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Buscando Inspiración hallé un Apacible Pueblo donde Morir sin Pesares

Escribe: jimenez225
Me acerque a una casita de matizadas tejas coloniales y quedé embelesado de ver una dulce anciana tejer sin apuro alguno en un inmaculado paño templado sobre un bastidor de madera una flor en punto de cruz. Se mecía tan despacio y apacible sobre su desvencijada mecedora que apenas se movía el aire a su alrededor. Tosí para advertirle de mi presencia. Le pregunté cómo salir del pueblo. Puso el bastidor en una cesta tejida. Se incorporó con la parsimonia que le permite sus años y me indi

 

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Capítulo 1
 

Buscando inspiración hallé un apacible pueblo donde morir sin pesares

Parita, Panamá — jueves, 17 de noviembre de 2011

Esa mañana desperté sobresaltado. Soñaba un raro sueño adentro de otro sueño. Y en ambos me congelaba. Concluí que algo tenía que ver la terquedad del aire acondicionado del hotel donde me hospedaba. Y creo, que de no ser por el frio ártico de aquella habitación, seguiría sumido en el marasmo de aquel perturbador sueño. Me di una tibia y reconfortante ducha, me vestí y salí de aquel gélido cuarto. Ya en las solitarias calles de Chitré un matinal sol alegraba la mañana tanto que hallé tarareando  la popular canción, “Pedro Navaja” de Rubén Blades.

              Mientras sorbía un desastroso café, desde la esquina de un cafetín, centré mi atención en un viejito que yacía  en el umbral de la iglesia de San Anastasio. Estaba tendido como los muertos. Le faltaba una cutarra (calzado artesanal de tiras de cuero). Grande fue mi pena  verlo allí en la puerta de la iglesia. Una inquietante angustia me mantuvo clavado en la silla esperando que despertara por su cuenta, se levantara, buscara la cutarra faltante, y se fuera campante a su casa. Pero no ocurrió. Un obrero de construcción, que desayunaba vigorosamente vio mi acongojado rostro, intuye que soy foráneo, y me conforta conque “..no tai muerto iñor.., tai jumao…” Aquello me libró del pesado embalaje de la ansiedad. Agradecí al obrero y  le pregunte donde debía abordar el autobús hacia Parita. Aquello confirmo su intuición y desató un sartal de preguntas y con tal de librármelo le dije que pagaba una manda en todas las iglesias coloniales del país. Me miró como bicho raro, me dijo donde abordar el bus y me deseo suerte en mi compromiso.

                Era una resplandeciente mañana. En la terminal de autobuses de la ciudad de Chitré se respiraba somnolencia. El bus hacia Parita tardaba y me impaciente y cuando estaba a punto de retirarme llega un desvencijado busito al aparcadero. No era lo esperado. Tenía pinta que se desarmaría en el camino. Me acerque al conductor que todavía hacía maniobras por encajar en el diminuto aparcadero  y me subí al bus. Cuando el conductor vio el enorme maletín de mi cámara supuso que era turista y me abordó con aquel hechizante acento chitreano. Me invito a que ocupar el asiento a su lado y no paró de hablar y yo de escucharle cuando de repente pregunto.., “y que andai  jasiendo por estas tierras…” Al igual que el obrero le torcí el propósito de mi visita. “Joooo…. –respondió sorprendido- eso tai bellaco…” Al momento del zarpe una dama se sentó entre nosotros.  Su acento montuno (muy del campo) fue hechizante. Jocosa y con modismos lingüísticos arcaicos los escuché  hablar de mí, con Eloy, el conductor, como si yo no existiera. Eventualmente me escudriñaba como con lupa y reanudaba su conversación. Cerré los ojos y dejé permear a las cavidades de mi cuerpo las ocurrencias y giros de aquel coloquio donde me asoleaban como chisme de pueblo y luego pasaban a otro tema sin pena ni gloria. El viento que acariciaba mi rostro y  las jocosidades de aquella conversación me llevó por los senderos de la somnolencia y en algún indefinido momento del recorrido me dormí. Poco antes de car en las redes del sueño recordaba los motivos que me llevaron a recorrer todas las iglesias coloniales de mi Panamá.

