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La magia de Eurodisney

Escribe: Bertuco
Este es un viaje de 5 dias a Eurodisney en el que he disfrutado como un niño, en compañia de mi hermano y su familia.

 

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8 Abril 2010, Jueves – El descubrimiento de la ciudad de la fantasía.

París, Francia — martes, 27 de abril de 2010

La alarma de mi móvil me despertó a las 8:00, pero no conseguí levantarme hasta 20 minutos mas tarde.

Dormíamos en una habitación doble. La principal, en la que había dos camas individuales y una de matrimonio, además, del baño y el aseo, la ocupaban Cesar y Gema con Raúl y Candela. Marcos y yo elegimos la adyacente con 2 literas. En ambas teníamos televisión TFT. Estaba bien, pero había que organizarse ya que éramos 6 personas y un solo baño.
Cuando bajamos a desayunar, nos asustamos un poco al ver la cola que había para que te asignaran la mesa. Por fortuna, esto solo ocurrió el primer día. Este era tipo buffet y, sin ser ninguna maravilla, cumplía con lo esencial. A mi me va el desayuno continental, con zumo, café y tostadas con mantequilla y mermelada. Lo mas emocionante fue la preparación de bocadillos para degustarlos en el parque. Gema se empleó con naturalidad en su confección, pero Cesar estaba tan pendiente de hacerlo con discreción que era gracioso contemplarle. Cuando nos dirigíamos a la habitación con la mochila cargada, se me ocurrió dar un toque enérgico en su espalda, y este se volvió con una cara de susto digna de ver. Marcos y yo nos descojonábamos, mientras el suspiraba y nos reprochaba la acción.

Salimos del hotel en el mismo momento que venia el autobús 54 que nos llevaría al parque. Estos autobuses pasan cada 20 minutos, son gratuitos y recogen las personas alojadas en los hoteles pertenecientes a la franquicia de Eurodisney.

Lo primero que hicimos al llegar fue pasar por la taquilla, ya que, aun, no teníamos las entradas. Nuestra intención era disfrutar de 3 días completos de diversión en el parque. Después de analizar las diferentes opciones, nos decantamos por agenciarnos de un pase anual con un precio de 139 € por persona y que, no difería, prácticamente, con el precio de una entrada para 3 días y nos daba la posibilidad de visitarlo en mas ocasiones durante un año, además, de disfrutar de un descuento del 10% en tiendas y restaurantes en todo el complejo.

Con la emoción contenida, nos dirigimos al Walt Disney Studios, primero de los 2 parques de que consta Eurodisney. Una vez dentro nos embargó la sensación de estar viviendo un momento especial en nuestras vidas.

Lo primero que hicimos fue alquilar una silla para Candela. Por poco mas de 7 € al día, habíamos evitado traer una de casa, que con el viaje que tuvimos...

Y....al ataque, la primera atracción que decidimos acometer fue la Rock'n'Roller. Esta es una montaña rusa dedicada al Rock y la presentan el grupo heavy, Aerosmith. Raúl, que, hasta ahora, tenía pánico a este tipo de atracciones, se quedo con Candela y el resto nos lanzamos a disfrutar de la simbiosis entre la música y el vértigo. Fue genial y al salir se lo transmitimos a Raúl, de tal forma, que decidió que era el momento de superar miedos y, volvimos a montar con él. Mientras esperábamos estaba casi temblando, y cuando nos montamos en el habitáculo cerró los ojos y se agarro fuertemente y durante el recorrido gritamos y disfrutamos todos, incluso él, que a la salida estaba encantado y, me imagino, con la agradable sensación, de saberse mas fuerte y valiente que antes.

Después, nos separamos de Gema y Candela que fueron a la caza de autógrafos de los personajes protagonistas de los maravillosos cuentos que nos han acompañado toda la vida y el resto nos aventuramos al Tower of Terror, la Dimensión desconocida. Nada mas entrar quedamos seducidos por el ambiente terrorífico de su decorado y el misterioso trato de sus ocupantes. A continuación, nos hicieron ocupar un ascensor, se apagaron las luces y... fue apasionante.

La siguiente parada fue para ver un espectáculo en el escenario Animagique, en el que los personajes más carismáticos de Walt Disney, nos ofrecían una pequeña obra de teatro, que para los que no entendiéramos el francés, resultaba algo descafeinada, pero que para los niños pequeños puede ser interesante.

Por fin había llegado la hora de visitar Disneyland, el parque principal. Nos reunimos con Gema y Candela, que ya habían recopilado fotos y autógrafos de algunos personajes, y nos adentramos en la magia, la ciudad de los niños y de los mayores que se convierten en niños.

Nada mas entrar, lo primero que te llama la atención es el espectacular castillo de la bella durmiente, que se alza imponente en lo alto de una pequeña colina. Para llegar hasta el, tienes que atravesar las calles de Main Street, con sus encantadoras edificaciones de estilo victoriano. Estas estaban repletas de gente, gentes de diferentes partes del mundo, con diferentes idiomas, diferentes culturas, pero todos unidos por una misma ilusión, la de vivir un sueño de fantasía y diversión.

Canjeamos las entradas provisionales por un carnet original con nuestra foto en una de las oficinas y el resto del día lo empleamos para el reconocimiento de las diferentes zonas del parque, embobados y alucinados. Paseamos por Frontierland, la tierra del oeste, con su precioso lago, por el que navegaba un impresionante barco de vapor, Adventurland, recreando el trepidante mundo de los piratas, Discoveryland, trasladándonos al futuro y los viajes interplanetarios y Fantasyland, en el que los protagonistas absolutos son los queridos personajes de Walt Disney y en el que las caras de los niños conmueven los corazones, de los que no los somos tanto.

A las 19:00 salimos y nos encaminamos a Disney Village a buscar un sitio para cenar. También es impresionante con tiendas y restaurantes de los mas llamativo. Esta el Planet Hollywood, El restaurante de Mickey, el show de Bufalo Bill ...., además, hay actuaciones a todas horas. Nosotros no fuimos demasiado originales y nos fuimos al McDonald's y, aunque, había colas por todas partes, estas fluían con rapidez debido a la cantidad de gente que trabajaba allí. La verdad, a todos nos supo la cena de maravilla, después de un largo y emotivo día.

De regreso al Hotel nos pusimos los trajes de baño y nos fuimos a la piscina, climatizada y en la que se recreaba un escenario de piratas, con un enorme barco en el que los surtidores de agua eran protagonistas y un interminable y sinuoso tobogán, que hacían las delicias de niños y mayores.

Con los músculos relajados por el liquido elemento, nuestro cuerpos estaban preparados para irse a dormir y a soñar y a esperar con impaciencia un nuevo día.

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Últimos comentarios

claudiaLT dice:
La emoción que uno siente al visitar estos parques es imposible de transmitir, y el haber empezado por la montaña de Aerosmith también!!, yo hice lo mismo en el M.G.M y aún sigo arrepentida,jaja, nunca más!!!
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