron.  Íbamos a paso tan lento que me congelaba.  Me molestaba sobremanera la situación y tenía alivio temporal cuando acometíamos alguna pendiente y entraba en calor.

Otro guía descendía con dos austriacos más que abandonaban la escalada.

Se acercaba la hora del amanecer.  Al este el sol comenzaba a rayar y en una de esas blancas laderas decidí hablar.

"Vamos demasiado lento" - les dije a Gustavo y a Juan Carlos - "me congelo.  ¿No podemos ir un poco más rápido?"

Gustavo, como guía experto, sabía lo que hacía.  Y ahí tuvimos el resultado.  Aceleramos un poco el paso y ví como Juan Carlos se detenía, se agachaba y vomitaba.

"Ya mismo llegaremos a un sitio en el glaciar donde no hace frío.  Falta poco" - dijo Gustavo.

Llegamos al sitio.  Níveo paisaje de exquisita belleza.  El sol aparecía sobre el colchón de nubes y el Antisana era claramente visible.

Nos sentamos.  Veía las rocas de Yanasacha sobre nuestras cabezas, el glaciar, el amanecer, la cima... y maldecía por dentro.

Juan Carlos trataba de recuperarse.  Comimos chocolates.

Gustavo le preguntó a Juan Carlos cómo se sentía.  Yo le dije, "Si te sentías mal, ¿por qué no descendiste con alguno de los guías que bajaban?  Esto no es un juego, y ahora tendremos que abortar también la expedición".

Juan Carlos en silencio procuraba recuperarse.  Gustavo me preguntó cómo me sentía.

"Estoy congelado.  El frío se ha llevado buena parte de mis energías.  Estoy frustrado.  Sé que Bladimir piensa que lo importante es el camino y disfrutar la montaña más que llegar a la cima.  Pero para mí eso no cuenta.  Quiero la cima.  Quiero la cima".

A la larga quien debía tomar la decisión era Gustavo.  Propuso que continuáramos un poco más para ver si alguna expedición descendía y si Juan Carlos no se sentía bien, bajara con ellos al Refugio.

Tomamos hacia la derecha para rodear los glaciares próximos a Yanasacha.  Ascendimos por blancas rampas y luego por un camino tan angosto y precario sobre laderas tan empinadas que sentí miedo.

El sol nos hizo mucho bien.  Desapareció el frío de mi cuerpo y se evaporó la idea que Juan Carlos descendiera.  No se dió por vencido.

Los Ilinizas eran claramente visibles sobre el colchón de nubes.  Eventualmente llegamos a una roca al nivel de Yanasacha donde vimos a las expediciones que nos habían pasado ya descender desde la cima.

Hicimos un alto.  Encontraríamos allí a David con su guía.  David estaba muy cansado.

5.700 metros.  Con ánimo continuamos por una muy difícil ladera rumbo a la Canaleta.  Al llegar a la base de ésta quedé mudo de asombro.  Era una subida de hielo de unos 15 metros o más en un ángulo muy vertical.

Pensé en ese momento en abandonar el intento a la cima.  Pero mis brazos no me hicieron caso.  Sacaron otra piqueta y con una piqueta en cada mano esperé mi turno para ascender.

(Próximo capítulo: "¡Gloria, Gloria!")

Publicado
Modificado el
Leído 506 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 Capítulo 2 3 4 5 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

byvicobe dice:
Tienen lo que se necesita, el amor por la montaña y la fuerza que vence el cansancio, mis rspetos amigos, a JC y a tí Ale.
Publicado

crisro dice:
Wouuuuu sigue la emoción!!!!!
Publicado

IYALOO dice:
Alejandro....Te felicito...Tanta belleza digna de admirar me he quedado lela mirando una y otra vez tanta hermosura..Te felicito y te Admiro.
Publicado

un viajero dice:
Es curioso, pero las interesantes historias y conversaciones de camaradería en los refugios de montaña veo que se parecen y repiten en todo el mundo
Publicado

un viajero dice:
el primer paso para conseguir los sueños :la pasion
Publicado

Caminante77 dice:
Hay dos tipos de satisfacciones que te hacen seguir el camino hacia la cumbre.... La satisfacion personal de llegar a pesar de las dificultades y el reconicimiento de unos pocos, pero excelentes personas como ustedes!! Gracias!
Publicado

Alejandro3030 dice:
Así es, Juan Carlos. Saludos, amigos!
Publicado

Carmen_G_A dice:
¡Que proeza!
Publicado

jimenez225 dice:
Vaya proeza!
Publicado

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Las rocas de Yanasacha. Amanece en el Cotopaxi.

   

Capítulos de este diario