Diarios de viaje > París, Europa
La magia de Eurodisney
Escribe: Bertuco
Este es un viaje de 5 dias a Eurodisney en el que he disfrutado como un niño, en compañia de mi hermano y su familia.
10 Abril 2010, Sábado – La bella durmiente y la despedida.
París, Francia — martes, 27 de abril de 2010
Cuando sonó el despertador y conseguí despegar mis párpados, pude comprobar que otro día espléndido nos esperaba. Aunque el cuerpo empezaba a notar el cansancio, a mi alma de niño, aun le quedaban energías para recibir nuevas emociones.
La emoción de hoy tiene nombre, Aurora, la bella durmiente. Esta tiene, en Candela, una de sus mas fervientes admiradoras y hoy teníamos el honor de asistir a una de sus audiencias.
Junto a su precioso castillo tenía prevista su aparición a las 11:00 y allí estábamos toda la expedición en primera fila. Primero asistimos a una coreografía de sus damas y pajes de honor. Estos transportaban el libro donde se narraba la verdadera historia de su vida, que depositaron en un pequeño púlpito. A continuación, irrumpió el príncipe Felipe, no el nuestro, sino el del cuento y con porte distinguido hizo la presentación de su bella dama. Su presencia encandiló a todos los presentes. Luciendo un hermoso vestido azul, desplegó su encanto y simpatía alrededor de la plaza y todos hubiéramos querido ser el príncipe azul que con su beso, despertaría de la terrible maldición de Maléfica.
Candela pudo cumplir su sueño, primero de hablar con el príncipe que, en un perfecto español, se dirigió a ella y, después de conseguir el autógrafo y una foto con Aurora, que con enorme paciencia y amabilidad despachó las innumerables peticiones de todos y cada uno de los niños que, así, lo solicitaron.
Después fuimos a buscar un lugar donde comer las viandas que habíamos recopilado en el desayuno y no pudimos encontrar mejor sitio. En Frontierland, descubrimos una cabaña que disponía de un porche que asomaba al lago y que, además, gozaba de una agradable intimidad, solo interrumpida por el Mark Twain, barco de vapor, en su incesante recorrido alrededor del lago. Yo tenía la sensación de que en cualquier momento aparecerían Tom Sawyer y Huckleberry Finn en su balsa buscando nuevas aventuras.
El resto de la tarde la empleamos para disfrutar de algunas de las atracciones que mas nos había fascinado y en hacer un recorrido alrededor del parque en el Disneyland Railroad, un adorable tren de vapor que rodea todo el recinto y que, a la vez que te deleitas del paisaje, también supuso un agradable descanso para nuestros cansados cuerpos.
Antes de despedirnos definitivamente, aprovechamos para realizar las obligadas compras que van siempre asociadas a estos viajes. Y, aquí, tengo que recomendar, no solamente para comprar, sino, simplemente, para admirar, una tienda-taller que se encuentra en el interior del castillo de la bella durmiente en el que fabrican hermosas figuras de cristal. Puedes elegir una pieza desde menos de 5 € hasta otras de un valor incalculable, mientras contemplas como trabajan los expertos artesanos.
Los sábados el parque cierra sus puertas a las 22:00 por lo que pudimos entusiasmarnos con la magnífica vista de éste, iluminado.
Antes de cenar, el Disney Village nos sorprendió con la actuación de unas divertidas space girl, made in france. Candela salió a bailar al escenario acompañada por otros niños y fue una delicia contemplarlos.
Esta vez no fuimos a cenar al Mc Donald's. Por ser la última noche decidimos darnos un homenaje y acudimos al Rainforest Café, sorprendente restaurante ambientado en una selva amazónica. En la entrada del comedor tiene un impresionante acuario de peces tropicales y las paredes y el techo están decorados con plantas, lianas, animales extraordinariamente reales. Para mas inri, la mesa que nos asignaron estaba justo al lado de un enorme elefante que cuando menos lo esperabas meneaba su cabeza, agitando sus grandes orejas. Otro de los efectos que disponía era el sonido ambiente, simulando los naturales de una selva, incluso, las tormentas que parecían tan reales, que daba la impresión que iba a empezar a llover en cualquier momento. La cena con la que nos deleitaron tampoco se quedó atrás y el precio nos pareció, razonablemente, ajustado a lo ofrecido.
Hubiera sido un digno colofón para otro día, el último, en el mágico mundo de las emociones, sino fuera porque el viaje de vuelta al hotel se complicó debido a que, no se por que extrañas circunstancias, el autobús 54, que habría de llevarnos, no apareció, y después de esperar un largo rato con un frío de consideración (eran mas de las 24:00), tuvimos que coger un taxi, que tampoco abundaban, para Gema y los niños, mientras César y yo, esperamos a un autobús de línea que se demoró eternamente.
