Diarios de viaje > Estado de Santa Catarina, América del Sur

Relatos catarinenses

Escribe: mochacharme
Recorrido por algunas de las playas màs bonitas del Estado de Santa Catarina. Si bien las distancias entre las playas del estado son cortas si de kilòmetros hablamos, recorrerlas en bus hace parecer lo contrario. Desde el norte del estado hasta la playa màs hermosa a mi parecer en el sur, estos son los relatos de una semana a todo bus, històricos pueblos de pescadores, mucha lluvia, planes fallidos, algunas decepciones, mares azules para un batalla y muchas saudades...

 

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Pantano do Sul

Pántano do Sul, Brasil — miércoles, 19 de enero de 2011

Dia 1 en Pantano del Sur...


Ya por la tarde nos encontràbamos caminando por Costa de Dentro y sus amplias playas de arena dorada y un mar embravecido por el clima ventoso. Caminamos unos 2 o 3 km en direcciòn noroeste bordeando la bahia de la costa, hasta el pueblito de pescadores de Pantano do Sul

 

Pantano
es todo lo que yo esperaba de una playa brasileña. El mar y los morros poblados de casitas coloridas, como las antiguas villas portuguesas. El patrimonio actual es herencia de los primeros colonos azoreanos que desembarcaron en la isla como en toda la costa de esta regiòn. Y el pueblo es famoso desde entonces por su pesca artesanal, cuyos productos abastecen a muchos otros balnearios de la isla y del continente. El viejo club de pescadores, los barcos coloridos sobre la costa, los pesqueros en el mar, las casas escalonàndose morro arriba, y los “portales” tambièn sobre la costa, donde se venden productos de mar en modestos marcaditos y locales de madera tìpicos, hacen del lugar un sitio con sello personal y con mucho encanto. Leì en el libro de mi amiga viajera Maria Eugenia Vargas (Pasiòn por Lisboa), que todavìa hoy, algunos ancianos que viven en el sur de Brasil, acostumbran sentarse al atardecer sobre la costa mirando el mar, y el horizonte, màs allà de las islas e islitas que asoman en èl, evocando a sus antepasados de la otra orilla. Èste bien podrìa ser el escenario ideal para tal nostàlgica escena. 

 


Desde la playa nos llamò la atención el pequeño cementerio que se divisaba calle arriba, asi que nos acercamos a tomar algunas fotos con la Colo (Josefina no quiso ni entrar). El cementerio es pequeñito. Se encuentra decorado con flores de plàstico, muy coloridas, darìa la sensación que fue pensado para que quienes duermen el sueño eterno, sueñen la eternidad mirando al mar. Incluso mirando hacia la otra orilla.
 

Seguimos subiendo por la calle y terminamos frente a un portòn a partir de cual se abre una trillha (camino) que según me enterè luego, desemboca en el Parque Municipal da Lagoinha do Leste, el cual se encontraba cerrado y tenia un cartel que dicia que sòlo pueden entrar vehìculos particulares. Pero como nosotras somos curiosas, caprichosas y desobedientes, y como al lado del portòn de hierro, habia una abertura por donde logramos ingresar, nos disponemos a seguir subiendo el morro. La Colo amenazaba con morirse si se le cruzaba una viborita. Con Jose nos reimos y seguimos caminando obligàndola a seguirnos. El camino pareciera bordear la ladera del morro inmenso que separa a Pantano de la playa vecina de Lagoinha. La vista desde esa altura es deslumbrante. Habia salido el sol por fin, y el mar se veia azul intenso, y la costa brillaba (Pantano alberga algunos de los morros màs altos de la isla y ademàs se ubica en el principal centro arqueològico de la regiòn). Tomamos algunas fotos, respiramos hondo, tratando de llenar los pulmones con ese aire fresco y puro. Y comenzamos el descenso al pueblo. Tambièn salen barcos desde el pueblo hasta la playa de Lagoinha. Dicen que es paradisìaca, existe un rio cristalino que desemboca en su costa. 


De nuevo en el pueblo, nos sentamos a tomar unas cervezas en esos barcitos que nombrè mas arriba y como soy una eterna reincidente de mis errores, comì una empanada de queijo y pescado que me harìa lamentarme durante los pròximos dias. Yo no puedo comer pescado cocinado al vapor o al horno, salvo que sea grillado, o bien mariscos. Ya el año pasado se me habia arruinado el viaje por la costa uruguaya por una bendita empanada de pescado jajaja.