                El sacerdote de nuestra comunidad, Cesáreo, un simpático guatemalteco, anhelaba ampliar y remozar la iglesia.  Mi esposa, que pertenece a la junta parroquial me involucró ad honorem en el diseño y desarrollo de los planos de este anhelado proyecto. La iglesia requería de un nuevo vestido y fui escogido el sastre para vestirlo.  Jamás había remodelado una iglesia en mi larga carrera profesional. Escarbé todo lo relacionado con iglesias buscando aquella divina inspiración y en esa búsqueda  pasaron días, semanas, meses y nada. La musa divina me había abandonado hasta que un amigo me contó primores de la iglesia de su pueblo. Fue así como de golpe supe que debía hacer. Con mochila a cuesta me fui en una loca cruzada por todo el país persiguiendo la ansiada musa. Fue en esa repentina aventura que hallé muchas cosas para el alma.

                Volví  a soñar el mismo doble sueño de la madrugada, a diferencia que en esta me calcinaba. Desperté sobresaltado. El bus estaba detenido a media calle en medio de la agreste campiña, el sol reverberaba y todos me miraban. Al cabo de un largo silencio Eloy se detuvo porque no sabía adónde me dirigía. A la iglesia de Parita respondí  avergonzado. Eloy giro hacia los pasajeros e inició un elocuente discurso de hospitalidad, amabilidad y cortesía con los turistas que se duermen y se pasan de largo su destino y le pidió permiso para llevarme a Parita de donde habían salido kilómetros atrás. Yo ansiaba que una ballena me engullera de la vergüenza cuando todos asintieron regresar sin reparos ni quejas. Eloy giró repentinamente el busito en la solitaria calle. Los neumáticos soltaron un agudo berrido que pensé que saltarían, pero al cabo de unos minutos estaba de vuelta en Parita y frente a la iglesia Santo Domingo de Guzmán  arrebolado de vergüenza con todos los pasajeros a quienes hice perder su tiempo durmiéndome camino a mi destino. Una doñita me obsequió dulces bendiciones y luego se fueron.

                Empezó a lloviznar justo cuando inicie la sesión fotográfica de los exteriores. Allí fue que note que era la única iglesia, de todas las visitadas,  en tener la torre del campanario justo en el centro del templo, bajo la puerta principal. Todas las demás tienen sus campanarios en los costados. Además, y esto es un valor agregado; es la única con una escalera lateral externa para remontar al campanario. También me percaté del silencio abarcador de este pueblo. Aquí anidaba el silencio de la paz y del retiro. Y lo sorbí  a mis anchas, atesorándola en las arcas de mi alma, almacenándola para los venideros años de mi vejez. Fue entonces que noté la ausencia de juventud en el pueblo. El silencio no es cosa de ellos. Ellos migran hacia el bullicio. Lo persiguen, lo anhelan, lo buscan.

                Cuando me deleitaba con la arquitectura del campanario noté que estaba revestida de conchas de madre perla. Recordé haber visto solo dos iglesias en todo el país con campanarios nacarados; la iglesia de Natá y la Catedral Metropolitana de Panamá.  Ahora Parita se sumaba a los campanarios privilegiados. Y no es simple coincidencia. Me contaron que en el mar, y en las llanuras, el sol  y la luna, tienen algo en común con los navíos y tropas españoles. Sirven de faro. El sol, o la luz de luna reflejan como espejos en las conchas nácar mostrándoles el camino. Y en las noches de luna llena resultan muy útiles.