La emoción de hoy tiene nombre, Aurora, la bella durmiente. Esta tiene, en Candela, una de sus mas fervientes admiradoras y hoy teníamos el honor de asistir a una de sus audiencias.
Junto a su precioso castillo tenía prevista su aparición a las 11:00 y allí estábamos toda la expedición en primera fila. Primero asistimos a una coreografía de sus damas y pajes de honor. Estos transportaban el libro donde se narraba la verdadera historia de su vida, que depositaron en un pequeño púlpito. A continuación, irrumpió el príncipe Felipe, no el nuestro, sino el del cuento y con porte distinguido hizo la presentación de su bella dama. Su presencia encandiló a todos los presentes. Luciendo un hermoso vestido azul, desplegó su encanto y simpatía alrededor de la plaza y todos hubiéramos querido ser el príncipe azul que con su beso, despertaría de la terrible maldición de Maléfica.
Candela pudo cumplir su sueño, primero de hablar con el príncipe que, en un perfecto español, se dirigió a ella y, después de conseguir el autógrafo y una foto con Aurora, que con enorme paciencia y amabilidad despachó las innumerables peticiones de todos y cada uno de los niños que, así, lo solicitaron.
Después fuimos a buscar un lugar donde comer las viandas que habíamos recopilado en el desayuno y no pudimos encontrar mejor sitio. En Frontierland, descubrimos una cabaña que disponía de un porche que asomaba al lago y que, además, gozaba de una agradable intimidad, solo interrumpida por el Mark Twain, barco de vapor, en su incesante recorrido alrededor del lago. Yo tenía la sensación de que en cualquier momento aparecerían Tom Sawyer y Huckleberry Finn en su balsa buscando nuevas aventuras.
El resto de la tarde la empleamos para disfrutar de algunas de las atracciones que mas nos había fascinado y en hacer un recorrido alrededor del parque en el Disneyland Railroad, un adorable tren de vapor que rodea todo el recinto y que, a la vez que te deleitas del paisaje, también supuso un agradable descanso para nuestros cansados cuerpos.
Antes de despedirnos definitivamente, aprovechamos para realizar las obligadas compras que van siempre asociadas a estos viajes. Y, aquí, tengo que recomendar, no solamente para comprar, sino, simplemente, para admirar, una tienda-taller que se encuentra en el interior del castillo de la bella durmiente en el que fabrican hermosas figuras de cristal. Puedes elegir una pieza desde menos de 5 € hasta otras de un valor incalculable, mientras contemplas como trabajan los expertos artesanos.
Los sábados el parque cierra sus puertas a las 22:00 por lo que pudimos entusiasmarnos con la magnífica vista de éste, iluminado.
Antes de cenar, el Disney Village nos sorprendió con la actuación de unas divertidas space girl, made in france. Candela salió a bailar al escenario acompañada por otros niños y fue una delicia contemplarlos.
Esta vez no fuimos a cenar al Mc Donald's. Por ser la última noche decidimos darnos un homenaje y acudimos al Rainforest Café, sorprendente restaurante ambientado en una selva amazónica. En la entrada del comedor tiene un impresionante acuario de peces tropicales y las paredes y el techo están decorados con plantas, lianas, animales extraordinariamente reales. Para mas inri, la mesa que nos asignaron estaba justo al lado de un enorme elefante que cuando menos lo esperabas meneaba su cabeza, agitando sus grandes orejas. Otro de los efectos que disponía era el sonido ambiente, simulando los naturales de una selva, incluso, las tormentas que parecían tan reales, que daba la impresión que iba a empezar a llover en cualquier momento. La cena con la que nos deleitaron tampoco se quedó atrás y el precio nos pareció, razonablemente, ajustado a lo ofrecido.
Hubiera sido un digno colofón para otro día, el último, en el mágico mundo de las emociones, sino fuera porque el viaje de vuelta al hotel se complicó debido a que, no se por que extrañas circunstancias, el autobús 54, que habría de llevarnos, no apareció, y después de esperar un largo rato con un frío de consideración (eran mas de las 24:00), tuvimos que coger un taxi, que tampoco abundaban, para Gema y los niños, mientras César y yo, esperamos a un autobús de línea que se demoró eternamente.
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9 Abril 2010, Viernes – La espectacular cabalgata.
11 Abril 2010, Domingo – La vuelta a Santander. Fin del Viaje.
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Capítulos de este diario
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1
7 Abril 2010, Miércoles – Viaje a Paris y el, accidentado traslado al Hotel.
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2
8 Abril 2010, Jueves – El descubrimiento de la ciudad de la fantasía.
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3
9 Abril 2010, Viernes – La espectacular cabalgata.
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4
10 Abril 2010, Sábado – La bella durmiente y la despedida.
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5
11 Abril 2010, Domingo – La vuelta a Santander. Fin del Viaje.
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