Diarios de viaje > París, Europa

La magia de Eurodisney

Escribe: Bertuco
Este es un viaje de 5 dias a Eurodisney en el que he disfrutado como un niño, en compañia de mi hermano y su familia.

 

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11 Abril 2010, Domingo – La vuelta a Santander. Fin del Viaje.

París, Francia — martes, 27 de abril de 2010

Esta vez no quisimos tomar riesgos y para trasladarnos al aeropuerto elegimos un servicio de autobuses que dispone el hotel y que, por 18 € los adultos y 15 € los niños, te deja en la terminal que le indiques del Charles de Gaulle.
Hasta aquí, todo bien, pero estaba claro, que íbamos a tener problemas hasta el último día.

Habíamos llegado con una hora de antelación a la salida de nuestro avión, tiempo de sobra ya que no teníamos nada que facturar. Pedimos información de la puerta de embarque por la que debíamos entrar y nos señalaron una fila bastante concurrida. Llevábamos casi media hora de espera cuando, tuve un sorprendente presentimiento, y me acerque a otra fila que estaba a unos 25 metros de la nuestra. Nosotros íbamos de vuelta a Biarritz y, el hecho, que uno de los componentes de dicha fila vistiera la camisa del Atlético de Bilbao, me mosqueó. Con las mismas le pregunto y me dice que, también, iba a Biarritz. Voy, rápidamente, a avisar a los demás y nos ponemos al final de dicha cola que era mas larga que la otra. Quedaba menos de media hora para que saliera nuestro vuelo y al ritmo que avanzábamos resultaba, prácticamente, imposible que embarcáramos. Por fortuna, siguió llegando gente que se colocó detrás nuestro, ya no éramos los últimos.

Empezó a percibirse cierto nerviosismo cuando a 5 minutos de la salida todavía estábamos esperando pasar el control de equipajes. Nuestros predecesores pretendieron colarse con disimulo, pero no les dejamos. Al menos, los guardias espabilaron y la hilera avanzaba con mas agilidad hasta que, por fin, nos tocó a nosotros. Yo con las prisas le di un golpe con mi maleta a uno de los guardias en un costado que, por los gestos de dolor, el daño debió de ser de consideración. Me disculpé y salimos corriendo al control de billetes y, de aquí, disparados por el pasillo de embarque al avión. Nos distribuimos por los pocos asientos que ya quedaban libres y nos relajamos física y mentalmente, yo por lo menos, porque a César le tocó al lado del vasco de la camisa del Atletic que, era majo, pero que no calló en todo en viaje.

En Biarritz fuimos a buscar el coche que estaba tal y como le habíamos dejado y dimos cuenta de los zumos y cervezas que no nos habían dejado entrar en el viaje de vuelta y pusimos rumbo a la tierruca.

Y así termina un viaje que, estoy seguro, no olvidaremos ninguno de los miembros de esta familia y que recomiendo a todos los que hayan compartido nuestras experiencias leyendo este diario.

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