Diarios de viaje > El Mundo

Crónicas Filipinas

Escribe: Gato_perplejo
A primera vista, Filipinas no parece ser uno de los destinos prioritarios que se te pueden ocurrir si quieres visitar el sudeste asiático. Quizá eso es ya un buen motivo para visitar este archipiélago de más de 7000 islas, el segundo más numeroso del mundo.Pero afortunadamente tengo información de primera mano: mis compañeras María y Ángela Yoldi nos han hablado maravillas del país donde vive parte de su familia. Interminables playas, buenos precios, gente amable, fondos marinos espectaculares,.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 ... 23 24 Capítulo 25 26 27 28 29 Siguiente >
 

Relax en Alona Beach

Panglao Island, Filipinas — martes, 16 de agosto de 2011

Para hoy no tenemos ningún plan concreto más allá de disfrutar del sol, la playa, la piscina, la comida, la bebida, la lectura y la buena compañía. Pues no parece mal plan tampoco.
Nuevamente nos despertamos a las siete y media de la mañana. Misteriosamente aquí no se oyen gallos debe ser el único lugar de todo el país donde no los hay en los alrededores, o simplemente esto está bien insonorizado.
Con el precio de la habitación está incluido el desayuno, continental o filipino. Subimos a la encantadora terracita donde está la cafetería y leemos el menú: cada uno de los dos tipos de desayunos tiene distintas variantes. Yo me pido el de huevos revueltos con pan, mantequilla, mermelada y café, y Clara lo mismo, pero cambiando los huevos por ensalada de frutas y el café por té.

Se nota la mano alemana de la propietaria porque todo está muy currado en este sitio. Al final está claro que obtienes lo que pagas, aunque esta máxima no siempre se cumple.
Después del delicioso desayuno cogemos los trastos de la playa y a las nueve y media estamos de camino a Alona Beach. Como Clara ya se ha terminado El Clan del Oso Cavernario decidimos donarlo a la biblioteca del hotel. La encargada nos dice que tienen muchos libros en alemán, pero que este será su primer libro en español, así que si venís por aquí ya sabéis que lo podéis pedir.

La playa está super tranquila, ya que durante el día todo el mundo está liado con las excursiones, el buceo y el snorkell, así que somos pocos los que optamos por tirarnos al sol y darnos unos baños en la playa. Es sorprendente que hay tantos chinos y japoneses en sitios de playa cuando ellos le tienen temor al sol. Los ves paseando con sus pamelas, su manga larga y sus sombrillas, y cuando se vayan lo hacen con ropa para que no les de ni un rayito. Vamos, que se viene a la playa pero no quieren ni sol ni mucho baño.

Entre baños, lecturas y una siestecilla que me echo nos dan las doce y media. Cogemos el camino de nuevo al hotel y nos damos otro bañito en la piscina para irnos frescos a comer. Esto sí es vida.

Hoy vamos a un sitio que hemos visto entre el hotel y la playa; anoche cuando pasamos tenía bastante gente, pero a medio día está bastante tranquilo. Leemos la carta y veo que tienen Crispy Pata. Según he visto en fotos es una pierna de lechón pero frita para que esté muy crujiente por fuera, así que me la pido sin dudar. Clara pide un pancit de pescado y para compartir una bandeja de gambas fritas con verduras suaves de picantes. Nos traen la comida con sorprendente rapidez, aunque la pata no es lo que yo había visto en otros sitios, sino que son trozos de cerdo fritos, como nuestras “tajás” de tocino manchegas. El sabor me resulta muy familiar y no están nada aceitosas. Como hoy estamos comiendo más tarde tenemos bastante hambre y devoramos la comida en un plis. De postre unos cornetos de chocolate y vuelta al hotel a reposar todo el banquete.
A las cuatro subimos a la terraza a tomarnos otros Ice frappés, yo escribo el blog y Clara lee en mi ebook la continuación de su libro, El Valle de los Caballos, que me pude descargar ayer por la tarde en el Oops. Echamos un buen rato en la terraza antes de darnos otro tranquilo baño en la piscina. Luego nos damos una ducha y a las seis menos algo tiramos para la playa de nuevo. Enfrente del hotel han colocado un cartel con las fotos de las aspirantes a Miss Panglao. A los filipinos les encantan los concursos de belleza y todo el que pasa se para a opinar sobre la belleza de las aspirantes, a las que nosotros vemos casi como clónicas.

