El yacimiento arqueológico de Hierápolis guarda los Baños Romanos, convertidos en iglesia durante el periodo bizantino, las Termas, restauradas y convertidas en museo y el Teatro, la construcción mejor conservada de todas. En él todavía pueden verse los altorrelieves que adornaban el edificio, así como la Tumba de San Felipe (Martyrium), construida durante el periodo bizantino.
Es muy probable que la Puerta Monumental que da paso a la vía principal, se construyeran en tiempos de Adriano. Pero no es por ninguno de estos elementos lo que más llama la atención de Hierápolis. Este yacimiento es muy conocido por su gigantesca Necrópolis. La Necrópolis contiene tumbas, túmulos, sarcófagos, tubas licias con tapas ojivales, tumbas monumentales que tienen el tamaño de una casa, etc. Y es que en este gigantesco cementerio reposan los restos de muchos de los enfermos que acudieron a curarse y no lo consiguieron. Cada una de ellas cuenta una historia, son pequeñas obras de arte que han quedado como testimonio del paso del tiempo y de las diferentes culturas que llegaron hasta las cálidas aguas.