Crónicas Filipinas
Escribe: Gato_perplejo
A primera vista, Filipinas no parece ser uno de los destinos prioritarios que se te pueden ocurrir si quieres visitar el sudeste asiático. Quizá eso es ya un buen motivo para visitar este archipiélago de más de 7000 islas, el segundo más numeroso del mundo.Pero afortunadamente tengo información de primera mano: mis compañeras María y Ángela Yoldi nos han hablado maravillas del país donde vive parte de su familia. Interminables playas, buenos precios, gente amable, fondos marinos espectaculares,.
La vida del mochilero es dura
Panglao, Filipinas — lunes, 15 de agosto de 2011
Así que después del tute de viaje que nos pegamos ayer y de la decepción de la habitación, hoy decidimos buscar un sito chulo para pasar estos tres días que nos quedan en Alona Beach en condiciones.
A las ocho nos ponemos de nuevo en marcha, salimos a la calle principal y vamos en busca de un sitio donde reponer fuerzas. El primer sitio que nos encontramos es exclusivamente filipino: demasiada carne y huevos para nosotros siendo tan temprano. El siguiente es una cafetería llamada el Jardín Suizo, con motivos e imágenes de los alpes por las paredes (muy propio aquí) donde tomamos un desayuno más europeo a base de café, tostadas, mantequilla y mermelada. Es curioso, nos gusta probar la comida local allá donde vamos, pero a lo que más difícil resulta renunciar es al desayuno.
Terminada la comida más importante del día, seguimos a la búsqueda de nuestro alojamiento ideal. Pasamos por unas cabañas cucas llamadas L´elephant bleu, que parece que parten de 1100 pesos la noche. No vemos a nadie que nos atienda, así que seguimos la marcha. Siguiendo la calle van apareciendo muchos sitios que pueden ser interesantes. Al final de la calle vemos uno especialmente bonito; un pequeño edifico blanco con puertas negras, mezcla de chill-out y riad marroquí, el Art Café. Por dentro es todavía más bonito: un precioso jardín interior con una piscina en el centro, un bar y un pabellón para masajes. Diez habitaciones en la planta de abajo, dos suites arriba y la cafetería en la zona superior también.
La encargada nos dice el rango de precios mientras nos enseña las habitaciones: 3100 y 2800 para las principales, que son amplias, con todas las comodidades y decoradas con mucho gusto. Luego tiene otra de 1500 en plan cabaña, pero un poco oscura y sin baño dentro. La verdad es que esta opción nos gusta, pero no queremos decidirnos sin ver algo más, así que le decimos que lo pensamos y que igual volvemos. En la misma calle está la entrada al Alona Tropical, uno que da a un extremo de la playa y que estuvimos viendo anoche. Pasamos a preguntar y aunque el sitio está bien es demasiado grande y las habitaciones rondan los 3000 pesos, pero no tienen el encanto del anterior.
Ya de vuelta a donde tenemos las maletas paramos a preguntar en el L´elephant bleu, pero no tienen disponibilidad para tres noches, así que la cosa está clara, nos vamos al Art Café. En todo este trayecto, a pesar de que es temprano, sudamos de lo lindo. Yo pruebo el sistema de refrigeración que utilizan los hombres aquí, el cual consiste en subirse la camiseta por encima de la barriga y doblarla para que pliegue por debajo de las tetillas. No noto demasiado alivio, la verdad es que para eso prefiero no llevar nada.
Como hasta las doce no tenemos que dejar el Bohol Divers, vamos a hacer un poco de gasto en las instalaciones. Nos damos un baño refrescante en la piscina, alternándolo con la playa, que está justo al lado: piscina, playa, piscina, playa. No tiene mucho sentido pero nos divierte.
Como ayer no deshicimos casi la mochila recogemos en un plis y nos ponemos rumbo al Art Café. Aquí en Panglao parece ser que el principal negocio con los turistas es el alquiler de motos. Te las ofrecen por todas partes y vemos a bastantes occidentales conducirlas, sin casco ni nada que se le parezca, por supuesto. En diez minutos estamos en al Art Café y nos quedamos con la de 2800, que es prácticamente como la de 3100, sólo que no tan grande. La chica de recepción nos enseña todo lo que ofrece el hotel: masajes, bar chill-out, tours por la isla, transporte al aeropuerto, una pequeña biblioteca. Está muy bien montado, la verdad, y es que la dueña es alemana, no podía ser de otra forma. Además se puede pagar con tarjeta y eso nos viene muy bien, teniendo en cuenta que tendremos que pagar la extensión de visado al estar aquí más de 21 días seguidos por la cancelación del viaje a Taipei.
Vuelvo a repetir que el sito es espectacular, a las fotos me remito. Pero sobre todo valoramos la tranquilidad y el silencio, muy diferentes al trajín de los sitios de la playa. Sacamos todos los trastos de la mochila y pasamos el resto de la mañana dándonos un baño en la piscina y tomando el sol en unas tumbonas que hay sobre un promontorio de hormigón muy chulo.
Con la tontería ya se ha hecho la una, así que vamos a comer. Hemos fichado un sitio local mientras veníamos muy cerca de aquí, y allí nos aposentamos. Yo pido unas brochetas de pollo con mis San Migueles correspondientes y Clara un filete de pescado con mostaza. El encargado de la barbacoa alterna las vueltas a mis brochetas con una partida del billar que tiene a medias. Después de media horita larga nos traen la comida: o todo lo preparan bien o es que tenemos buen saque, porque no dejamos nunca nada en el plato. Aún así en las fotos me sigo viendo delgado. Yo creo que debo haber perdido sobre 5 kilos, pero que conste que pongo todo de mi parte para recuperarlos.
