La mañana siguiente bien temprano partimos hacia Paracas. Nos hubiera gustado poder recorrer la Reserva Nacional pero teníamos que volver a Lima así que eso hicimos después de una vuelta *obligada* por las Islas Ballestas.
Los tours por Ballestas usualmente rondan los
40 soles por persona, y.. como siempre, regateando el precio se puede mejorar. Tienen una duración de dos horas en grupos de aproximadamente veinte personas (en su mayoría extranjeros).
Al abordar encontramos chalecos salvavidas en los asientos que, por seguridad, es obligatorio usar durante todo el trayecto. Durante todo el tour nos acompañó un guía bilingüe bastante risueño que hablaba sobre los lugares que visitábamos y las especies animales que podían verse desde la embarcación: pingüinos de Humboldt, lobos marinos y varias especies de aves.
Tuvimos la suerte de pasar muy cerca de una mamá-lobo-marino que estaba enseñándole a nadar a su pequeño y tierno hijito, a la cual pareció no agradarle nuestra presencia, a juzgar por los nada agradables sonidos que emitía..
De regreso en el Chaco pueden encontrar tiendas, restaurantes y una feria de artesanías.
Siguiendo la Panamericana Sur y a 27 kilómetros hacia el norte se encuentra la ciudad de Pisco, en donde abordamos el último bus de Soyuz que nos llevó hasta Lima y marcó el fin de este hermoso viaje (:
Para el momento en que llegamos a la capital al atardecer, el sol ya no quemaba pero había suficiente luz como para sentirnos seguras caminando por las turbias calles del distrito de La Victoria, habiendo dejado atrás la terminal terrestre de Soyuz.
Nuestra única parada fue en una tienda donde pretendíamos comprar cigarrillos, pero un muchacho que tocaba la guitarra en el interior del local, nos respondió que no vendía "eso" con un tono que auguraba un gran discurso moral del que huimos raudamente.
Mapa chequeado, nos dirigimos hacia la avenida Arquipa, donde abordamos un bus de la línea A con destino a Miraflores. El pasaje costó solamente
1 nuevo sol por persona.