Visita otra vez al Oops, cervecita, Internet y subir el capítulo del día anterior. Antes hemos contratado junto a la oficina de turismo un tour para el día siguiente. Un coche nos recogerá en la puerta del hotel a las nueve y nos llevará a ver las Chocolate Hills, la reserva de mini monos Tarsier, una granja de mariposas, el puente colgante, un paseo en barco con el río Lonboc con comida incluida y alguna cosilla más.

Después damos un paseo por la playa y nos sentamos a cenar en la terraza del Lost Horizon. Aquí tienen una barbacoa donde exponen un montón de pescados, tú eliges el que quieres y te lo cocinan al gusto. Le decimos a la camarera que queremos un pescado a la barbacoa cada uno, nos toma nota, nos trae la bebida y al rato aparece con dos pinchos morunos de carne. Vaya, por fin una tapita de cortesía mientras llega el pescado. La chica aparece después con los platos de arroz que hemos pedido para acompañar el pescado. Como ve que no tocamos los platos nos pregunta si nos falta algo más y le decimos que el pescado. Parece que no nos habíamos entendido y los pinchos no eran cortesía de la casa, sino que los había confundido con los peces. Me dice que me acerque a elegir los peces a la barbacoa. Como la comida ha sido copiosa y no tenemos demasiada hambre, en lugar de elegir uno para cada uno escojo uno bastante grande para los dos. Todos parece que tienen el mismo precio, ellos te lo pesan en una balanza y te cobran según lo que pese. Al rato llega, esta vez sí, el pescado tostadito. Está todavía mejor que los que tomamos el día anterior. Es un gusto poder comer pescado tan rico a este precio, unos seis euros la pieza entera.

Nos vamos tranquilamente para el hotel y al llegar esta vez está la puerta abierta y no nos tiene que abrir el vigilante como anoche. El problema es que lo necesitamos para que nos de las llaves y no aparece. Tocamos el timbre y nada. Está su botella de agua, su walkie, su móvil pero el tío no aparece. Volvemos a tocar el timbre y empieza a sonar primero el walkie y después el móvil. Aquí no viene nadie. Las llaves están en una caja de madera con candado que tienen una ranura en la parte superior. Como llevamos 20 minutos esperando intento pescar la llave por la ranura, pero no doy con la nuestra. Al rato llega la dueña alemana, que ha oído el timbre y ha estado llamando al móvil del vigilante. Está cabreada porque no lo localiza, así que vuelve a su apartamento a por la llave de la caja, pero como algo se huele primero se pasa por el pabellón de Spa y lo pilla allí durmiendo. Me imagino que después de la ronda del día anterior el padre del vigilante se lo llevaría a vendimiar y no pudo descansar, así que se ha ido allí a echar un pestañeo. Desde la óptica española esto es más o menos lógico, pero desde la perspectiva alemana me da a mí que el vigilante tiene los días contados.

Nos servimos unos Tanduay con Coca Cola y nos ponemos la peli francesa “Pequeñas mentiras sin importancia”. Justo entonces empieza a llover. Que buena estampa, bebiendo ron con Coca Cola en el porche, viendo una buena peli y oyendo la lluvia que cae sobre las hojas del tejado. A las once y cuarto la cortamos, que mañana tenemos trajín con lo de la excursión. A ver que tal nos va la cosa. Hasta mañana.

Publicado
Modificado el
Leído 470 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 ... 23 24 Capítulo 25 26 27 28 29 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Capítulos de este diario