Aquí en Alona hay muchos asiáticos y uno de nuestros entretenimientos es distinguir si son chinos o japoneses. Con los coreanos ya no nos atrevemos, aunque tienen que ver más con los japoneses que con los chinos. En general, los japoneses visten más moderno, van en parejas, en grupos de cuatro o solos y son muy prudentes. Los chinos van en grupos grandes, sobre todo familias, son bastante escandalosos y la ropa es made in China, con bastantes brillos y ornamentos.
Después de la comida nos subimos a la cafetería del Art Café, que igual que el resto es muy chula. Pedimos dos cafés frappés y disfrutamos de las vistas desde las alturas. La única pega del hotel es que el WIFI no parece funcionar demasiado bien.
Terminado el café bajamos a tumbarnos un rato en la cama al fresquito. Luego otro rato en la piscina, que es como si fuese privada para nosotros, una duchita, cambio de ropa y ya estamos listos para darnos una vuelta por la playa. Me llevo el portátil para ver si por allí puedo subir el blog, porque como he dicho aquí no hay manera. Paseamos por la playa viendo el ambiente de vendedores de souvenirs, masajistas y botes que vuelven con la gente que ha estado buceando todo el día. Es impresionante el negocio que hay con el buceo en Filipinas; prácticamente no hay hotel por pequeño que sea que no cuenta con su club de buceo donde programan excursiones diarias y ofrecen cursos de iniciación.
Nos sentamos en la terraza a pie de playa del Ooops y tomamos una cerveza y un zumo nuevo que Clara se arriesga a pedir y que resulta ser una limonada bastante ácida, pero rica si se le añaden tres sobres de azúcar. Mientras vemos el atardecer subimos el capítulo de hace dos días, yo escribo el de ayer y de que nos queremos dar cuenta ya es de noche.
Tenemos localizado un sitio para cenar, el Trudy´s, uno de los pioneros de esta zona, también en la playa. Pedimos una ensalada de tomate y queso, y dos peces enteros a la barbacoa, uno pequeño para Clara y el mediano para mí. El tamaño de la ensalada es aproximadamente la mitad de la que nos servirían en España, pero lo más curioso es que viene con un trozo de pan encima. Es la primera vez que vemos pan en lo que va de viaje, aunque no sabría decir si se parece más al de Fernandón o al de Charco.
Los peces los hemos pedido con arroz frito con ajo y la verdad es que se agradece un poquito de sabor extra después de tanto arroz que llevamos en el cuerpo. Los pescados están tan ricos que ni les añadimos la soja que nos han traído, ni sal, ni limón ni nada. En este sitio hay postre: una ensalada de frutas con helado. También muy rica, menos los trozos de sandía, que están un poco insípidos.
Terminada la cena nos vamos poquito a poco a la tranquilidad del Art Café. Hemos comprado una botellita de ron Tanduay y otra de Coca Cola para tomar unos refrigerios en nuestra terraza. Es alucinante que la botella de 400 ml de ron cueste menos que una lata de Coca Cola. Y lo mejor de todo es que está muy bueno.
Nos tomamos un par de copazos terminando de ver Inception y tal como ya había dicho, esta película tenemos que volver a verla entera en la tranquilidad de nuestro hogar. Son ya casi las once, tarde para nuestro horario, así que nos metemos en la camita a disfrutar de la tranquilidad de la noche: ni gallos se oyen. Mañana seguramente hagamos playeo y relax, y para el día siguiente puede que hagamos el tour que visita varios puntos de la isla, entre ellos la reserva de monos Tarsier y las Chocolate Hills. Hasta mañana.
|
Publicado |
|
Últimos comentarios
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
-
1
¡Por fin el día ha llegado!
-
2
¡Y ya estamos aquí!
-
3
Jet Lag
-
4
Camino de Palawan, la última frontera
Puerto Princesa, Filipinas | 26 de julio de 2011
-
5
Lluvia y más lluvia
Puerto Princesa, Filipinas | 27 de julio de 2011
-
6
Y por fin: ¡el sol!
-
7
Odisea en la carretera
Port Barton, Filipinas | 29 de julio de 2011
-
8
Malo, malito, malo
Port Barton, Filipinas | 30 de julio de 2011
-
9
Ay, ay, ay...
Port Barton, Filipinas | 31 de julio de 2011
-
10
Odisea en el bote
-
11
Parte Médico
-
12
Parte Médico 2
-
13
Parte médico 3 y cumpleaños feliz
-
14
Parte médico 4: me estoy curando
-
15
Parte médico 5: volviendo a la normalidad
-
16
Parte médico 6: me doy el alta
-
17
¡A las islas por fin!
-
18
En barco hacia Coron
-
19
Coron-Avión-Manila-Avión-Cebu
-
20
Rumbo a Malapascua
Malapascua Island, Filipinas | 11 de agosto de 2011
-
21
Relax en Malapascua
Malapascua Island, Filipinas | 12 de agosto de 2011
-
22
... Y más relax...
Malapascua Island, Filipinas | 13 de agosto de 2011
-
23
Malapascua (bote+autobús) Cebú (taxi+ferry) Bohol (furgoneta) Panglao
-
24
La vida del mochilero es dura
-
25
Relax en Alona Beach
Panglao Island, Filipinas | 16 de agosto de 2011
-
26
De ruta por Bohol
-
27
De Panglao a Cebú: empezando la vuelta
-
28
Cebú-Manila: preparando la vuelta
-
29
Manila, 20 horas y a casa
En Panglao...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “La vida del mochilero es dura” con tus amigos en Facebook?