                Me deleité con el interior de esta iglesia. Desde sus pilares de dura madera de níspero, el abigarrado entramado de su techumbre, sus tres hermosas naves, sus refinados retablos, labrados primorosamente en varios cuerpos y  calles, de los barrocos y policromados ornamentos pintados de oro, sus hornacinas con arcos sencillos y trilobulados, sus delicadas ornamentaciones, sus salomónicos pilares cargados de flores, pámpanos, girasoles, de frutas, vides, granadas policromados de evidente estilo barroco churrigueresco, sus afeites y fustes, sus delicados pináculos, meandros y roleos. Luego me fui a escudriñar con pinzas el meticuloso tallado del púlpito y no recuerdo cómo terminé frente a una resquebrajada calavera sacada bajo el piso sagrado de la iglesia. La pobre la colocan de retablo en retablo. Fue frente al cuadro de la Ánimas que me sentí subyugado con aquellas almas que arden en el purgatorio y de cómo un angelito ayuda a uno de ellos a salir de las brazas del infierno.  Allí estuve un largo e infinito tiempo y acabé recostado en las duras bancas reponiendo el cuerpo hasta que un atento joven me regreso todas las cosas que yo iba dejando en las bancas; gorra, estuche de mi cámara, lentes, botella de agua, protector de lente, mochila y hasta el lente de 50 mm de mi cámara. Entablamos una breve conversación y le pregunte porque estaba vacío el altar mayor. Mientras me conducía por un laberinto de aposentos  me contó que la humedad había minado la vetusta pared y cuando desmontaron el altar y rasparon la pared hallaron varios cuadros pintados en yeso, objetos invaluables y varias osamentas cuando levantaron el viejo piso bajo el altar. Todo fue custodiado con esmero  esperando ser catalogadas, evaluadas analizadas y restauradas, por especialistas que nunca llegaron por razones pecuniarias. Ellos optaron por exhibir algunas cosas a su cuido y vigilancia buscando recaudar fondos para terminar el altar. Finalmente salimos en lo que fue la antigua y colonial sacristía, convertida hoy en el único museo del arte religioso del país. Había piezas de exquisito oro labrado con  minuciosa y devota pasión, sorprendentes candelabros y toda la parafernalia litúrgica de la remota época hispánica. Una diligente señora, que leía una enorme biblia cuando entre, me llevo de la mano por la exquisita historia de todos los objetos en exhibición. Lo menos que pude hacer fue dejar una generosa donación para la restauración del altar.

               Seguía lloviznando, la mañana languidecía y aproveché para hacer un rápido recorrido por el pueblo hasta que me perdí.  Me acerque a una casita de matizadas tejas coloniales y quedé embelesado de ver una dulce anciana tejer sin apuro alguno en un inmaculado paño templado sobre un bastidor de madera una flor en punto de cruz. Se mecía tan despacio y apacible sobre su desvencijada mecedora que apenas se movía el aire a su alrededor. Tosí  para advertirle de mi presencia. Le pregunté cómo salir del pueblo. Puso el bastidor en una cesta tejida. Se incorporó con la parsimonia que le permite sus años y me indico cómo salir. Observé los dulces surcos de su ancianidad perderse bajo su ornamentado jubón y acabé admirando su larga cabellera plateada terminada en moño y  supe de golpe que ella, moriría algún día, en santa paz. Y anhele morir así, en silencio, en un pueblito de la campiña, sin sobresaltos, ni ruidos y en paz como ella lo haría algún día.

              Encontré la salida del pueblo y al poco rato me recogió el mismísimo busito de Eloy. Se contento de verme y me desate contándole todo lo vivido y de la imperante paz que se respira en Parita y acabé confesándole que anhelaría morir aquí, sin pesares ni sobresaltos y en la paz de una mullida cama soñando cosas dulces. “…tónces venda todo y véngase a vivir  pacá iñor..” afirmó con seriedad. Yo lo miré, el me devolvió la mirada, y sin mediar gestos estallamos en risas.

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Últimos comentarios

Aleleani dice:
Un placer leer tu entretenido relato . Qué lindos son esos pueblitos tranquilos y silenciosos.
Saludos.

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Vientopatagonico dice:
Que dulce relato, parece que somos dos los que deseamos ese tiempo de paz y quietud. Me hicistes recordar a mis abuelas indias...
Gracias por seguir escribiendo mi querido amigo , gracias!
Mi cariño para ti.
Mar.

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camarazu44 dice:
Te felicito por un relato espléndido, lleno de realismo y ternura, de calor y de sol. Te agradezco que lo hayas hecho llegar para hacerme pasar unos momentos muy entrañables. No conozco la zona de la cual hablas, pero el color y la pureza con la que lo cuentas me gusta mucho. Sigue así. Saludos.
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buvar dice:
Moraleja, la gente que busca, encuentra.
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CHARLYPOA dice:
Lo tuyo es escribir!!!!! como siempre no son diários de viajes son POEMAS, condimentados con el sabor local panameño, un deleite seguirte por los pueblitos de tu pais, felicitaciones.....
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babydollspain dice:
Preciosa iglesia, además dan ganas de volar ahora mismo allá de la forma que lo cuentas...
Saludos.