Empredimos el regreso a Costa de Dentro, ahora que el sol habia borrado las nubes y el viento estaba quietecito la gente se habia animado a salir. A mitad de camino, veo tres abuelos mirando el mar, sentados en sus rayadas sillas playeras, eran dos mujeres y un hombre. Yo sòlo veia el horizonte, alguna isla vecina, algùn que otro pesquero ya retiràndose con el dia, pero adivinaba saudades en sus pupilas.
 



La casa del pirata....



Compramos comida y bebidas en un mercadito de la zona y regresamos al Hostel Pirata. Al llegar los demàs huéspedes nos cuentan que no hay agua. Es la ùnica contra que le voy a encontrar al lugar, al parecer el de la escacès de agua es un problema de todo Pantano do Sul. No podiamos permanecer en un lugar sin agua, era incòmodo. Nos hubièramos ido a otra playa, a otro pueblo, de no ser que Josefina esa misma noche cayò enferma. La Colo ya se iba recuperando, y Jose comenzaba a volar de fiebre. Asi que estiramos nuestra estadìa en la casa del Pirata. El hostel realmente era lindo, en la sala las paredes estaban decoradas con estrelhas do mar, grandes y pintadas de colores, algunas màs enteras que otras. Tenia una onda marinera el lugar, daba por momentos la sensación de estar adentro de un barco. Costa de Dentro de veras es muy tranquilo, todo muy natural y en armonìa. Salvo el tema del agua. Pero como dice el dicho: al mal tiempo buena cara. La noche en Costa de Dentro es silenciosa, sòlo hay un barcito diminuto y muy poco concurrido, salvo por algùn lugareño. El hostel tiene adelante una especie de bar, pero todo depende de la cantidad de gente que se junte para seguir abierto, de lo contrario cierra temprano. Para quienes les gusta descansar y disfrutar de un lugar agreste en contacto con la naturaleza es ideal. Aprovechamos esa noche para charlar con nuestras compañeras de cuarto, dos chicas argentinas, del partido de Moròn, que habian diagramado su estadìa haciendo base en el hostel y movièndose dia y noche por la isla. Eran dos locas lindas que se lo pasaban bolicheando, y haciendo playa. Nos mostraron su periplo volcado en un papel, el plan parecìa imposible, por dia planeaban visitar no se cuàntas playas, y por la noche irse a Canasvieras, en el extremo norte de la isla. Parecia un plan agotador, imposible de realizar, pero ellas lo llevaban genial. Eso si andaban arrastrando las ojeras. Tambien habia en el hostel una parejita de enamorados de Misiones, venian recorriendo las costa catarinense en moto y haciendo camping. Les contè de mi viaje hace unos años por el litoral argentino y Paraguay. Eran de la ciudad de Posadas, y aunque estaban pegaditos a la ciudad paraguaya de Encarnaciòn, nunca habian cruzado el puente internacional que une ambos paises.
 

Esa noche Josefina delirò y hablò dormida. Me comieron los mosquitos, morì de calor y sed,  no peguè un ojo por una tos que de repente me atacò. Estos viajes cansan! Còmo añoraba la isla de miel, sus atardeceres lentos y dorados, sus playas aùn màs agrestes, su gente. No es por comparar, a veces sòlo debemos tomar cierta distancia de los lugares para valorarlos mejor. Y en un pais de lengua portugueza, estaba a su vez sintiendo eso que representa esa palabrita que a veces se vuelve dificil de definir. Sentìa Saudades.
 


Dia 2...
El segundo dia en Pantano do Sul, luego del desayuno que terminò con invasión de abejas peleàndose por mi dulce de durazno, Josefina decidiò quedarse un dia màs en cama, quietita, mientras con Colo caminamos màs al sur hasta la vecina Praia da Solidao. Al otro lado del morro. Las construcciones edilicias de esta parte de la isla son muy modernas, la mayoria son de propietarios que eligen el lugar para pasar sus veranos, o fines de semana. Me llamò mucho la atenciòn una construcciòn moderna en proceso, realizada a partir de containers de camiones, èstos estaban fusionados como ambientes de la casa.


Praia da Solidao
, es pequeña, el agua es màs bien fria, verdosa y transparente. Tiene mucho oleaje, cada dos por tres terminàbamos a punto de ahogarnos con mi amiga tratando de no quedar desnudas cuando las olas nos rompian encima, por momentos nos costaba salir de la rompiente jajaja. El poco sol que nos habia regalado la mañana fue perdiendo la guerra con las nubes. Regresamos al hostel a almorzar y por la tarde nos tomamos un ómnibus hasta Armacao y Matadeiros, a poquitos kilòmetros.
 
 
 
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Hostel Pirata, Costa de Dentro, Pantano do Sul. A partir de R$ 35,00 por persona con desayuno. Baños compartidos.



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Next Stop: Armacao y Praia do Matadeiros..........

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