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De vacaciones en el Líbano. Y de paso, Siria y Chipre

Escribe: camarazu44
Decidí hacer un viaje a Beirut porque la empresa para la cual yo trabajaba en Düsseldorf había quebrado. Yo estaba buscando un nuevo trabajo y me informaron que en el Líbano estaban buscando personal. Yo no tenía familia y no estaba atado. El viaje fue totalmente diferente a lo planeado. Compré un billete de ida y vuelta de Zúrich a Beirut, con Middle East Airlines, para pasar dos semanas en ese destino. Al final - agregando Siria y Chipre - se hicieron cuatro semanas.

 

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Las ruinas de Palmira, el reino de Zenobia

Palmira, Siria — miércoles, 21 de julio de 2010

La mañana era espléndida, el sol estaba saliendo e iba a pegar fuerte hoy. Después de un pequeño desayuno muy limitado, salí a caminar, retrocediendo los tres kilómetros de camino que había recorrido la noche anterior. Las ruinas estaban a ambos lados de la “carretera” de tierra, extendiéndose más allá de lo que alcanzaba mi vista. Una enorme superficie cubierta de ruinas de la antigua Palmira, arrasada en el siglo III de nuestra era por los romanos. Aureliano capturó a la reina Zenobia y el pequeño reino quedó destruido.
 
Las ruinas son increíbles. Está el templo de Bel, del año 32 de nuestra era, las calles, cantidad de columnas, templos y el Ágora, donde se hacían las transacciones comerciales y el templo de Diocleciano, que antes había sido el palacio de la Reina Zenobia. La ciudad llegó a albergar 200.000 almas, lo cual es una cantidad importante, especialmente para ciudades de aquellas épocas. Más afuera, hacia las colinas, se encuentra otra ciudad, la Ciudad de los Muertos, que consta de una ingente cantidad de edificaciones altas y cuadradas, que servían de albergue a los muertos y llegaban a contener hasta 500 cadáveres cada una de ellas. Pasee casi todo el día por las ruinas y creo que en ningún momento he pasado dos veces por el mismo sitio. La extensión de este yacimiento es tan enorme, que se necesitaría una semana para ver todo. Sobre una colina hay un castillo, al cual no pude acceder porque había que escalar, pero era lo que más me llamaba la atención. No pude llegar a él, pero me ha impresionado mucho.
 
Por la noche descansé en mi pequeña pensión y temprano por la mañana me despertaron los bocinazos del autobús que iba zigzagueando por las calles de Tadmor en busca de pasajeros para Homs. Como yo iba a ser uno de ellos, me puse rápidamente en la calle y pronto pude embarcar. El autobús no cesó de bocinar hasta que llegó la hora de salir. Menudo horario de viaje. El viaje de vuelta, a plena luz del día, fue más rápido y ya no me parecía que me iban a secuestrar.
 
Desde Homs seguí hasta Damasco y desde allí hasta las ruinas de Bosra, a 150 Km al sur de Damasco. Allí también llegué con un taxi compartido.

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Silueta de Palmira al atardecer.

   

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