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amodio dice:
Yo vivo en un pequeño pueblo de 5.000 habitantes= - Una paz infinita no hay delincuencia o luchas. Voy al club náutico a jugar al ajedrez, siempre con los mismos amigos y la policía no sirve a nada

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vilmarocio dice:
Lo bello de la vida está en encontrar tesoros en las cosas más sencillas, tu relato es un deleite. gracias
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gzaldivar dice:
impresionante lo tranquila de la vida de la campiña, el olor a monte a hierba humeda en las mañaas y sus hermosos atardeceres llenos de mil colores. lastima que tanta gente migra para buscar un mejor futuro y dejan los pueblos con los abuelos que se niegan a salir de su tranquilidad
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josemarijimenez dice:
Genial relato como siempre muy descriptivo hasta el mas mínimo detalle aspecto este que hace que parezca que casi se puedan palpar esos detalles del lugar cosa que siempre le dan un plus especial sobre todo para los enamorados de lugares y gentes como los que relatas en este magnifico diario
Felicidades

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maff-1348 dice:
Gran relato para leer y releer...!!!
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Maria-eugenia-munoz-islas dice:
Gracias amigo por deleitarnos con tu relato, como siempre maravilloso, un abrazo.
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un viajero dice:
Que gran placer es leer tus diarios, llenos de ese realismo magico con el que te expresas!! Gracias, fue un gran deleite leerlo!!
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un viajero dice:
Gracias, José, por invitarme en tu recorrido.
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Tafuri dice:
Muy bueno, me gusta. saludos...
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yerbabuena dice:
Hermoso relato. Fue un placer leerlo.
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Mrbonn007 dice:
Bien relatado, transporta y motiva
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VICTORIA1955 dice:
Como en la Divina Comedia de Dante, parte del Infierno y El Cielo. Así lo percibo y te lo resumo. Tu sueño de angustia, el recorrido con los locales, el hallar un sitio que finalmente te hizo pensar en lo que muchos esperamos, el momento de nuestra partida.
Interesante, entre más se purifica el alma, más nos llena el silencio y la soledad. Algún esos jóvenes volverán a morir en paz.

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yaninanqn dice:
Excelente relato!!! Me encanto!! Gracias!!
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wambly dice:
M e parece una maravilla, a mi me gustan las iglesias y sus historias, esos objetos ocultos, me suena a previsiones contra malandrines y corsarios que con el tiempo fueron olvidados y ahora relucen para quienes aman lo sencillo...Muy buen relato.
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anapaula_2091 dice:
Felicidades por tan buen relato .. casi casii senti como si yo lo estuviera viviendo .. !! Muy bueno!
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jimenez225 dice:
Agradezco a todos (Aleani, Mar, Camarazu44, Buvar, Charlypoa, Babydollspain, Amodio, Vilma rocio, Gzaldivar, Josemarijimenez, Maff-1348, MariaEugenia, Samy10, Xaviercb, Tafuri, Yerbabuena, Mrbonn007, Victoria1955, Yaninangn, Wamblyy Anapaula2091) por leer mi diario de aventura luego de un periodo de ausencia. Igualmente agradezco sus valiosos comentarios dejados en mi buzon. Me inspiran a seguir escribiendo mis diarios.
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MarthaMS dice:
muy interesante
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Her_2004 dice:
Muy interesante diario. Felicitaciones por el relato y por saber transportarnos y ser parte de su viaje.
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BBaquero dice:
Que linda e interesante cronica, y más divertido como lo relata Usted. Muchas gracias, muy interesante.
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margarito22 dice:
muy hermoso relato amigo te doy un diez y felicidades por comparti tu relato chao

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rosasilvestre dice:
Gracias Jimenez, precioso relato. He pasado un rato estupendo leyéndolo.
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lauramontuyao dice:
Hermoso relato . saludos.
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Terelu dice:
Bonito relato, muy realista. Las fotos muy interesantes. ¡Cuánta riqueza en una iglesia tan pequeña!
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MEKIII dice:
Bellísimo
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kminan_t dice:
excelente relato una razon mas para apreciar nuestros pueblos del interior los cuales en nuestra juventud dejamos atras por las luces y bullicios citadinos, gracias por compartirlo con nosotros con esa redaccion tan realista
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MEKIII dice:
josé: lo he vuelto a leer. Me ha encantado. saludos
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jimenez225 dice:
Mekii
Gracias por releer mi diario. Es un halago saber que te relean. Gracias.
Jimenez

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marieldc69 dice:
Qué bello! Como ya lo expresé en diarios anteriores, usted escribe divino. y como bien le dicen en algunos comentarios, si se dedicara a eso, le iría muy bien.
Quién sabe, en una de esas, luego de jubilarse, se muda a Parita y escribe en su vejez...

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